Lunes, 27 Junio 2022 10:34

El engaño detrás de la desocupación y el Gobierno que fabrica planes - Por Walter Schmidt

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La pelea que lanzó Cristina es por la caja, no por la falta de empleo. Por eso se oculta que unas 5 millones de personas tienen un empleo indigno o son desempleados. 

La sociedad asiste azorada a una pelea que no es la suya. La disputa por la caja y por el manejo de los planes sociales, nada tiene que ver con el fondo de la cuestión: la generación de empleo digno y formal. La cantidad de planes sociales se triplicó en menos de tres años y llega a la vergonzosa cifra de 1.300.000 en la gestión de Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Falta un año y medio, y salvo un milagro económico, probablemente termine con índices que lo conviertan en el peor gobierno peronista desde el retorno de la democracia. 

Una nota de Clarín, “El negocio de la pobreza o la incapacidad de generar trabajo”, disparó una polémica que yace en la superficie y que implosionó cuando desde la izquierda, primero el legislador porteño del Partido Obrero Gabriel Solano, y luego el dirigente social del Polo Obrero Eduardo Belliboni, admitieron que el 2% de los $19 mil que los beneficiarios cobran por el plan Potenciar Trabaja van a parar a manos de dirigentes de ese espacio que, supuestamente, usan en los comedores. Multiplicados por los 60 mil planes sociales que maneja el Polo Obrero, la caja podría ascender a una cifra entre 22 y 30 millones de pesos.

¿Este retorno también lo practica el Movimiento Evita que tiene más de 160 mil planes, Barrios de Pie, Somos Barrios de Pie y otras tantas agrupaciones sociales? Según Belliboni, “todas las organizaciones sociales tienen aporte”.

Emilio Pérsico, funcionario de Desarrollo Social y al mismo tiempo referente del Movimiento Evita –da los planes y los recibe- de muy bajo perfil, tuvo que salir a defender su tesoro político. Aseguró que “las organizaciones sociales son garantía de gobernabilidad”. Es decir, son necesarias para que el país no sea ingobernable y, por ende, no está mal que haya, como dijo Cristina, “planeros”. ¿Qué rol tendrían Pérsico, Belliboni, Juan Grabois, Daniel Menéndez, Juan Carlos Alderete, si mañana no hubiera un solo plan social y todo se hubiera transformado en empleo genuino? Ninguno.

Lo que abruma a Cristina Kirchner no es la falta de empleo ni que haya gente que viva en la informalidad, sin asistencia de salud digna, ni aportes jubilatorios, ni paritarias que defiendan su salario. Es, que esa caja no es manejada como las otras –Tarjeta Alimentar, Pami, ANSeS, etc.- por La Cámpora sino por el Movimiento Evita, que tiene su propio proyecto político dentro del peronismo.

De hecho, Fernando “Chino” Navarro, otra de las cabezas del Evita y funcionario nacional, admitió a Clarín que si Cristina no los deja competir en las PASO podrían ir por afuera del Frente de Todos. Y, como algunos vaticinan, provocar el efecto Randazzo, que terminó quitándole al cristinismo 5 puntos del voto peronista que necesitaban para ganarle al macrismo en las elecciones legislativas del 2017.

El reciente anuncio de la redistribución de 180 mil planes no enfrenta la cuestión de fondo, sino que es un pase de manos de los subsidios, desde las agrupaciones a los intendentes. Mantiene el statu quo, tal como los pretenden Alberto y Cristina, de administrar la pobreza, pero no atacarla. No es casual que los distintos programas de capacitación para que los beneficiarios de los planes se inserten en alguna actividad que luego los provea de un empleo, sean un fracaso y sólo unos pocos se anoten. No hay decisión política.

Tal vez otra sería la situación si se convocara de urgencia a funcionarios de los ministerios de Economía, Producción, Trabajo y Desarrollo Social con empresarios, la iglesia y especialistas, para elaborar un programa de reinserción laboral de los marginados.

