Roberto García

Viaja hoy Javier Milei a una cita repetida para hablar en Naciones Unidas, de rutina anual, que encubre otro propósito: evitar la continuidad de una Puerta Doce —en recuerdo de un trágico amontonamiento en la cancha de River a la salida del estadio— que ha masacrado reservas y elevó el tipo de cambio a niveles inesperados para el gobierno. Se acabó el dólar barato. En parte, al menos. 

El presidente perdió la administración de “la calle”, que hasta hace poco controlaba Patricia Bullrich, por convocatorias de colmenas de distintas familias, abejas de la Universidad, de la Salud, de la Educación, de los gremios. Era lo que nunca se debe perder en el gobierno, según el manual del finado Néstor Kirchner.

El equipo económico reflexiona: no solo por el dólar, los precios y el riesgo país. También el clan incluyó en sus meditaciones el malogrado tema de la comunicación. Un fracaso para sus intereses, esa asignatura parece menos resuelta que el secreto de las Pirámides, aunque sea manejada por otros expertos imberbes que suelen repetir una consigna: gracias a las redes y a nosotros, Javier Milei llegó a la Presidencia.

A los dos les faltan dólares y, en forma independiente, será difícil que los consigan. Si Kicillof se atreve a desafiar a La Cámpora y al cristinismo con una entrevista de ese tipo, cuál sería la razón por la cual Milei no podría encuadrar a los suyos.

Un mundo atento a lo que esta noche se conozca de las elecciones bonaerenses, inquieto en parte por lo que mañana se produzca en los mercados a partir de los resultados. Nunca el latiguillo “es la economía, estúpido” tuvo más relevancia. ¿Rige o no en esta ocasión? Esa es la pregunta, ya que la porfía parece un limitado e insensato desafío geográfico a la marcha de un proceso económico que, para el Gobierno, es correcto por la disminución del gasto público, el logro del superávit fiscal y la baja inflacionaria. 

Perdió Milei. Extravió la ilusión, un símbolo, cierta pretensión futura. Se le perdió el unicornio azul del 2027: la reelección sin contrincantes, la falta de opositores, la alternativa de 4 años más de gobierno con la que soñaba y se jactaba hasta hace dos meses: la perennidad cultural de La Libertad Avanza. 

La viuda de Kirchner fue terminante hace tres días desde su lugar en el mundo, en la calle San José: “Esto es el 2001”. Piensa igual que Eduardo Duhalde, quien –hace una quincena– invitó a Enrique “Coti” Nosiglia para enfrentar la actual crisis, como en 2001, reeditando la asociación política entre él y Raúl Alfonsín, un acuerdo o contubernio que le permitió acceder a la Casa Rosada luego de desalojar a Fernando de la Rúa. Como es hábito, 72 horas más tarde Duhalde presentó un nuevo libro con sus aportes institucionales a la patria, refrescando la teoría de que el entendimiento entre la Unión Cívica Radical y el Partido Justicialista entonces había salvado al país. Sobre todo, a los que ahorraban en dólares. 

Nadie pensó hace un año y medio, al depositar el voto a favor de Javier Milei, que en tan poco tiempo su favorito aparecería enlodado por temas de corrupción. Ni el mismo candidato, ni siquiera la oposición. Aterrizaba en la Casa Rosada por dos razones: para dar vuelta como una media la insolvente y anémica economía, también para pasarle un trapo de lavandina a una tradición de diversos cohechos en el país, monumentales en la administración de los Kirchner simbolizados con un señor con una ametralladora que tiraba seis millones de dólares por encima de una pared. Y una presidenta hoy presa por fortunas incalculables

En el armado de la lista de aspirantes a Diputados en la Provincia de Buenos Aires, se entregó a los sindicalistas y bloqueó cualquier alternativa de representación a los intendentes. 

