Sebastián Dumont
El 7 de septiembre se cumplió un año de la elección de medio término en Buenos Aires que cambió el eje de la discusión política provincial. Por varias razones. En primer lugar, puso de relieve el rol de los intendentes a la hora de defender sus distritos que los catapultó, claramente, como actores principales en la discusión que viene para reemplazar a Axel Kicillof en el sillón de Dardo Rocha en 2027.
“Subestimar al Gobierno es un error, no sólo a este, sino a cualquier gobierno. En campaña, más allá de los errores propios que pueda haber cometido o de la coyuntura del momento, tener el control del Estado te permite manejar herramientas que puedan alterar el rumbo de una elección”. El diagnóstico pertenece a uno de los dirigentes políticos más importantes del peronismo que mira, a diario, la evolución de las encuestas.
El calendario electoral de Argentina -ya lanzado en los hechos- tiene una parada previa antes de que termine el 2026. Se trata de la elección de medio término en los Estados Unidos que marcará con cuánta elasticidad podrá gobernar Donald Trump sus dos últimos años de mandato. Lo que en otros tiempos podría tener para la política doméstica un significado aleatorio, esta vez se convierte en clave debido al alineamiento que el gobierno de Javier Milei ha mostrado con el líder republicano, cuyo principal objetivo es frenar en toda esta región el avance de China en sectores clave como la energía y las comunicaciones.
El Vaticano confirmó la llegada del Papa León XVI a la Argentina en el mes de noviembre. Aquello que se esperó de Jorge Bergoglio durante 12 años, se concretará con su sucesor. Será un momento histórico como lo ha sido cada ocasión en la que un Papa visitó el país, pero difícilmente logre acallar el clima de grieta y división que asoma en la sociedad argentina cuando de posturas políticas se habla.
El método tiende a repetirse. Se prepara el terreno con globos de ensayo para explorar las reacciones en la opinión pública hasta que, finalmente, se hace realidad. De eso se trata lo que acaba de anunciar Cristina Kirchner y que encierra su presentación ante Naciones Unidas: ser candidata el año próximo como una manera de no perder centralidad en las decisiones que vaya a tomar el peronismo para organizarse y darle pelea a Javier Milei. Tras meses de silencio, la ex presidente regresó a las publicaciones en las redes sociales para anunciar, sin decirlo con esas palabras, que su intención es presentarse electoralmente. ¿Qué otras jugadas esconde esta movida? Las especulaciones están a la orden del día y el peronismo se altera.
Aquella afirmación que fue descreída por muchos era real. Fuerza Patria iba a ganar la elección en la provincia de Buenos Aires por 15 puntos y así fue. Ese barón del conurbano que lo transmitía con extrema seguridad me lo afirmó de la misma manera a horas del comicio. “No creas en las encuestas que se están publicando, la realidad es otra y no es sólo en el conurbano”. Convencimiento típico de quien conoce al dedillo lo que marca el termómetro de la temperatura social y política.
El 7 de septiembre se estrena el film electoral que encierra varias películas - Por Sebastián Dumont
“Fuerza Patria gana la elección del 7 de septiembre por 15 puntos”. Tamaña aseveración pertenece a un denominado barón del conurbano con muchos años de control territorial firme y sin haber perdido nunca una elección en su distrito. Es decir, un conocedor como pocos de los finos equilibrios entre humor social, despliegue de aparatos políticos y resultados electorales. Claro que en tiempos de datos científicos para auscultar la opinión pública, la percepción de saber leer las realidades barriales aún es un activo que cotiza, lo “viejo funciona”, diría la frase que se inmortalizó en la serie El Eternauta.
Si Axel Kicillof buscó desdoblar la elección bonaerense para poner en agenda los temas provinciales, no lo estaría logrando.
Será clave cuál será el devenir de la perfomance de otros Frentes como “Somos Buenos Aires”.
Los ecos porteños resuenan en el conurbano. Por aquello de la confluencia en la denominada área metropolitana de Buenos Aires, el AMBA. La política electoral dio una primera muestra del rumbo que podría darse en esa geografía tan abultada en coincidencias como en diferencias a un lado y al otro de la General Paz o el Riachuelo.
