Carlos Salvador La Rosa
Mario Vargas Llosa fue un liberal que siempre defendió fervientemente el capitalismo como el mejor sistema económico. Milei, en principio, parece pensar lo mismo, pero las diferencias son sustanciales. Porque el escritor peruano cree que el capitalismo es un sistema creado por los hombres y es, por lo tanto, imperfecto, mientras que el presidente argentino cree que es un sistema creado por Dios y es, por lo tanto, perfecto. Milei piensa que el capitalismo busca traer el paraíso a la tierra. Mario Vargas Llosa, paradójicamente, fue el escritor liberal que más combatió esa idea de mezclar lo divino con lo terrenal. Un debate que más allá de lo teórico, tiene enormes consecuencias en la práctica política.
A partir de la reciente cadena nacional, el presidente Javier Milei acaba de iniciar el sitio de Malvinas, tal cual en su momento Ulises encaró el sitio de Troya. Estamos viviendo un momento histórico crucial. El tiempo determinará si lo viviremos como triunfo, como tragedia o como farsa.
El estadista, el político de verdad es aquel que desde el Estado piensa en hacer grande la Nación. Pero en la Argentina actual no tenemos estadistas, sino estatistas que creen que el Estado es la Nación versus anarquistas que creen que para que exista Nación no tiene que existir Estado.
Desde que comenzó el siglo XXI, la izquierda violenta y la derecha golpista, que -mayoritariamente- se habían democratizado a partir de 1983, volvieron a reivindicar con nuevos modos sus viejas ideas al apoyar a los líderes populistas que aparecieron por izquierda y por derecha. Otra vez se dejaron seducir por la barbarie.
Durante todo el Mundial, Scaloni y Messi presidieron "culturalmente" a la Argentina con su comportamiento público ejemplar. Fueron nuestros días felices, porque nos tomamos un descanso en lo que se refiere a la grieta eterna, al grito desaforado, al insulto destemplado, a la desconfianza de todos contra todos, a la soberbia, a la falta de humildad.
Terminó el Mundial. Empezó la campaña presidencial. Surge un modelo para armar, un rompecabezas de tres tercios que por ahora tiene completo solo un tercio. Pero la realidad política argentina suele ser, como del fútbol decía Dante Panzeri, la dinámica de lo impensado.
La alegría que produjo el Mundial fue multitudinaria y universal. También -y mucho- fue argentina. Solo nos faltó el tiro del final, pero hicimos todos los demás, siempre desde la mejor de las épicas, atacando o resistiendo, lo mismo da. Y frente a todas esas grandes maravillas que nos tocó en suerte vivir, las miserias de los usos políticos quedaron. al menos por esta vez, profundamente opacados.
Podrán los hermanos Milei haber sostenido durante cien eternos días a un Adorni insostenible por los más diversos temores. Porque temían que después fueran por ellos, porque temían que denunciara cosas inconfesables, porque temían perder autoridad política, y la lista sigue. Pero también puede haber existido una razón más psicoanalítica: la de no querer destruir al único ejemplar de mileísta políticamente virgen de la "vieja política" que pudieron crear, aunque a la postre haya resultado un Frankenstein
Para evitar la soledad en que se está quedando, Milei debió ser lo único que debería y podía haber sido: un "primus inter pares" que fortaleciera a sus aliados (única manera posible de fortalecerse a sí mismo) en vez de debilitarlos como lo intentó con todos.
Las elecciones del 26 de octubre, ganándolas o perdiéndolas, no serán tan determinantes en el futuro de Javier Milei y su gobierno como el día después. Porque su gobernabilidad depende de ejercer una autoridad política que aún no demostró y reconstruir los acuerdos políticos que incomprensiblemente destruyó. En vez de ceder la política a quien llama "El Jefe".
Los ciudadanos de la provincia de Buenos Aires votaron a favor del peronismo, sí, pero quizá en mayor medida votaron en contra del gobierno nacional. Aunque la última palabra la tendrá la elección nacional de octubre, para la cual Javier y Karina Milei deberán replantearse la pésima campaña que están haciendo en todo el país. Mientras que el gobierno nacional deberá replantearse casi todo lo que está haciendo en gestión.
