Joaquín Morales Solá
La política es relativa. La inflación bajó cinco décimas en agosto comparada con julio. ¿Es suficiente para que Javier Milei recupere la simpatía social que había perdido? El actual reclamo social es más amplio que la inflación. Las sociedades son así: ninguna conquista nunca es la última conquista, aunque también debe decirse que la inflación conserva un nivel alto si se le confronta con la de cualquier país serio.
La política con respecto a la entidad del fútbol cambió con el ministro Mahiques, que no se detiene en sus favores a los encartados Tapia y Toviggino
La primera información que debemos tener en cuenta es que Trump es Trump. Puede cambiar mañana, y también pasado mañana, sus posiciones en temas de política exterior. ¿O, acaso, no fijó ya diez posiciones distintas sobre la guerra que le descerrajó a Irán? Y ahí está, impotente porque no puede celebrar una victoria, con el sabor amargo de una virtual derrota en el estratégico estrecho de Ormuz que sigue controlando el criminal régimen de Teherán.
El último martes, Javier Milei le dedicó ocho horas de su jornada diaria a tuitear o retuitear mensajes agresivos contra el periodismo, muchas veces expresado con palabras y frases escatológicas, imposibles de reproducir sin dejarse de respetar uno mismo. En días anteriores, entre el lunes 17 y el domingo 23, el Presidente había hecho lo mismo 335 veces, con el antecedente de que agravió al periodismo, antes de esa tempestad verbal, más de 1000 veces desde que asumió. El último miércoles, en una clase de adoctrinamiento a alumnos adolescentes de la prestigiosa escuela ORT, creada por inmigrantes judíos, aunque abierta a todos los credos, el Presidente convocó a los jóvenes a abuchear a periodistas.
Los camaristas Barroetaveña y Borinsky debieron hacer muchas contorsiones para evitar decir que la sede de la AFA está en un terreno baldío y una carpa en Pilar y no en el histórico edificio de la calle Viamonte
El Presidente decidió sublevarse contra la realidad. En su penúltimo discurso, ante el influyente Council of the Americas, cargado de palabras soeces ante un auditorio que no está acostumbrado a aplaudir esos modos, desmintió que el consumo se contrajo y que a una numerosa mayoría social le cuesta llegar a fin de mes con sus ingresos actuales.
Una justicia que se ocupa más de discutir cuestiones de competencias y de jurisdicciones que en investigar las denuncias de corrupción deja de ser justicia
Escepticismo. Esa palabra, que sirve para describir la duda de las personas ante las peripecias de la vida, se extendía por la cúpula de Pro cuando ni siquiera se habían reunido las delegaciones de mileístas y macristas. Tal vez es la mejor conclusión de la inicial conversación entre Mauricio Macri y Karina Milei, en la que los dos empezaron con prioridades distintas.
Uno de los magistrados que con más convicción condenó la corrupción política está en un limbo y podría ser reemplazado por un amigo del ministro Mahiques; la entidad de Chiqui Tapia y el vaho de poder que la rodea son demasiado seductores
Existe una manía mileísta y consiste en creer que las acciones no tienen consecuencias ni estimulan reacciones. Una decisión impolítica y temeraria colocó al Gobierno en una situación perdidosa cuando debió retirar dos capítulos, el principal referido a la venta de tierras a extranjeros, del proyecto de ley sobre la inviolabilidad de la propiedad privada. El capricho de Javier Milei de incursionar en las elecciones brasileñas llevó al borde de la ruptura la relación con el vecino más importante del país, que es también su principal socio comercial.
Si las leyes se cumplieran, y si los funcionarios fueran coherentes con el espíritu de las leyes, podría decirse que el gobierno de Javier Milei será recordado por tres cambios fundamentales en la administración del país. La eliminación del déficit fiscal, el restablecimiento del orden público y el reciente proyecto de ley que, si termina siendo aprobado por el Congreso, le restablecerá la autonomía al Banco Central.
¿El ataque a Lula es una estrategia sobreactuada de Milei ante una sugestión de Trump o responde a la necesidad de Milei de volver a la furia que lo hizo presidente en 2023?
El fútbol sigue siendo uno de los pocos motivos de unión nacional en un país lastrado por la fragmentación y la polarización
Tomarles el pelo a los argentinos se convirtió en un hobby de Claudio “Chiqui” Tapia, el mandamás de la AFA con 21 expedientes abiertos en los tribunales por presuntas causas de corrupción. Ya está procesado en una de esas investigaciones por retención indebida de impuestos, y también está siendo investigado por la Justicia de los Estados Unidos (y por el FBI) por presuntos delitos de fraude y lavado de dinero.
