Lunes, 05 Septiembre 2022 08:10

El silencio de Cristina Kirchner, y la estrategia de profundizar la grieta - Por Walter Schmidt

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Hace tiempo que la vice da por perdida las elecciones 2023. Con una inflación sin control, el pedido de condena y el atentado, apuesta al caos. 

Tres días después del lamentable y repudiable atentado contra Cristina Kirchner, no hay indicios de que este episodio sea un punto de inflexión en la política argentina, que deje atrás la grieta y dé lugar a una nueva etapa signada por el diálogo, el consenso y la construcción colectiva. Más bien, todo lo contrario. 

“Todo indica que estamos frente a un lobo solitario”, afirmó el titular de la agencia de inteligencia AFI, Agustín Rossi. Sin embargo, desde lo más alto del Gobierno y de la cúpula cristinista, se sigue acusando al Poder Judicial, a los medios y a la oposición de haber creado las condiciones para que Sabag Montiel intentara matar a la vicepresidenta.

El silencio de Cristina Kirchner no es casual sino un aval a esa estrategia.

La vicepresidenta recibió a Alberto Fernández y discutió con él, el tono y el contenido del duro discurso por cadena nacional en el que el Presidente responsabilizó a los opositores, la Justicia y al periodismo. El día después del triste episodio, salió de su departamento en Recoleta y, a la distancia, saludó a algunos militantes presentes.

Pero Cristina no difundió ni un solo tuit, red social que venía utilizando varias veces al día desde el pedido de condena por la causa Vialidad, para agradecer la inmensa solidaridad y repudio que le hicieron llegar, inmediatamente, tanto hombres y mujeres del Frente de Todos como de Juntos por el Cambio y de otras fuerzas políticas de la oposición, además de empresarios, sindicalistas y distintos actores sociales. Ese silencio lo dice todo.

Con el reconocimiento por parte del Gobierno -Agustín Rossi- de que hasta ahora se trata de “un lobo solitario” y no de un intento de magnicidio planificado por una facción política. Sumado a que el conflicto en las calles venía creciendo peligrosamente a partir de los sucesos en Recoleta, ¿no sería más conveniente un mensaje pacificador de la vicepresidenta y un llamado al diálogo con las distintas fuerzas políticas? No estaría en los planes ni en la estrategia por venir.

Victoria Donda, dirigente mediática que debió ocultarse luego que una empleada doméstica la acusara de tenerla en negro durante años y trascendiera que ofrecía contratos en el Estado a sus conocidos, sintetiza de alguna manera la estrategia K. Por un lado, trabaja en un proyecto para penar ciertas manifestaciones que considere de odio, al mejor estilo del macartismo. Y en paralelo, afirma que “las armas de los odiadores las cargan los Macri, los Bullrich, los Milei, los Granata y los López Murphy”.

En esa misma línea, el intelectual K Mempo Giardinelli acaba de proponer cortar la pauta oficial de algunos medios y que Alberto Fernández reponga por decreto la Ley de Medios. “No se puede seguir en ese tono buenista de profe de Facultad”, lanzó.

Apuntar a los medios es, en parte, desconocer un cambio de época y la actividad de los ciudadanos en las redes sociales, que en muchas ocasiones marcan la agenda que luego se reproduce en los medios tradicionales. De acuerdo con informes privados, en la Argentina unas 35 millones de personas utilizan las redes sociales sobre un total de 45 millones. Y se espera que esa cifra llegue a los 40 millones en 2026.

Hay varios ejemplos de ciudadanos cuyos mensajes se viralizaron en las redes en las últimas horas, y nunca aparecieron en los medios. Un joven con el buzo de Boca criticó al Gobierno por señalar que el atentado es responsabilidad de todos y afirmó en un video que él también sufre a diario de inseguridad en el Conurbano; su comentario sumó 13.500 “me gusta”. Otro joven, dentro de un auto, cuestionó el feriado nacional del viernes porque iba en contra de su necesidad de trabajar. Reunió 24.500 “likes”. Y un tercero, directamente repudió la utilización del término “pueblo” y criticó por ello al kirchnerismo y a la clase política. Tuvo 13.000 aprobaciones. Nadie los tiene en cuenta.

