Domingo, 22 Mayo 2022 07:09

Giro macrista hacia la vieja política - Por Ignacio Zuleta

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El ex presidente busca recuperar la conducción del PRO. Cambia de método y regresa a la era de la ideología. 

Mauricio Macri hace músculo para recuperar la conducción del PRO sosteniendo una hipótesis: que el público vota al PRO por sus ideas. El llamado a recuperar los valores para retener el voto es de una audacia intelectual poco conocida en él, que es un hombre de negocios. Contradice el método que lo hizo llegar al poder: que su fuerza tenía una inteligencia de la sociedad de una profundidad que no tenían sus adversarios. 

El laboratorio de Marcos Peña perforaba la superficie de la realidad dura y descubría, mediante un fracking profundo, pulsiones y deseos insatisfechos. Cambiemos, como el Partido del Ballotage, los representaría con éxito desde 2015.

Aquel Macri expresaba una democracia de cercanía que interceptaba con herramientas de alta tecnología la conversación de un nuevo sujeto social, el vecino, y no el ciudadano de la vieja política, en la que una vanguardia iluminada arrastraba al público hacia la subordinación a las “buenas ideas”.}

Ángel Ganivet imaginó las dudas del escultor de su alma: ¿Qué es la vida que vivimos? ¿Es el dolor que sufrimos? ¿El placer que gozamos? ¿Es la idea que pensamos? ¿Es la ilusión que fingimos? (“El escultor de su alma.”, drama de 1899). Las podría replicar Macri, ingeniero de su alma.

Fantasías sobre la motivación del voto

El Macri que pide más Cambio que Juntos regresa a la vieja política y, como sus adversarios del peronismo, se encarna en el líder esclarecido que prefiere predicar antes que representar. Es un cambio de método, de estrategia y un regreso a la era de la ideología, cuyo final había vaticinado Durán Barba, como reivindicación de una explicación total del mundo pasado, presente y futuro (Hannah Arendt).

Con el mismo énfasis alguien podría responder con otras hipótesis, como que el voto del no-peronismo es estable desde el regreso de la democracia, en torno al 40% del total, desde los 37,10% de Angeloz contra Menem de 1989, hasta los 40,28% de Macri, los dos perdiendo las elecciones.

Creer que el voto es producto de ideas es recortar la complejidad de la decisión del votante, que es una suma de pertenencias e identificaciones donde las ideas ocupan un rango quizás complementario. A Macri lo llevaron al poder porque era distinto a Cristina, y sabía escuchar para representar. Pero en el "segundo tiempo" se le parece más a ella, por esa confianza en que el liderazgo es convencer y arrastrar. Reemplaza a Durán Barba por un asesor que fue de Duhalde y De la Sota. Si vas a pasearte por el túnel del tiempo, el riesgo es equivocarte de galería.

Usos y abusos del recurso Milei

En este debate pide conductas a sus legisladores, para tomar distancia de los socios socialdemócratas de la UCR y del sesgo humanista de la Coalición Cívica. ¿Está el ingeniero en condiciones intelectuales de dar el debate ideológico con sus aliados? ¿Por decirlo, a entreverarse en un Gualeguaychú de ideas? ¿O es que trata con estos reclamos de disciplinar a los propios para apalancar su liderazgo como decisor, candidato o no?

La objeción a los radicales es un misilazo a la alianza porteña que tiene Horacio Rodríguez Larreta con la UCR, hoy dominada sin matices por Gerardo Morales. Larreta, que es un funcionario tiempista, no responde. Cree más en Darwin que en Freud y que la salida está en la evolución de la especie más que en un parricidio de urgencia.

Tampoco le discute Patricia Bullrich, a quien eligió para presidir el PRO y rodeó de custodios que lo representan a él más que a ella – Hernán Lombardi, Federico Pinedo, Fernando Iglesias, Waldo Wolf.

Para irritar a sus socios odiosos, les agita el trapo rojo de la amenaza de Javier Milei, que le roba adhesiones en el interior del país en los sectores PRO que vienen del conservadorismo librecambista, a quienes enamoraron hace 30 años otros ingenieros - Álvaro, María Julia.

Puede ser el Massa de Cambiemos

El efecto Milei opera más que nada sobre los radicales de la provincia de Buenos Aires. En el resto del país no son público para Milei. Pero en Buenos Aires puede representar para Juntos por el Cambio lo que significó Sergio Massa para el peronismo en 2015: un cisma que los llevó a la derrota.

JxC sabe que solo tiene chance de ganar las elecciones provinciales si el voto del no peronismo va unido bajo su marca. Si se les escapa la derechona bonaerense hacia Milei, pueden perder ante un peronismo que busca retener la unidad a toda costa. Lo revela el maratón de cumbres de este fin de semana en La Rioja – peña de senadores “sediciosos”, Esteban Echeverría, Mendoza -.

Perder la provincia implicaría para JxC disminuir las chances de una victoria nacional que hoy le vaticinan todas las encuestas. Macri pide, para retener poder en el PRO, más Cambio que Juntos. Los radicales y la Coalición piden más Juntos que Cambio, algo que en el llano no te sirve más que para el lamento testimonial.

El pacto del Barrio Gótico

La Mesa Nacional de JxC quedó raleada el viernes en La Matanza. Las ausencias –Macri, Mario Negri- buscaron evitar confrontaciones que buscan aferrar poder hacia adentro. Gerardo Morales volvió de España, donde dio los últimos hilvanes al Pacto del Barrio Gótico (por la localización del hotel de Barcelona en donde se reunieron) con Facundo Manes: 1) Hasta comienzos de 2023, Juntos sin Cambios. Después del verano, arbitraje de encuestas y será candidato quien mida mejor. 2) Unidad para que el hermanísimo Gastón Manes sea presidente de la Convención Nacional, que sesionará en La Plata la semana que viene.

