Opinión

 

Dos razones se entrecruzan en el escándalo que suscitara el sistema semi- clandestino de vacunación que había montado el ex–ministro de Salud, Ginés González García. Una explica porque pudo ponerse en marcha y la otra porque tuvo tamaña repercusión. Sería difícil imaginar que algo así sucediese en Suecia o en Norteamérica. Pero en estas playas, lo novedoso habría sido que no ocurriese. La impunidad que existe en nuestro país se halla tan arraigada que una oficina para los amigotes del poder es la cosa más normal del mundo. Si a ello se le suma la experiencia en la materia que acredita el kirchnerismo, el cuadro queda completo.

 

«Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, solo es aceptable la comparación en grado superlativo.»

 

¿Es posible entender la política a través de los “sentidos”? Tal vez lo sea. Por lo menos en el lenguaje cotidiano se habla del “olfato” político, de la “mirada” política, del “oído” político, del “tacto” político, como recursos en más de un caso decisivos para entender la política o para tomar decisiones. Si esto fuera así, ¿por qué no mencionar también el “gusto” político? El gusto y el disgusto. Preveo las objeciones.

 

Vacuna es una deidad que los romanos adoraban, sobre todo, los habitantes del campo. Le ofrecían sacrificios, principalmente, en el tiempo en que se habían concluido las labores. Según una versión esta diosa es la misma que la diosa Victoria. En todo caso, parece tratarse de celebrar un logro, un triunfo. Curiosa asociación, pero la etimología de nuestra palabra “vacuna” es bien distinta.

 

La igualdad de los derechos, la justicia social, el considerar injusta la explotación del hombre y el repudio a la opresión de los “poderosos”, han sido las banderas obsesivas del discurso kirchnerista.

 

El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner ha caído en su propia trampa. Tiene incorporado en los pliegues más íntimos de su subconsciente la idea de que ellos -el politburó del castrochavismo argentino- tienen una desigualdad innata y admitida respecto del resto de la sociedad a la que consideran meros engranajes de su maquinaria de poder.

 

La Argentina repite recetas fracasadas esperando resultados diferentes; perpetúa lo que la divide y se ata al presente sacrificando el futuro

 

Se cumplen 30 años de su lanzamiento, pero Argentina llega a esta instancia con una economía reprimarizada, ya que no ha sido posible encarar una continuidad de políticas económicas orientadas a remover estructuras de producción con bajo valor agregado, escasa expansión industrial, pobre productividad y débil generación de empleo

 

 

Indignación, hubo.
Bronca, hubo.
Asco, hubo.
Lo que no hubo fue sorpresa.

 

 

El Gobierno se quedó sin el instrumento de campaña más poderoso que tenía para las elecciones de octubre.

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