Lunes, 22 Agosto 2022 07:57

La oposición no le cree al Gobierno, y el deja vu de las tarifas - Por Walter Schmidt

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El error de cálculo de Cristina Kirchner. El silencio de Martín Guzmán. Y la desconfianza de Juntos por el Cambio.

“La economía tiene cinco precios: dólar, tarifas, tasa de interés, salarios y el precio de los bienes y de los servicios. Si uno observa el estado de los cinco, es catastrófico. Hubo un tarifazo exponencial, los salarios se han depreciado, el dólar se ha detonado, la tasa de interés vuela y el precio de las cosas que la gente consume también se ha disparado”. La descripción del escenario económico podría ser la de hoy, de un economista o de un referente de la oposición, pero fue la que hizo Cristina Kirchner contra el gobierno de Mauricio Macri en mayo del 2018, en una sesión del Senado por el aumento de tarifas. No previó que su gobierno junto a Alberto Fernández sería destinatario de las mismas críticas, un lustro después. 

Hoy el dólar está a $300; los aumentos de tarifas para las familias oscilan entre los 55 y el 150%; sólo este año el salario caería 4% y el 10% o más para los 5 millones que están en negro; la tasa de interés ronda el 80%; y la inflación proyectada ya supera el 100%. Más penurias, cuatro años después.

Lo paradójico es que la férrea oposición de Cristina al aumento de tarifas reclamado por Martín Guzmán y su cambio de opinión en la gestión de Sergio Massa, significó un alto costo para el Estado y para la sociedad. De acuerdo con la consultora Equilibra, si el aumento de tarifas se hubiera dado a principios de año, hubiera significado un ahorro del 1,6 puntos porcentuales del PBI. El incremento anunciado días atrás sólo significará para el 2022, un ahorro del 0,21.

Peor aún, se estima que el impacto inflacionario del aumento de la luz, el gas y el agua será de 1,6%. Pero este valor estimativo no tiene en cuenta que la suba será mayor en los comercios, y cuánto de eso se trasladará a los precios. Con lo cual, el impacto inflacionario superaría ampliamente el 2%. Y está claro que no es lo mismo un aumento de tarifas con una inflación del 30%, que con una proyectada en torno al 100%. Duele mucho más al bolsillo.

Guzmán podría decir mucho sobre las trabas que le puso el Instituto Patria, pero prefiere el silencio. Basta recordar que en su carta de renuncia, sugirió que quien lo reemplazara “cuente con el manejo centralizado de los instrumentos de política macroeconómica necesarios para consolidar los avances descriptos y hacer frente a los desafíos por delante”.

Fiel a su estilo, con una chicana mediante en la que habló de no tener “miedo ni vergüenza” de sentarse con una fuerza política distinta como el Frente de Todos, Massa convocó a Juntos por el Cambio a “encontrar acuerdos o consensos básicos”. No fue una declaración hecha en cualquier lugar, eligió al auditorio del Consejo de las Américas para hacerlo.

“Este gobierno perdió credibilidad y Sergio también. Nadie se va a juntar si no ponen un plan sobre la mesa. Su estrategia es decirlo ante el círculo rojo para apretar, y que el círculo vaya a la oposición y le diga, júntense. No hay margen en la oposición para ningún chamuyo más”, reflexiona un referente de JxC.

Intuyen en la oposición que Massa buscará aprobar el Presupuesto 2023 y por ahí pasará la búsqueda de algún diálogo. Por ahora el contacto ha sido nulo. Oficialistas y opositores vienen hablando de sesionar el 31 de agosto, sobre una prórroga de algunos impuestos. Pero para ese entonces, podría haber novedades sobre el proyecto de Presupuesto para el que Massa tiene tiempo hasta el 15 de setiembre.

La interpretación anti kirchnerista sobre la gestión del ministro de Economía es que se complica porque el mercado espera algo concreto, ya que considera que el ajuste hecho hasta ahora es pobre. La pregunta es, ¿se puede salir de esta situación sin devaluar? “Massa debería presentar una hoja de ruta que asegure en lo inmediato no menos de 10 mil millones de dólares de reserva al Banco Central y eso no estaría ocurriendo”, asegura un legislador radical.

“Después de lo que dijiste de la oposición y de Macri, ¿cómo te sentás a acordar?”, aseguran desde el PRO. El otro elemento es Elisa Carrió. La líder de la Coalición Cívica salió a detonar cualquier intención de Massa de acordar con algún sector de JxC. Lo hizo de la peor manera, denostando a los propios, pero el objetivo fue ese. ¿Quién se animará ahora a acordar algo con el titular de Hacienda?

Fuera del mercado y del círculo rojo, en Juntos por el Cambio apuntan a que “la sensación para la gente es que está peor que hace dos semanas porque los precios de todo volvieron a subir y ahora muchos deberán afrontar un aumento de tarifas”.

Por lo pronto, desde La Cámpora le han comunicado al polémico Juan Grabois, que no habrá salario universal ni nada parecido, porque no hay margen. Al parecer, el dirigente social cercano al Papa Francisco habría empezado a desandar la amenaza de ruptura con el Frente de Todos.

“Hasta ahora Massa hizo cosas que no resolvieron nada, pero despertó la idea de que el Gobierno algo quiere hacer. Pero cualquier iniciativa económica ira en el sentido de la ortodoxia”, interpreta un funcionario, más cercano al Presidente. La incorporación de Gabriel Rubinstein como viceministro de Economía es un claro ejemplo.

La sorpresiva intervención del embajador de Estados Unidos en Buenos Aires, Marc Stanley, apenas derivó en una tibia crítica por parte de una devaluada portavoz presidencial, Gabriela Cerruti, y del camporista Andrés “el Cuervo” Larroque. Esta vez no hubo tuit ni retuit de la vicepresidenta trazando un paralelo con Spruille Braden, que dio lugar medio siglo atrás al planteo “Braden o Perón”.

Es que el vínculo de Cristina y su hijo Máximo Kirchner con Estados Unidos no condice con el relato anti imperialista del cristinismo. Nadie soslaya el amigable encuentro hace unos meses de la vicepresidenta con el embajador, más allá que ella comunicó un contenido de la charla que el diplomático norteamericano no convalidó. Tampoco los contactos del jefe de La Cámpora con la embajada, por actividades conjuntas.

No es casual que la noche anterior a la frase poco feliz de Stanley –es allí donde queda expuesto el perfil acotado del embajador, al no ser ni un diplomático de carrera ni un político- haya habido una cena, con una mesa muy selecta escuchando al camporista y ministro que responde a Cristina, Eduardo “Wado” de Pedro. En la mesa principal que escuchaba con atención al ministro del Interior, además de Stanley, estaban José Luis Manzano (Integra Capital), Eduardo Elsztain (IRSA), Martín Eurnekian (Aeropuertos 2000), Alejandro Bulgheroni (Panamerican Energy) y Federico Elewaut (Citibank), entre otros. De Pedro convocó a “construir un país normal, que funcione”. ¿En qué país estaremos viviendo hoy?

Walter Schmidt

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