Claudio Fantini

Claudio FantiniEn Argentina siguen siendo el refugio donde se guarecen los gobernantes en problemas, además de una causa que unifica. Pero hay un cambio geopolítico en marcha. 

Claudio FantiniFue gratificante ver al presidente argentino dando un discurso correcto en las formas y el contenido. Las medidas que anunció fueron lógicas. Pero fue también un salto en garrocha que no borró de la memoria al Milei que elogiaba a Margaret Thatcher sin cuestionarle siquiera el hundimiento del crucero General Belgrano. 

Claudio FantiniEl entreguismo explícito –que el Gobierno ostenta con la misma convicción con que exhibe desprecio por los débiles y fascinación por los poderosos– hizo caer el artículo de la ley que más le importaba, bajo el peso de ser percibido como un intento de extranjerización de tierras.

Claudio FantiniComo una versión derechista y verbal del internacionalismo armado del Ché Guevara, Javier Milei sale al mundo a disparar insultos contra los señalados por Donald Trump.

Claudio FantiniLas críticas internacionales a las políticas argentinas resucitan viejas tensiones, mientras figuras políticas contemporáneas avivan el fuego del descrédito. 

La actitud de Macri con respecto al posicionamiento político de su partido, Pro, define un posicionamiento con respecto al gobierno libertario. 

 

La visión más acertada sobre Putin es la que tienen los líderes derechistas europeos y el propio Bolsonaro.

 

En los tiempos actuales las coaliciones tienden a resquebrajarse poniendo en crisis los oficialismos.

 

La realidad demuestra que la integración regional no se construye desde la afinidad ideológica ni desde la amistad de los gobernantes, sino desde la solidez de las instituciones en los países que van tejiendo lazos de integración.

 

 

El mecanismo que se hizo visible en la valija de Antonini Wilson podría explicar la reticencia del gobierno argentino para reclamar por los presos políticos venezolanos.

 

 

¿El gobierno argentino estaba “luchando” por el gobierno ruso? Difícil no suponer que ese “proyecto” respondía al juego geopolítico de Putin y no a la urgencia sanitaria del país.

 

 

La pregunta es hasta dónde está dispuesta a llegar Cristina para imponer su visión conspirativa como versión oficial de la realidad. ¿Atravesará las líneas rojas de la institucionalidad?

 

 

Hay más desprecio por el dialoguista del espacio propio que por el jihadista del otro espacio. A la moderación hoy se la llama traición.

 

 

El fracaso de Alberto está en negarse a sí mismo por quedar atrapado en la opción de subordinarse a su vice o ser más cristinista que Cristina.

 

El debate sobre si hay o no presos políticos, es una puja entra Cristina y Alberto por controlar el poder real.

 

Top