Marcos Novaro

Al gobierno, se le desarma el combo económico-sanitario con que encaró el año electoral. Fue él el que se “relajó”, más que la sociedad: confió en sus aliados para las vacunas y en que bastaba pisar el dólar y esperar.

La política kirchnerista es eso que hacen sus líderes aprovechando que los demás están atentos a otros asuntos. En estos días la señora y su hijo se dedican con esmero a perfeccionar la trampa de la decadencia. ¿Habrá salida?

En las últimas semanas, a la vez que la segunda ola se hacía más y más presente, se debilitó la recuperación del consumo y del nivel de actividad, por la falta de inversión y el peso de la inflación. ¿Qué puede hacer Alberto Fernández?

¿Por qué Alberto y Cristina no arreglan ahora con el Fondo, ni van a querer hacerlo después de octubre? ¿El “lastre” que no nos deja crecer es esa deuda, o es una idea autodestructiva sobre nuestra relación con el mundo y los mercados?

En la última semana se debilitó el Presidente y la Vicepresidenta ganó protagonismo como nunca antes. No le es gratis a ella, pero necesita llenar los vacíos que él deja y marcar la cancha electoral. ¿Seguirá avanzando hasta asfixiarlo del todo?

 

 

¿Para qué nos sirve recordar los 24 de marzo? El actual oficialismo tiene una respuesta clara y precisa: primero, “para identificar al enemigo”, “su enemigo”, que además viene a ser el mismo ayer, hoy y siempre; segundo, para acorralarlo, porque esa fecha es la síntesis más pura tanto del mal como de sus fracasos; y por último, y consecuentemente, para unificar y exaltar a los “amigos”, guiarlos por la negativa, digamos, en la buena senda.

Los Kirchner ya no despotricarán contra su partido, porque terminaron de someterlo. ¿Cuán exhaustiva y duradera será esta unidad peronista? ¿Y cuán efectiva para moldear a su gusto la Justicia, la economía y la política del país?

Soria lleva el método Moreno al Palacio de Justicia. De su mano y la de Alberto Fernández, el PJ en pleno se somete a los deseos de la jefa. ¿Alcanzará para que se le cumplan? Ni la Corte ni el FMI tienen motivos para ceder, ni antes ni después de octubre.

El legislador rionegrino se muestra eufórico con su nueva misión: hacerle la guerra a la parte que mínimamente funciona del Poder Judicial para que deje de hacerlo y desaparezcan años de trabajo contra la corrupción. ¿Cuánto durará su entusiasmo?

“Miserable”, “estúpido” y ahora piquetes y palazos, ¿es que ya nadie respeta a Alberto Fernández? Muchos se ceban con él, pues luce como un CEO sin carácter y cada vez más débil. ¿Enfrentaremos encima una crisis de autoridad?

El Presidente pretendió acorralar a los jueces con los femicidos y recuperar el cariz progresista perdido. Pero no fue buena idea hacerlo junto a su amigo formoseño, ni replicar lo que Néstor y Cristina hacían con los derechos humanos.

En un intento por cambiar de agenda, el Gobierno se mete en más problemas: para dejar atrás el vacunagate complicó aún más su frente judicial y económico. Encima, ató su destino al de Insfrán, que volvió a ser noticia de la peor manera.

Con un monocorde autobombo, el presidente se desentendió de los problemas y presentó su gestión como un hasta aquí exitoso esfuerzo por superar dos maldiciones igualmente destructivas: la gestión de Macri y el Covid-19.

Alberto quiso acotar la crisis a una metida de pata de su ahora exministro. Pero todos los días aparecen nombres nuevos y justificaciones más y más absurdas para las vacunaciones VIP.

La idea de promover que dirigentes y figuras destacadas se vacunen para polarizar contra los llamados “antivacunas”, pero se convirtió en un escándalo de vacunaciones VIP.

Su muerte no provocará ni por asomo algo parecido a lo que sucedió con el deceso de otros presidentes o expresidentes peronistas, como las conmociones desatadas en el caso de Juan Perón, o de Néstor Kirchner.

Se convoca a acuerdos que no se van a firmar y se sugieren techos a las paritarias, pero para “que los salarios le ganen a la inflación presupuestada”, 20 puntos menor a la real. Mientras, Massa mete la cuchara y Alberto le echa la culpa al campo.

Por segunda vez en pocos días el Partido Justicialista lanzó una proclama contra el pluralismo: tal vez asustados por las elecciones, sus dirigentes polarizan al mango y ponen a la democracia contra la pared.

 

 

El ministro Trotta se esfuerza por quedar bien tanto con los millones de padres y alumnos que en este atípico verano ansían el regreso a clases, como con algunos gremios docentes que lo resisten. En el medio, falta un plan.

Reducen gastos en medio de una fuerte recesión, dato incómodo para la campaña electoral del oficialismo, e insuficiente como plan de estabilización que seduzca al FMI y los mercados. ¿Les servirá para sobrevivir al año electoral?

Gracias a que se alejó del país, la empresa de Marcos Galperín vale hoy U$S 100.000M. YPF solo 1.500. El peronismo albertista parece empecinado en administrar el declive final del capitalismo argentino.

No solo porque del presidente para abajo todos vienen avalando al gobernador más autoritario del país. Sino porque apuntan a que nos parezcamos cada vez más a ese feudo empobrecido y hasta ahora sumiso.

De los funcionarios que no funcionan, a los cortocircuitos en el área de Salud. El Presidente parece que no es capaz de corregir, pierde iniciativa y acumula lastre.

