Opinión

Obedecer es “cumplir la voluntad de quien manda”. Eso es lo que Máximo quiere hacerle entender al Presidente.

De las muchas experiencias populistas ensayadas en América del Sur, la del peronismo es la más prolongada. Ha habido ciertamente otras cuyos efectos pueden ser considerados, con justicia, más agudos, como es el caso de la Cuba de Castro o la Venezuela chavista. Pero los más de setenta años durante los cuales el peronismo ha sido el movimiento político más influyente en la vida argentina no tienen parangón por duración y por la importancia del país, el tercero de América Latina si se considera la combinación entre superficie, población y producto interno bruto (PIB).

Nadie ose decir que bajará los planes, los subsidios y el acomodo en el estado. Rápidamente alguna periodista sensible le preguntará: ¿qué hará con la gente?

El país asiste a los devaneos de un gobierno que navega por el barro de su interna brutal e imparable.

En la soleada mañana del domingo último, alguien dejó rodar sobre las mesas de La Biela una extraña palabra: “Milei”. Mario Vargas Llosa, que había caído de sorpresa en esa clásica tertulia porteña, miró entonces fijamente a Juan José Sebreli, a quien conoció en París hace décadas, y esperó su veredicto. El viejo maestro le respondió rápidamente: “Un fenómeno juvenil”.

¡Felicitaciones! ¡Enhorabuena! Veintinueve meses tarde y a 13.000 km de distancia, Alberto Ángel Fernández asumió la presidencia.  El pueblo argentino entre asombros y desconfianzas asiste desconcertado a este inverosímil síntoma de auto precepción por parte del votado Presidente.

“Si haces que los adversarios no sepan el lugar y     
la fecha de la batalla, siempre puedes vencer”.
 
- Sun Tsu
 

El móvil policial custodiaba la cuadra, ahí cerca de la Rotonda del Avión, en Guaymallén. Miguel no podía ir a su trabajo en el local de la avenida España, en el centro de Mendoza, que estaba cerrado. Su sobrina de 12 años estaba internada en el Hospital Infantil Notti. No podía visitarla. No podía asistir a su hermana.

Nunca quedaron en claro los motivos de la reciente gira internacional del presidente Alberto Fernández. Oficialmente se dijo que el objetivo era entusiasmar a los jefes de Estado de Europa para comprar gas argentino o, mejor dicho, el hipotético gas argentino, aprovechando las complicaciones con Rusia, el tradicional abastecedor.

Los Fernández -Cristina y Alberto, claro- conforman la versión política de los Pimpinela. Sólo que estos últimos eran cantantes que deleitaban a su público con peleas de ficción. Aquéllos, en cambio, son dos irresponsables que tienen en sus manos el timón del gobierno nacional. Los hermanos simulaban sus diferencias y, en definitiva, todo no pasaba de ser una actuación.

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