Roberto Azaretto
El autor nos recuerda varias de las posibilidades que tuvo la Argentina de negociar con Inglaterra los más variados acuerdos para avanzar -aunque fuera parcialmente- en nuestros reclamos y derechos sobre las Islas. Y de cómo las desaprovechamos todas, básicamente por un desconocimiento de casi todos los gobiernos argentinos acerca de la realidad internacional.
Es toda una anomalía lo que nos ocurre: se vota a un presidente, pero el elegido para ocuparse de los problemas del país delega la gestión de gobierno en su hermana mientras él pasa horas revisando las redes sociales y avalando los disparates que se divulgan por las mismas.
Nuestro país, para ganar competitividad, debe solucionar el déficit de infraestructura en su sistema de transporte ferroviario y carretero.
Un país que necesita para su desarrollo la construcción de autopistas y la reconstrucción del ferrocarril es informado que solamente tendrá un programa para tapar baches y cortar el pasto de las banquinas. Y para eso pagaremos peaje, un sistema fracasado y fuente de corrupción en la década de los noventa.
Los insultos al presidente Lula no pueden justificarse con esas tonterías de "¡qué importan los modales!" o "el Javo es así". No debe ser así y punto, puesto que un presidente tiene que controlar su personalidad porque sus dichos y gestos afectan los intereses nacionales. Esa es la finalidad de toda política exterior: cuidar, promover, privilegiar los intereses nacionales.
El gobierno nacional está abarrotando al Congreso con muchas iniciativas, cuando lo sensato sería concretar las reformas más importantes como lo es ésta de la carta Orgánica del Banco Central.
Sarmiento en el "Facundo", elogia esa manera de ser por la cual el argentino no tiene complejo de inferioridad ni de servilismo como algunos oriundos de otros estados de esta región. En nuestro país el mestizaje está en el ADN nacional. Y eso favorece la autoestima junto al antirracismo.
“La Constitución sin jueces independientes es un papel. Con jueces dependientes, es una mentira”. Esta frase de Joaquín V González sigue la tradición republicana, que en la Argentina en numerosas provincias es una ficción.
En 1776 se inicia en EE.UU. un experimento, el del gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo, según la definición de Lincoln, único en el mundo en ese entonces. Mientras que hoy asistimos, incluso en los propios EE.UU. a intentos de erosionar la democracia liberal por parte de los que detentan el poder.
No es fácil eliminar la corrupción, no es fácil eliminar las tentaciones del poder y su acrecentamiento. Se trata de la naturaleza humana. Pero sí se puede concluir con la impunidad, como, por ejemplo, la que quieren comprar los empresarios imputados en la causa "Cuadernos de Centeno", evitando se juzgados a cambio de entregar dólares. Todo un despropósito.
No puede haber contemplaciones con los funcionarios que medran con la salud pública. El sistema requiere profundas reformas, pues el porcentaje del PBI que se invierte es alto, pero entre mala administración, superposiciones, derroches y corrupción no están los servicios al nivel que se requiere.
Nos interpela como sociedad esto de que, si coincidimos con una política económica por ello aceptamos las tropelías políticas, las corruptelas y corrupciones, reaccionando contra esas falencias solo cuando no coincidimos con la orientación de la economía, sin entender que la economía y la política están vinculadas y que la política debe estar basada en valores y principios que son esenciales para la convivencia civilizada.
La corrupción es una estafa a los pueblos, pero no es solo una cuestión ética, sino que también es una forma de ineficiencia y de incremento del gasto público, porque los sobornos se reflejan en los sobreprecios, se trate de obras públicas, de provisión de insumos, de medicamentos.
En todas las etapas de la Argentina moderna, desde 1980 hasta el presente, hubo crisis externas, pero desde 1975 hemos mostrado ineptitud para afrontarlas y adaptarnos. Las transformaciones en el mundo son impresionantes y veloces. Sin embargo, seguimos atados a viejos paradigmas con miedo a reformar y cambiar.
