Roberto García

Otra hubiera sido la historia argentina si el gobierno de Raúl Alfonsín no perdía por un voto en el Senado la “ley Mucci” (reordenamiento laboral). Así pensaba no solo el jefe radical al concluir su mandato, por haber fracasado en torcer la voluntad a una mayoría peronista en la Cámara, en particular a un Sapag que integraba una familia acostumbrada en Neuquén a convencer rivales para continuar años en el poder. Al revés de Alfonsín ocurrió lo de Javier Milei, quien a pesar de una densa mayoría peronista en contra en el Senado, por un solo voto logró imponer una ley troncal para su administración: la ley Bases.

Mayday o SOS en los partidos políticos. Este lunes, alarma en la cumbre del Partido Justicialista, sucursal provincia de Buenos Aires, con la convocatoria de Máximo Kirchner a su madre, Cristina, al gobernador Axel Kicillof y a Sergio Massa, quien abortó un viaje al exterior para concurrir (aunque muchos suponen que es el autor intelectual del encuentro). La emergencia no parece provocada por deseos amistosos, en todo caso se reúnen por el miedo, cierto o supuesto, que les provoca Javier Milei a perder en el ámbito bonaerense a pesar de que todavía carece de un candidato firme para las elecciones de medio término de 2025.

Según un exdelegado de Argentina ante el FMI, es difícil que el organismo se allane a cederle plata nueva al gobierno de Javier Milei, a pesar de Donald Trump. El término “devaluación” irrita a Milei & Cía, mientras Cavallo y Dujovne reclaman salir del cepo rápido. 

Uno queda en falta cuando llega tarde a una cita y debe justificar el retraso. Ni hablar del daño en contra cuando trata de aclarar razones por un pecado. Pero la Iglesia perdona. Al revés de las mujeres, la Justicia o la opinión pública, jamás olvidan.

El Presidente faltó a la celebración con el ministro Luis Caputo por enojos personales, mientras objeta el jugo que históricamente los empresarios del sector le sacaron al Estado con aranceles privilegiados y beneficios de todo tipo. 

Con cierta ligereza, tal vez, se compara el pleito de Javier Milei con Victoria Villarruel, con añosos episodios del pasado: De la Rúa-Chacho Álvarez, Alfonsín-Martínez, Frondizi-Gómez, Menem-Duhalde, Kirchner-Scioli. El racconto de esos litigios institucionales involucraron a un hombre contra otro, en este caso la curiosidad implica a una mujer. En realidad a dos damas. Parece una obviedad del periodista el descubrimiento, pero es novedosa la porfía de un sexo contra otro y la incorporación de otro componente en esa riña: la participación de la hermana presidencial, Karina.

Parece que Milei empieza a colorear en sus actos internacionales una de las más acertadas miradas de política internacional. Los éxitos del libertario demandan contemplación a una parte del mundo que objeta por la filosofía woke. 

Cierra con bailecito la mejor semana de su breve historia presidencial. Ni él puede creer su coronación en Mar-a-Lago bendecido por Donald Trump, aunque jura que “habrá más semanas exitosas”. Si los números económicos atestiguan una mejora notable en diversos rubros, encabezados por la inflación, el déficit y el riesgo país, también sorprende el ejercicio de un amateur en política como Javier Milei contra avezados profesionales de la oposición: cruzó la ciénaga de la queja universitaria, el trance de Aerolíneas Argentinas, impuso la rigidez del veto y bloqueo los límites que deseaban imponerles a sus DNU. Siempre en minoría absoluta. Todavía le falta el Presupuesto.

Difícil pensar que opte por una alternativa que la prive de la libertad en poco más de dos semanas. Menos con la incertidumbre de la duración del encierro hasta que, quizás, lo repare un tribunal externo o la propia Corte Suprema. 

Tarde o temprano, Mauricio Macri y su cenáculo empiezan a observar que Javier Milei se lleva mejor con Cristina. Análisis objetivo. Al menos, comparten roles definidos, opuestos, uno es de un club diferente al otro pero coincidentes en la misma liga futbolística. Y preservan, claro, un propósito para mantener el supernegocio: los ingresos del público, los socios, el contrato con la tv, continuar en sus conducciones.

Su propio encumbramiento determina un vacío de formaciones, la búsqueda hasta de figuras ajenas en la escena política. No se conoce un perfil en ningún partido tradicional para el 2027. 

Un cambio incómodo: en vez de lucir la carterita de Minnie, ahora Victoria Villarruel debe cargar la bolsa de arena que le obsequió el papa Francisco. Aun si fueran pepitas de oro, el regalo es una complicación para acercarse al círculo rojo de Javier Milei, del cual ha sido expulsada hace tiempo.

Tal vez a Mondino le reprochen, entre otras objeciones, avanzar con lentitud en un propósito del Gobierno cuyo resultado se ignora como el de las elecciones en USA. 

El hombre que pateaba hormigueros parece un título literario. Aunque le calza a Javier Milei como emprendimiento político: pisotea estructuras partidarias y prebendarios en todos los frentes, reniega de hacer excepciones y, si bien todavía lo acecha el viento de fronda sobre una eventual crisis social que lo desborde, nada será igual en el país después de sus diez meses de administración. A favor o en contra, el cambio resulta asombroso. Intenso y veloz.

Siempre se ufana Javier Milei de que nunca antes la Humanidad produjo los cambios que ahora realiza (el ajuste fiscal, por ejemplo), de ahí el propósito histórico de dar vuelta el país hasta culturalmente, como ocurrió con la Revolución Francesa.

Sinónimo de “unidad, unidad, unidad” en el peronismo: tragarse sapos. Es una reconocida traducción histórica. Axel Kicillof recomendó esa conveniencia gastronómica y partidaria hace 48 horas, aplicada a sí mismo en varias oportunidades, luego de sus últimas y caldeadas entrevistas con Cristina de Kirchner.

