Sebastián Dumont

La política argentina acentúa su desconexión. Cada sector busca hablarles a los propios sin detenerse en las dificultades que se atraviesan y profundizan. A casi un año y medio de las elecciones presidenciales, las campañas ya comenzaron como si ello los abstrajera de la realidad y de los problemas que requieren una resolución hoy.

Los movimientos políticos más importantes suelen ser detectados por los pequeños detalles que los preceden. La última intervención pública de Cristina Kirchner en Avellaneda dejó varios para seguir con mucha atención. Lo macro del mensaje quedó evidenciado en la distancia que la vicepresidenta le pone a la política económica del gobierno que ella misma construyó en 2019.

La aspiración de moda en la política argentina en medio de acciones conservadoras. 

Existen sitios emblemáticos en la provincia de Buenos Aires que son ineludibles para todo aquel que se precie de hacer política en ese territorio. Ningún armador que no haya pasado por ellos puede jactarse de serlo. Se trata de lugares muy puntuales donde confluyen las roscas habituales de los dirigentes y operadores bonaerenses. Uno de esos lugares está ubicado en la intersección de las rutas 8 y 188 en Pergamino, plena segunda sección electoral. 

Cuando los tiempos actuales requieren de resoluciones concretas a los múltiples problemas que atraviesa la Argentina, la dirigencia política, en su gran mayoría decidió acelerar la confrontación, adelantar los tiempos electorales a riesgos de no poder doblar en la curva y volcar. 

Durante varios días se debatió en la Argentina la reacción de Alfredo Casero, enojado, yéndose de un programa de televisión tras haber dado un fuerte golpe en la mesa. Reflejos de un país crispado, donde el accionar de la política ocupa el centro de los enojos, pero no es el único sector. La actitud muestra el cansancio y la forma de cortar una situación. 

Con Alberto Fernández en la Presidencia de la Nación se ha popularizado entre analistas políticos un término más vinculado a la psicología: procrastinar. Se trata de posponer deliberadamente tareas importantes pendientes, a pesar de tener la oportunidad de llevarlas a cabo. Puede afectar a acciones, conductas y/o toma de decisiones. Los procrastinadores crónicos son conscientes de las consecuencias que comporta su tendencia a posponer. 

En marzo, la inflación en Perú fue del 1,4 por ciento, la más alta de los últimos años 26 años. Estos números están apalancados por el aumento de combustibles y comida. La tensión social llevó a movilizaciones y enfrentamientos con muertos en las calles, sumado a los duros cuestionamientos al presidente de Pedro Castillo por haber decretado un toque de queda del que tuvo que retractarse.

Juan, un empresario pyme de los tantos que hay en la Argentina, salió preocupado del despacho del ministro provincial al que había ido a visitar. En la charla que tuvo con el responsable de una cartera vinculada a las empresas en esa jurisdicción del interior, había preguntado algo simple: ¿Hasta cuándo se pueden soportar estos niveles de inflación y presión impositiva? La respuesta lo sorprendió: "Todavía hay mucho margen, la gente aguanta". 

"Esta todo roto, pero no", arroja el enésimo interlocutor de la política bonaerense consultado por estas horas. La referencia es obvia: La relación política entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner.

En tan sólo siete días y desde el conurbano, Alberto Fernández lanzó dos consignas muy relevantes, aunque difíciles de pronosticar su éxito: su reelección y la guerra a la inflación. Ambas están indefectiblemente atadas.

Alberto Fernández esbozó una respuesta al dilema que se planteó en la nota de la semana pasada. Se trataba de saber si será o no un presidente de transición. Se resiste a serlo. Desde José C. Paz lanzó que transitaba su primer mandato dejando la puerta abierta a la posibilidad de ir por un segundo turno. O, en palabras de Mauricio Macri, jugar el segundo tiempo.

