Lunes, 14 Noviembre 2022 07:44

El desafío electoral kirchnerista choca con un clima de postergaciones - Por Walter Schmidt

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El Gobierno corre detrás de la inflación y la caída del poder adquisitivo, y no encuentra la manera de atraer votos. El inconveniente de que Cristina sea la que mejor mide. 

Una empresa de venta de colchones online lanza una convocatoria para contratar a una persona, cuyo “trabajo” será dormir en público durante una hora, probando in situ el producto en un local de Palermo. Ofrecía $10 mil. En apenas un día, se anotaron más de cinco mil personas. 

La foto no refleja desempleo sino, más bien, la caída del poder adquisitivo, que implica que hay un aceptable nivel de ocupación, pero con salarios pauperizados.

Para el 2022 la consultora Indicom ubica en el 27,9%, aunque en algunas actividades es mucho mayor, al igual de quienes perciben un ingreso en negro y viven en la informalidad, por lo cual la negociación paritaria poco importa.

Una familia –una pareja y dos hijos- necesita un ingreso mensual de $130 mil para no ser pobre. Lo paradójico es que si uno sólo de ellos es el sostén económico y gana $100 mil en blanco y con todos los aportes, su familia sería pobre. Ya ni siquiera el trabajo formal garantiza abandonar la pobreza, algo que no debe haber ocurrido en ningún gobierno peronista.

Desde el Gobierno señalan que a partir de la gestión de Sergio Massa enderezaron la situación de un Ministerio de Economía (el de Martín Guzmán) que dejó 12,4 puntos de déficit fiscal, reservas negativas, una inflación del 7,5% y todos los dólares desbordados. Y se termina el 2022 habiendo resuelto el problema fiscal y con el cumplimiento –aseguran- de la meta acordada con el FMI de 2,5; con un desempleo de menos del 7%; reservas por arriba de los US$ 6 mil millones; el tipo de cambio amesetado; la puesta en marcha el programa de Precios justos; y hasta auguran una inflación mensual para el fin del año próximo debajo del 3%.

“El problema no son los índices de la macroeconomía, porque hay niveles de producción y de consumo interesantes, y bajo desempleo. El problema es que a la gente no le alcanza porque la inflación es del 100% y entonces se empieza a privar cada vez de más cosas. Y eso genera un clima político y electoral totalmente negativo y desesperanzador para el oficialismo”, admite un consultor que suele hacer relevamientos para el Poder Ejecutivo.

No es casual que, en el país, 6 de cada 10 argentinos se autoperciban hoy de clase baja o media baja. La clase media en sus distintos segmentos desde hace tiempo viene relegando cosas. Por eso, la plenitud de restaurantes, recitales y otros entretenimientos, no son producto de una mejora en la calidad de vida o de ingresos en expansión, sino más bien porque muchas aspiraciones económicas se han dejado de lado.

Nadie ambiciona comprar una propiedad porque no hay crédito hipotecario y el poco que hay es a tasas astronómicas e inalcanzables; pocos aspiran a comprar un auto cero kilómetro ya que, además de la demora en la entrega, los tres vehículos más económicos del mercado no bajan de los $3 millones más los gastos, a lo que luego hay que sumar gastos mensuales como patente, seguro, combustible y eventualmente garaje; y cada vez menos argentinos se lanzan a viajar al exterior por la cantidad de dólares que necesitan y por las restricciones que significa usar la tarjeta de crédito.

Si a la naturalización de postergar la compra de la vivienda propia, de un automóvil o de realizar un viaje, ahora también se suma la de comprar ropa –su precio en la Argentina suele costar el doble o más que en Europa o Estados Unidos-, así como acceder a alimentos Premium, la calidad de vida no cayó varios escalones, sino varios pisos. ¿Con ese escenario, cómo puede el kirchnerismo trabajar en una estrategia electoral pro positiva?

Uno de los trabajos que circulan por los despachos de la Casa Rosada refleja una transitoria paridad entre la intención de votos del Frente de Todos y de Juntos por el Cambio y el tercer lugar lo ocupa Javier Milei con un 17%. No obstante, el oficialismo tiene un techo de algo más del 30%, en cambio la oposición se ubica en ese guarismo, pero con más chances de crecer, porque un tercio de los consultados se manifiestan indecisos. Lo que alarma al Gobierno de Alberto y de Cristina es que, en algunos escenarios trazados, el Frente de Todos aparece en tercer lugar.

“Está claro que la que más mide de todos es Cristina, en torno al 32% y es la mejor candidata. El problema es que no tenemos cómo sumar. Dependemos de otros y apostar a que Juntos por el Cambio decida una mala fórmula y que le permita crecer a Milei para que nuestros votos valgan un poco más”, resume un operador peronista.

Una de las grandes carencias del kirchnerismo es que no formó dirigentes, herederos. Y vuelve a depender de su líder que sufre el desgaste de 16 años en el poder en los cuatro gobiernos kirchneristas, y debilitada por una gestión que puede llegar a ser recordada como las peores en el peronismo y de la que intenta despegar en vano, porque ella ungió a Alberto Fernández como presidente –a quien no pudo o no supo conducir- y es la que más poder tiene en la coalición gobernante.

Mezcla de datos duros, pero también de deseo, porque es un contexto en el que se sienten más cómodos, en los distintos búnkeres K aseguran que el mejor candidato opositor es Mauricio Macri. Argumentan que es el único que puede traccionar parte del voto que hoy va a Milei y de esa manera, disminuir el impacto del dirigente de ultraderecha. También es cierto que Cristina candidata cree tener más chances ante el ex presidente que en caso de enfrentar Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich, María Eugenia Vidal, Gerardo Morales o Facundo Manes: con todos ellos perdería claramente en un balotaje.

“Los blandos permiten el avance de Milei; cuando baja Cambiemos, él sube”, afirman en las usinas oficialistas. Hasta arriesgan un dato: “Larreta es el mejor candidato a la gobernación bonaerense porque es el que mejor mide”. También subrayan que Massa es el mejor postulante oficialista para el lugar que hoy ocupa Axel Kicillof. Pero ni a Larreta ni a Massa se les cruza por ahora abandonar sus aspiraciones presidenciales, aunque Macri y Cristina opinen lo contrario.

Walter Schmidt

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