Sergio Berensztein

 

 

Joe Biden ya enfrentaba un panorama extremadamente complejo antes de que una turba de fanáticos de Trump tomara por asalto el Capitolio el 6 de enero pasado: un hecho sin precedente que condensa la decadencia del sistema político norteamericano.

 

El gobierno no pone en marcha medidas tendientes a solucionar los problemas de fondo que provocan la inflación. Por el contrario, pretende seguir inflando el consumo artificialmente mediante la emisión monetaria.

 

Al margen de las consecuencias sanitarias, la expansión del virus y las medidas para contenerlo generaron efectos políticos significativos, especialmente en los sistemas democráticos.


Las elecciones en 2021 darán forma al equilibro de poder entre oficialismo y oposición, además de marcar el clima electoral para las presidenciales de 2023.

El foco central de la política argentina está puesto en las diferencias que existen en el interior del Frente de Todos.

Transcurre un mes tradicionalmente complejo en la Argentina. Todos los años, al acercarnos a las fiestas, se despierta un temor generalizado por potenciales desbordes sociales.

 

Llega diciembre y en la Argentina automáticamente pensamos en potenciales desbordes sociales. Razones nunca faltan y el recuerdo de experiencias traumáticas como las de 1989 y 2001 constituye un antecedente clave que sesga nuestra memoria colectiva.

 

Ni el presidente norteamericano ni la vice argentina soportan que exista una institución dentro del sistema republicano de gobierno que no se comporte según sus pretensiones. 

 

 

La puja por el control y la asignación de recursos es uno de los principios (des) ordenadores de la política. Si existen arreglos institucionales adecuados, esa energía se canaliza de forma competitiva y contribuye a mejorar la oferta electoral para que los ciudadanos elijan de acuerdo con sus valores y preferencias.


Precalentamiento, pandemia y cuarentena, radicalización y giro al pragmatismo. Analicemos qué nos dejará el 2020 y qué podemos esperar para el 2021, aunque tan solo sea un pronóstico parcial.

La quita de fondos a la Ciudad tiene una intencionalidad política, además de fiscal. Larreta se convirtió en uno de los máximos líderes de la oposición y una potencial amenaza para Alberto Fernández.

 

Sería injusto y simplista pretender una descripción de la política argentina a partir de dos episodios recientes que impactaron en la opinión pública y pusieron de manifiesto un alarmante grado de improvisación, descoordinación, falta de sentido común y disfuncionalidad.

 

 

 

Durante todo 2020, la administración del Frente de Todos quedó expuesta ante el fracaso recurrente de sus iniciativas. Con el fallido funeral de Maradona, nuevamente mostró su nula planificación


La Argentina se dispone a ingresar en un año electoral que estará caracterizado por su complejidad y volatilidad.

El Gobierno continúa sin mostrar una hoja de ruta clara y aplica medidas cortoplacistas en medio de una situación extremadamente frágil. El ajuste y la negociación con el FMI como telón de fondo del impuesto a la riqueza.

 

Hablamos de Cristina, Alberto, Sergio, Horacio, Patricia y Lilita. Seguimos mencionando a Néstor, pero gana terreno Máximo mientras se expone algo más Mauricio y María Eugenia (Mariu, para los amigos) se apresta a regresar. El punto de inflexión parece haberse dado luego de la gran crisis de comienzos de siglo.

Con la salida de la santafesina María Eugenia Bielsa y el ingreso del intendente de Avellaneda Jorge Ferraresi en Desarrollo Territorial y Hábitat, el gabinete nacional se torna cada vez más metropolitano y menos federal, y con escasa presencia de mujeres.

 

En términos de clima político, el primer freno a la radicalización kirchnerista fue el 8N original, el de 2012, que anticipó el escenario electoral del año siguiente con el FpV retrocediendo y perdiendo en distritos clave.


A partir de junio, la imagen positiva del presidente Alberto Fernández cayó 12 puntos porcentuales.

 

 

El fenómeno de las tomas puede mutar en crisis políticas y sociales severas si no se lo afronta a tiempo y con responsabilidad.

 

Con su misiva por el 27 de octubre, la Vicepresidenta ratificó la autoridad de Alberto Fernández y sorprendió al llamar a un acuerdo amplio para resolver el problema de la economía bimonetaria.

Es un hábito que no nos permite ver que las dificultades son inherentes al propio sistema y provienen de épocas en las que Néstor, Mauricio y Cristina eran todavía actores secundarios de la política.

 

 

Apenas un año del triunfo electoral del FDT, la Argentina incuba una crisis de gobernabilidad compleja e inasible.

 

 

En el acto por el 17 de octubre, Alberto Fernández le imprimió a su discurso un fuerte contenido histórico. Se trató, sin embargo, de una historia “a la carta”.