Se estima que el PBI por habitante de Argentina en 1910 era el sexto del mundo. Pero un país de ocho millones de habitantes como muestra el censo nacional de 1914 no es una potencia mundial. Noruega o Dubai tienen un PBI por habitante superior a los Estados Unidos, pero a nadie serio se le ocurre calificarlos como potencias mundiales. Ningún dirigente argentino en 1910 decía que éramos una potencia mundial.
Deudas odiosas es una doctrina jurídica que sostiene que las deudas contraídas por regímenes dictatoriales o represivos sin el consentimiento de la población y para fines que no benefician al estado no son responsabilidad del pueblo o del gobierno sucesor.
En el gobierno argentino actual parece que instituciones como el Fondo Nacional de las Artes, el Inti, el Inta y el Conicet solo sirven para producir gastos. También parecen un gasto los Museos, como el Histórico Nacional o el de Bellas Artes, que han tenido que cerrar estos fines de semana largo por deberse el pago de la seguridad.
No es solamente la cuestión del déficit fiscal la clave para que la economía crezca. En realidad, sin que sea la única causa, la historia económica del país muestra que nuestro principal problema es el de la balanza de pagos. Que entren más divisas que las que salen para decirlo en lenguaje claro.
Las crisis económicas mundiales siempre han afectado a la Argentina, como al resto de los países, pero los argentinos solemos atribuir todos nuestros problemas a cuestiones locales porque el aldeanismo impera entre nosotros.
Para terminar con la cultura de la impunidad, es necesario que todos cumplan con sus deberes institucionales.
El país después de las elecciones en la ciudad de Buenos Aires con un 49% del padrón electoral que prefirió no votar a nadie, necesita la reconstitución de un centro derecha democrático. Cuando los extremos se imponen se acercan los desastres.
Haber bajado la inflación, que aún persiste. y anunciado reformas que no pasan de anuncios mientras persisten enormes privilegios, parece que es suficiente para algunos que antes se preocupaban de defender formas y modales y ahora hasta justifican su desprecio. Una lamentable doble vara.
Hoy estamos en un mundo donde los países de Asia superan a las potencias tradicionales en la economía y el comercio. China está disputando la primacía a los Estados Unidos. La India es la cuarta economía. Y en los Estados Unidos se copian de nuestros defectos, desde la asunción de Trump.
La palabra oligarquía fue usada en muchos artículos de diarios porteños para calificar a los gobiernos de provincia en las que algunas familias se sucedían en el poder, en la etapa constitucional. Pero hoy tiene muchos otros usos.
Michael Novak es un notable intelectual católico que no sólo reivindica la democracia, sino que escribe mostrando coincidencias entre catolicismo y capitalismo. Para ello, el análisis de sus principales libros es muy valioso.
Los profetas y “salvadores de la patria” son incompatibles con las instituciones liberales argentinas. Las instituciones de la Constitución.
En el libro Líderes escrito por Henry Kissinger poco antes de su muerte, ya centenario, en el que describe a varios dirigentes mundiales que trató en su carrera académica y diplomática el capítulo dedicado a Konrad Adenauer deja lecciones valiosas para afrontar crisis.
El martes 9 de Julio celebramos un nuevo aniversario de la declaración de la independencia de las Provincias Unidas en Sudamérica por el Congreso reunido en San Miguel de Tucumán.
Regímenes de privilegio como el de Tierra del Fuego se han convertido en un símbolo del disparate como lo fueran los regímenes de promoción industrial de los 70, fuentes de escándalos y corrupción.
Existe el mito de que el diplomático británico fue la contrafigura del economista austríaco. Pero ambos tenían muchas coincidencias y se profesaban una mutua admiración
Grandes son los desafíos a encarar para revertir la degradación a la que nos llevó una dirigencia manejada por un liderazgo ineficiente, anacrónico y corrupto.

