Lunes, 02 Mayo 2022 10:24

El PJ va camino a su implosión, y la simbiosis de Máximo y Mauricio Macri - Por Walter Schmidt

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Cristina Kirchner avanza hacia la disgregación del peronismo sin que nadie se inmute. El avance de la ruptura, vía Unidad Ciudadana. Y una rara similitud. 

El peronismo gobierna, tiene acceso al tablero del poder, pero está en crisis. Insólito. Lo que en mayo del 2019 fue elogiado por todos los peronistas y por la clase política como una jugaba brillante de Cristina Kirchner –o en realidad, nadie sabe de quién- designando a Alberto Fernández como candidato a presidente, hoy se ha convertido en el mundo justicialista como la peor decisión de la vicepresidenta, que intenta remediar de una pésima manera: desgastando a Alberto, a su gobierno que es el de ella, y reconstruyendo Unidad Ciudadana para volver a romper al peronismo. 

El brazo armado de Cristina es La Cámpora. Utiliza a su hijo Máximo Kirchner y a referentes como Andrés Cuervo Larroque para desgastar la gestión del ministro de Economía Martín Guzmán. Una rara construcción ya que La Cámpora maneja la mayor parte de la caja del Ejecutivo: en 2021, los recursos administrados en el Gobierno por funcionarios que responden sólo a Cristina –con ANSeS a la cabeza, presidida por Fernanda Raverta- representaron nada menos que el 73% del Presupuesto.

Además, es a instancias de la vicepresidente que se aplica el control de precios que refleja un fracaso constante para combatir la inflación; haber demorado un año el acuerdo con el FMI mientras se emitían pesos para volcarlos a una campaña cuya elección el oficialismo perdió de manera inapelable; y planchar las tarifas generando un impresionante gasto del erario para importar combustible y gas.

Suena sospechoso que teniendo a mano un fenomenal recurso como el de Vaca Muerta, que podría abastecer el consumo de gas y petróleo del país por muchos años, en dos años el Gobierno no haya incentivado la construcción del gasoducto necesario para el transporte del gas. Si Alberto y Cristina lo hubieran implementado ni bien asumieron, hoy estaría funcionando y significaría, al menos, un ahorro para la Argentina de 1.500 millones de dólares por año de lo que se paga por importarlo en barcos. Al parecer no era importante o, como denuncian algunos sectores energéticos, los 56 barcos que trajeron gas en 2021 alimentarían alguna sospecha en el manejo de los fondos. Lo cierto es que el cristinismo tiene mucho más que ver con la política económica que el albertismo, de lo que se supone.

“Cristina está al volante de un colectivo, que es el peronismo, pero conduce sin anteojos y no ve que a dos cuadras hay una pared”, grafica un experimentado dirigente del PJ, que supo administrar mucho poder en los ’90.

La única idea concreta del cristinismo es refugiarse en la provincia de Buenos Aires y, eventualmente, construir un candidato “presentable” para la Nación o la provincia, al menos dudoso para la sociedad, aunque sea del riñón de la vicepresidenta como Eduardo “Wado” de Pedro. El ministro del Interior emprendió una gira difícil de explicar a Israel, pero en la que se movió como un candidato presidencial, que bien puede servir para la gobernación o terminar siendo una anécdota. Pero la intención es clara. ¿Pueden Wado de Pedro o eventualmente Sergio Massa volver a reunir los trozos de peronismo que hoy están esparcidos? Muy difícil, porque nadie se salva de una mala gestión gubernamental.

“Tanto Carlos Menem como los Kirchner no habían terminado tan mal sus gobiernos como todos suponen terminará Alberto, en compañía de Cristina. Sería el primer gran fracaso del peronismo en el poder con todo lo que eso significa y eso puede generar un barajar de nuevo”, afirma el consultor político Carlos Fara.

En 1999, al final del mandato de Menem, la inflación era de 0,5% (por el 1 a 1 de la Convertibilidad) y la pobreza del 26,7%; al término de los 12 años kirchneristas Cristina tenía una inflación del 30% y una pobreza también del 30%. El primer mandato de la dupla Alberto-Cristina podría culminar, demasiado optimista, con una inflación del 45% y una pobreza del 35%. El problema de la gestión actual es que no hay certezas y siempre hay margen para un escenario peor. De cualquier modo, sería el mayor fracaso de un gobierno peronista.

Ese panorama, sumado a la construcción por fuera del Frente de Todos que pretende hacer Cristina, llevaría al peronismo a su atomización. Nadie podría asegurar que el cristinismo mantiene un 30% de adhesión. Y los gobernadores peronistas, así como los que no comulgan con CFK, podrían reciclarse o entablar acuerdos con otros espacios hoy opositores.

“Eso podría evitarse en caso de que Alberto se rinda, cosa que no va a pasar porque como buen integrante del mundo político tiene su ego y no quiere parecerse a De la Rúa más allá del desgaste que tenga, o que se produzca una explosión de la economía fantástica, donde baje la inflación y repunte todo de manera tal que Cristina tenga que poner violín en bolsa, algo muy difícil que ocurra”, analiza Fara.

De allí que en la limitada estrategia del Instituto Patria tenga un lugar predominante la figura de Javier Milei, porque el candidato presidencial de la Libertad Avanza le quita muchos más votos a Juntos por el Cambio que al peronismo. Eso responde los interrogantes de por qué, siendo Milei un dirigente de derecha o ultra derecha, según la lente con la que se lo mire, que cuestiona el número de desaparecidos, el terrorismo de Estado o propone cerrar el Ministerio de Educación, no es cuestionado por Cristina ni por La Cámpora.

El resto de la estrategia es ya conocida. Subir a Mauricio Macri al ring para bajar las expectativas electorales de la oposición. Lo hizo este fin de semana Máximo Kirchner, en un acto con intendentes y sindicalistas. Habló del “daño que ha hecho Macri” al país, entre otras cuestiones.

Lo paradójico, a veces, son las similitudes. Ambos son hijos de padres que vivieron del Estado. Macri es hijo de Franco Macri, un empresario que creció a través de negocios con el Estado, incluso con el kirchnerismo. En tanto Néstor Kirchner se enriqueció con propiedades que por la ley 1050 la gente no podía pagar y luego vivió del estado de Santa Cruz y después de la Nación.

En el caso de Máximo, nunca trabajó en la actividad privada ya que cuando Kirchner asumió en 2003 su principal ocupación era cobrar los alquileres de las propiedades que los Kirchner tenían en Santa Cruz, Macri fue presidente de Sevel y de Boca Juniors.

En 2006, mientras Franco Macri se favorecía a través de los Kirchner con el Belgrano Cargas en una sociedad con una empresa china y sindicalistas, Néstor Kirchner, siendo presidente, compraba en el Calafate –según denunció el portal Opi Santa Cruz- terrenos por u$s 50 mil, y dos años después los vendía al grupo chileno Cencosud por u$s 2.400.000.

Hoy Mauricio Macri tiene un buen pasar económico, al igual que Máximo Kirchner. Nada de eso es reprochable. Sí que el hijo de la vicepresidente enuncie a modo de relato que está en las antípodas del ex presidente e intente mimetizarse con el segmento más carenciado de un pueblo. En realidad, ambos contribuyeron para que haya más carenciados, en otras palabras, más beneficiarios de planes sociales y menos trabajadores.

Walter Schmidt

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