Domingo, 15 Mayo 2022 08:03

El Presidente paseó su desconcierto - Por Eduardo van der Kooy

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Alberto visitó España, Alemania y Francia. Pero su discurso dominante navegó la crisis con Cristina y el Frente de Todos. Dio un fuerte respaldo al ministro Guzmán, jaqueado por la inflación y el kirchnerismo. 

Las entrevistas a las que se prestó Alberto Fernández en su gira por Europa parecieron resultar reveladoras de dos cosas. El modo en que es visualizada su figura, bajo el cristal de la debilidad. Las magras expectativas que despierta la Argentina, al menos bajo su gobierno, en un continente que está atravesado por la guerra que desató la invasión de Rusia a Ucrania. 

El Presidente debió enfrentar, con recurrencia, interpelaciones acerca de quién manda en el país. La sombra de Cristina Fernández y del kirchnerismo es conocida en el exterior. Incluso le preguntaron en España si estaba seguro de poder concluir su mandato. Con el fin de sacar pecho ante un reto semejante, echó a rodar su presunto proyecto reeleccionista para 2023.

Se desdijo rápido en París. ¿Habrá sido aquella una simple imprudencia? ¿O habrá corroborado el insignificante eco de su lanzamiento? Se escuchó apenas el apoyo del gobernador de Tierra del Fuego, Gustavo Melella. Y el refuerzo estoico del ministro de Seguridad, Aníbal Fernández.

Toda su excursión resultó extraña. Dedicó la mayor parte del tiempo público a referirse, directa o elípticamente, al conflicto en la cima del poder doméstico. Cuando incursionó en otro terreno –las relaciones internacionales—trasuntó un decálogo de inconsistencias. Su único libreto seductor fue mencionar –sobre todo en Alemania y Francia—la posibilidad de nuestro país para exportar gas licuado a un continente que empieza a estrangularse en materia energética por las secuelas de la masacre que desató Vladimir Putin.

El interrogante sería conocer en qué medida el español Pedro Sánchez y, sobre todo, el alemán Olaf Scholz y Emmanuel Macron pudieron considerarlo seriamente. Alberto vendió Vaca Muerta como una realidad que aún no es. No terminó de ser adjudicada la obra civil. Por otro lado, volvió a navegar a dos aguas respecto de la invasión de Rusia. La condenó con mayor énfasis que otras veces. Pero cuestionó las sanciones económicas que impuso Europa porque “perjudican a todo el mundo”.

¿Cómo habrán compaginado tal rompecabeza los líderes de Europa que lo escucharon? Alemania es la nación que más sufre las consecuencias de aquellas sanciones porque su matriz energética depende casi en un 35% del abastecimiento de Moscú. El Presidente criticó aquel bloqueo. En simultáneo, ofreció a Scholz compensar sus actuales carencias con venta de gas que no dispone.

Quizás a los mandatarios europeos les haya resultado difícil descifrar tanta incongruencia. ¿Cómo se comprendería la módica condena a Rusia con aquella cumbre con Putin en la cual le ofreció abrir las puertas de América Latina? Ocurrió el 3 de febrero, apenas 21 días antes del inicio de la invasión a Ucrania. “No había evidencias tangibles”, justificó Alberto. Sólo 150 mil soldados rusos desplegados en la frontera ucraniana.

En una entrevista con la televisión alemana el Presidente hizo otra pirueta. Se declaró un “argentino europeísta”. Ante una pregunta sobre si considera más propicio para el país y la región un vínculo con Europa antes que con China respondió: “Si, porque China es una gran potencia pero que no tiene lazos culturales fuertes con América Latina”.

La oportunidad en que visitó a Putin, el Presidente hizo además un paso por Beijing. Se entrevistó con el premier Xi Jinping. En un video que divulgó la televisión de China se escuchó al mandatario argentino asegurar que ambos países comparten “una misma filosofía política”. Su remate: “Nos sentimos muy identificados con todo el trayecto de la revolución hasta el presente, que ha puesto a China en el lugar central que hoy ocupa en el mundo”.

Resulta imposible desandar aquel recorrido sin desplegar como telón de fondo el enfrentamiento en la coalición oficial. La disputa de Alberto con Cristina. La condena a Rusia en Europa se explica en el respaldo que, en especial Francia, brindó al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Lo hará con el Club de París. El ensalzamiento de la relación con el Viejo Continente también. Siempre con los límites que marca la vicepresidenta. Nunca desde el 24 de febrero, cuando comenzó la invasión a Ucrania, se escuchó desde el bando K una crítica a Putin.

Incluso durante la sesión del Eurolat (Parlamento Europeo-Latinoamericano), una de cuyas oradoras fue la vicepresidenta, la Argentina se erigió en obstáculo para una declaración de condena a la invasión. En su “clase magistral” en Chaco, Cristina subrayó a China como ejemplo de un capitalismo productivo. Omitiendo, por supuesto, cualquier contexto.

Un minué parecido se observa en torno a la Cumbre de las Américas que se realizará en junio en Los Ángeles. Alberto sugirió en Alemania que concurrirá. Está detrás de una bilateral con el presidente estadounidense, Joe Biden. Reclamó, al igual que Andrés Manuel López Obrador que sean invitados Cuba, Nicaragua y Venezuela. Socios del corazón kirchnerista.