Los adversarios le cuestionan al fratre espesura política. “Venimos de Jorge Sappia”, responden desde la cúpula. Sappia es el actual titular de la convención y ha sido un crítico del rol de la UCR en Cambiemos. En esas mesas góticas se rieron de la leyenda que circuló en el congreso de energía al fue el jujeño en Barcelona: mientras Macri ordena a los legisladores del PRO que no le voten las leyes de Morales, Cristina les manda a los suyos que no le voten las leyes de Matías Kulfas. Nadie revelará jamás de qué hablaron Morales y el ministro, que compartieron viaje y Congreso.

El Papa pide ficha limpia

El Papa parece abrir el juego político, pero pide ficha limpia. Controla el molinete de visitantes con la embajadora María Fernanda Silva, a quien pidió como representante de la Argentina. Lo acompañó el jueves a Jorge Capitanich en una visita al palacio Apostólico, para una charla privada de casi una hora, que le había negado a otros funcionarios.

Hace menos de dos meses el gobernador había estado con Francisco, pero en el escenario más discreto de Santa Marta. La charla esta vez rodeó la situación mundial y los efectos en la Argentina. “Fue una charla muy espiritual”, dijo el visitante. No hay funcionario del oficialismo que haya tenido tanto escenario vaticano, que incluyó foto y el acompañamiento de la embajadora, a quien desde la Cancillería miran con recelo. La creen más representante del Papa que de la Argentina.

Al salir de la visita, Capitanich habló de un viaje al país, aunque negó que lo hubiera discutido con Francisco. "Los argentinos debemos unirnos, porque el hecho de que Francisco pueda visitar su tierra sería un acto de amor profundo que le debemos” dijo.

Teléfono vaticano más que activo

Capitanich es un experto en el Papa, a quien trató cuando él era senador y Bergoglio arzobispo de Buenos Aires, sin plegarse a las hostilidades del matrimonio Kirchner, que lo consideraban el jefe de la oposición, por encima de Macri. Cuando fue elegido Papa, Capitanich se diferenció de los desaires de Cristina y publicó, al día siguiente, una larga declaración en la que destacó la importancia para el país de tener un argentino en ese puesto.

Cristina tardó en darse cuenta. La selección de visitantes -Wado de Pedro, Capitanich dos veces en lo que va del año– indica que Francisco está recogiendo información sobre la Argentina.

En los meneos de esta semana con otros argentinos que participaron de una cumbre de Scholas Occurrentes, Francisco se hizo tiempo para llamarlo a Gerardo Martínez, jerarca del sindicato de la Construcción. Le pidió que viaje a verlo antes de fin de año.

Además de José María del Corral y Enrique Palmeyro, que conducen Scholas, aparecieron Fernando Gray, intendente de Esteban Echeverría, principal contradictor de Máximo Kirchner en la puja por el control del PJ de Buenos Aires. Prefirió la foto vaticana a estar el viernes en su ciudad en el acto albertista que organizó la UOCRA en su casa, el municipio que gobierna. Que se note.

Además, tenía más lucimiento para un político la cercanía de artistas de variedades como la bella Liz Solari, Gastón Pauls o el legendario Bono – traducido por Martín Lousteau, que tiene el don de la ubicuidad que imaginó Woody Allen para su personaje Zelig - que la conurbana compañía de los muchachos camporistas, que lo quieren mal.

El cristinismo busca pista en Mendoza

La foto papal le dio también un atajo a Capitanich para no dar explicaciones sobre la ausencia en la cumbre de varios peronismos en Mendoza. La convocó la cristinista Anabel Fernández Sagasti en un intento de abrir el juego hacia Olivos, invitando a Wado de Pedro y a Juan Manzur.

Como el peronismo ha retrocedido al estado gaseoso por la multiplicación de tribus, se comprometió a ir Juan Manuel Urtubey. El ex gobernador de Salta integra un trío con Graciela Camaño y Florencio Randazzo, en la búsqueda de algún armado post cristinista. Les avisó a estos socios que lo habían invitado de un sector del peronismo de Mendoza que le disputa el control partidario a Sagasti.

La decisión pone al salteño ante la necesidad de explicar su juego a dirigentes de la oposición, como Gerardo Morales, Emilio Monzó o Rogelio Frigerio, con quienes compartió reuniones de alta parrillada. Ese acercamiento los obligó a estos también a dar explicaciones en Juntos por el Cambio.

Para anotar: el jueves estuvo Alberto en San Juan, y Sergio Uñac se comprometió a estar en Esteban Echeverría el viernes y el sábado en Mendoza. Que no haya ido Capitanich le quita a esa cumbre interés institucional. Él ha planteado una reforma del partido nacional, para darle una estructura federal al Frente de Todos. Le ha gustado al cristinismo de Buenos Aires, que estudia una reforma como la que ya hizo el PJ del Chaco.

Alberto Fernández tiene pisado el proyecto, porque teme perder más poder si le toquetean la estructura del PJ nacional, una de las últimas trincheras que le quedan sin entregar. Es un resto de los buenos tiempos con Cristina. Capitanich encabeza el grupo de gobernadores del Norte Grande que tiene en agenda una cita en Tucumán el próximo viernes 27. Aprovecharán que los dos mandatarios del radicalismo – Morales y Gustavo Valdés – estarán ese día en La Plata para la convención de su partido, y hablarán de la reforma del PJ nacional. Si Alberto viaja a esa cumbre, será el indicio de que avanzará el proyecto.

Ignacio Zuleta

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