Domingo Cavallo
El boom exportador lleva a algunos economistas, en tono optimista, a sostener que gracias al RIGI y al superRIGI, las exportaciones de energía, minería y tecnología serán el motor del crecimiento sostenible. Simultáneamente, otros economistas, en tono más pesimista, advierten sobre el riesgo de sufrir la “enfermedad holandesa”. En mi opinión, ninguna de estas dos visiones del boom exportador se funda en un análisis realista de la historia y del presente de la economía argentina en el mundo que se avecina.
Con la inflación mensual por debajo del 6% mensual, el gobierno tiene que preocuparse porque en los próximos meses no vuelva a aumentar. El ataque definitivo contra la inflación con simultánea reactivación vigorosa de la economía recién podrá aplicarse a partir de la unificación y liberalización cambiaria que se logre sin salto devaluatorio.
El salto cambiario decidido por Sergio Massa, aparentemente a instancias del FMI, tuvo la virtud de demostrar dos cosas importantes: a) que el traspaso a los precios es prácticamente inmediato y b) que la brecha entre el tipo de cambio oficial y el tipo de cambio libre (Contado con liquidación o blue) se mantiene prácticamente sin cambios.
Durante el último cuatrimestre de 2022 la economía se comportó en línea con el escenario “optimista” de nuestra proyección del 31 de agosto para 2022 y 2023. Para imaginar cómo se desenvolverá la economía en 2024 es necesario discutir cómo se sucederán los acontecimientos políticos e institucionales durante el año electoral 2023.
Con la tasa de inflación mensual tendiendo a estabilizarse en un piso del 6% mensual, equivalente al 100% anual, en el contexto político actual no es posible imaginar herramientas efectivas para hacerla bajar de ese nivel, salvo una fuerte reducción del gasto público.
Pese a toda la oposición que encuentra dentro de su propio espacio político, el Presidente Fernández parece decidido a apoyar al Ministro Guzmán para que intente implementar el programa acordado con el FMI, como reaseguro de que pueda gobernar hasta el final de su mandato sin que se produzca un descontrol inflacionario extremo.
A pesar de la continuidad de la reactivación económica post pandemia, hasta 2024 la suerte económica está echada. La economía no va a mejorar, pero si puede empeorar. Y mucho.
Hace treinta días, cuando los funcionarios del gobierno y la mayor parte de los analistas económicos esperaban una tasa de inflación de entre 3 y 4% mensual, alerté que se estaba dando una peligrosa aceleración de la inflación y que en febrero rondaba ya alrededor del 5% mensual. Estuve en lo cierto y es probable que esa tasa sea, a partir de ahora, un nuevo piso para la inflación.
Durante febrero la tasa de inflación salto del 4% a casi el 5% mensual. Esta es una aceleración peligrosa porque se produce cuando el ajuste del tipo de cambio oficial, que debería acompasar a la tasa de inflación, fue apenas del 2,5% mensual.
Alberto Fernández y Martín Guzmán están convencidos que al gobierno no le conviene una declaración formal del default de la deuda con el FMI. Si seguían los consejos del Kirchnerismo de no pagar el vencimiento del viernes pasado, de hecho, entraban en default. Tenían los fondos para hacer el pago y mantener abierta la negociación como para llegar a un acuerdo antes del próximo vencimiento grande del mes de marzo. Pero necesitaban un guiño del Fondo como para justificar ante la Vicepresidenta que no convenía precipitar el default antes de agotar la instancia negociadora. Esto es lo que buscaron y consiguieron sobre la hora.
El año termina con más inflación en diciembre que en noviembre y con el precio del dólar en el mercado paralelo a niveles récords. La tasa de riesgo país sigue en un nivel que presagia un default de la deuda reestructurada. No hay seguridad de que pueda lograrse un acuerdo con el FMI antes del vencimiento de capital del mes de marzo.
Los indicadores convencionales de la coyuntura económica no parecen justificar el creciente malhumor social que condujo al fuerte retroceso electoral del gobierno.
Para salir del atolladero en el que se encuentra Argentina se necesita un giro de 180 grados en la organización económica y un gran compromiso con la ética y la justicia. Sólo un gobierno que tenga esto en claro y que convenza primero a sus partidarios y elabore una propuesta sincera y generosa, puede liderar este giro.
Ya a nadie le caben dudas de que en los próximos meses la expansión monetaria y de los pasivos remunerados del Banco Central van a aumentar vertiginosamente. Pero el efecto sobre la tasa de inflación no será inmediato. Antes va a aumentar el precio del dólar en los mercados libres (contado con liquidación, dólar bolsa y blue) y en la tasa de interés.