Alberto se animó lejos de su tierra a ratificar el rumbo de la economía. Parece confiar en que los vientos cambiarán. Comparte el optimismo de Martín Guzmán. Pese a que el índice de inflación de abril (6%) provoca desaliento y exhibe componentes (el alza de alimentos y vestimenta) que siembran dudas sobre la caída que el ministro de Economía promete luego de mitad de año. Tanto se aferra al académico de Columbia que lo autorizó a señalar inconsistencias macroeconómicas en la biblia de Cristina: sus dos presidencias.

El kirchnerismo sigue pujando contra el ministro. No logra divisar alguna luz en el túnel. Promueve proyectos desde el Senado, a través del gobernador Axel Kicillof y ahora, además, con la intervención de Sergio Massa, que apuntan a descompaginar el tramo de las cuentas pactadas con el FMI. No se trata del único problema. Cristina verifica que con el grado de crisis en el Frente de Todos no le resultaría sencillo imponer un sustituto de Guzmán. Un sondeo que hizo no funcionó.

Por otro lado, afloran en el propio kirchnerismo voces que empiezan a poner en tela de juicio, por la coyuntura interna y externa, las recetas de la vicepresidenta. El economista Claudio Scaletta hizo un diagnóstico en el sitio web ultra K, El Destape. “Subir el gasto, incrementar los controles cambiarios y de precios, clavar el tipo de cambio, bajar la tasa de interés y subir salarios”, sin reservas internacionales y sin la posibilidad de un nuevo endeudamiento, conduciría a una hiperinflación.

Esa advertencia es la que Cristina le formula a Alberto. Una de las causas, según ella, serán los aumentos tarifarios. Nada frenó a Guzmán. El ministro delegó en su subsecretario de Planeamiento, Santiago López Osornio, las audiencias públicas para fijar los incrementos de gas y luz. Los responsables del área, los kirchneristas Darío Martínez y Federico Basualdo prefirieron utilizar el tiempo en actividades públicas (con formato de campaña) que se encargaron de difundir.

Basualdo, el subsecretario de Energía Eléctrica que Guzmán quiso alguna vez echar, señaló en su dictamen previo que las tarifas segmentadas no podrían prosperar. Entre varios motivos, porque antes o después serían cuestionadas en la Justicia. Como le sucedió a Mauricio Macri. Casualidad o no, 48 horas antes de aquellas audiencias una solicitada firmada por 140 gremios (muchos de la CTA) y organizaciones sociales alertaron: “El bolsillo de las y los argentinos no soporta otro aumento de tarifas”.

La previsible judicialización de la política no debe sorprender. La semana pasada se asistió a otro fracaso. El Gobierno y la Ciudad no se pusieron de acuerdo por la coparticipación recortada por Alberto a Horacio Rodríguez Larreta, en septiembre del 2020, en plena pandemia. Deberá decidir la Corte Suprema.

Nadie sabe si ese fallo será próximo. No por la agitación kirchnerista en el Senado con el proyecto para ampliar el número de jueces. Raúl Zaffaroni acaba de proponer 24, que sean elegidos por cada uno de los gobernadores. En todo caso, la causa podría obedecer a una sucesión de novedades que han encolerizado a la vicepresidenta.

--La decisión del fiscal ante la Cámara de Casación, Mario Villar, de pedir la nulidad del sobreseimiento de Cristina y sus hijos en la causa Los Sauces-Hotesur.

--La resolución de la Cámara Comercial de congelar la quiebra del Correo Argentino hasta que la Corte defina si el Tribunal Superior de la Ciudad es una instancia de apelación válida en este proceso. Aquí litiga al procurador del Tesoro, Carlos Zannini, contra Macri.

--La determinación de la Cámara Federal de Casación Penal de apartar al camarista Roberto Boico (ex defensor de Cristina) en la causa que se investigan supuestas presiones de Macri contra el Grupo Indalo, del empresario K Cristóbal López.

--El fallo de la Corte Suprema que avaló por unanimidad el reclamo de la fiscal anticorrupción de Entre Ríos, Cecilia Goyeneche, que denunció irregularidades en el jury que se desarrolla en su contra. Es por su tarea en la investigación contra el ex gobernador Sergio Urribarri, que concluyó con la condena de 8 años de cárcel.

Esa decisión de Horacio Rosatti, Juan Carlos Maqueda, Ricardo Lorenzetti y Carlos Rosenkrantz fue interpretada como un mensaje transparente para el mundo judicial. De la misma manera, la presencia del pleno cortesano en Rosario para avalar la lucha contra el narcotráfico. Y terminar con la indolencia del Servicio Penitenciario Federal, que convierte las celdas en oficinas de los narcos.

Lástima que el gesto político no haya sido más temprano. Los fiscales Matías Edery y Luis Schiappa Pietra lo pusieron en evidencia en su alegato contra el narco Esteban Alvarado, cuyas pruebas con el comercio de la droga empezaron a recogerse hace una década. Tiempo dilapidado por la Justicia Federal.

Eduardo van der Kooy

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