En medio de un clima en el que se “designan jueces a empellones” (Bernardo Saravia Frías dixit), existe la posibilidad cierta de que la semana que se inicie sea la última en el ejercicio del cargo de uno de los mejores jueces federales del país. Se trata de Martín Irurzun, miembro de la decisiva Cámara Federal de la Capital, donde van a parar las apelaciones de los acusados por corrupción política, lavado de dinero o narcotráfico.
Algunos jueces son los que tiran abajo la institución judicial en nombre de meras ambiciones personales
Diego Santilli no tiene la vieja cercanía laboral de Nicolás Posse con Javier Milei, ni cuenta con el respeto intelectual y con la larga cercanía de Guillermo Francos con el Presidente. Tampoco es una creación propia del jefe del Estado, como lo fue Manuel Adorni, y por eso se aferró a este hasta que la política le indicó que le estaba costando más de lo que valía.
Santilli es un producto de la escasez de personal del mileísmo; la pregunta es si logrará acordar y “pacificar”, como promete, o si la confrontación de Milei se impondrá
No hay reservas de dólares que aguanten una crisis de confianza como la que la administración mileísta vivió la semana anterior
“Destituyente”, responde, rápido y sin dudar, un viejo senador con vasta experiencia en el Congreso cuando se le preguntó cómo describiría el clima entre la mayoría de los senadores. Esa inexplicable mayoría de legisladores (que no son los dos tercios) cree que el país sería mejor sin Javier Milei en la conducción del país.
El desprecio a las formas era lo que se le reclamaba al Presidente; el sectarismo y el excesivo ideologismo eran, a su vez, los errores de Kicillof
Eduardo “Lule” Menem, el otrora poderoso hombre de confianza de la poderosísima Karina Milei, ha desaparecido. La hermana del Presidente, dueña hasta hace poco de la lapicera para escribir los nombres de los candidatos y la voz que establecía las políticas del oficialismo, quedó dentro de un espacio también reducido; su poder se licuó entre tantas mesas y comisiones que no hacen ni dicen nada.
Existe un problema de gestión del que nadie se hace cargo: la economía del día a día fue una razón esencial del traspié bonaerense
Los mercados son tan amables en la buena hora como implacables cuando ocurre una destacada derrota
La saga del tormento no ha concluido. La grabación clandestina (¡otra más!) de una conversación del ministro de Economía, Luis Caputo, le agregó inquietud a un gobierno ya inquieto. Un periodista que prefirió no difundir ese audio se lo entregó a la Justicia. El audio de Caputo llegó al juez Julián Ercolini y al fiscal Carlos Stornelli en el marco de la causa abierta por la denuncia del Gobierno sobre espionaje ilegal tras la difusión de conversaciones de Karina Milei, grabadas supuestamente en su despacho.
Los funcionarios deben tolerar, les guste o no, un mayor nivel de escrutinio público; el poder, cualquier poder, no puede decidir qué se puede informar y qué no
A Pio Cabanillas, un exlegislador y exfuncionario de la entonces recién instaurada democracia española, se le atribuye una frase irónica, pero ilustrativa de las peleas internas de su gobierno: “¡Cuerpo a tierra que vienen los nuestros!”. El mileísmo argentino, acorralado por denuncias de presunta corrupción de sus propios funcionarios y por declaraciones estentóreas de sus propios legisladores, está en condiciones de repetir aquella frase sarcástica de Cabanillas.
El escándalo sorprende a Milei cuando atraviesa momentos complicados de la economía; superar la decepción social es más arduo que construir la confianza pública
Javier Milei creía que sería un paseo libertario el camino hasta las próximas elecciones; es un calvario. Las revelaciones de supuesta corrupción de funcionarios mileístas, las crueles luchas internas en el Gobierno y la oposición hurgándole los recursos públicos al Presidente, conforman el escenario del tormento.
La política no está dispuesta a abandonar su vieja rutina, sea a la hora de enriquecerse indebidamente o falsear postulaciones
El rumor de una eventual derrota en septiembre se instaló en los campamentos de los dos principales polos políticos e ideológicos; la incidencia en la economía dependerá del margen del traspié y del tamaño de una victoria peronista
No es el populismo el único culpable; la sublevación tiene también otros responsables. Tal vez el Presidente haya aprendido algo en la semana que pasó: que su atracción por el insulto no es un gusto que se pueda dar gratis, menos aún si es el jefe del Estado.