El ministro de Ambiente, Juan Cabandié, también hizo su aporte. Acaba de proponer regular la ética del periodismo, de la comunicación y de la política. ¿Quién ejercería ese control, al igual del proyecto de Donda? ¿Lo haría el Gobierno, el observatorio de la información creado por el kirchnerismo, un organismo a cargo de Eugenio Zaffaroni?

Si bien la discusión sobre las expresiones violentas, en especial en las redes sociales, es una realidad, Naciones Unidas deja en claro que “existe un peligro real de que, en los países menos democráticos, los defensores de los derechos humanos, los líderes de la oposición, los académicos, los sindicalistas, los organizadores de base y los periodistas sean silenciados mediante restricciones excesivas a la libertad de expresión. En la actualidad, varios países de todo el mundo utilizan las leyes de incitación al odio para reprimir la disidencia legítima o perseguir a las minorías”.

Mientras, la oposición lava su ropa sucia a la vista de todos en un espectáculo que hace dudar de su capacidad para erigirse en una verdadera alternativa política. En los últimos días se vio el enojo de casi todo el arco de Juntos por el Cambio con Facundo Manes, porque no adhirió al pedido de juicio político contra Alberto Fernández. El aspirante presidencial radical dijo que ni Cristina ni Macri lo representan porque dividen a la sociedad, a lo que Macri le retrucó que Manes “no suma nada”.

Después fue el turno del episodio de las vallas puestas por el gobierno porteño, luego derribadas por militantes K. Patricia Bullrich criticó a Horacio Rodríguez Larreta por dejar que avanzara el kirchnerismo. Ni una reunión en privado logró limar asperezas. Al parecer, la puja entre ambos se agravará cuanto más cerca esté el momento de definir las candidaturas.

Y el tercer acto ocurrió este sábado, cuando la coalición antikirchnerista no pudo hilvanar una posición común frente al atentado contra Cristina y la posterior ofensiva K. El bloque del PRO con Cristian Ritondo a la cabeza se retiró de la Cámara de Diputados luego de dejar en claro su posición, pero el radicalismo y la Coalición Cívica se quedaron. ¿Llegarán unidos a mediados del año que viene?

La sucesión de hechos saca de la escena el principal flagelo que azota a los argentinos, la inflación, junto con la incertidumbre y la sensación de que su situación económica empeorará. Los índices de alza de precios y pobreza dan cuenta de ello.

Sin nada convincente que anunciar en materia económica, más allá de la gestualidad de ministro Sergio Massa, el oficialismo encontró cierto alivio al hablarse menos de la inflación y más del atentado. Pero es algo aparente, porque en las redes sociales el factor desencadenante sigue siendo la pérdida del poder del bolsillo.

Previo a lo ocurrido el jueves por la noche, Cristina Kirchner ya se había abrazado al peronismo para intentar socializar el pedido de condena como una persecución al movimiento. Y el PJ, en su matiz de expresiones, le respondió el viernes feriado con una masiva manifestación. Lejos de ser un acto de fortaleza, asoman como inevitables varias señales de debilidad. La primera, que Néstor y Cristina Kirchner no construyeron después de casi dos décadas, cuadros ni dirigentes capaces de sucederlos en la conducción.

Y la segunda, quizás la más grave, que ninguna de las tres banderas que sintetizan al peronismo está hoy vigente bajo un gobierno peronista: no hay justicia social con semejante inflación y nivel de trabajo en negro que precariza a los trabajadores y les quita los derechos que enarbolaron Perón y Evita; la independencia económica no es tal para un Gobierno que no sabe de dónde sacar dólares para encauzar su economía; y la soberanía política es una fantasía. Ricardo Lagos, ex presidente socialista chileno decía que “Chile es un país pequeño, pero digno”. El kirchnerismo, pero también el macrismo, han sido incapaces de definir un modelo de país digno para insertarse en el mundo. Porque para ello, es necesario el consenso.

Walter Schmidt

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