Opinión

 

 

“Es preferible para los pueblos tener malas leyes con 
buenos jueces que buenas leyes con malos jueces”.

- Francesco Carnelutti

 

 

Desde las redes sociales se viene reproduciendo una frase de asombrosa vigencia para cualquier argentino que haya seguido las noticias del ámbito político y judicial durante la última semana.

 

 

El tío Cámpora y el tío Alberto cumplieron el papel de delegados de quien por diversas razones quería, pero no podía acceder a la presidencia de la Nación.

 

 

 

Utopía, de acuerdo a la definición de Quevedo en traducción casi literal del griego, significa "no hay tal lugar". La palabra se hizo famosa a partir de un libro de Tomás Moro (santo para católicos y anglicanos) escrito en 1516, donde describió una isla habitada por una sociedad ideal.

 

 

Mueven a risa los pronósticos optimistas lanzados a correr por las usinas gubernamentales con base en el alza del precio de la soja, la baja de las tasas de interés internacionales y las oportunidades que volverían a abrirse de que determinados países emergentes -incluido el nuestro- reciban inversiones considerables en el año a punto de comenzar.

 

 

Se termina 2020. Un año de privaciones y de incertidumbres. Un año de ausencias, ocasionales y permanentes. Un año de miedo y de urgencias. En síntesis, un año del que muchos dicen que hay que olvidar.

 

 

El año 2020 se va, pero el que no se va es el coronavirus. Los cálculos más optimistas auguran que por lo menos tenemos un año por delante. La vacuna es una buena noticia, pero a las buenas noticias hay que transformarlas en realidades. Y ese pasaje es algo un poco más complicado y en ese sentido las recientes novedades con la vacuna rusa y la vacuna de Pfizer así parecen confirmarlo.

 

 

Fue un “sincericidio” de Ginés, confesó que el Presidente Alberto Fernández “está nervioso porque no llegan los papeles de la vacuna” y agregó que el jefe de estado, por ahora, no se va a vacunar. A confesión de partes, relevo de pruebas.

 

 

 

 

La Asamblea Nacional aprobó una ley que habilita al jefe de Estado a anular candidaturas de opositores

 

 

 

Hace algunos años, leímos una frase del poeta y diplomático estadounidense James Russell Lowell (siglo XIX), que nos quedó grabada por su agudeza, con la que comenzamos nuestras presentes reflexiones: “algunos contratiempos –aseguraba entonces-, funcionan como cuchillos: pueden servir indistintamente para cortar o cortarnos, según los tomemos por el mango o por el filo”.

 

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