Por el contrario, Cristina y Alberto se abrazan desesperadamente al índice de desocupación del 7% como si fuera un trofeo de un país con una alta ocupación y salarios dignos que le ganan a la inflación.

“Hoy tenemos 7% de desocupación y estamos solo a 1,1 de alcanzar el 5,9% que teníamos allá por el 2015, pero tenemos 1.300.000 planes. Hay algo que va a haber que revisar porque con una desocupación del 7% deberíamos tener menos planes sociales”, aseguró la vicepresidenta en el acto de Avellaneda. Una gran bomba de humo por dónde se la mire. Como el Indec tenía sus cifras manipuladas en los últimos años del gobierno de Cristina Kirchner para no mostrar la grave situación social, no había cifras oficiales ciertas. Pero según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, el desempleo con el que terminó su mandato Cristina era del 9,4%.

¿Cuál es la lógica? Si Cristina entregó el gobierno con una desocupación del 9,4%, y Mauricio Macri con el 8,9% y ahora se ubica en el 7%, ¿quiere decir que el gobierno de Alberto y el de Macri fueron mejores que el de Cristina, con más trabajo y crecimiento? El pez por la boca muere. Los especialistas aseguran que arrojar un porcentaje de desempleo en soledad, como lo hizo la vicepresidente, no sirve de nada o sirve para ocultar la realidad. Lo correcto es que sea analizado junto con el contexto, y con otras variables vecinas.

De acuerdo a la reciente Encuesta Permanente de Hogares del Indec, del total de argentinos disponibles para trabajar, unos 13.5 millones, se podría afirmar que alrededor de 5 millones tienen un trabajo indigno en su mayoría, o están desocupados. 

Se afirma que menos de la mitad de la población tiene trabajo, un 43,3%. La trampa es que en esas 12,6 millones personas con trabajo están incluidas las que trabajan en negro. Es decir, que perciben un ingreso menor al que estipulan las negociaciones salariales y las paritarias; que no tienen ART que resguarde su salud si les ocurre algo; que no tienen obra social en medio de la situación indigna de la salud pública donde muchos deben hacer cola a las 4 de la mañana para conseguir un turno de atención en un hospital; que no tienen aportes sociales y están condenados a no tener una jubilación salvo que la demagogia los “beneficie” con una jubilación mínima como las que regaló el kirchnerismo, con un sistema previsional estuviera quebrado.

También son contabilizados como ocupados a aquellas personas que, tal vez, una semana antes de la medición hicieron una changa por la que recibieron dinero por primera vez; o que quizás trabajan con sus padres unas horas en un negocio familiar, aunque no reciban ninguna paga.

De modo que, según la información oficial, de quienes tienen un trabajo, unos 3,3 millones están en negro; y casi 3 millones trabajan por cuenta propia, pero no a todos les va bien como para costearse una prepaga o llegar a fin de mes. A cerca de 1 millón de cuentapropistas, según cálculos privados, apenas les alcanza para llegar a fin de mes y no tienen cobertura de salud; allí se encuentran los monotributistas sociales que rondan los 500 mil y un sector de las categorías más bajas, A y B, que reciben un plan social como paliativo.

En síntesis, del total de gente con trabajo, 12,6 millones: sólo cerca de 6 millones tienen un salario digno con aportes y cobertura de salud; y unos 2 millones se las arreglan trabajando por cuenta propia. El resto, algo más de 5 millones, son informales o monotributistas de escasos o nulos ingresos que sobreviven con los planes sociales, o directamente son desocupados. Es decir que casi el 40% de la población ocupada vive con empleo, pero en condiciones indignas.

¿Contestará la duda de Cristina de por qué hay tantos planes sociales con un 7% de desocupación? Por las dudas, hay un dato más. Una familia con dos chicos necesita cien mil pesos por mes para no ser pobre. Es tan grave la crisis que la gestión de Alberto y Cristina agravó el nivel inflacionario que heredó de Macri. Al punto que muchos trabajadores que hoy están en blanco son pobres, porque cobran menos que la canasta básica total. ¡Si Evita los viera!

Walter Schmidt

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