Opinión

 

 

La omnipresencia de la vice complica al Presidente. El factor judicial que mantiene al país en vilo.

 

 

El 7 de enero de 2020 las autoridades chinas identificaron al nuevo virus. Hoy estalla la segunda ola y el Gobierno choca con sus propios límites para imponer restricciones.

 

 

En medio de la pandemia del coronavirus, 2020 transcurrió con una conducción del gobierno nacional que equivocó las políticas sanitarias y destruyó la economía. A esas pésimas cifras se suma la ya vieja caída de la educación. La tragedia educativa, descripta por Jaim Etcheverry hace 20 años, sumó un capítulo lamentable con la pandemia. El estudioso publicó en febrero pasado otro libro: Educación, la tragedia continúa. De conocer lo que iba a hacer la gestión de Alberto Fernández en la materia, seguro podría haber incluido el subtítulo: "Y profundizada en 2020 por las políticas del kirchnerismo".

 

 

La Argentina está viviendo tiempos peligrosos. El kirchnerismo continúa demostrando que las necesidades de los argentinos no son la prioridad.

 

 

¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad! reza una de las estrofas de nuestro himno nacional. Después de estar muchos meses encerrados era lógica que “estallaron las fiestas clandestinas”, titularía placa roja de Crónica. “Pero qué irresponsable que es la gente” comentan algunos.

 

 

Lo que pasó ayer en Washington D.C., cuando el presidente Donald Trump alentó tácitamente a sus seguidores a tomar las calles para revertir los resultados de las elecciones de noviembre de 2020 antes de dar marcha atrás y pedirles que se vuelvan a sus casas, fue un ejemplo clásico de un intento de "autogolpe" latinoamericano.

 

 

El presidente Alberto Fernández mandó al periodismo nativo al terapeuta. No hizo distinción entre psicología y psiquiatría. Dijo: “Hay un periodismo alocado que necesita terapeutas para sacarse el odio que cargan encima”.

 

 

La postura de la Argentina implica un desconocimiento y una negación de las gravísimas violaciones de los derechos humanos que tienen lugar en Venezuela


 

A la oposición esta Cristina "superstar" le sirve para castigar a Alberto Fernández, mostrándolo como un títere, y dentro del Gobierno, unos la usan para justificar lo difícil que es gobernar con ella detrás.

 

 

Ha comenzado el intento del kirchnerismo “cristinista” para lograr que un Máximo (“mínimo”) con un curriculum vidrioso, escale a la presidencia del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires, para librar desde allí la madre de las batallas en las elecciones de 2021.

 

 

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