Luis Majul

A Milei le está yendo muy bien. A pesar de todo. A pesar de la fuerte señal de alerta que recibió el martes pasado, con la multitudinaria marcha en apoyo a las universidades públicas. A pesar del tremendo ajuste a puro golpe de motosierra y licuadora que le viene aplicando a toda la economía desde el mismo día en que asumió.

Contra todos los pronósticos de los analistas clásicos, incluido el del delirante de Pepe Albistur quien, pochoclo en mano, pareció apostar a la caída del gobierno, los números de adhesión a Javier Milei, en el medio de la Semana Santa, siguen muy altos. Demasiado, teniendo en cuenta el inédito ajuste que impulsa desde que asumió. 

Montado en datos duros como la desaceleración de la inflación, la estabilidad del tipo de cambio y la baja del riesgo país, el presidente Javier Milei parece más optimista que nunca. De hecho, se dio el gusto, horas después de que Victoria Villarruel lo denominara "pobre jamoncito" y poco antes de la conmemoración del Día de la Memoria y la Justicia, de asistir al Gran Rex para ver a un imitador de Sandro, y cantar junto a parte del público "Dame Fuego". 

¿Qué tiene Milei en la cabeza? ¿Por qué toma decisiones tan difíciles de entender para los analistas clásicos? ¿Qué lo llevó a atacar, durante casi una semana entera, a una figura popular, pero sin relevancia política, como Lali Espósito? 

Más allá de si se apoyará o no el acuerdo del gobierno con el FMI, lo que se está discutiendo en la oposición, de cara a 2023, no es solo la candidatura a presidente de la Nación, sino algo todavía más relevante: cómo y para qué volver. En la respuesta a esas dos preguntas está implícita la principal diferencia entre los máximos referentes de Pro en Juntos: el expresidente Mauricio Macri y el jefe de gobierno de la ciudad, Horacio Rodríguez Larreta. 

A los peronistas críticos de Cristina no les disgusta la interpretación de que a la sociedad le molesta que “desaparezca” en los momentos difíciles, como las derrotas, la masacre de Once o la pandemia  

Los números que Juntos manejaba al cierre de la campaña le otorgaban un “empate técnico” con el Frente de Todos

El oficialismo pone al tope de las listas a candidatos aparentemente moderados y cuela detrás a los más ideologizados; esconder lo “peor” tras lo “digerible” es la receta

El foco está en la provincia de Buenos Aires; el Frente de Todos pondrá como cabeza de lista al más “moderado” o al menos piantavotos

Un cóctel explosivo de impericia, negligencia y procrastinación, por un lado, y ambición desmedida, malicia y falta de transparencia, por el otro, en la base de una deficiente administración

La reacción de la vicepresidenta ante el fallo de la Corte, aunque estruendosa, evidencia cierto infantilismo y debilidad política

Hay dirigentes del oficialismo que parecen vivir como si la pandemia no existiese, con una agenda propia y fuera de contexto, tratando de imponer sus deseos

Solo una anomalía institucional o un "golpe no tradicional" podrían ayudar a la vicepresidenta a salir del laberinto judicial en el que se encuentra. Un año y nueve meses después de haber ungido a Alberto Fernández candidato a presidente, ella todavía le reprocha "falta de voluntad política" para ayudarla a lograr su impunidad. Más: Cristina se siente, en este aspecto en particular, profundamente defraudada por su compañero de fórmula.

Máximo Kirchner es uno de los dirigentes argentinos con peor imagen. Compite en el podio de los que poseen mayor nivel de rechazo con Amado Boudou, Juan Grabois y Hugo Moyano.

La máquina de humo del Gobierno se rompió. Las cortinas de humo que intentó fabricar para tapar la pésima gestión de la pandemia y de la economía y el brutal ajuste que se vio obligado a implementar ya no funcionan.

Algo se rompió entre el Presidente y la vice después de la carta que la vicepresidenta publicó para recordar los diez años de la muerte de su esposo. Algo que, según el testimonio de dos hombres de confianza que responden a Alberto Fernández, será, por lo menos durante las próximas semanas, muy difícil de arreglar.

La idea de Cristina de correrse de la candidatura presidencial para evitar la derrota en segunda vuelta fue brillante, si se analiza de acuerdo con el resultado de las últimas elecciones.

A diferencia de Alberto, Cristina es determinada. Muy determinada. Sabe lo que quiere. Y cómo conseguirlo. Además, posee una mirada sobre el futuro.

 

Cuando la vicepresidenta avanza, el Gobierno, pero también el país, retrocede varios casilleros. Sucede lo mismo a la inversa: cuando Cristina retrocede o no se puede salir con la suya, las cuestiones del Gobierno y el país avanzan.

 

La importancia simbólica del banderazo contra a expropiación de Vicentin es enorme. No se debe medir por el nivel cuantitativo de la convocatoria que, por cierto, no fue menor, y abarcó no solo el epicentro en la localidad santafecina de Avellaneda -donde está la sede de la empresa- sino también otros puntos del país. Sí por el mensaje: potente, coherente, profundo: no a la expropiación; sí a la libertad y el respeto por lo que supimos construir los argentinos con trabajo y durante años.

 

La pandemia lo provocó. Y el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Fernández lo hizo. La Argentina se "feudalizó".

 

A la pandemia el jefe del Estado suma la crisis económica y la conflictiva relación con Cristina

 

Esto recién empieza y suponer que "estamos ganando" sería un gravísimo error

 

El Presidente viene corriendo a la realidad desde atrás, y todavía no la alcanza. Es lógico. Arrancó con desventaja: la mayoría de sus votos son prestados, la dirigente que lo ungió lo presiona para obtener su completa impunidad y una parte de los argentinos lo considera, según las encuestas, "poco confiable".

 

El nuevo presidente se asemeja al Néstor Kirchner que inició su mandato en 2003, aunque también tiene puntos en común con Raúl Alfonsín y hasta el propio Macri

Top