Aun habiendo perdido políticamente en el segundo año casi todos los acuerdos que pudo construir en el primer año y a adoptar varias de las peores modalidades de la casta que tanto criticó, al presidente Milei parece estar quedándole el principal capital político con el que llegó al poder: la voluntad popular. El día de hoy en Buenos Aires y en las elecciones nacionales de octubre, vivirá las dos pruebas clave.
¿Qué relación existe entre el affaire Spagnuolo, los escandaletes en los PAMI provinciales, el financiamiento poco transparente de la política y el negocio de los medicamentos, con la idea mileista de crear un partido único a nivel nacional que suplante en tiempo récord a todo el sistema político anterior? Al parecer, mucha relación.
Homo Argentum no tiene relación con las batallas culturales de los políticos. La inmensa mayoría de sus espectadores no la consideran ni kirchnerista ni mileísta ni de ningún signo político. Sienten que habla de todos nosotros, los argentinos, con sus defectos y sus virtudes, de cómo fuimos, cómo somos y cómo probablemente seguiremos siendo.
Los hermanos Milei están utilizando estas elecciones 2025 como una especie de laboratorio del nuevo sistema político que buscan constituir, frente a la debacle de todo el sistema anterior. Debacle que hoy se expresa en los más surrealistas y contradictorios acuerdos y desacuerdos en los cierres de listas de todo el país, donde Mendoza no es la excepción. Tratemos de analizar el sentido profundo de tales extraños acontecimientos.
¿Los evidentes cambios de cultura económica que está produciendo Milei se podrán traducir en logros estructurales? Todo depende de si es capaz de reemplazar el cuchillo de carnicero con que inició el ajuste por el bisturí del cirujano con el que debe iniciar el desarrollo. Tanto en economía como en política.
El humo blanco ha aparecido. Por lo tanto, tenemos Alianza en Mendoza. Analicemos, entonces, el perfil de los que la firmarán y el sentido histórico del acontecimiento.
Hay quienes piensan que los "malos modales" del presidente Milei son positivos para imponer su autoridad y así llevar a cabo las transformaciones. Son los que creen que una política de "buenos modales" implica claudicar frente al kirchnerismo y al resto de la casta. Bichos raros.
Para Cristina Kirchner el show debe continuar a fin de no jubilarse en política. Para Javier Milei estos son sus días de gloria a nivel nacional e internacional. Para Alfredo Cornejo el silencio es su respuesta a los que le piden definiciones electorales antes del minuto final. Tres políticos, tres películas.
Derrotada toda opción republicana, por primera vez la lucha por el poder en la Argentina enfrenta a dos populismos sin nada en el medio. Absolutamente diferentes en lo económico, pero con grandes coincidencias en lo político.
El juicio a las juntas militares y el juicio a la corrupción kirchnerista son dos instancias trascendentales ocurridas dentro de nuestra Democracia, que fortalecieron singularmente a la República, protegiéndola incluso de aquellos gobiernos que, aun siendo elegidos por el pueblo, la intentan debilitar o incluso cambiar por otro sistema político.
La condena de ayer es el colofón de una historia que comenzó cuando a los dos días de asumir como presidente de la Nación, Néstor Kirchner convocó a un empleaducho bancario de su provincia e invirtiendo el sentido de las palabras bíblicas, le dijo, “Lázaro, levántate y roba”. Y Lázaro robó, primero para Néstor y luego para Cristina.
Más allá de la pelea por los cargos, el debate que Luis Petri le plantea a Alfredo Cornejo en Mendoza es el modo de construcción política que el mileísmo intentará imponer en todo el país entre estas elecciones y las de 2027. Analicemos detenidamente de qué se trata esta "nueva forma de hacer política".
Juan Bautista Alberdi creía que el liberalismo era el respeto irrestricto por todas las ideas. El gordo Dan cree que, salvo el liberalismo, todas las otras ideas son demoníacas. ¿Dónde se ubica Milei?
Milei podrá hacer políticamente todo lo que quiera mientras sepa mantener a raya la inflación, mientras el voto siga siendo motivado básicamente por “la economía, estúpido”. Por eso, pese a que lo votaron mayoritariamente debido a su propuesta de acabar con la casta, la gente hoy no dice nada del extraño experimento del presidente y su triángulo de hierro, que niega su promesa electoral. Un experimento que consiste en crear un nuevo modo de hacer política con los políticos de siempre.
