Lunes, 28 Noviembre 2022 06:23

La frustración detrás del Mundial, y el rayo paralizante de Cristina Kirchner - Por Walter Schmidt

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La Selección argentina debe cargar con la frustración de un país que la pasa mal. Lo que debe ceder Cristina Kirchner para comprar la unidad oficialista.

"Es más una reflexión que habría que hacer, lo que realmente se vive estar acá, habría que tener un poco más de sentido común y pensar que es solo un partido de fútbol…. no puede ser, la sensación es que te estás jugando algo más, la verdad que no lo comparto, y eso mismo sienten los jugadores cuando salen a la cancha… por eso esa sensación que todos teníamos, de desahogo, y es difícil hacer entender a la gente que finalmente mañana sale el sol, gane o pierda”. Las palabras del DT de la Selección argentina, Lionel Scaloni, encierran, sin buscarlo, una mirada sobre la situación de los argentinos. 

La Selección con Leo Messi como estandarte, debe cargar con la frustración de un país que la está pasando muy mal e involuciona, no en lo futbolístico, sino a nivel económico, social, sanitario, educativo, de seguridad, de calidad de vida. Que sólo ha tenido algunas mejoras efímeras pero que está inmerso en la incertidumbre, el cortoplacismo, la falta de consensos, la grieta, el cambio de reglas y el incumplimiento de los acuerdos y de las leyes.

Ante esa perspectiva, increíblemente una de las pocas cosas que une a los argentinos es el fútbol y la ambición de ver campeón al equipo blanquiceleste. Y es allí donde se pretende dirimir –u ocultar bajo la alfombra, aunque sea por un mes- todos los dilemas que el Gobierno no soluciona porque no puede o no sabe.

Cuando ese mundo paralelo recreado en torno del seleccionado amenaza desvanecerse porque, por ejemplo, peligra el pasaje a la siguiente ronda en Qatar, la furia y la ira se desatan porque significa volver al mundo real: una inflación del 100%; $75 mil millones más para planes sociales de dudosa transparencia ante la mirada de la empobrecida clase media, en lugar de la generación de empleo; la dilapidación de recursos del PAMI de $14 millones en cotillón para el Mundial cuando los adultos mayores deben lidiar durante meses con un turno o reciben un servicio de salud paupérrimo; los muertos casi a diario por el delito, con foco en Rosario y el Conurbano bonaerense; las trágicas imágenes de la pobreza, como la del nene de 8 años que murió aplastado por un camión recolector de residuos. Y la lista continúa...

Para colmo, las expectativas económicas para el 2023 no son demasiado alentadoras, más allá de las pretensiones electorales del kirchnerismo. Si bien en la Casa Rosada y en el Instituto Patria fantasean con que Massa logre bajar la inflación mensual al 3% o menos, los consultores ya pronostican un crecimiento del PBI de apenas 0,5%, por la desaceleración de la actividad económica y una suba de precios con un piso del 70%. Ese panorama es agravado por la restricción a las importaciones –porque no hay dólares- que hoy padecen las automotrices, los fabricantes de maquinaria agrícola, de motos, de celulosa, de herramientas, las mineras, las textiles y los productores agropecuarios.

De todo eso es consciente Cristina Kirchner, si bien no puede tallar demasiado en la situación económica porque allí está Sergio Massa. El ministro ya envió semanas atrás un mensaje claro de que no le aten las manos, cuando corrió la versión que podría irse al BID, porque de lo contrario puede abandonar el barco.

Por eso la vicepresidenta opta por plantear la inseguridad. Un intendente del Conurbano bonaerense admite que “la gendarmería no soluciona nada” el problema del delito, que es muchísimo más complejo, pero la presencia de los gendarmes en el barrio sí “calma a la gente porque tienen prestigio y están bien armados”.

Cristina Kirchner paga incluso el precio de reconocer cierta debilidad, como cuando se reúne con Emilio Pérsico en un encuentro que describe al detalle Santiago Fioriti en Clarín, para alinear a los distintos sectores. El mismo Pérsico que le disputa a Fernando Espinoza la intendencia de La Matanza, promoviendo para ese cargo a su esposa Emilia Cubría, y que mantiene desde el inicio de la gestión de Alberto Fernández una puja con La Cámpora por el poder que otorga el manejo de un millón y medio de planes sociales, se reúne con la vicepresidenta.

La líder del kirchnerismo necesita que nadie del rebaño salte el corral porque sabe que, si pierda la Nación, es probable que también entregue la provincia de Buenos Aires. Ya no basta con su figura o su decisión de ser candidata para alinear a todos. Por ese motivo debe salir a comprar la unidad oficialista y para ello insiste en la necesidad de armar una mesa política y así licuar las discrepancias que Alberto Fernández mantiene muchas veces con su vice.

Tras el acercamiento con el Movimiento Evita, podría decirse que consigue blindar el territorio bonaerense. A nivel nacional, entre los eslabones que le faltarían a Cristina figuran un sector de la CGT, algunos gobernadores peronistas que no cederán el armado de las listas, y el Presidente.

“Si cree que hay que armar una mesa política entonces no está tomando las riendas del armado. Está ordenando la provincia de Buenos Aires para preservar a Axel, y mandando señales de distensión con el resto”, apunta un funcionario albertista. Admite que Cristina ocupa la centralidad mostrando que puede ser candidata. “Eso hace que nadie mueva demás o se arriesgue por las dudas, una suerte de rayo paralizante del peronismo para evitar que haya armados alternativas o que sumen por afuera”, reflexiona.

Cerca de Alberto Fernández consideran que “es esencial que ampliar el espacio y volver a la lógica del 2019, agrandar el frente”. ¿Ampliar con quién? Hablan de sectores sociales, empresariales, dirigentes sueltos, gremialistas. “Alberto tiene que llegar fuerte en cualquier escenario, no hay estrategia electoral del peronismo si el Presidente llega cagado a palos. Y Sergio tiene que demostrar que puede producir resultados que lleguen a la gente, con compensaciones, bonos, sumas fijas, que permitan cambiar la expectativa”, aseguran.

La victoria del seleccionado argentino ante México mantiene viva la esperanza. No sólo de ganar el Mundial, más bien de ganar algo a nivel colectivo, de ganar algo de satisfacción y orgullo, aunque sea, al menos por unos días. Después, habrá que volver a lidiar en cómo llegar a fin de mes.

Walter Schmidt

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