Miércoles, 13 Julio 2022 08:18

Alberto Fernández celebra una repavimentación y en San Luis que el tren vuelva después de 30 años - Por Ricardo Roa

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Los memes toman en broma cosas serias. El Gobierno, con discursos, toma en serio cosas que son bromas. 

Hacemos memes con todo. Nos acaba de advertir Loris Zanatta, brillante profesor italiano de Historia de América Latina, que mejor tomemos en serio lo que es serio. Están bien los memes, pero que no desplacen lo serio. 

Sin ir más lejos, este lunes y en medio del tembladeral del dólar y los mercados, el presidente Fernández dejó la Rosada para hacer que supervisaba cuatro kilómetros de pavimento renovado en Berazategui. Hasta colocaron un escritorio en plena calle 7 para que se fotografiara con el intendente y el jefe de la obra, una cuadrilla de obreros detrás y algunos curiosos en las veredas, concentrado en un plano como si estuviera estudiando una red de autopistas.

Un poquitito más atrás, pero no mucho, el viernes, la vicepresidente Kirchner fue a El Calafate a inaugurar un cine municipal. La política del presidente y de la vice chocan. Y es tan claro que chocan que, condescendiente y con la belicosidad atenuada, la vice que hace de presidente prometió en ese acto no ejercer su derecho a revolear ningún otro ministro. Acababa de revolear a Guzmán, el de Economía, y desatado una tormenta económica que aún sigue y que la tiene asustada al igual que al Presidente.

Batakis se tomó una semana entera para reclutar un equipo y saber qué tiene que hacer y decir. Juntó lo que pudo: un grupo de bonaerenses, que es lo que conoce. Y se presentó rodeada de todo el equipo económico, desde Pesce a Marcó del Pont. Obvio: para aparentar unidad. Pero ahí faltó nada menos que Cristina, lo cual es como decir que faltó un respaldo expreso del poder real. O sea, una garantía infinitamente mayor a la otra. Todo el mundo lo advirtió.

Rarezas de lo que hasta ahora luce a falta de compromiso en la cúpula es que no hubo presencia, y ni siquiera hubo opiniones. Claramente, el miedo del cristinismo a quedar pegados, y a pagar por lo que se diga, así sea sólo en plan trascendido.

Corrido Guzmán, Pesce habló para el kirchnerismo: tranquilos, no vamos a aplicar ninguna receta recesiva. Ni vamos a devaluar, dijo como si dijera una verdad: casi 50 por ciento lleva devaluado el dólar, el oficial. Para diluir la verdad: sarasa. No faltan reservas, añadió. Menos mal. ¿Y para eso causan semejante revoleo de dólares contado con liqui, blue, bolsa, riesgo país, precios, expectativas y tantas otras burradas?

La ministra reemplazante discursea hacer casi lo mismo que Guzmán. Que vamos a apretar el gasto público, que cumpliremos con el Fondo. Si Batakis, cristinista, va adelante con lo que anuncia o, mejor dicho, consigue ir adelante, estaremos ante un ajuste fiscal, o sea, una mala palabra en el diccionario K. El problema es que deba hacerlo, inevitablemente, porque el Estado se ha quedado sin plata y con una deuda enorme. Tal cual están las cuentas, enfrenta un déficit equivalente o mayor al 3% del PBI: unos US$ 17 mil millones al tipo de cambio oficial.

Con semejante desajuste, cualquiera se preguntaría dónde está el ajuste que le criticaron tanto a Guzmán.

Antes de ir a Berazategui, Fernández se hizo un tiempo para opinar en favor del ex jefe de Podemos, Pablo Iglesias. Y se metió en otro matete al pontificar, que es de las cosas que más le gusta hacer, contra “las noticias falsas de cierto periodismo” que buscan “difamar a los dirigentes políticos”. Para agradar a Cristina, Fernández se ha vuelto tan prensafóbico como el cristinismo.

Iglesias pasó, en unos pocos años, de campeón a canillita: saltó a la fama liderando el Movimiento de Indignados y con mucha presencia mediática cosechó el 20% de los votos en 2015, aprovechando sobre todo el desengaño y la furia de votantes socialistas. Pero desde entonces no hizo más que retroceder electoralmente hasta decidir abandonar el partido y la política.

De sus viejos compañeros quedan unos pocos conchabados en el gobierno que comparten con el PSOE. La historia que confunde Fernández no da para explicar en un par de párrafos. Tiene que ver con las cloacas de la política y el ex comisario Villarejo, una especie de Stiuso español que por mucho tiempo hizo escuchas ilegales como las que aquí hacían los servicios del kirchnerismo. Villarejo las va soltando de a poco para tratar de aliviar su situación judicial.

Grabó a centenares de empresarios, jueces y políticos. No le hizo asco a nadie. Dos que hicieron ruido: una amante del rey Juan Carlos y el ex juez Garzón, que era su amigo y al que grabó mientras participaba en el cumpleaños del propio Villarejo. Garzón asesoró a los dos gobiernos del kirchnerismo. Cuando Fernández denuncia a “cierto periodismo” se refiere a la Cadena Sexta de tevé, de izquierda y que estuvo muy cerca de Podemos y ayudó a crecer a Iglesias como ninguna. Es como si Máximo Kirchner denunciara a C5N.

 

 

Para el final, una noticia que parece un meme aunque no es un meme. Es peor: una muestra redonda de donde quedamos parados. Los festejos este martes por la vuelta del tren que une la Ciudad de Buenos Aires con San Luis y que desapareció hace casi 30 años, en los tiempos del ramal que para, ramal que cierra. Fernández lo tuiteó. Cómo se iba a perder la fiesta.

Ricardo Roa

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