Para los K es una maldición no solo exportar alimentos, sino que exista el mundo, pues su influencia siempre es nociva. El aislamiento los atrae cada vez más, porque disimula su fracaso y nuestro empobrecimiento.

Abrazado a Boudou, el kirchnerismo degrada la solidaridad y la lealtad peronistas y pone en aprietos al presidente. ¿Lo hace por miedo a que hable, como dice Carrió, o para acelerar la operación de olvido?

 

Los demócratas del mundo se alarmaron, y sus enemigos abierta o disimuladamente festejaron. Pero no se apuren: la última bestialidad del presidente saliente de EEUU puede habilitar la mejor despedida esperable.

 

Hacer quebrar y luego quedarse con las prepagas de salud, en medio de la pandemia, ¿es el nuevo sueño de la vice?, ¿sería viable? Las diferencias con lo sucedido con las AFJPs

El kirchnerismo siempre quiso burlar los límites económicos, institucionales, locales e internacionales. El año próximo va a reintentarlo, con todo el peronismo detrás, pero frente a obstáculos difíciles de esquivar.

Cada vez más disgustada con las torpezas de Alberto Fernández y sus funcionarios, la jefa aprovechó un “acto de unidad” para señalar hacia dónde rumbeará el gobierno el año que viene.

Pocos gremios lograron empardar la inflación del 2020, y casi ninguno recuperar algo de lo perdido en 2019. Contribuyen igual a la calma social, para salvar sus obras sociales y su lugar en el oficialismo.

La oposición se debate sobre la mejor forma de frustrar los avances del oficialismo sobre las instituciones. La experiencia acumulada en la década pasada puede que no sea una guía adecuada.

Aunque la Vicepresidenta ni nombró al Presidente en su balance, la carta la dedica a reprocharle a él y a los jueces que sigan “persiguiéndola”. La única solución para ella es destruir por completo el Poder Judicial, empezando por la Corte.

Naturalizar la muerte es esperable en una sociedad apabullada por las tragedias. Y es útil para un gobierno que no hace las cosas bien y se lava las manos de todo.

 

Naturalizar la muerte es esperable en una sociedad apabullada por las tragedias. Y es útil para un gobierno que no hace las cosas bien y se lava las manos de todo.

Alberto cumple un año en la presidencia sin nada que festejar, pero manteniendo la iniciativa y la unidad de su partido, su refugio para sobrevivir a la tormenta.

El gobierno se apura a lograr un récord de despropósitos antes de cumplir un año. Fracasó esta semana en el intento de enviudar de un héroe popular. Y como hace siempre, descargó su frustración en Larreta y volvió a anunciar la vacuna.

Atravesar el duelo por su muerte iba a ser una prueba para todo lo que de Maradona tiene nuestra sociedad, y también nuestro gobierno. Enésima prueba de que es mala idea mezclar fútbol y política

La educación se ha venido politizando de la peor manera, pues muchos docentes creen cumplir mejor su función cuando “les bajan línea abiertamente” a sus alumnos. Conviene no desatender las razones que esgrimen.

En la última semana quedó bien a la luz dónde se toman las decisiones, o por qué no se toman y los problemas se estiran. Alberto así no puede convencer al FMI, ni a los empresarios, ni a nadie.

El gobierno gestiona un ajuste salvaje sobre sus adversarios. Puede que, como otras veces, combine éxito político y desastre económico, con la idea de que “la política peronista da lo que los mercados quitan”.

La misión está aprendiendo cómo funciona, o mejor dicho no funciona, el Frente de Todos: con cada funcionario que habla se hace una idea distinta de para dónde quiere agarrar el gobierno.

El ministro de Economía sobreactúa para una negociación rápida. La vice y el presidente conspiran tomando distancia por carta o hablando de otra cosa. Vacunas, aborto: todo es bueno para disimular.

La “mayoría ya casi automática” que integran Lorenzetti, Maqueda y Rosatti, con el acompañamiento en esta ocasión de Highton, finalmente hizo lo que se esperaba, y se temía.

La vice aprovechó el recuerdo de Néstor para abandonar su silencio de esfinge, llamar a un acuerdo sobre el dólar y repartir reproches a todo el mundo, incluido Alberto.

La devaluación es ya un hecho, y sin plan, se volverá uno catastrófico. Un poco tarde, piden plata al FMI. Pero tendrían que ofrecerle cambios que Cristina Kirchner seguirá rechazando. ¿Hay salida?

En todos los frentes al mismo tiempo, la pandemia, la economía y la Justicia, le están cobrando a Alberto Fernández sus malas decisiones y peores ideas.

¿Cuánto tiempo más tiene? Muy poco. Mejor que lo use para cambiar de políticas y la relación con Cristina, porque ella ya ni lo reconoce como instrumento.

Perseguir a “los malos y mentirosos” es algo que las democracias se abstienen de hacer: conduce a cazas de brujas en las que se violan masivamente derechos, o la autoridad pública se suicida. Pero los K no aprenden.

Queriéndolo o no, vacía el poder del Presidente. Se vio en el enredo venezolano y se ve en la economía. Es hora de que deje de reinar desde el Olimpo y meta los pies en el barrio. Este lío lo armó ella, que lo arregle.

El deterioro del gobierno acelera la disputa electoral: oficialistas y opositores esperan el regreso a las urnas para que les den la razón. ¿No es mucho esperar? ¿Podrán esas elecciones destrabar la política argentina?

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