 

La combinación de cepo y estanflación fue la principal contribución de Cristina al triunfo de Macri (junto con la negligencia respecto de la seguridad y el acoso y la humillación constantes a que fue sometido Scioli, su ineludible candidato a la sucesión) 

De nuevo, la “calle” golpeó al gobierno, algo con lo que el peronismo evidentemente se siente incómodo, con el agravante de que el 12O se trató de una marcha verdaderamente multitudinaria.

 

El manejo de la pandemia es el único espacio en el que los mandatarios provinciales se convirtieron en actores protagónicos. En el resto de los temas, están ausentes.


Alberto Fernández aún considera que los costos de modificar el curso de acción en materia económica son, a pesar del fracaso de su "no plan", más significativos que los del statu quo.

La Argentina está en el anteúltimo puesto de un novedoso instrumento que mide la capacidad de los modelos desarrollados por cada país para crear valor.

Aunque la expropiación de Vicentin no se haya consumado, marcó el comienzo de la relación traumática entre el sector privado y la administración conducida por Alberto Fernández.

 

El escándalo del diputado Ameri en el Congreso confirma la decadencia de nuestra clase dirigente: está mal capacitada para ocupar los cargos que desempeña.

 

 

Algunos investigadores creen que amplios sectores de clase media de la Argentina, Brasil, Colombia y México podrían caer en la pobreza. En nuestro país, aún no hay un plan económico proestabilidad y crecimiento.

El intervencionismo, el dirigismo extremo y la improvisación ante problemas recurrentes podrían llevar el país hacia la banquina.

 

La Argentina es un país inusual: los peores enemigos de los gobiernos son ellos mismos. Son artífices y responsables, y víctimas, de un sistema político disfuncional que desgobierna al país y lo vuelve cada día más irrelevante.

 

La política no es solo poder y recursos: también se entremezclan ideas, proyectos, esperanzas, aspiraciones. Los actores políticos tienen intereses materiales y simbólicos complejos y contradictorios que se expresan y entran en conflicto en la arena pública.

La agenda que impulsan los segmentos radicalizados del oficialismo ignora las principales demandas de la ciudadanía, fundamentalmente en términos económicos.

 

Desde su surgimiento, pero en especial desde el retorno a la democracia, el peronismo se vio siempre a sí mismo como el partido del poder.

 

Al peronismo nunca le fue bien en la ciudad y todo hace suponer que esto tenderá a continuar al menos en las próximas elecciones. Larreta era una amenaza latente. Ahora, se convirtió en una mucho más real.

 

 

La gran paradoja de la política argentina actual consiste en que la domina en gran medida una figura rechazada por más del 60% de la sociedad, que perdió cuatro de las últimas seis elecciones, que para evitar una nueva derrota -tal vez la definitiva- se vio obligada a declinar la candidatura presidencial y resignarse a ocupar la vicepresidencia, que tiene baja aceptación incluso dentro de su propio partido y que sigue siendo ignorada por los principales líderes del mundo civilizado.

Si había una industria con la cual había que ser sumamente cuidadoso -porque aquí las inversiones son más determinantes- era justamente la de las telecomunicaciones.

 

 

 

"El Gobierno prometió acuerdos que finalmente no propuso y la sociedad argentina, cada vez más polarizada, nos reclama que profundicemos la crítica en un momento en que de verdad hacen falta consensos: es una disyuntiva de la que no sabemos cómo salir".

 

El dirigente radical reapareció en charlas por zoom y busca influir en la dirección que tomará la UCR de cara a las legislativas de 2021 y las presidenciales de 2023.

 

En Esperando la carroza, el recordado film de Alejandro Doria (1985), los personajes, suponiendo erróneamente que Mamá Cora se había suicidado, asisten a un funeral en el que no tenían a quien velar.

 

Las fuerzas de sustentación que el kirchnerismo posee desde la radicalización del 2008 condicionan sus propuestas y su margen de acción.

La duración de la cuarentena empezó a erosionar la imagen de Alberto Fernández, pero no así la del jefe de Gobierno porteño.

 

Traidores y enemigos: gracias a las escandalosas declaraciones de los exjueces federales Oyarbide y Canicoba Corral nadie puede dudar de la imperiosa necesidad de reformar profundamente la Justicia.

 

Mientras recompone su poder político y soluciona sus problemas judiciales, la vicepresidenta requiere que el Gobierno no fracase.

 

 

Si algún ingenuo ciudadano hubiese tenido interés en indagar respecto de las propuestas electorales de los distintos candidatos a las elecciones de octubre pasado habría llegado a una simple conclusión: la fórmula de los Fernández presentaba un plan diseñado para satisfacer a la gran mayoría de los economistas, al FMI y, en especial, a los infaustos y descreídos tenedores de títulos públicos.

 

El del Frente de Todos es un caso único: es la vicepresidenta la que tiene un liderazgo más fuerte y además es la accionista mayoritaria en términos electorales.

 

¿Escalará la "grieta" dentro del Frente de Todos o lograrán sobrevivir a todas estas tensiones?

 

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