Lunes, 08 Agosto 2022 09:38

El dilema de la oposición frente a Sergio Massa, y los escraches a la política - Por Walter Schmidt

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El éxito o fracaso de la gestión del ministro de Economía impacta en Juntos por el Cambio. La lógica de los escraches que promovió el kirchnerismo y ahora se vuelven en contra. 

El desembarco de Sergio Massa al gabinete nacional no sólo cambia el panorama del Frente de Todos en función del éxito o fracaso de su gestión en el Ministerio de Economía. También impacta en Juntos por el Cambio, hasta ahora inmerso en una disputa eterna por las fórmulas presidenciales y entre los partidos que integran la coalición, en particular, el PRO vs la UCR. 

El agravamiento de la crisis económica durante el mes de julio, a partir de la renuncia de Martín Guzmán, convirtió a los miembros oposición en meros espectadores del laberinto en el que aún se encuentra inmerso el Gobierno. Alberto Fernández y Cristina Kirchner fueron los más golpeados, como consecuencia de la corrida cambiaria, las malas decisiones y de su interna interminable.

A Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich, Mauricio Macri, Facundo Manes y Gerardo Morales, les vino bien salir de escena en la que mostraban la pelea por el 2023, como si fuera un show de catch de Los Halcones versus Las Palomas. Una discusión muy devaluada, sobre todo porque el deterioro de la clase media y el clientelismo con que se administra la clase baja requiere de otro nivel de debate.

“Creo que en la oposición lo subestimamos a Massa”, apunta un dirigente del PRO que conoce bien al ministro de Economía, a quien le da “una luna de miel de 30 o 40 días, no más”. No obstante, cree que Massa servirá para ordenar a Juntos por el Cambio porque el tigrense se convertiría en el candidato del kirchnerismo a vencer o bien el oficialismo quedaría devastado.

Quienes reconocen el perfil de Massa creen que podría intentar dividir al radicalismo. Apuntan a la decisión de Economía de sentarse sobre las transferencias discrecionales a las provincias que complementan la distribución de la coparticipación federal, pero a dedo. Creen que obligaría a los gobernadores, como los radicales Morales (Jujuy), Gustavo Valdés (Corrientes) y Rodolfo Suárez (Mendoza) a negociar con él fondos a cambio de votos para un proyecto de ley.

Ni bien asumió Massa, Rodríguez Larreta admitió le daría un poco de aire al Gobierno y al peronismo. Pero advirtió a sus colaboradores que "cuando tenga que tomar medidas duras van a resurgir las contradicciones internas de ellos”. En efecto, que más cantidad de familias paguen el aumento de luz y de gas, o el blanqueo de un ajuste fiscal que se llevará adelante para cumplir con el FMI, colisiona con Cristina y Máximo, quienes se opusieron y militaron el voto en contra del acuerdo con el Fondo en Diputados y el Senado. Su silencio, dice todo.

La Coalición Cívica que sigue respondiendo a Elisa Carrió fue muy dura con Massa al acusarlo en un comunicado de “inhabilidad moral para el ejercicio”. Uno de los dirigentes de la CC dejó en claro que estarán "muy atentos porque también se deben tener presentes ciertos actores como Daniel Vila, José Luis Manzano, Claudio Belocopitt y la minería. Y ahí puede haber negociados y conflictos de intereses”. No debe ser gratificante para estos empresarios estar en la primera fila de los más mencionados por su vínculo con Massa, no sólo por los medios sino en especial en las redes sociales.

Si bien el contexto económico no es exactamente el mismo –el actual es menos grave-, la crisis remite al 2001. En aquél entonces, producto del corralito que convirtió los ahorros en dólares de la gente, depositados en los bancos, en una pila de pesos devaluados, una de las imágenes recurrentes era el escrache a los políticos en la calle, en los bares, en los restaurantes y en todo espacio público por parte de ciudadanos que reclamaban una solución inmediata.

Ese tipo de manifestaciones ha vuelto hace tiempo, pero pareció recrudecer en la última semana. Durante varios días, un grupo de ciudadanos insultó a dirigentes políticos, especialmente del Frente de Todos. Como a Juan Grabois a quien le gritaban “¡Andate a Cuba!" y otros adjetivos descalificativos; a Mirta Tundis, la experiodista y diputada del Frente Renovador, a quien dentro de un restaurante le enrostraban “llorabas con Macri, pero ahora no llorás más”; y a Myriam Bregman, al ingresar a Diputados.

Pero también a dirigentes y legisladores de Juntos por el Cambio a quienes le gritaban cuando ingresaban al Congreso, “¡son una manga de tibios, a dónde está la oposición que no existe, que le vota todo a estos delincuentes!”.

El punto máximo fueron los insultos y golpes a los autos oficiales que ingresaban a la Casa Rosada para la asunción de Massa como ministro de Economía. El propio funcionario fue uno de los damnificados. También lo fueron quienes ingresaban caminando a la sede de Balcarce 50 como el camionero Pablo Moyano. Ese episodio tuvo una alta viralización en las redes sociales. Al igual que las acusaciones a Massa por parte de comerciantes y productores, cuando se acercó a saludar a la gente tras un acto con Alberto Fernández en Cañada de Gómez, Santa Fe.

El objetivo de la protesta, con distintos tonos y reclamos, apunta a la clase política, aunque el kirchnerismo es el principal objetivo. No se trata sólo de la pobreza o la exclusión; la precarización laboral con un tercio de los trabajadores en negro; la pérdida del poder adquisitivo; el achicamiento de una clase media que resiste en convertirse en clase baja; la duplicación de la cantidad de planes sociales; la inflación proyectada en un 90% para este año.

Muy lejos quedaron los tiempos cuando Néstor Kirchner quería ganar la calle y utilizaba a Luis D’Elía para escrachar a las empresas, a los opositores, a los periodistas y a quienes defendiera al campo en la pelea por la resolución 125.

La psicóloga clínica Celia Antonini distingue la violencia, que es la intención de hacerle daño al otro y que se origina en factores personales, familiares y sociales, de la agresión, inherente al ser humano para defenderse. “A mí modo de ver la violencia actual puede responder al factor social. Socialmente los argentinos tenemos muchísimas fallas, no tenemos sistemas de control (un sistema punitorio) que permitan que la gente pueda inhibir esa ira que a veces le genera la exclusión social o las inequidades, y la percepción de la desigualdad entre quienes son pobres y quienes detentan el poder”.

Respecto a los episodios, Antonini considera que “los políticos hoy empiezan a ser los representantes de esta desigualdad entre el pobre y el que llega en un auto blindado a la Casa de Gobierno. Y la pérdida del respeto hacia un legislador o ministro ocurre porque hoy el depositario de todos los males que ocurren en la Argentina es la clase política, sea cual fuere el partido. Y esta sensación de que ellos viven bien y nosotros vivimos mal”.

Nosotros y ellos. El Gobierno tiene poco tiempo para recrear una sensación de mejora, de menor inequidad. De lo contrario, el peligro es que parte de la sociedad pueda interpretar a través de las redes sociales que hay un grupo de ciudadanos que está actuando en defensa de los intereses de todos, y se sume a ellos, que se organizan todos los días para ir a repudiar a algún funcionario nacional o a un legislador en el Congreso.

Walter Schmidt

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