"Un líder en retirada no tiene delfines, tiene pirañas” suele graficar con lucidez y experiencia política el ex legislador bonaerense Juan José Amondarain. La frase interpela por estas horas a quienes han guiado la polarización argentina al menos desde el 2007 hasta el 2023: Cristina Kirchner y Mauricio Macri. Pero podría hacerse extensivo a otros territorios donde la imposibilidad de la reelección indefinida aumenta esa lógica, como así también se lo puede interpretar en la relación, claramente conflictiva, entre Javier Milei y el jefe político del PRO. En un escenario electoral que asoma fragmentado, La Libertad Avanza sigue apostando a la dicotomía con el kirchnerismo mientras que las peleas más interesantes ya no se dan extramuros sino intramuros.
La muerte del Papa Francisco aún resuena. La novedad impactó en el mundo y obligó a la política doméstica a desacelerar su velocidad con la que venía avanzando en tiempos electorales. El desembarco de Javier Milei en la provincia de Buenos Aires se postergó y el volumen de los intercambios verbales bajaron el tono. Pero las tensiones están ahí, a flor de piel listas para ser desempolvadas ni bien se cierre el ataúd para el descanso eterno de Jorge Bergoglio, quien antes de ser Sumo Pontífice edificó parte de su tarea pastoral con un contacto directo en el conurbano bonaerense, que siguió alimentando hasta sus horas finales.
La composición geométrica de la política que deriva en los triángulos del poder, tanto en la Libertad Avanza como en el peronismo, agrega la posibilidad de reeditar comportamientos circulares en relación a historias que tienden a repetirse en la construcción de la oferta electoral derivada de las pujas por el poder.
Las definiciones políticas trascendentes se han reducido a los triángulos. El presidente Javier Milei lo ha definido así al que integra junto a su hermana Karina y a su poderoso asesor Santiago Caputo. Es el de “hierro”.
“El PRO debe decidir cómo prefiere ser absorbido por la Libertad Avanza. Si en un acuerdo electoral donde le respeten lugares en las listas, o enfrentándose en una elección”. La frase la suelta un operador político del conurbano bonaerense que mira con distancia las internas de cada espacio político. Le toca hablar desde la experiencia de haber estado en decenas de armados electorales.
La inflación del año 2024 fue del 117,8 %. El Gobierno de Javier Milei celebró el dato porque implicó una reducción de casi el cien por ciento en un año. El dato de diciembre fue del 2,7%, es decir un 0,3% más alta que en noviembre pero, de todas maneras, no impidió que el Banco Central anunciará que se reducirá el ritmo de devaluación del peso contra el dólar al 1% mensual a partir de febrero. Hasta aquí, todos datos económicos, pero que tienen un directo impacto político.
Una pregunta se repite en las mesas políticas del conurbano bonaerense con cada vez más frecuencia por estas horas. ¿Hasta qué punto la impronta política de Javier Milei ha logrado perforar las redes más profundas del histórico voto peronista? El interrogante no es nuevo pero aflora ante la llegada del electoral y quizá, una de las últimas oportunidades de evitar que estos nuevos aires se establezcan para permanecer por un largo tiempo.
El ministro de Economía Luis Caputo volvió a poner el tema en agenda esta semana. En una publicación en sus redes sociales compartió una nota donde las cadenas de supermercados se quejaban del aumento de la alícuota de las tasas municipales en distritos gobernados por el peronismo en el conurbano.
¿Y si le sale bien? La pregunta no es nueva. Pero se ha vuelto insistente desde la semana pasada en diversas mesas políticas ante los resultados ya perceptibles de las medidas económicas del gobierno de Javier Milei.
Sergio Massa se mantiene en silencio sólo públicamente. Pero los mensajes se hicieron oír a partir de los dichos del ex ministro de transporte y presidente del Frente Renovador, Diego Giuliano. “Unidad, o nada”, se le escucha decir a los cercanos que tiene por estos tiempos el último candidato presidencial que tuvo el peronismo. Sostienen, como tantos otros dirigentes, sin sentido la interna que se plantea por la conducción del PJ y piden que se ponga en agenda una serie de reformas importantes. Una de ellas, es qué va a hacer la provincia de Buenos Aires ante la nueva modalidad con la que se votarán el año próximo los cargos nacionales.