Cualquier pronóstico sobre el curso de la Economía argentina tiene que comenzar evaluando la posibilidad de evitar un nuevo default en el curso de los próximos dos años.
En los últimos días se han multiplicado las decisiones que acentúan el encerramiento de la economía y el aislamiento internacional del país.
El ministro Martín Guzmán puede exhibir los resultados de los cuatro primeros meses como un ajuste fiscal muy superior al presupuestado. De hecho, el déficit fiscal primario durante los primeros cuatro meses de 2021 ascendió a sólo $ 192.000 millones, siendo que para todo el año había sido presupuestado en 1,568 billones de pesos. Es decir, entre enero y abril, el déficit fue apenas el 12% de lo presupuestado.
La puja entre Guzmán y el Kirchnerismo, que describí en el post titulado «estancamiento secular» cuando afirmé que ¨la estrategia económica del gobierno abreva más en las ideas de Kicillof que en las de Guzmán¨, eclosionó precisamente mientras escribo este artículo.
La aparición del ¨viento de cola¨ para las exportaciones argentinas en los mercados del exterior, algún ajuste fiscal de raíz inflacionaria y una mayor dosis de profesionalismo en el manejo monetario y cambiario, han hecho que el escenario de fuerte devaluación y descontrol hiperinflacionario se aleje en el horizonte. Pero los rasgos cada vez más acentuados de la estrategia económica de mediano y largo plazo, inspirados mucho más en las ideas del gobernador Axel Kicillof, ideólogo económico del Kirchnerismo, que en las del ministro Martín Guzmán, consolidan una tendencia al estancamiento persistente con inflación crónica, algo que bien puede denominarse ¨estanflación secular¨
La aparición del ¨viento de cola¨ para las exportaciones argentinas en los mercados del exterior, algún ajuste fiscal de raíz inflacionaria y una mayor dosis de profesionalismo en el manejo monetario y cambiario, han hecho que el escenario de fuerte devaluación y descontrol hiperinflacionario, se aleje en el horizonte.
En el acto aniversario de la asunción de Kicillof, hablaron Cristina Kirchner y Alberto Fernández. Ella expuso su agenda y él la apoyó sin titubeos.
La tasa de inflación se mantuvo a lo largo de los primeros nueve meses del año mucho más baja que lo que podía estimarse a partir de la expansión de los pasivos monetarios del Banco Central. Pero a lo largo de octubre comenzaron a observarse signos de aceleración.
En una economía con las reglas de juego que se fueron cristalizando durante los últimos 20 años en Argentina y en una coyuntura como la actual, conducir la política económica con acierto es un desafío muy difícil para cualquier gobierno, incluso para uno políticamente cohesionado, con un diagnóstico correcto de la situación y con un equipo económico con buen nivel profesional, capacidad de trabajo coordinado y experiencia relevante de gestión.
El cierre exitoso del canje de las deudas bajo ley extranjera y la reestructuración impuesta por ley a las deudas bajo ley argentina, debería convencer al ministro de economía y al presidente del Banco Central de la conveniencia de reorganizar el manejo cambiario y financiero con la lógica de los mercados libres, aunque inicialmente lo sea sólo en un sentido marginal.
Aumenta la incertidumbre hacia el futuro, no sólo porque la cuarentena parece extenderse indefinidamente como pivote de la lucha contra la pandemia, sino porque el gobierno, en lugar de avanzar hacia una mejor organización de la economía y la sociedad, instala debates que oscurecen el panorama político y muestran que el presidente cambia de opinión según la ocasión.
La decisión de extender la cuarentena por 17 días más, con mayores restricciones en el Área Metropolitana de Buenos Aires, sin que la gente advierta que el gobierno tiene un plan de salida de la actual encerrona económica, está llevando a muchas decisiones de cierres de empresas, convocatorias de acreedores y angustias extremas de personas que no saben cómo van a poder generar un mínimo de ingreso para alimentar a su familia.
El gobierno ha planteado la lucha contra el coronavirus como una opción entre la salud y la economía.
El aumento del déficit fiscal y la fuerte expansión monetaria provocada por la crisis del coronavirus, complicarán la estabilización futura de la economía. Sin lugar a dudas, un efecto macroeconómico negativo. Pero es inevitable para apoyar a las personas que se quedan sin ingresos y a las empresas que si no son ayudadas entrarían en quiebra
La pandemia del coronavirus ha desatado una crisis global que se va a sentir en todos los países del mundo. En el aspecto sanitario, es probable que Argentina pueda superar esta crisis con menos costo de vidas que otros países que se demoraron en adoptar las medidas de aislamiento social que recomiendan los especialistas en salud.