La frase publicitaria “Nunca más”, utilizada hoy por el mileísmo como bandera contra el reservorio kirchnerista en la provincia de Buenos Aires, fue en verdad un silencioso y previo “Nunca más” contra Mauricio Macri y aquellos que lo rodeaban (Miguel Pichetto, por ejemplo). Tuvo éxito: no hubo necesidad de vitalizar la apelación histórica y emblemática para deshacer el esqueleto del ingeniero boquense, aunque todavía resiste la columna de Capital Federal.

Javier Milei decidió dejar de insultar por un pedido de su hermana Karina. Toto Caputo está nervioso y debe preocuparse por no encallar. Cristina Kirchner conspira en su prisión de 6 ambientes. 

Apareció el predicador evangélico Jorge Ledesma, quien recibió a Javier Milei hace una semana para inaugurar un gigantesco templo en Resistencia, Chaco. Después de siete elecciones consecutivas, es la primera vez que la UCR irá sin la compañía del PRO a las elecciones. 

No podía faltar la frutilla de la interna peronista en la provincia de Buenos Aires. En una semana cargada de mamporros sueltos, perdidos (Emilio Monzó versus Facundo Manes en la presunta coalición del centro), la multiplicación de agravios y provocaciones femeninas en la Cámara de Diputados contra un José Luis Espert con sangre de horchata, que no se crispa ni con el aroma embriagador de los excrementos arrojados sobre su casa, se desató la escandalosa guerra entre Axel Kicillof versus Cristina y su hijo Máximo.

Tanto Manes como Monzó, en su empresa electoral, todavía sin nombre y sin partido, pretenden aglutinar otras voluntades sueltas, razonables, de Schiaretti a Randazzo. Sin olvidar a un Miguel Pichetto con escaso entusiasmo porque aún le quedan dos años de servicio en la Cámara. 

Ni siquiera lo invitaron, aunque lo quieren adentro. Hubo una excusa: el encuentro era para agrupaciones vinculadas al peronismo, para integrar un frente desde el 9 de julio en las próximas elecciones de septiembre y octubre. No se trataba de convites personales, aclararon los organizadores. No es la primera vez que la burocracia del PJ descarta a Axel Kicillof, quien a esta altura sospecha que la madre y el hijo ni se preocupan por tenerlo en cuenta.

Justificación para la firma del pacto: elección binaria. Afuera quedan los términos medios o las avenidas del centro. Todavía la pugna será entre Cristina Fernández de Kirchner y Javier Milei. 

Cuando baje la espuma de la prisión domiciliaria y las porfías del papanatismo argentino, las agencias de turismo adaptarán itinerarios y sus buses pasarán por San José 1100, para observar el departamento-presidio de quien fuera exmandataria. Se agregará a Casa Rosada, Caminito, la tumba de Gardel o el Obelisco. Es más, si se organizan, tal vez hasta puedan combinar con la condenada un horario de observación. 

Cristina estima que desde su celda de varias habitaciones será la prenda de unidad del peronismo, una forma de continuar como líder e imponer condiciones en la agrupación: desde preeminencias para su hijo Máximo al dedazo de candidatos para las próximas elecciones. 

Como exmandataria y promotora de manifestaciones, Cristina Kirchner se piensa que es presa política cuando, en rigor, es una política presa. Y se ha convertido en prisionera por obra propia y cierta desidia e incapacidad. Además viene el decomiso de bienes. 

El acontecimiento del fallo de la Corte, un cataclismo político, en la interna de los letrados y especialistas, quizás la obligue a Cristina reflexionar. 

Viene un tránsito penoso para la dama: casi nadie se ha preparado para el presidio. A partir de la decisión de la Corte, las primeras jornadas para Cristina pueden ser complicadas, aun si logra ir a alcaidía antes de que le acepten su destino hogareño. Y seguirán cuadernos y pacto con Irán. Sobre llovido, inundado. 