Aunque se trata de un estilo personalísimo del Presidente, también forma parte de una estrategia política y comunicacional
El tono agresivo y las tensiones internas exponen al Gobierno en un contexto económico desafiante previo a comicios legislativos clave
A veces, en su despacho de la Casa de Gobierno, Karina Milei suele invitar con helados a sus interlocutores. La sorpresa ocurre entre esos parroquianos cuando ven que ella misma llama a la heladería desde su celular, y que es también ella quien luego sirve los helados. Sucede lo mismo cuando alguien acepta un vaso de agua; es ella quien se levanta y se lo trae. Si en esas reuniones surge la necesidad de llamar por teléfono a algún funcionario o dirigente político, ella misma lo hace desde su teléfono. Nunca la rodean secretarias ni ayudantes ni colaboradores. “Es una persona sencilla”, resume un funcionario que la frecuenta.
El cierre de listas para las elecciones del 7 de septiembre en la provincia de Buenos Aires fue un trámite engorroso y sospechoso; explica por qué gran parte de la sociedad optó por ausentarse de las urnas este año
Mientras el Presidente busca aliados legislativos, Pro se divide entre el apoyo al mileísmo y la resistencia
La disputa entre el Presidente y su vice es la consumación del divorcio entre dos personas que, en el fondo, piensan muy distinto
Alguien le habrá informado al Presidente cómo es la lenta renovación de los legisladores en el Congreso? ¿Quién le dijo, en todo caso, que el próximo 11 de diciembre, luego de que asuman los legisladores elegidos el 26 de octubre, él tendrá la mayoría absoluta en las dos cámaras del Poder Legislativo? Las respuestas servirían para explicar por qué Javier Milei decidió romper con todos los gobernadores cuando muchos de ellos lo ayudaron a tramitar con éxito en el Congreso los proyectos de leyes más osados de su año y medio de gobierno.
Los lectores de esta columna deberán disculpar que se incluyan palabras soeces, que al autor no le gustan y que tampoco las pronuncia nunca. Sin embargo, su inserción es necesaria para que sepamos dónde estamos y hacia dónde vamos. Uno de los momentos más escandalosos de la semana ocurrió el miércoles pasado, en la Cámara de Diputados, cuando casi se agarraron de los pelos diputadas libertarias y kirchneristas en una sesión autoconvocada por la oposición para tratar cuestiones que le desagradaban al mileísmo.
Más allá del desenlace judicial, la Argentina está pagando el error de aquella pésima expropiación kirchnerista, que se pareció bastante a una confiscación
La tregua en Medio Oriente (siempre es prematuro hablar de paz en ese azaroso lugar del mundo), después de que una guerra más amplia y devastadora fuera inminente, promovió de nuevo el antisemitismo e instaló erróneas teorías aquí y en el exterior. Detengámonos en las cosas que se dicen aquí.
Un clima autoritario, peligroso y regresivo se está instalando en el país, promovido por las dos principales fuerzas políticas: el oficialismo y su oposición kirchnerista. Uno, el Gobierno, carece de una estructura política significativa, pero todo indica que transita por un buen momento en las mediciones de simpatía popular, aunque siempre está convencido de que lo acecha algún enemigo más imaginario que real. El otro, el peronismo cristinista, tiene a su lideresa presa por delitos de corrupción cometidos en la función pública.
El país ingresó en un proceso político del que no tiene experiencia previa, y Cristina chocó con la peor de sus conjeturas
Mientras el mundo entró en una guerra de penosas e inciertas consecuencias, la política argentina está pendiente de lo que puede pasar en las comisarías. Hace cinco días que Cristina Kirchner y sus seguidores saben que ella ya no tiene destino y, con todo, no hubo una movilización popular espontánea. Solo módicos actos de la militancia kirchnerista y graves agresiones del camporismo a un medio periodístico.
Ya no se trata de supuestos hechos de corrupción: existe la certeza de que la expresidenta cometió actos corruptos en el ejercicio de la función pública
El Presidente debería darse una vuelta por la otra cara de la Luna. Su gobierno se entusiasmó en los últimos días con las divisiones de sus opositores, sobre todo los radicales y los de Pro, en la Cámara de Diputados. “Se vio claramente que Javier está solo en el escenario. No hay ningún líder en condiciones de competir con su liderazgo”, se escuchó muy cerca del despacho presidencial. Es cierto, pero solo de alguna manera.
Con su candidatura, la expresidenta está exhibiendo solo un pobre pretexto para su desesperada necesidad de fueros
La amnesia es un recurso político que, a veces, dura muy poco. Cristina Kirchner finge un extravío de la memoria cuando hace saber que proyecta ser candidata a legisladora provincial bonaerense, en las elecciones locales de septiembre próximo, por la poblada tercera sección electoral. La expresidenta ya fue condenada por las dos más altas instancias penales del país a seis años de prisión efectiva y a la inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos por el delito de defraudación al Estado.
La agenda del Presidente se agota en la eliminación del déficit y en crear conflictos donde no existen, perseguir a los críticos, opositores o periodistas

