Eduardo van der Kooy

La jefa del PAMI es intocable, muy cercana a Cristina y Máximo Kirchner. 

El kirchnerismo quiere impedir que el presidente del Tribunal controle también la Magistratura. Planea una ofensiva contra los cuatro jueces, que incluye una marcha. Busca renuncias y la ampliación del número de miembros. 

Las internas en el Gobierno y la oposición dificultan la principal exigencia del FMI: consenso detrás del posible acuerdo. La gestión oficial es deficiente. Guzmán nunca termina de convencer. Cristina lo escucha cada día con mayor desconfianza. 

Si bien por ahora no repercute en el sistema de salud, el altísimo nivel de infectados afecta la asistencia a los lugares de trabajo y por ende a la producción. Lo que pasa en Europa y un Gobierno otra vez atrapado en la quietud. 

Pese a la tremenda crisis socio-económica y otro feroz brote en la pandemia, el Gobierno y la oposición parecen ocupados con otras cosas. Acusaciones de espionaje o artilugios para vulnerar una ley que impedía más de dos mandatos a intendentes bonaerenses. 

La clase política aparece con una agenda encapsulada. Lo muestran la renovada presión tributaria o el debate por la re-reelección de los intendentes bonaerenses. 

Horacio Rosatti deslizó una crítica a la idea de la persecución política. Existe un interés renovado del Gobierno y del kirchnerismo de avanzar sobre el máximo tribunal. 

La vicepresidenta coloca como prioridad su agenda judicial por las causas de corrupción. De allí la batalla contra la Corte Suprema. El diputado hizo naufragar la sesión por el Presupuesto. Complicó a Alberto, a Guzmán y al acuerdo con el FMI. 

Debía asumir en marzo, se postergó para diciembre y ahora asoman trabas legales. Las desconfianzas tras la derrota electoral, los cambios en el Gabinete de Kicillof y el traspié de Cristina de abroquelarse en la Provincia. 

Cristina retomó con el acto en la Plaza el eje del poder en la coalición oficial. Impuso agenda y condiciones al Presidente. El acuerdo con el FMI divide aguas. La vice resiste. Alberto pregunta qué otra alternativa habría para no arriesgar la gobernabilidad. 

Tras la doble derrota electoral el kirchnerismo vuelve a aplicar la receta de la radicalización política. La reunión “difícil de entender” con Martín Soria y la debilidad del Gobierno en el Congreso para avanzar contra la Justicia.

La vice celebró su último sobreseimiento. También, el procesamiento contra Macri. No sólo la inquieta el incierto rumbo del Gobierno ante la grave crisis. Además, le reprocha al Presidente falta de compromiso con sus causas de corrupción.

En su última carta, la vicepresidente le reclama a la oposición ser parte del posible acuerdo con el FMI, una agenda mucho menos confortable que la sola resistencia al kirchnerismo. Busca potenciar la interna en JxC. 

Mientras la pelea con el kirchnerismo no cesa, el gobierno de Alberto Fernández deambula e improvisa decisiones ante la crisis económica. La vicepresidenta logró su tercer sobreseimiento del año. 

El repudio sin fisuras no permite enmascarar la realidad inquietante de la intolerancia. El constante desafío a periodistas como caldo de cultivo para grupos marginales. Y el contexto de la violencia en la Patagonia y los ataques narcos en Rosario. 

La semana pos electoral fue una simulación. El Presidente la utilizó para intentar fortalecerse. Ninguno de los problemas graves de agenda fue abordado. En el oficialismo y la oposición sólo se esperan los gestos de la vicepresidenta. 

Las transfiguraciones políticas del Presidente le quitan confianza y previsibilidad a su gestión. La relación con la oposición y el tironeo del frente interno. La apuesta al acto de Plaza de Mayo y el diálogo con Máximo la noche que festejó la derrota. 

La pérdida del control del Senado afecta a la vice, pero es difícil que el Presidente capitalice el traspié: se renueva la incertidumbre por los dos años que faltan.

Los resultados modificarán el mapa del Congreso y forzarán una reconfiguración del Frente de Todos. El vínculo del Presidente y Cristina es la mayor incógnita. Todo, en medio de una crisis económico-social devastadora.

Sin ningún logro destacable, el Presidente celebró su breve encuentro con Joe Biden. Mientras, el kirchnerismo duro arremetía contra el futuro embajador de los Estados Unidos. La recta final de una elección perdida y los misterios del día después.

La catarsis de las PASO no atenuó la bronca social. Lo registran todas las encuestadoras. El que se vayan todos dominó una masiva protesta en Rosario, mientras Aníbal y Berni intercambian chicanas.

Acusó a la oposición de estar “en contra de los intereses del pueblo”. El “plan platita” no funciona y La Cámpora sacó a la cancha al ministro que más resiste. El doble mensaje del posible acuerdo con el FMI.

No hay aún evidencia de un cambio en el humor social. Se desentiende de la lucha contra el delito. Y desprotege a la Patagonia de grupos violentos. El quiebre político interno se profundiza.

Alberto Fernández enfrenta un dilema clave para lo que queda de su mandato: el tránsito hacia la dilución de su autoridad.

Aníbal Fernández causó un desastre político con su atropello. a Juntos por el Cambio le sirve para esconder sus diferencias y el Gobierno lo hunde cuando intentaba arrancar una campaña positiva.