Hace mucho tiempo que la política en la Argentina se analiza más por las gestualidades que por los discursos. Se inauguró una época a la que llamamos "fotogénica", donde es más importante interpretar una imagen que intentar hacerlo con las palabras. La inauguración del 140ª período de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación tuvo mucho de ello.

Cristina Kirchner está en silencio, pero activa. En la discusión por el acuerdo con el FMI ya es sabida su postura, expuesta en la decisión de Máximo Kirchner de renunciar a la presidencia del bloque de diputados en la Cámara Baja.

Las recientes expresiones del ex subjefe de la policía bonaerense Salvador Baratta agitaron más las aguas. 

Con las esquirlas de la bomba aún dispersas, la renuncia de Máximo Kirchner a la presidencia del bloque de diputados oficialistas requiere una atención política más allá de la excusa formal del portazo. Es una jugada más profunda que aún intentan entender en el peronismo bonaerense que el hijo de Cristina Kirchner preside desde diciembre. Tal como se adelantó, la composición de las coaliciones mayoritarias del tablero político va camino a sufrir alteraciones. 

“El aumento no es del dólar, sino del dólar blue. Es un mercado que se maneja con sus propias reglas y expectativas. Entendemos que este mercado está reflejando expectativas que tienen que ver más con la situación política que, con la situación económica, que son todos números muy alentadores y buenos. Así que esperamos que esto no influya en la situación macroeconómica como no viene influyendo”. 

La habitual merma de actividades en el mes de enero encuentra, de todas maneras, indicios interesantes de cómo se van gestando alineamientos, nuevos acuerdos y apetencias futuras entre los principales sectores políticos de la Argentina, sobre todo en la provincia de Buenos Aires.  

La Argentina en decadencia se expresa en todos o casi todos sus aspectos. Los temas regresan una y otra vez, siguiendo la máxima de Karl Marx en `El 18 brumario de Luis Bonaparte', primero como tragedia y luego como farsa. 

Previsible aprobación de la ley que la da la posibilidad a los intendentes para poder presentarse a un nuevo período en 2023. Las negociaciones ya habían comenzado mucho antes de las elecciones primarias.

Falta mucho. Demasiado. Pero no debería causar ninguna sorpresa la expresión del presidente Alberto Fernández sobre su propia reelección.

 

La definición de "movimientos tectónicos" nos lleva a la siguiente conclusión: se trata de las fuerzas que provienen del interior de la tierra y actúan construyendo y destruyendo las grandes formas de relieve. Por estas horas, la política argentina vive sus propias medidas telúricas.

Los berrinches y las críticas escuchadas estos días tras la división del bloque radical en la Cámara de Diputados ponen, en escena, una realidad contundente: La política argentina atraviesa un claro momento de transición. El problema no es el radicalismo al que se lo juzgó con una vara distinta de lo que han hecho otros diputados que llegaron por la oposición tras las elecciones del 14 de noviembre

Hace 20 años que el mes de diciembre es especial en la Argentina. La llegada de los últimos 30 días del año viene acompañada de las especulaciones habituales a partir de un contexto social y económico que, salvo en años puntuales, ha consolidado su camino descendente. Un tobogán que aún no encuentra su culminación.

Desde el domingo 14, Alberto Fernández lanzó dos señales muy fuertes hacia el interior de su fuerza política. La primera de ellas la expresó en el acto por el día del militante en Plaza de Mayo y es que las candidaturas en 2023 se definan en internas. La otra, fue el guiño para que los jefes comunales de la provincia de Buenos Aires avancen en negociaciones para reinterpretar la ley que los inhabilita a más de dos mandatos consecutivos. En este caso, la expresión pública vino de parte de su portavoz, Gabriela Cerrutti. 

El peronismo, acostumbrado a festejar victorias, sobre todo en la provincia de Buenos Aires, ahora discute quién o quiénes son los artífices de una derrota digna. Es una cuestión de expectativas. Como quien va al supermercado en tiempos de alta inflación pensando que va a gastar 10 mil pesos y al final gasta 9 mil.

