Opinión

 

 

El 9 de diciembre pasado, la señora de Kirchner publicó una nueva epístola, cuyo propósito principal fue vituperar a los jueces de la Corte Suprema. La repercusión que tuvo tal vez fuera exagerada, ya que no es la primera vez que la vicepresidente de la Nación se expide contra la independencia del Poder Judicial, que de eso se trata este texto, aunque no termine de decirlo de forma explícita.

 

 

En cualquier otro momento de la historia estos primeros días del año hubiesen sido un tiempo apacible, sereno, casi como un objeto suspendido en el aire, que lentamente iba acelerando su movimiento en la segunda quincena de enero, tomaba ritmo normal hacia febrero, y decididamente se aceleraba de marzo en adelante. Los primeros quince días de enero eran como el interior de una nave espacial, donde no se registra la gravedad. Era normal, luego de la intensidad de las fiestas de fin año, los seres humanos entrábamos en una etapa de recuperación de energía y el necesario sosiego.

 

 

Desde que empezaron a buscarse los antígenos para responder al ataque del Covid-19, el gobierno argentino anunció su disposición a adquirirlos para protegernos. Es más, seis mil compatriotas voluntarios fueron tratados en el Hospital Militar, con la colaboración del científico Fernando Polak, durante el desarrollo de la vacuna Pfizer.

 

 

La Argentina es un país donde proliferan los “ismos”. Tenemos una manía de que a cada fenómeno político emergente le adosamos ese sufijo. Así tenemos republicanismo y populismo. También peronismo y alfonsinismo (como antes hubo rosismo, mitrismo y roquismo). Y tuvimos “menemismo” y hasta “delaruismo” y “chachismo”. Y “kirchnerismo”, aun en su momento inicial, cuando todos sus integrantes entraban cómodos en una combi de esas que unen Ezpeleta con el Correo Central.

 

Para revertir la declinación relativa que arrastra desde hace décadas la Argentina necesita urgentes transformaciones estructurales imposibles de realizar cuando la construcción de poder demanda enemigos. Cuando la selección de enemigos es funcional al proyecto político, se resiente el diálogo, desaparece el pluralismo y no hay políticas de Estado. La lógica del amigo-enemigo es consustancial con la búsqueda del poder perpetuo.

 

 

Algunos hechos del pasado inundaron las elucubraciones de los analistas ante el tormentoso final de la Administración Trump


 

El Senado aprobó la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Ha pasado mucha agua por debajo de los puentes desde que se ventiló la cuestión. ¿Quién recuerda el asunto Baseotto? ¿Los días en que el Estado y la Iglesia casi rompieron relaciones? Mauricio Macri también se quemó con el hierro candente del aborto. No es de extrañar: en la Argentina, como en otros lugares, es un tema que divide conciencias y familias, partidos y provincias. Solo un gobierno peronista podría llegar al fondo: las armas de la Iglesia disparan con balas de fogueo contra el partido de la "nación católica".

 

 

“Pero un día dije planto y ese día me planté”, parece cantar Fernando Gray, minigobernador de Esteban Echeverría (Monte Grande).

 

 

Debemos exigir que los funcionarios muestren seriedad para evitar que continúen cometiendo errores en una situación angustiante para todo el país

 

 

El manejo de la salud durante la primera ola de la pandemia ha sido muy cuestionado. Y, hoy por hoy, cuando en los países centrales ya se aplican las vacunas de última generación, Alberto Fernández estira las expectativas y no negocia, o negocia mal

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