La distribución de plata y el repentino fin de la pandemia son las únicas armas K para remontar la derrota de las PASO.

La debilidad de Alberto y el golpazo político que sufrió Cristina cambió la lógica interna. Llegó de auxilio la vieja guardia peronista. Conoce como nadie el negocio electoral. Llueven promesas, prebendas y dinero. Manzur asoma como eje de la gestión.

Alberto Fernández busca simular el inicio de un nuevo ciclo para intentar remontar en las urnas. Batería de medidas que apuntan a complacer a la sociedad y agotamiento en el núcleo del poder.

Alberto logró resistir la embestida K. Pero tuvo que hacer concesiones. La ratificación de De Pedro es la principal de todas. El nuevo Gabinete fue improvisado. Con presencias difíciles de explicar. La confianza

Cristina Kirchner quiere un cambio inmediato en el Gabinete. El Presidente, recién en noviembre. El número de ministros y funcionarios que presentaron la renuncia no diría tanto como el modo en que fue maquinado.

El kirchnerismo no disimula las diferencias y pide cambios con los ejemplos de las derrotas en 2009 y 2013. Desde la Rosada reciben los mensajes, pero por ahora aguantan. La carrera contra reloj entre dos bandos en pugna.

El 70% de los argentinos decidió no votarlo: la sociedad está verdaderamente de pésimo humor, angustiada y frustrada.

Detrás de la pandemia se oculta una implosión social cuya traducción electoral es un enigma. El Gobierno tuvo una pobre gestión. La campaña no ayudó a paliar el malestar. Se banalizaron problemas graves, como la inseguridad.

El oficialismo siente que en las PASO tiene más para perder que la oposición. Convierte al ex presidente en el demonio para conservar el voto duro y retener a los defraudados. Las provincias que eligen senador y el gran reto de Rodríguez Larreta.

Luego del Olivosgate, Alberto Fernández limitó más su autonomía. Cristina está preocupada por la elección de senadores.

El juramento de fidelidad hacia Cristina, Máximo y Massa denuncia la desconfianza reinante en la coalición de poder. Aspiran a un cambio de clima entre las PASO y las generales. Habrá que esperar el primer resultado y el desembarco de la variante Delta.

Por el escándalo del Olivosgate, su valoración se derrumbó entre 6 y 8 puntos. Y en algunos puntos del Conurbano llega a diez. Cristina ya lo supera.

En el oficialismo están inquietos por el impacto del Olivosgate en el electorado. Pero Alberto Fernández parece bajo fuego de ajenos y propios. Un ultra K como Jorge Ferraresi salió en su defensa y lo ubicó como el mejor candidato para el lejanísimo 2023.

El escándalo por las fotos de Olivos tiene vida propia. Sin control seguro del Gobierno. El afectado clave es Alberto. Cristina lo perjudica también al esmerilar su autoridad siempre en público. 

Alberto Fernández dijo que “no lo van a hacer caer” por el error del que finalmente se responsabilizó. Victimización y mensaje para los que le tiran desde adentro. La puesta de Larreta y Carrió para que el escándalo marque la campaña.

La vice está decepcionada con el Presidente. Pero lo sostiene. Le inquieta su pérdida de credibilidad y la floja gestión. Que impactarían en las elecciones. Como trasfondo están siempre sus causas en la Justicia. 

Esta campaña es diferente a la de 2019. La herencia macrista quedó lejos y ahora está obligado a hacerse cargo de todo lo que pasó en este año y medio. Y Cristina no parece querer compartir costos políticos.

La palabra política se hace cada vez más banal y falsa. Dice ignorar lo ocurrido en Olivos durante la cuarentena. Promete el regreso a la normalidad cuando el mundo tiembla por la cepa Delta.

La organización K, sin competir con los intendentes, penetró todas las listas en Buenos Aires. La supuesta unidad del FdT dejó muchos heridos.

Tras un año de idas y vueltas celebran el acuerdo con el laboratorio estadounidense. La apuesta rusa, más ideología que sanitaria, cruje ante la falta de segundas dosis. La tercera ola golpea la puerta, pero hay elecciones y todas las restricciones quedan de lado.  

Detrás del cierre de listas hubo un intento K por vaciar el gabinete presidencial. Alberto resistió, pero paga el precio de una mala gestión.

Al oficialismo le agarró un ataque de optimismo de débil fundamento. Auguran el final de la pandemia cuando en Europa recrudece. Provincia y Ciudad relajan al máximo las restricciones. Vacunas y presencialidad escolar como golpes de efecto.

 

El kirchnerismo tempranamente conjeturó una catástrofe si Cambiemos gobernaba en pandemia. ¿Y esto, qué sería? La reacción tardía de Alberto Fernández con las vacunas y las críticas oficiales en el Senado al DNU que liberó la llegada de Pfizer.

Alberto Fernández mostró otra limitación a su poder al decir que desconocía lo que pasa en la isla. El vínculo de la Vicepresidenta con el régimen castrista. La similitud con Venezuela y Nicaragua y la denuncia a Macri por Bolivia con tono electoral.

El Presidente sigue improvisando su política sanitaria. Con las restricciones y las vacunas. La conducta tuvo réplicas del kirchnerismo. Sobresalió la de Máximo. El malhumor social crece, incluso en los movimientos piqueteros.

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