Miércoles, 19 Octubre 2022 05:38

Mucho acto por el 17 de octubre, pero más bien de desbande que de lealtad – Por Ricardo Roa

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En el Frente de Todos anda cada uno por su lado y surgen raras sociedades de incierta duración. 

Más vale que Katopodis siga teniendo siempre a mano alguna cuadra recién asfaltada o algo parecido para que el Presidente las inaugure y haga como que está gobernando. Sin nadie que lo invitara a alguno de los actos por el 17 de octubre, unos poquísimos kilómetros de pavimento entre Ezeiza y Cañuelas fueron la soga de la que se agarró Fernández para desempolvar el viejo apotegma de que mejor que decir es hacer y aparecer en los medios. 

Además de Katopodis, para hacer bulto se llevó a Massa y Kicillof. Era lo que tenía a mano. Los tres actos por el 17 y otra ausencia poco comentada necesitan al menos un repaso un poco más allá de lo obvio: Días de la Lealtad eran los de antes. Una fiesta nacional partidaria casi elevada a patriótica y con su apéndice religioso, el San Perón del día siguiente. Hoy, ninguno de los tres actos sirve para declarar un feriado aunque en realidad ya el país había tenido el súper fin de semana largo de la semana anterior. Una casualidad muy argentina.

La ausencia poco comentada no fue la del presidente Fernández. La ausencia que raramente no brilló fue la de Cristina Kirchner. ¿Habrá sido porque envió a su hijo Máximo como máximo orador en el acto de la Plaza para que se sintiera o empiece a sentirse que él es yo?

En el fondo, los actos de la CGT y de Máximo-Pablo Moyano fueron para mostrar la largura de cada lealtad. Perón era la medida de la lealtad y también la medida de la traición porque encarnaba al peronismo: traición era contra él o se la hacían a él. Ahora, hace rato más bien, todo se ha vuelto más confuso. Máximo, que obviamente no es Perón, llamó traidores a los de la CGT porque los de la CGT habían dicho que los de La Cámpora se disfrazan de peronistas. Todo clarísimo.

Es curioso... o no, pero Máximo y Moyano (al menos por cuestiones familiares) son empresarios de vuelo y La Cámpora maneja más cajas en el Estado que muchos grandes empresarios todos juntos.

La CGT hizo un mal marketing. Al principio había acordado un festejo en Tucumán con Fernández y sin Cristina. Pero el camporismo cruzó a Fernández, que hizo la gran Fernández: reculó y encima llamó a Pablo Moyano. La respuesta fue celebrar acá, en una reunión más modesta pero más relevante porque pondrían distancia de Fernández. La CGT empieza a armar su propio brazo político, pero quedó como que hacían el acto para reclamar puestos en el próximo gobierno.

En cambio, la media plaza del acto camporista hizo como que se interesaba más por las grandes cuestiones ideológicas. No engañan a nadie, pero sacaron a relucir un documento que es un rejunte de ideas llenas de polvo o directamente delirantes. ¿Vos qué querés? ¿Que pongamos que vuelva el IAPI? Lo ponemos. ¿Estatizaciones? Tenemos para todos los gustos. ¿Cambiar la Corte y una ley contra los medios? Adelante. Por poco no ponen que la tierra tiene que ser para el que la trabaja, casi imbatible slogan del siglo pasado que cayó con el Muro de Berlín, aunque estaba caído de antes.

En resumen, por donde se la mire, a la alianza oficialista le aparecieron más goteras que a Cambiemos, donde Carrió aspira a figurar como la dirigente más espiada, incluso durante su propio gobierno. ¿Crujen las sociedades? Crujir, crujen, pero eso no quiere decir, al menos por ahora, que rompan. Pueden ser los gatos reproduciéndose, como solía decir Perón. ¿A la gente corrida por la crisis le interesa tanta interna o le da bronca? Porque sabe lo que después ocurre: que tarde o temprano, cada gato se va por su lado.

Aparecen también sociedades curiosas de duración al menos sospechosa. Ahora pisa fuerte la de Máximo y Pablo Moyano que convive con la de Máximo-Massa. Máximo pretende que le crean que es el jefe del ala progresista. Moyano es la expresión de un sindicalismo retrógrado y violento. Y no le importa que se crea otra cosa. Otra curiosidad: Máximo le factura a Fernández el ajuste de su aliado Massa. Esto es el peronismo hoy.

El tercer acto de la lealtad fue el de Pérsico, piquetero y funcionario. El piqueterismo de Pérsico también se aleja de Fernández y dice ojo, que nosotros movilizamos y estamos. Las sociedades raras no sólo se dan entre políticos, también entre funcionarios. Con su mujer, Pérsico va por la intendencia de La Matanza, bastión si los hay del peronismo bonaerense. Pérsico administra la plata de los planes en Desarrollo Social pero lo que preocupa a la nueva ministra, Tolosa Paz, es lo que ocurre con la plata de las compras que también van a los piqueteros y maneja Laura Alonso, de La Cámpora. Hay que ver cómo termina esta historia.

Poder, puestos y plata. Las tres p que andan todo el tiempo juntas. De este 17 de octubre, en el que nadie se acordó de Perón, queda todo esto. Fernández, que, aunque no parezca sigue siendo el presidente, no puede frenar el desbande. Manzur ya avisó que no cuenten con él. Había llegado a jefe de Gabinete con aspiraciones de presidente, pero a fin de año se vuelve a la provincia. ¿Pase el que sigue?

Ricardo Roa

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