"Antón Pirulero... Cada cual, cada cual, atiende su juego y el que no, el que no, una prenda tendrá". Aquel juego infantil representa de manera exacta lo que está sucediendo en las horas previas a la elección del domingo.

Asoman en el trance final hacia las elecciones del 14 de noviembre certezas e incógnitas. Entre las primeras aparece, según todos los sondeos -a esta altura siempre muy cuestionados- que el Gobierno no dará vuelta la elección en todo el país.

En las primeras horas del miércoles 27 arreciaron los mensajes en las redes sociales de los dirigentes del Frente de Todos para recordar a Néstor Kirchner a 11 años de su fallecimiento. También el día comenzó con la aprobación por unanimidad del proyecto de alivio fiscal para los contribuyentes agobiados por la pandemia.

La muchas veces pronosticada explosión social en el conurbano se trasladó, de alguna manera y con otras formas, al sur del país. Los hechos vandálicos y de carácter terrorista que llevan adelante grupos autodenominados mapuches encuentran sostén político en un sector del oficialismo. Y sus derivaciones ya forman parte de los análisis en las mesas políticas que suelen reunirse en Buenos Aires y alrededores.

Francisco De Narváez, luego de la reunión de empresarios con el presidente Alberto Fernández y Sergio Massa, contó que el jefe de Estado aseguró que Cristina Kirchner quiere cerrar el acuerdo con el FMI. El dato es importante porque muestra a la vicepresidente en su rol pragmático y lejos de las posturas obcecadas de quienes, bajo su supuesta ala, recorren los medios o actos políticos diciendo o insinuando lo contrario.

El consultor catalán Antonio Gutiérrez Rubí, quien se ha hecho cargo del diseño de la campaña del Frente de Todos en la búsqueda de recuperar el terreno perdido en las PASO, en una breve nota que publicó en su blog hace una semana, interpela de manera directa el principal inconveniente que asoma en el horizonte de los Fernández, Alberto y Cristina.

"Hemos escuchado lo que la gente nos dijo en las urnas", lanzó, una vez más, Alberto Fernández ante una platea propia que se movilizó para acompañarlo en José C. Paz, tierra de Mario Ishii, especialista en armar actos multitudinarios como el que se llevó a cabo este miércoles.

El fútbol suele ser un vehículo para comparar situaciones de la realidad Argentina. "El domingo, cueste lo que cueste, el domingo tenemos que ganar". Aquel cántico que inmortalizaron las hinchadas argentinas, hoy se aplica a la política. Sobre todo, en el Frente de Todos bonaerense.

Mario Ishii estaba internado en terapia intensiva por Covid cuando llegó el momento del cierre de las listas para las PASO del próximo domingo.

En el Gobierno deben lamentar no haber podido encontrar los consensos necesarios para suspender las elecciones primarias. Logró una postergación de los comicios cuyo resultado podría desatar un vendaval aún mayor de lo que ya son las cruentas internas que se viven. La campaña es inédita y la falta de ideas son reemplazadas por exabruptos verbales en todos los campamentos.

Circula una pregunta en distintas mesas políticas y de consultores cuya respuesta varía según quien la responda. ¿Cuánto del caudal electoral de Sergio Massa lo sigue acompañando después de su incorporación al Frente de Todos? La respuesta es importante porque, ante la morfología de la coalición de gobierno, podría ser el factor decisivo para ganar o perder estas elecciones en la provincia de Buenos Aires.

Aún sin poder contabilizar los daños producidos por el efecto de la fiesta en Olivos, el oficialismo decidió cerrar filas sobre su mayor fortaleza: la unidad. Y, al mismo tiempo, abandonar la idea de ir en búsqueda del votante "decepcionado" que suele fluctuar, sin identificación partidaria, a ambos lados de la grieta.

