Domingo, 26 Marzo 2023 09:16

El último milagro de Sergio Massa: que los jubilados extrañen a las AFJPs - Por Marcos Novaro

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El ministro recurrió esta semana a la última caja de donde rascar algún dólar para evitar una devaluación. La oposición, los técnicos de la ANSES y hasta Marcos Galperín lo objetaron. ¿Pueden los jubilados actuales y futuros confiar en alguien, o tendrán que seguir eligiendo entre que los esquilme Hacienda, lo hagan los bancos, o todos ellos de común acuerdo? 

Sorpresivamente, Marcos Galperín se lanzó esta semana en las redes a defender a las administradoras de fondos de jubilación y pensión, las famosas AFJPs, con palabras que, desde su expropiación a fines de 2008, fueron prácticamente impronunciables, o inescuchables. 

Que ahora se pueda decir lo que hasta hace poco era indecible se lo debemos a Sergio Massa y su manotazo de ahogado a lo que queda de los fondos de la ANSES, obligándola a cambiar bonos que valen muy poco por otros que no van a valer nada. Con semejante presente y perspectivas, se puede tener nostalgia casi de cualquier cosa.

El dueño de Mercado libre dijo concretamente: “Qué lindas épocas cuando cada uno de nosotros tenía nuestros ahorros jubilatorios en nuestras propias cuentas privadas y podíamos ver la evolución de nuestros ahorros todos los meses”. Le salieron al cruce cientos de tweets que recordaban que también las AFJPs habían sido una desgracia.

La discusión es muy oportuna, porque nuestra confianza en el Estado se derrumba y conviene saber si vale la pena, y en qué condiciones, volver a confiar en los mercados, y en las empresas, como los bancos, que dicen representarlos.

El actual ministro de Economía, es bueno recordarlo, inició su carrera política, hasta aquí muy exitosa, justamente en la ANSES, que presidió hasta 2007, batallando contra las AFJPs, que convertían en depósitos de ahorro personal los aportes que antaño nutrían esa caja administrada por el Estado.

Cuando después de la crisis del campo estas fueron expropiadas y disueltas, Massa fue, ya como jefe de gabinete, uno de los promotores de la medida. Y uno de sus beneficiarios, porque se dedicó a distribuir los dineros que aquellas habían administrado. Primero en millones de nuevas jubilaciones concedidas por “moratoria”, es decir sin los aportes hasta entonces obligatorios, generosa ocurrencia que había inaugurado tiempo antes; después en computadoras para los estudiantes secundarios; y al final en planes sociales, como la AUH, y casi cualquier otra cosa que el kirchnerismo quisiera financiar para mostrarse “dador de derechos”, algo que se le da muy bien con la plata ajena.

Hoy pagamos las consecuencias. Las pagan mejor dicho los actuales jubilados, los que hicieron religiosamente sus aportes, reduciendo su ingreso inmediato en la expectativa de recibir luego un ingreso en alguna medida proporcional y compensatorio, que reciben también ahora, sin embargo, la mayoría de los que no hicieron ese esfuerzo, y de todos modos a la amplia mayoría de ambos grupos lo que reciben no les alcanza para sobrevivir. Y las pagarán los actuales aportantes a la ANSES, que también van a cobrar jubilaciones miserables si se sigue saqueando esa caja.

Que es precisamente lo que está haciendo el actual gobierno, contra la promesa de Alberto Fernández de que los jubilados serían su prioridad. En todo caso lo siguen siendo quienes no hicieron aportes. Y eso no le impide continuar con el saqueo de los fondos previsionales, para sostener otros gastos y el déficit fiscal. La última manganeta al respecto consiste en obligar a la ANSES a cambiar papeles de cobro más o menos de seguro, por otros que solo en apariencia valen lo mismo.

Advirtamos, ante todo, que este pase de manos no tiene nada de nuevo. Sucesivas gestiones kirchneristas se la han venido haciendo al Banco Central, y ya lo esquilmaron tanto que no hay forma de seguir exprimiéndolo. El BCRA tiene hoy en sus manos una enorme cantidad de bonos que entregó a cambio de sus reservas de divisas y de la emisión de pesos, que nunca va a poder cobrar. Por eso está quebrado, y nadie confía en los nuevos bonos ni en los nuevos pesos que emite.

