Viernes, 01 Julio 2022 08:41

Alberto Fernández y la condena de la prosperidad - Por Ignacio Miri

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El mercado internacional ofrece a la Argentina las condiciones más ventajosas en muchas décadas. 

Si Aladino le prestara su lámpara por un rato y lo invitara a pedir algo que pudiera darle el mundo a la Argentina, Alberto Fernández tendría que pensar durante un buen rato antes de encontrar qué orden darle al espantoso genio esclavo de Las mil y una noches. Es difícil imaginar unas condiciones globales más ventajosas que las que existen hoy: el 75% de los productos que vende la Argentina -productos agropecuarios, petróleo y gas- tienen precios récord o cercanos a sus máximos históricos. 

Aun así, el Presidente insiste en presentar ese panorama como una tragedia que se desplomó este año sobre su gestión. Para entender el sinsentido de ese discurso, alcanza con pensar que, si esos mismos precios cayeran al piso, Fernández tendría que decir algo muy parecido a lo que dice hoy, que están por las nubes. Una paradoja como la que atormentaba a la gata Flora.

Los datos del comercio exterior de los primeros cinco meses del año que recoge el INDEC reflejan la prosperidad y entusiasman a los funcionarios del Gobierno con un récord histórico de exportaciones para 2022 que supere incluso al aumento de importaciones y que genere superávit comercial.

Es cierto que la Argentina no está aprovechando ese regalo. El problema para el Frente de Todos es que es el principal -con una ventaja abrumadora sobre cualquier otro espacio político- responsable de que esas ventajas no lleguen. Alberto Fernández y Cristina Kirchner, en algunos períodos en conjunto, en otros por separado, ocuparon lugares de decisión determinantes durante 15 de los últimos 19 años. La falta de infraestructura para exportar energía o para dejar de importarla y la pérdida de presencia relativa de los productos agrícolas argentinos en las góndolas del extranjero puede imputarse casi sin margen de error a decisiones tomadas por ese tándem o por alguno de sus miembros en las últimas dos décadas.

Fernández y Kirchner defienden sus posiciones en la interna del oficialismo a caballo de diagnósticos tan disímiles que cuesta imaginar que estén hablando del mismo país o compartiendo el mismo frente político. El Presidente dice que el problema es que la Argentina crece mucho y la vicepresidenta sostiene que la condena es el ajuste que aceptó el Gobierno junto con el préstamo del Fondo Monetario Internacional.

Este viernes y el sábado, dedicados a recordar al mismo Juan Perón, seguirán desplegando esas diferencias, ahora dedicados, según admiten desde las cercanías de uno y de otro, al camino hacia la campaña de 2023.

Las encuestas los muestran a ambos con niveles de rechazo muy altos y de apoyo muy bajos. Si hay que guiarse por lo que se vio hasta ahora, cuesta encontrar qué circunstancias pueden modificar esa situación. La pelea entre los socios políticos se agudizará -Cristina no quiso detenerse incluso luego de comprobar que había fallado en su intento de sacar de Economía a Martín Guzmán- y las promesas sobre la desaceleración de la inflación surgen y se desvanecen tan rápido como las burbujas.

El Banco Central pudo aprovechar los primeros instantes del supercepo a las importaciones para recuperar algo de reservas y acercarse a la meta que pidió el FMI, pero todos los empresarios saben que esa jugada sirve por muy poco tiempo. Después, otra vez, habrá que enfrentar, como diría el homenajeado, la única verdad.

Ignacio Miri

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