Opinión

 

 

Los ojos de la política y los medios norteamericanos se posan sobre Georgia. Más precisamente, en la elección especial de las dos bancas estatales para el Senado nacional que tendrá lugar el 5 de enero de 2021.

 

 

El gobierno nacional ha lanzado una campaña publicitaria, que se difunde con agobiadora frecuencia en todos los medios, en la que se presenta como el adalid de la reconstrucción argentina. Si un turista desavisado llega a nuestro país y escucha esa narración que realiza con su voz fatigada el presidente Alberto Fernández, puede pensar que en la Argentina se está produciendo uno de esos milagros de renacimiento desde las cenizas que la historia a veces registra, como los de Alemania, Japón e Italia luego de la Segunda Guerra Mundial.

 

 

 

Urge una vacuna para la nueva cepa de Cristina, capaz de demoler cualquier economía, cualquier sociedad, cualquier país

 

 

 

El increíble capítulo argentino de la vacuna Sputnik V contra el coronavirus: politólogas a cargo y tres impresentables.

 

 

El concepto del líder aplaudido y ovacionado por los funcionarios de su gobierno no tiene relación con los aciertos o desaciertos de las políticas oficiales. Es inherente al culto a la personalidad. Ese culto nunca se presenta solo, viene acompañado de una disciplina política rígida, tal como lo demostró, a escala sanguinaria, el estalinismo.

 

 

El kirchnerismo pretende mantenernos inmersos en una mediación erudita e innecesaria entre nosotros y la realidad, como señalaba George Steiner respecto de hechos semejantes al acto político montado en el Estadio Único de La Plata, diseñado de acuerdo con la tradición de las movilizaciones partidarias soviéticas y/o nacionales socialistas.

 

 

No miremos para otro lado. No disimulemos la gravedad de lo que está pasando. No miremos para otro lado como hace Alberto en la foto que Cristina está sacando la lengua. No miremos para otro lado. El cachetazo público y verbal de Cristina no fue para los ministros. Fue para Alberto. La jefa del jefe del estado dijo con toda claridad que los que tengan miedo o sean inútiles o vagos se tienen que ir del gobierno. Por varios motivos esa bofetada de poder estalló en la mejilla de Alberto.

 

 

El respiro de los números de la pandemia que tenemos desde que las temperaturas comenzaron a subir en la Argentina, puede durar poco si el gobierno sigue manejándose con la irresponsabilidad que ha venido mostrando hasta el momento y que ya es, casi podríamos decir, un sello distintivo de su gestión en todas las áreas, no solo en la de salud pública.

 

 

A los malos resultados obtenidos por la estrategia argentina contra la pandemia, cerca de 42.000 muertes y un número incomprobable de casos, ya que el testeo no fue uno de los fuertes de la táctica adoptada, hay que sumar el desmanejo en la adquisición de vacunas. Dos escándalos en una semana. Uno con la vacuna de Laboratorios Pfizer y otro con la vacuna Sputnik V, de producción rusa, a la que el gobierno se aferró ciegamente.

 

 

 

Naturalismo, cachivaches y la geopolítica de rebaño.

 

 

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