Javier Milei llegó a ser presidente rompiendo una serie de reglas preestablecidas en la política argentina. Además de no contar con anclaje territorial en ninguna jurisdicción del país, arribó a la primera magistratura sin haber ganado la provincia de Buenos Aires, algo similar a lo que ocurrió con Macri en 2015, cuando su candidatura a presidente tuvo menos votos que la de Daniel Scioli en la segunda vuelta, aunque María Eugenia Vidal pudo quedarse con la gobernación bonaerense en el mes de octubre de aquel año.
La Argentina es un país tan particular en muchos sentidos que, cuando se inicia un mes, suele decirse que será clave. Y así mes a mes. Por razones políticas o económicas se ingresa en esa dinámica donde lo que viene a corto plazo asoma como decisivo para el futuro de mucho tiempo. Y, a la vuelta de la esquina, nos damos cuente que nada cambia con tanta profundidad -lamentablemente en muchos casos- como para efectivamente aseverar que ahora sí, el próximo será el mes clave.
La provincia de Buenos Aires es clave el año que viene para que Milei pueda ganar más representación en el Congreso.
“De las coaliciones a la colisión, la nueva morfología de la política asiste a un nuevo episodio”. Así lo dimos en llamar en las cuatro ocasiones anteriores donde, en medio de la campaña electoral, se vislumbró un camino con más dudas que certezas en la desembocadura del tablero político que alumbraría en la Argentina, no sólo con el resultado de los comicios, sino con la manera en que ha decidido el gobierno de Javier Milei proponer como escenario a configurar, a partir de sus aciertos y errores.
Las turbulencias generadas por las revelaciones de Fabiola Yáñez sobre la supuesta violencia de género por parte del ex Presidente Alberto Fernández han copado la agenda de la última semana. Ni siquiera la presencia de Cristina Kirchner en los tribunales de Comodoro Py para declarar en la causa que investiga el intento de atentar contra su vida, ha generado la repercusión de otros tiempos.
“Amo ser el topo dentro del Estado, yo soy el que destruye el Estado desde adentro”, sostuvo Javier Milei en una entrevista para un medio extranjero el 6 de junio pasado. Con ironía, sectores de la política argentina se preguntan, desde hace meses, si el ex presidente Alberto Fernández no terminó siendo un “topo” que con sus acciones llevó al kirchnerismo a la derrota electoral y con ella al comienzo de su desaparición como sector político dominante.
Javier Milei fue el primer Presidente en salir a desconocer los resultados de las elecciones en Venezuela. Su acción responde a una postura muy clara de cómo se para ante el mundo y cuál es el eje que no está dispuesto a ceder. La decisión es un paso más en su intención de posicionarse como un líder mundial tal cual él mismo se ha reconocido.
En cada oportunidad que tiene Javier Milei le dispara a Axel Kicillof acusándolo de ser “un comunista”. Nada nuevo va a descubrirse al observar que ambos, tanto el presidente como el gobernador se han escogido como enemigos políticos. Y se desafían permanentemente. La inversión latente de YPF y Petronas es la última escala de una conflictividad que asoma como la más trascendente de cara al año electoral.
Esta semana se cumplieron 30 años del atentado a la AMIA. Desde que asumió la presidencia de la Nación, Javier Milei dejó en claro que su alineamiento internacional sería con Estados Unidos e Israel. En estos meses ha dado claras muestras de su postura en ese sentido. La imagen que acompaña esta nota es un fiel reflejo del nuevo paradigma que el gobierno intenta darle a la relación de la sociedad con los servicios de Inteligencia.
Durante casi cuatro años, un sector del peronismo esperó y se ilusionó con que Alberto Fernández iba a darle nacimiento al “albertismo” para romper el cordón umbilical con Cristina Kirchner. A pesar de que Fernández alentaba esa idea, nunca sucedió. El final de esa historia ya la sabemos, pero sirve para quienes observan con la misma expectativa que Axel Kicillof haga lo que no se animó el ex presidente y funde su propia línea dentro del peronismo.
Karina Milei fue la única funcionaria que firmó el Pacto de Mayo el 9 de julio. La imagen desató conjeturas sobre el futuro.