Como el general Santa Ana a Davy Crockett en "El Álamo" en 1836, y como Néstor Kirchner a Eduardo Duhalde en 2005, esta vez le tocó a los Milei derrotar a los Macri tomándoles su preciado territorio capital, que aunque siga siendo gobernado por el PRO al menos un par de años más, desde hoy ya será una sombra de lo que supo ser.
Hoy se puede boicotear en los hechos sin escrúpulo alguno, lo mismo que se pregona con fervor en los dichos. Y eso se está instalando como un “nuevo” modo de hacer política, donde la palabra, el lenguaje, ya no interpretan ni explican nada, porque han devenido un instrumento de guerra oral a través del insulto permanente, no como excepción sino como normalidad.
En “El secreto de sus ojos”, “Argentina, 1985” y “El Eternauta”, Ricardo Darín expresa la cara actoral de la única batalla cultural legítima: la que busca rescatar lo que siendo de todos, las facciones políticas e ideológicas usurparon para sí mismas.
Un misterio de novela policial: ¿Quién fue el asesino de Ficha Limpia? - Por Carlos Salvador La Rosa
En las ficciones de la serie negra, son los detectives, los policías y los jueces honestos los que desenmascaran a los criminales. En cambio, en la Argentina actual, el responsable final del asesinato de la Ficha Limpia sólo podrá ser descubierto por los políticos y por los periodistas decentes que siguen luchando contra la corrupción.
Cada país, para progresar, necesita ser un solo país dentro del cual se procesan las diferencias internas. Pero la Argentina fue y sigue siendo dos Argentinas, donde ninguna diferencia se procesa.
Recién con su muerte los argentinos nos dimos claramente cuenta de que el Papa Francisco no le pertenecía a ninguna facción política de nuestro país, sino a la humanidad entera. Supuestamente, debimos ser los primeros en haberlo sabido por un mayor conocimiento que teníamos del mismo. Pero no, estamos tan divididos que sólo lo aceptamos cuando el mundo en pleno le rindió su respetuoso pero monumental homenaje de despedida. Al menos lo aceptamos por una semana...
La Argentina fue y sigue siendo un país dividido de un modo tan extremo que más que una Argentina son dos. Y mientras sigamos siendo dos Argentinas, no seremos ninguna. O seremos lo peor de cada una.
En un viernes en que el anuncio del 3,7% de inflación hacía predecir como negrísimo para Milei, el FMI de Trump tapó todo lo malo (que no era solo la suba inflacionaria). Y la esperanza vuelve a resurgir, aunque desde ahora todo será más difícil que en los primeros buenos tiempos. El séptimo de caballería puede salvarte de los villanos, pero no hacerte mejor. Y sólo se puede ser mejor si se aprende de los errores cometidos.
Esta semana Mauricio Macri enfureció contra el destrato permanente que le propinan los Milei y entonces, por primera vez, hizo algo más que criticar de palabra al gobierno. Finalmente se produjo la vendetta del tano, al decir indignadísimo de Patricia Bullrich.
Que desde el mileismo se haga recordar la parte de la historia que el kirchnerismo negó u ocultó, es algo que está bien. Lo que no corresponde es cambiar una Memoria parcial por otra igual de parcial.
Los que se suponen representan la nueva política, están repitiendo errores ya cometidos por los de la vieja política, porque los están copiando en vez de superarlos. O a veces los están superando, pero en torpeza.
En este caos de desinstitucionalización casi total que sufre la Argentina, lo único que milagrosamente sobrevivió como una isla de institucionalidad fue la Corte Suprema de Justicia, la única institución que se mantuvo independiente durante todo lo que va del siglo. Ahora esto parece que también se acaba. Y entonces ya no seremos institucionalmente nada. Ya no habrá división de poderes, porque ni siquiera habrá poderes que se puedan dividir.
La historia de cómo Javier Milei intentó en Davos crear una legión de cruzados a favor de la moral (de derechas) y de las buenas costumbres, en vez de ocuparse de lo que sabe y que todo el mundo quiere escuchar: sus éxitos en economía.
De cómo Javier Milei busca fusionarse, como si fueran una sola persona, con Donald Trump para entre ambos y algunos pocos aliados más, salvar al mundo de la ideología zurda woke. Y mientras ellos buscan salvar al mundo, Elon Musk busca dominarlo. Veremos cómo les va.