Néstor Kirchner solía repetir una frase: "Vean lo que hacemos, no lo que decimos". La leyenda cuenta que incluso eso mismo le habría dicho al ex presidente de los Estados Unidos George Bush cuando le puso su mano en la rodilla al visitarlo en la Casa Blanca. En aquel entonces, su jefe de gabinete era Alberto Fernández, a quien hoy es difícil de interpretar en los términos de aquel pronunciamiento del fallecido ex presidente.

Cuando las elecciones hayan pasado, Máximo Kirchner asumirá la presidencia del PJ bonaerense. El camino hacia ese sitio contempló controversias, polémicas y especulaciones. Entre las certezas de la movida, está la idea de abarcar un espacio que vaya más allá de La Cámpora. Salir de la estigmatización de ser el jefe de un sector para convertirse en el referente principal de un abanico político más grande. El cierre de las listas en la provincia de Buenos Aires permite reafirmar ese postulado.

La historia es repetida. A horas de los cierres de listas lo que abundan son rumores y operaciones. La letra fina en las nóminas se termina de cerrar minutos antes de la medianoche del sábado. Antes, es tiempo de rosca, reuniones, maniobras y, por lo general, pocas confirmaciones.

Hay un dato que empieza a mirarse con mucha atención en las encuestas que los intendentes del conurbano han encargado para explorar el humor electoral en sus distritos. Dentro del oficialismo se observa con detenimiento el nivel de imagen del presidente Alberto Fernández y del gobernador Axel Kicillof.

La pandemia ha puesto sobre la escena diversas situaciones que ya existían, a las que se les prestaba poca atención. Una de ellas es el AMBA (Área Metropolitana de Buenos Aires), sitio geográfico donde conviven la Ciudad de Buenos Aires y los distritos del conurbano bonaerense.

La confirmación de la candidatura de Florencio Randazzo en la Provincia de Buenos Aires se ha convertido en el primer nombre asegurado que se inscribirá el 24 de julio para competir en las elecciones legislativas. En el resto de las fuerzas políticas aún hay especulaciones, pero ninguna certeza sobre quiénes encabezarán las listas. Durante el mes que comienza habrá dos paradas. La primera de ellas, para inscribir los frentes electorales, y la segunda, las candidaturas que competirán en las PASO.

Santiago es uno de los tantos pastores evangélicos que han surgido en distintos templos del Gran Buenos Aires. En una fría y gris mañana se prepara para recibir en su humilde lugar a un funcionario del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.

Es sabido que Axel Kicillof tiene como principal interlocutora a Cristina Kirchner quien lo imagina para cargos más relevantes que ser el gobernador de la provincia de Buenos Aires. Pero también el mandatario provincial escucha con mucha atención el diagnóstico que le acercan dirigentes del peronismo muy experimentados, que no ocupan ni aspiran a ocupar cargos.

El término "Tercera Vía" tuvo su aparición con fuerza en el año 1997 cuando Tony Blair, en Gran Bretaña se impuso desde el Partido Laborista.

El Senado de la Nación confirmó que las elecciones legislativas se postergarán un mes. Idea surgida del propio oficialismo que hasta pensó en la posibilidad de saltear las primarias, pero encontró allí el límite de una oposición que modera su dureza según las circunstancias (e intereses, como el caso de la cláusula "negligencia" para la compra de vacunas). De igual forma, el tiempo electoral ya se hace presente en todos los sectores políticos quienes sostienen una máxima discutible, en función de la evidencia empírica: "sin 2021 no hay posibilidades en 2023".

Con la pandemia en pleno auge, la Argentina camina hacia un nuevo proceso electoral. En las próximas horas se terminará de confirmar el atraso del calendario que sólo servirá a los fines prácticos, pero no a la realidad que se vive en el día a día. La dirigencia política, aunque suele decir lo contrario, ya está en modo electoral. El virus y la campaña van de la mano.

La pandemia atraviesa el peor momento en la Argentina. Más de un año después la situación es peor en todos los sentidos. Pero pasará. Y cuando eso suceda el inventario de cómo quedará parado el país marcará el ritmo de los próximos años.

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