Hubo una confusión informativa sobre el motivo que determinó la presencia de Luis “Toto” Caputo en el Gobierno de Milei como ministro de Economía. Dicen que el Presidente le pidió que lo acompañara “en la misión” porque se lo había sugerido Dios. Y que la creyente esposa de Caputo, Jimena, confirmó esa propuesta al marido porque a ella también “Las Fuerzas del Cielo” le habían advertido lo mismo. Dicho y hecho, el Toto –un Trifón que asimila raudo los consejos de la consorte– aceptó. Como todos los maridos. 

Al menos para su divisa violeta en la provincia de Buenos Aires, considerada bisagra para decisiones políticas y económicas posteriores. 

Dijo ella: “Si se tiene que romper, que se rompa. Quizás luego empiece otra historia”.
Dijo él: “Si se tiene que romper, que se rompa. Quizás luego empiece otra historia”. 

En la Casa de Gobierno debaten enviar a la parrilla legislativa las reformas estructurales comprometidas con el FMI. 

Lo dijo Elisa Carrió esta semana en relación con Milei y su equipo: hay un después, no solo celestial. Más cercano, tangible. Una forma de advertir que ciertas exageraciones del oficialismo luego se pagan. En tribunales, donde ya se iniciaron causas, y también en la calle con adherentes fanáticos que más tarde se olvidan de su propia historia.

Este domingo, sin necesidad y por la bagatela de un comicio inesperado, el presidente se probará ante la audiencia porteña como protagonista. Predomina el capricho de voltear la estatua capitalina de Mauricio Macri más que por vencer a un sui generis Leandro Santoro. 

Finalmente, Javier Milei se equivocó. Y no le debe causar gracia: todavía los medios convencionales de prensa se imponen al mundo de las redes sociales, el agónico periodismo del rumoreo (los ensobrados para el Presidente) persuadió a la población más que los mensajes oficiales y oficiosos vertidos en X o en Facebook, de pobre argumentación y nulidad informativa. Así se confirmó insólitamente “una versión de una versión” (algo así como “me dijo alguien que se encontró con otro que estuvo en una reunión, pero no brinda su nombre”) que en la tapa publicó Clarín y otras expresiones hegemónicas, sin fuentes ni firmas, sobre la existencia de un pacto secreto, quizás espurio, entre el Presidente y Cristina Fernández de Kirchner a través del boyante misionero Carlos Rovira –patrón de los dos senadores clave que bloquearon la eventual norma– para voltear el proyecto de ley de la “Ficha Limpia” el pasado miércoles en la Cámara Alta. 

La expresidenta del PRO plantea a Macri que deshaga el partido que el mismo fundó. Al mismo tiempo, plantea una limitación junto a la sugerencia: bajo ninguna circunstancia su inscripción de socio debe apoyarse en restricciones, nada de “apoyo, pero”. 

Mauricio Macri descendió a hacer campaña por Silvia Lospennato, reunirse con jóvenes, recibir dirigentes del interior y plagiar la metodología oficialista: denunciar como gente sin valores, con precio en sus cabezas, a los que se pasaron a otro partido (caso del intendente de Tres de Febrero, Diego Valenzuela). En previsión de otras deserciones, Santilli o Montenegro, por ejemplo. También comentó que bajo la administración Milei no han bajado los índices de corrupción, por el contrario, y aludió a registros internacionales.

Parece que no se lo puede mirar a los ojos, como a un monarca del continente siempre olvidado. El asesor mayúsculo, justo él, se vuelve intimidante cuando domina servicios de inteligencia, clanes, fondos y áreas clave del Gobierno. Penosa actitud. 

Se renuevan los problemas terrenales después de las exequias de Francisco, admitido en el Cielo por un despliegue monumental de las comunicaciones que lo convirtió de un día para el otro en el “bueno” de la historia universal y con más de un millón de amigos, como entonaba Roberto Carlos. En particular en la Argentina, el país del éxito con la muerte, necrofilia más acentuada que en México.