El lunes 20 de enero, frente a un Donald Trump que lo recibirá con honores por su lealtad en las buenas y en las malas, Javier Milei tal vez sentirá algo parecido a lo que sintió Leonardo DiCaprio en la proa del Titanic cuando dijo: “Soy el rey del mundo”.
Lo que ocurrió el viernes 10E en Venezuela fue el gran fracaso internacional del pusilánime intento conciliador de Lula con respecto a la dictadura de Maduro. Acompañado por uno de los silencios más ruidosos y atronadores de todos los tiempos: el de Cristina Kirchner frente al fraude y el golpismo. Y, a su vez, la confirmación de la actitud férrea de Milei de que con los tiranos no se puede conciliar ni negociar.
Con Cristina aún al frente, el peronismo es el nuevo partido conservador de la Argentina, pero de una Argentina donde es poco y nada lo que se debiera conservar. Es el partido conservador de la decadencia nacional. El peronismo es hoy el Parque Jurásico de la Argentina, esa isla recreada por un (a) aprendiz de brujo donde renacen y se desarrollan dinosaurios como hace millones de años, y que siempre, con su mera existencia, están amenazando con invadir el mundo moderno.
Para la gran mayoría de los ciudadanos argentinos que votaron a Javier Milei, “casta” es sinónimo de corrupción. Pero para Milei, hasta ahora, son casta los que están contra él y son anticasta los que están a favor de él. Así, llegamos al absurdo de que Daniel Scioli es anticasta y Victoria Villarruel es casta.
Juan Carlos Maqueda, un juez probo que se retira. Cristina Fernández de Kirchner, una aspirante política a la eternidad que, por lo tanto, no piensa en retirarse jamás y que para ello no deja que crezca el pasto en su jardín. Y Javier Milei, un presidente que busca un equilibrio entre política y economía que aún no encuentra. Las tres principales figuras protagonistas de este fin de año.
La foto que en Estados Unidos, Javier Milei se sacó con Silvester Stallone puede haber llevado al presidente argentino a sentirse el Rocky Balboa argentino. Aquél que surgiendo de la nada, se impuso como campeón del mundo. Milei en eso está. Este año derrotó en el ring, por puntos, a la casta. Para el segundo año espera vencer. por KO, a Cristina, la jefa de la casta. Y quizá, con el tiempo, derrotar a los zurdos comunistas, como hizo Rocky cuando demolió al campeón soviético en la misma Rusia.
Dos casos relacionados con la corrupción sacudieron negativamente a la opinión pública por estos días: El primero, la negativa tanto del mileismo como del cristinismo a aprobar la ley de Ficha Limpia. El segundo, el affaire del senador de las mochilas llenas de dólares que antes votaba con los cristinistas y ahora vota con los mileistas. Y frente a ambos casos, tanto cristinistas como mileistas actuaron con lógica de casta.
Las pretensiones de Musk en erigirse emperador del mundo desde las nuevas tecnologías es una tontería, es más de una película de James Bond que de la realidad. Pero en esa “patriada global” contra el “comunismo”, en esa nueva revolución conservadora, lo acompañan Trump y Milei.
Cada uno -Cristina Fernández de Kirchner y Javier Milei- considera al otro como su mejor enemigo. Ambos deben combatirse por la eternidad y sobrevivir los dos hasta que las malezas del medio desaparezcan y llegue el momento en que se encuentren cara a cara.
Lo que diferencia esencialmente al político outsider del político estadista es que el primero tiene como condición sine qua non para gobernar dividir todo entre buenos y malos. El enfrentamiento es la esencia de su conducción, mientras que el estadista quiere acabar todo lo que se pueda esa división entre buenos y malos, y encontrar los puntos comunes que pueden construir la unidad de la nación.
Cristina Fernández de Kirchner sigue siendo culpable, según el fallo de Casación dado a conocer ayer. Y la solidez de los fundamentos de los fiscales y jueces son más sólidos y más grandes que la gran muralla china. Por eso ha sido condenada, lo que habla de que en la Argentina todavía hay República. El problema es si la República, aparte de condenar a una persona tan poderosa, resiste lo suficiente para que algún día la señora también deba cumplir su sentencia. Algo muy difícil que con Menem no pudo ocurrir y ahora parece que pasará algo similar con Cristina: son muchos, y no sólo los kirchneristas, los que no quieren que Cristina vaya presa porque la política sigue considerándose según muchos políticos (e incluso según muchos intelectuales) como un terreno de privilegio y de impunidad.