La principal duda que asoma en el horizonte político y económico es cómo será la anunciada segunda etapa del gobierno de Javier Milei luego que la Cámara de Diputados termine de cerrar el capítulo de la ley de bases el jueves. Justo es decirlo, la ley está aprobada. Lo que resta es saber si hay posibilidades de reponer artículos como el de Ganancias o bien la privatización de empresas públicas como Aerolíneas Argentinas, aprobado en la media sanción original de la cámara baja y eliminado en el senado.
Síntomas de la época. El cruce que, con insulto incluido, trascendió entre la intendente de Quilmes Mayra Mendoza y su par de Avellaneda, Jorge Ferraresi son la descripción exacta del clima de tensión y anarquía que se vive en el justicialismo bonaerense. Aun siendo oficialismo en la provincia de Buenos Aires, el mapa político que se está configurando obliga a pensar que aquella forzada unidad que alumbró Unión por la Patria detrás de la candidatura de Sergio Massa aún no terminó de dimensionar las esquirlas de la explosión que significó.
Conclusiones lógicas de los cambios en el Gabinete Nacional al comienzo de la semana. Pero sus derivaciones podrían ser aún más amplias de lo ya es un consenso generalizado: el guiño a la política tradicional.
La nostalgia suele invadir diversas mesas con experimentados políticos del peronismo bonaerense. Son cada vez más los que recuerdan los tiempos en que los intendentes eran capaces de no atenderle el teléfono al propio gobernador Eduardo Duhalde en pleno cierre de listas. Imponían su respeto y su territorialidad. Si había que ceder, como en toda negociación, se cedía un casillero y punto.
El accidente de la semana pasada en el Ferrocarril San Martín, lamentablemente, es una metáfora perfecta del costado subterráneo de la política argentina y sus manejos. Las operaciones ferroviarias, como la representación del kirchnerismo, impactan, centralmente en el conurbano bonaerense. Y es desde allí que su administración y control puedan convertirse en un aspecto central a la hora de cosechar o perder adhesiones electorales.
Desde un despacho muy importante del conurbano profundo, el funcionario, con amplia experiencia en su cargo, arroja con una mezcla de realismo e ironía: “La gente está contenta, esto es lo que quería”. A pesar de que en su distrito el intendente y el gobernador Axel Kicillof lograron con amplitud la reelección, no deja de sorprender el nivel de “aguante” que conserva el apoyo a Milei en aquellos barrios donde el peronismo ha sido monopolio.
La dinámica política de Argentina transcurre a una velocidad inusitada. La reaparición de Cristina Kirchner el sábado pasado en el conurbano bonaerense ya es prehistoria. Ahora las miradas están puestas en el resultado de la aprobación de la Ley Bases y el paquete fiscal en la Cámara de Diputados y sobre todo, en qué pasará cuando lo trate el Senado. En el medio, la movilización de la CGT por el Día del Trabajador que sumó al gobernador Axel Kicillof e intendentes del Gran Buenos Aires, aunque no todos en la misma sintonía política. Siempre, lo importante está en los detalles, y hay que mirar algunos de ellos para comprender la lógica que se vive en la provincia de Buenos Aires donde La Libertad Avanza tiene la oportunidad de capturar las internas mismas del peronismo.
"Yo lo comparo con mi perro, que es divino, chiquito, un maltés, y que me quiere un montón. Pero vos le tocás la comida de la boca y te tira un mordisco, y se te viene encima, con los dientes. Te los muestra y te muerde. Te muerde. Yo creo que eso es Javier Milei con la macroeconomía”. La definición le corresponde al economista Claudio Zuchovicki y es, como de costumbre en sus expresiones, muy gráfico. Ayuda para entender dónde está casi la única prioridad que tiene el Presidente. Ordenar la macro para que luego pueda ordenarse la micro. Excelente, siempre y cuando no jueguen las negras. Y la política no es tan lineal ni predecible para esperar los resultados de una y de la otra sin atravesar turbulencias.
Tribu: “Grupo social primitivo de un mismo origen, real o supuesto, cuyos miembros suelen tener en común usos y costumbres”. Si se buscan sinónimos se encuentran palabras como “clan”, “pueblo” o “etnia”. Los jóvenes de hoy utilizan el término para definir quién está en cada grupo social y cómo lo integran.