El papa argentino perdió el sueño durante los primeros 33 días de mandato, hasta la jornada en que superó la duración de Juan Pablo I, muerto luego de un tecito sospechoso que le acercaron las monjitas de turno. 

Doble desafío para la familia Milei. Política la porfía, un adelanto de otros comicios. La competencia por un certamen electoral Clase D, el próximo 18 de mayo, en la Capital Federal, por bancas de legisladores porteños antes conocidos como ediles o concejales. Decidió Javier hacer campaña por su vocero-candidato Manuel Adorni y, en particular, en defensa de la estrategia sectaria de su hermana Karina, quien armó una lista bajo la batuta de Darío Waserman, vicepresidente del Banco Nación y esposo de la diputada Pilar Ramírez, en cuyo departamento de Palermo se eligieron los postulantes.

Ella intentaba imponer comicios bonaerenses concurrentes junto a su hijo Máximo y la insolente Cámpora. Pero Kicillof se encumbró como futura figura peronista para 2027 por tocarle tímidamente la oreja a quien lo amamantó. Además, el regreso del ex ministro de Economía a las luminarias escénicas. 

Para muchos, un piletazo. Semejante al de Charly García cuando embocó una piscina desde un noveno piso. Final feliz, de carambola quizás. Otros sostienen que era un razonable epílogo –anticipado, pero previsto– de la denominada parte tres del programa económico, ya definitivamente reconocido como obra de la consultora de Luis Caputo, ideado –entre otros– por Federico Furiase, Felipe Núñez y Martín Vauthier. Como si Javier Milei lo hubiese comprado llave en mano. 

"Te dimos la oportunidad de ser gobernador y antes de ser un ministro", sostienen madre e hijo con el coro camporista. "Sí —replica Kicillof—, pero nunca vi a ninguno de los dos ni de la agrupación en el asiento de atrás del Clio". Deudas pendientes, reproches y el comienzo quizás de una batalla mediática y judicial con denuncias ciertas, arteras o fakes. 

Debe ser la primera vez que a Karina Milei no le cargan la romana. Está exenta de pagar la cuenta por la oficial tropelía jurídica de imponer dos jueces en la Corte Suprema por medio de un decreto. La mujer esta vez se salvó del compromiso, ya que le atribuyen todos los desaciertos del Gobierno para no responsabilizar al Presidente, como si Javier fuese el loco rey Jorge III de Gran Bretaña, un monarca considerado lunático que solo padecía porfiria y al que la Historia recuerda como un extraviado a pesar de que su largo mandato fue uno de los mejores. Sea porque amplió los dominios británicos, lideró años de prosperidad y venció a Napoleón (aunque no pudo, en cambio, contener la independencia de las colonias norteamericanas). 

De acuerdo a las encuestas, claro. Ni siquiera son testeados. Tampoco eran conocidos cuando fueron votados y, menos, cuando abandonan el cargo: son la representación partidaria de una élite menor, los ediles en el pasado, el descarte (o la iniciación, tal vez), para participar en un torneo vecinal, lejos de las ligas mayores. 

Intratable la hebdomadaria. Así definen su conducta aquellos que la visitan, sin advertir que hace 48 horas el diagnóstico empeoró: hasta se desconectó en las redes de Javier Milei, lo bloqueó, no quiere escucharlo más, ejercicio semanal en el que se deleitaba como el mismo Presidente. Fin al mensaje burlón va y, cada tanto, otro mensaje semejante viene. Es que hace 48 horas se espesó el ambiente Kirchner cuando el gobierno Trump la inhabilitó para ingresar a los Estados Unidos (también a sus dos hijos) y la Cámara de Casación, le rechazó una apelación, y la dejó como obsequio a la Corte Suprema para que la condene a prisión domiciliaria, con una pulsera en el tobillo que no se vende en Tiffany’s. Mal momento para Cristina Fernández de Kirchner, quien al menos no imagina que el tribunal tome una decisión en su contra antes de las elecciones. Supone que los cuatro máximos magistrados de hoy se ciñen más a la Política que al Derecho. Habrá que ver. 