Como esa fuente de recursos espurios se agotó, ahora el fisco echa manos a otras cajas a su alcance, y la preferida, de nuevo, es la de los jubilados. Tampoco le va a alcanzar, así que es bastante probable que pronto se declare una vez más en quiebra y reprograme sus deudas. Pero mientras tanto los actuales gobernantes habrán ganado tiempo para que la bomba no les estalle en las manos, y terminar su mandato sin hacer un ajuste mayor de gastos. Lo intentan lograr cambiando papeles que aún valen algo, porque están en dólares y su eventual reprogramación se debería acomodar a la ley y lo que dispongan los tribunales de Nueva York, por otros papeles de deuda que no van a tener quién los defienda. Cuando se reprogramen habrá, del lado de los acreedores, es decir los jubilados actuales y futuros, funcionarios públicos designados por el mismo gobierno, este o el que le siga. Es decir, los que deban defender a los acreedores van a depender del deudor. No hay forma de que esa reprogramación vaya a resultar más o menos justa, eso es lo que explica que papeles como esos ya no valgan nada, y que si alguien se ve obligado a recibirlos está siendo estafado. Pero claro, quien los está por recibir, la ANSES, está ya hoy administrada por gente que no tiene ningún interés en defender a los jubilados y pelearse con quienes los nombraron ahí.

Esta situación de indefensión manifiesta de los jubilados es la que dio pie a Marcos Galperín: “Las AFJPs tan malas no eran”. El subtexto de su planteo era: “Peor es que te cuide la plata Massa”. Tal vez tenga razón.

De todos modos, conviene recordar algo importante, que Galperín no dice. Discutir la conveniencia, legitimidad, incluso la legalidad de la estatización de los fondos de pensión decidida por los Kirchner en 2008, para alegría de Massa, fue imposible por largo tiempo porque las AFJPs habían llegado a ser, con razón o sin ella, después lo discutimos, una mala palabra. La previsional era una de las reformas de los años noventa con menos apoyo social. Era considerada un negocio redondo para los bancos (y algunos sindicatos) que administraban los fondos, y una mala forma de ahorrar para los aportantes. Eso empeoró desde que, a fines de los noventa, el Estado obligó a las AFJPs a comprar todos los bonos de deuda que él emitía para financiar su déficit. Y empeoró aún más cuando se defaulteó esa deuda, en 2001, en medio de vítores de los legisladores contra el imperialismo. Estaban jodiendo a los jubilados, no a Wall Street, pero los diputados y senadores festejaban como si fuera una patriada.

Esto explica, de todos modos, solo una parte del problema. Otra parte la pusieron las propias Administradoras que habían hecho un gran negocio y a pesar del default lo siguieron haciendo, porque sus ganancias no se fijaban según lo que crecieran los ahorros de los aportantes, eran un porcentaje fijo de sus salarios. Una renta asegurada, por ley, inmune a crisis, defaults o incendios. Y que acumularon esas empresas mientras no pagaban una sola jubilación o pensión. Es decir, el sistema para ellas era todo ganancia y cero riesgo, todo el riesgo quedaba a cargo de los aportantes.

Si ese es el capitalismo y el mercado libre que hoy extrañamos, se entiende que mucha gente haya preferido el estatismo populista, y cuando se expropiaron los fondos, muchos creyeran la promesa oficial, que las jubilaciones iban a mejorar en vez de empeorar. Y ojo, volverán a ser creíbles afirmaciones parecidas si el mercado vuelve a fallarles.

La frutilla de ese postre de 2008 que mejor no repetir es también revelador. Tan mal paradas estaban las AFJPs para defenderse del atropello que quería cometer el kirchnerismo contra los derechos de propiedad de sus clientes, que a último momento prometieron que bajarían sustancialmente las comisiones que venían cobrando, y que rondaban el 30% de los aportes. ¿Por qué no lo habían hecho antes? ¿Por qué no prefirieron un negocio razonable y socialmente legitimado, en vez de un saqueo alevoso que no podía durar? Es la historia que siempre repite el capitalismo argentino, tasas de ganancia lo más altas que sea posible, porque en este país nada dura así que mejor aprovechar al máximo el momento, con lo cual se asegura que efectivamente nada dure, y la legitimidad de los mercados y el empresariado se evapore.

¿Es razonable de todos modos el planteo de Galperín? ¿Igual nos hubiera convenido que siguieran las AFJPs? Es probable que sí, porque ese sistema se podía mejorar sin muchas complicaciones, mientras que el régimen que gira alrededor de la ANSES, al menos hasta aquí, ha demostrado solo poder empeorar.

Pero la discusión que realmente importa es otra. ¿Cómo lograr que un número suficientemente amplio de argentinos tenga una experiencia positiva de los mercados libres como para confiar en ellos y defenderlos cuando alguien pretenda de nuevo llevárselos por delante? Massa es claro que esto no lo entiende ni le interesa entenderlo, en cambio cabe esperar que a gente como Galperín sí.

Marcos Novaro

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