Sebastián Dumont
La máxima atención sobre los vaivenes de la pandemia del coronavirus deja pasar sin tanta estridencia varias situaciones que emergen en la política nacional y la bonaerense.
Cristina Kirchner volvió a mostrar, por si hiciera falta, su jefatura política y está dispuesta a respaldar a los suyos, aunque eso implique profundizar tensiones dentro del oficialismo tanto a nivel nacional como provincial.
En el año 2014, Daniel Scioli junto a Alejandro Granados lanzaron las policías locales en la provincia de Buenos Aires. Los por entonces aspirantes a ingresar en la nueva fuerza de seguridad se inscribieron en sus municipios y allí los intendentes observaron una situación que solía repetirse en varios casos: había muchos anotados con antecedentes penales por delitos o, incluso, con detenciones en su haber por robos.
Un día más en el conurbano. Aún resta una semana para la finalización de esta etapa de la cuarentena de casi seguro prolongación, pero el panorama real ha empezado a cambiar.
Luchas políticas en el oficialismo en la previa del escándalo por la compra de alimentos de parte del Ministerio de Desarrollo Social.
Las Fuerzas Armadas en las calles del conurbano son, por ahora, para tareas de asistencia. Pero, por lo bajo, hay funcionarios municipales que no verían con malos ojos mayor presencia para otras tareas.
La principal preocupación que tienen los intendentes del Gran Buenos Aires es que el coronavirus penetre en los barrios más carenciados de sus distritos.
El conurbano será el peor sitio para estar, aún no comenzamos a ver los verdaderos efectos del coronavirus”, sostiene a este medio un experimentado secretario de salud de un distrito del Gran Buenos Aires donde en su órbita no hay hospitales provinciales, pero sí municipales.
Mientras el coronavirus avanza en el mundo y lleva a la suspensión o postergación de actividades, la política bonaerense muestra síntomas de cuál es su destino para los meses que vienen de este año.
El principal activo electoral del Frente de Todos que gobierna la Argentina y la provincia de Buenos Aires es el conurbano bonaerense. Allí se asentó el éxito en las urnas el año pasado para que Alberto Fernández llegue a la presidencia y Axel Kicillof a la gobernación.
La multitud que se reunió el martes pasado en la plaza del Congreso para pedir justicia por el asesinato de Fernando Báez Sosa puso de relieve, una vez más, el drama de la inseguridad que se vive en la provincia de Buenos Aires desde hace muchos años. Entre los miles de asistentes conmovidos por el brutal crimen de Villa Gesell, muchos de ellos llevaron sus reclamos por casos particulares.
La cuestión es más profunda. En los últimos días se le ha dado mucha difusión a la tensión política entre los intendentes del conurbano y el gobierno de Axel Kicillof. Sin embargo, más allá de que existan ciertos alcaldes disconformes, para entender esta y otras situaciones hay que ir más lejos.
"En el peronismo somos así, cuando estamos afuera del poder tendemos a la unidad, cuando volvemos, se agrandan las diferencias internas", la descripción de un histórico pero vigente dirigente del peronismo bonaerense alcanza para describir este momento en el oficialismo nacional y provincial.
El título de esta nota no es antojadizo. Se remite a una serie de congresos sobre el abordaje de la nocturnidad y sus consecuencias, hoy exaltadas públicamente a raíz del asesinato de un joven en Villa Gesell tras una feroz y letal golpiza.
Las tensiones esgrimidas durante este tiempo para poder avanzar en la aprobación de la Ley Impositiva bonaerense sirvieron, sirven y servirán para tener proyecciones de cómo será la relación del gobernador Axel Kicillof con su propio espacio político, pero también con la oposición, dominada por sus propias internas para capturar la representación del sello que, aseguran, tiene más de un tercio de apoyo en el territorio.