Funciona el personaje como si fuera Rufus, apelativo que no le disgusta, un sobreviviente del Apocalipsis zombie en el mundo del cómic. Al menos tiene buen humor Manuel García-Mansilla, integrante de la Corte Suprema por decreto, temporal (nadie sabe si dura 72 horas o hasta fines de noviembre), quien actúa como si se fuera a quedar dos décadas en ese tribunal, el límite de edad permitido para un ministro hoy de 55 años. Ha armado ya un equipo judicial con gente del Palacio de Justicia, firma resoluciones –la cátedra sostiene que son válidas–, y parece desentenderse de un proceso que depende de dos mujeres: el transitorio, corresponde a Victoria Villarruel, quien determinará cuándo convoca al Senado y trata su designación y, el más duradero de Cristina de Kirchner, quien dispone de suficientes senadores para expulsarlo o confirmarlo en el tribunal.  

Si Juan Román Riquelme, titular de Boca Juniors, presidiera la Argentina en lugar de Javier Milei, podría designar por decreto a sus amigos en la Corte. Por tiempo determinado, claro, con vencimiento a fines de noviembre; y, después de ese plazo, renovar el decreto mientras dure su gestión con las mismas designaciones hasta 2028.

Hace apenas menos de un mes parecía luminoso y sin nubes el primer aniversario de Javier Milei en el Gobierno. Sea por el cambio climático o alguna otra razón, ese espléndido pronóstico se complicó para la cita de anoche del Presidente en el Congreso de la Nación. Hubo desprendimiento de rocas de la montaña financiera, caída de acciones y bonos, preocupación por baja de reservas y el riesgo país: se mojaron los fuegos artificiales.

Bastante raro el proceso de pulpo que afecta al mandatario, explicado por él mismo ante un auditorio internacional. Sus brazos y ventosas se han desplegado y complicado por distintas áreas de la Justicia. 

Aparecen las faltas de ortografía. Narrar no es escribir. Desde la pifia acomodaticia de nominar empresarios como embajadores alternos para mejorar las ventas argentinas en el exterior a la antropofagia interna contra fundadores del mileísmo (Ramiro Marra) u otros incorporados en su esplendor (Rodolfo Barra). Igual que en otros gobiernos, pero con mayor perversidad vengativa. Ninguna cortesía.

Ya nadie considera que Mauricio Macri se vaya a presentar como candidato en la próxima elección capitalina, salvo aquellos con un encefalograma liso. 

Enredado en la porfía con Nicolas Maduro y su régimen por el suboficial argentino encarcelado en Caracas, espía o no espía, Javier Milei y menos la Cancillería argentina parecen advertir otra amenazante contingencia vecinal: el próximo gobierno uruguayo del canario (nacido en Canelones) Yamandu Orsi y la exintendente de Montevideo Carolina Cosse. Tal vez no se trate de una simple transición institucional la llegada de esta coalición al poder en la que sectores de izquierda constituyen una fuerza determinante. Y nostálgica.

No esperaba Macri esa propuesta terminante, todavía rumiaba por los rincones el “mal trato” que percibía su agrupación y él mismo por parte del Presidente. 

Comenzaron los algoritmos en los laboratorios electorales: hasta imaginan a Cristina de Kirchner candidata a senadora en la Capital Federal, siempre y cuando La libertad Avanza y el PRO no lleguen a un acuerdo previo a los comicios. Podría filtrarse en territorio hostil por esa grieta entre las dos agrupaciones hoy dominantes en el distrito porteño. Un riesgo.

La funcionaria utiliza un procedimiento lícito y respetable en la política, captura voluntades que antes pertenecían a un socio o a un jefe, Mauricio Macri en el caso de ella, y hurta más votos para nutrir el vínculo personal con Javier Milei.  

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