Opinión

 

"Mañana tal vez tengamos que sentarnos frente a nuestros hijos 

y decirles que fuimos derrotados. Pero no podremos mirarlos a

los ojos y decirles que viven así porque no nos animamos a pelear”

- Mahatma Ghandi

 

 

En su afán por hallar una explicación a la solidaridad del peronismo y del gobierno nacional con su compañero Gildo Insfrán, algunos colegas consideran que ella obedece a estrictos motivos electorales. Con todo respeto, me voy a permitir discrepar.

 

Para mejorar el vínculo con Washington, el Gobierno debería abstenerse de actos que reafirman la mala reputación acumulada durante los largos años de kirchnerismo

 

Al igual que en la economía, la respuesta del gobierno nacional a los desafíos de la pandemia en el ámbito educativo fue la más simple y brutal: cerrar completamente las escuelas. Ahora, el tibio e impreciso anuncio del ministro de Educación de un eventual retorno a la presencialidad recibió el contundente rechazo de los gremios docentes.

 

YPF está de nuevo en los titulares de los medios, y no por las buenas razones. Se duda de su capacidad financiera por las dificultades que enfrenta para negociar una nueva restructuración de su deuda corporativa donde están en juego 6.200 millones de dólares.

 

 

Desde que apareció la pandemia del COVID-19, los oficialismos de turno en la región están electoralmente en problemas. No todo se debe al impacto del virus, pero está claro que la aparición del bicho y sus consecuencias socio económicas limitaron la capacidad de maniobra para mandatarios que ya venían navegando con dificultades.

 

 

Los argentinos pueden creer que el gobierno transita un camino de vaguedades, mezcladas con una anomia de ideas y un amateurismo administrativo alarmante. Puede creer, en suma, que estamos frente a un conjunto de improvisados combinados con burros que no tienen demasiada idea de lo que hacen.

 

 

El Gobierno ha dado un mensaje claro, uno de los pocos en trece meses. Dice, con firmeza, que hay una moral kirchnerista que avala y tolera lo inaceptable, mientras da lecciones de integridad y decoro a quienes critican su gestión.

 

 

 

El Presidente se enoja con todos menos con su socia. El deterioro de la investidura presidencial no tiene retorno.

 

La necesidad de confirmar obsesivamente una nueva identidad colectiva, aderezándola con argumentos reivindicatorios que pretenden retrotraernos a un pasado escandaloso, exhibe al gobierno tratando de borrar la noción del tiempo, en cuanto devenir histórico.

 

 

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