Javier Milei es quien dio el puntapié inicial de la carrera al 2025. Y su hermana Karina lo sigue en las acciones. Es cuando el Presidente sostiene que si no lo aprueban las leyes esperará el resultado de las elecciones de medio tiempo del año próximo para avanzar en las reformas soñadas.
Sucedió hace, exactamente, un año atrás. El por entonces Presidente Alberto Fernández -hoy jubilado con 7 millones de pesos de haber- aún se ilusionaba con la construcción de un candidato que le permitiera pelear con Cristina Kirchner. El elegido era Daniel Scioli, luego traicionado de forma brutal por el propio Fernández y su entorno. Lo entregaron.
Las miradas hoy están posadas, y con razón, en la ciudad de Rosario por la extrema violencia que se vive producto del “narco terrorismo”. En tanto en el conurbano bonaerense todos los días se suma un nuevo capítulo violento. Pero, extrañamente, no se discute con la misma intensidad, por ejemplo, la necesidad de cambiar las leyes de seguridad interior para que las Fuerzas Armadas puedan participar en el combate contra el delito organizado. Huele, lamentablemente, a una cuestión de quién administra el delito.
En estos momentos, la política argentina está atravesada por un mix de sensaciones. Lo que denominamos el estado asambleario permanente. El propio presidente Javier Milei lo deja claro en cada intervención que lleva adelante. La más notoria, claramente, fue la del Congreso el viernes pasado, pero no la única. Hay un juego doble de sostener la imagen del hombre disruptivo que construyó y le ha dado excelentes resultados, con una dosis de realismo político. Cuando asoma el precipicio pone un freno. Y convoca a negociar, aunque suene más a un llamado para adherir. El desconcierto atraviesa desde lo más territorial a lo macro.
Nueva entrega de una saga que comenzó en marzo de 2023 tuvo sus capítulos siguientes en junio y octubre. Se observa ahora las esquirlas de la ruptura de las coaliciones tal cual las conocíamos hasta el año pasado.
¿Aguanta? La pregunta es, por estas horas, la más recurrente. No hace falta explicar a qué nos referimos. La reaparición de Cristina Kirchner con un texto extenso, emulando sus largas cadenas nacionales o las presentaciones de su libro Sinceramente, dejaron la posibilidad de varias conclusiones. Por un lado, la extrema polarización del escenario político argentino y su continuidad pueden darle un aire adicional a Javier Milei. Agitar la idea de que podría no terminar su mandato genera el efecto contrario.
Hace un mes comenzó el gobierno de Javier Milei. En ese mismo lapso, también se han iniciado los últimos mandatos de la mayoría de los intendentes del Gran Buenos Aires tras la última modificación de la ley que se hizo a finales del 2021 y les permitió un mandato más. Salvo en los casos donde las elecciones de octubre alumbraron nuevos alcaldes, en el resto de las comunas se puso en marcha la cuenta regresiva para los liderazgos territoriales.
“Si Javier Milei aguanta un año y medio con su plan, no hay más nada para nadie”, arrojó hace unas horas un importante intendente del conurbano bonaerense en una mesa informal. Su preocupación es la de muchos. Se refiere a que, si el plan “motosierra” tiene éxito, se avizora ya un final de ciclo para los políticos tradicionales que aún permanecieron al frente de sus territorios y sobrevivieron al huracán de cambios.
El presidente de la Nación Javier Milei logró asistencia completa de los gobernadores a la primera reunión que convocó. No deja de ser un dato político de relevancia que, al mismo tiempo, ayuda a observar los primeros pasos que se dan en el incipiente y por ahora difuso reordenamiento que piensa encarar el peronismo. Aturdidos por la derrota, los jefes provinciales buscan, en primer lugar, descifrar las características centrales del nuevo gobierno. “Javier Milei escuchó y anotó todo”, contó un gobernador del norte del país al salir de la Casa Rosada.
“Wait and see”. Esperar y ver. Si no fuera porque muchos argentinos transitan por dificultades muy complejas, y por ende, aguardan respuestas muy rápidas, el gobierno de Javier Milei que acaba de iniciarse invitaría a ser observado con mucho detenimiento para luego concluir si se está ante una nueva era y un cambio de paradigma.