El Presidente salió a reprender y tildar al diputado de “ignorante” en cuanto medio esté a su alcance. Más discreto, Francisco le ha confesado su hartazgo a quienes lo han visitado en Roma: las declaraciones públicas de Pichetto sobre la Iglesia le provocaron cierto malestar. 

Tal vez el Papa, en estos últimos dos meses, recibió a más argentinos que en cualquier otro período de su gestión en once años. Algunos le atribuyen esta repentina convocatoria a la prometida visita al país, al semblanteo de una situación que puede convertirlo en protagonista de la paz interna o en responsable de una manifiesta divisoria de aguas. Cauteloso el hombre, pregunta. A todos los sectores políticos y hasta judiciales (estuvo más de una vez en estos días con la jueza María Servini).

Radicales, peronistas y la izquierda no pudieron rechazar el veto a la ley de financiamiento universitario. A su vez, el Presidente resistió la presión sin transigir en lo básico: sostener el instrumento del veto para mantener el equilibrio fiscal y no caer en déficit. 

Breve estadía y discurso. Bajo la excusa de enhebrar provincia por provincia al nuevo partido La Libertad Avanza, habló en Santiago del Estero sin la compañía de su hermano, pero invitando a constituir una masa nacional de votos que lo engorde en el Congreso y luego le permita reelegirse en 2027. Aspiraciones semejantes a la de Juan Perón, malogradas con Evita y consagradas más tarde con María Estela Martínez. 

La Secretaria General de la Presidencia habla en Santiago del Estero este fin de semana sin la compañía de su hermano, pero invitando a constituir una masa nacional de votos que lo engorde en el Congreso y luego le permita reelegirse en el 2027. 

Cuatro que serán tres. Con la salida de Maqueda la Corte será un problema para el Gobierno.

Demasiado protagonismo oratorio de Milei no resulta casual: le aconsejaron recuperar la centralidad de la agenda, liderar en los medios, formular anuncios y contagiar esperanza. Es un intento por reponer el favor extraviado en una audiencia general, con deserciones y resignación. 

Hombre de fe, el papa Francisco: fogonea la candidatura de su favorito Juan Grabois como Presidente. Mujer de fe, Cristina Fernández de Kirchner: promueve en su atardecer la aspiración presidencial de su hijo Máximo. Otro hombre de fe, Javier Milei: llegado a la Casa Rosada, según él mismo reconoce, gracias a las diversas Fuerzas del Cielo que persisten en continuar su mandato luego del 2027. Demasiada propensión a la fe en estos referentes que invocan una sucesión natural, la dinastía propia, como si la sanación pasara por una realeza del Conurbano, una elite cartonera, la continuidad de un apellido o la autocelebración de un actor exitoso. Gente espiritual que espera un milagro. 

Se distrajo la sociedad esta semana con la menudencia de la cena mientras la oposición exacerba un miedo ficticio jurando que Milei, gracias a su capacidad de veto, ahora puede convertirse en un Maduro encubierto, de derecha. 

Se reinicia el torneo nacional con miradas torvas en el pesaje, desafíos e insultos (estúpido, lunático), vuelve al ring la diva Cristina por necesidad o deporte. “Yo quería mi lugar en el mundo, pero me arrastra el remolino”, se excusa como si fuera un capo mafioso mintiendo con el retiro. Falso: no puede contra la Naturaleza, contra su naturaleza. Y enfrenta a Milei desde el púlpito, quien esta noche hará estallar la boletería para nuevos matches: replica el Presidente, ella merece algunas líneas por su ofensa a Milton Friedman, por lo menos. Como se llama uno de sus perros. 

Infinito espectáculo la Argentina. Casi sin necesidad de pasar por la boletería. Parecían insuperables las travesuras del Homo eroticus presidencial, Alberto Fernández, duraderas inclusive en la consideración de la colmena local. Pero al gobierno Milei lo asisten Fuerzas del Cielo imprevistas para ocultar eventuales crisis por falta de dólares o aspiraciones para conseguir mayorías legislativas.

La ministra de Seguridad lo logró, podría decir el slogan no iniciado de la propaganda. El presidente ni siquiera transmite consuelo oral a los jubilados. Pero busca controlar su propia ansiedad alimentaria. 

Ejecutivos part time: Macri le reprocha a Milei que solo se consagra a la economía y que, en cambio, debe dedicarse a otros apremios del Gobierno (tarea que, al parecer, no es del  agrado presidencial y se la traslada a un mínimo entorno). Milei, a su vez, le imputa al ingeniero una habitual deserción física de la Argentina y, mientras permanece en el país, se dedica a hobbies diversos, del bridge a los negocios.

El ingeniero boquense imaginaba gentilezas concretas y concesiones por parte de su anfitrión libertario. El desconcierto de Macri se acelera por dilaciones y falta de respuesta a su pretensión en el distrito porteño. 

Editor de la costura, aquí va. Saludos a “grandioso, le vendiste un terreno en la Luna. Te felicito”. Comentario atribuido a Federico Pinedo luego de que, durante la campaña electoral pasada, Patricia Bullrich confesara que había llegado a un acuerdo con Mauricio Macri para no enfrentarlo en 2027 por la candidatura a presidente. “Se lo prometí”, aseguró, como si fuera un juramento inalterable ante el altar mientras Pinedo –quien persiste a su lado como un mellizo– se solazaba con la fantasiosa dama del espacio que vendía lotes en la Luna o en Júpiter. Hombre de la vieja política, tanguero, conocedor del “hoy un juramento, mañana una traición”. Aunque esa infidelidad no está prevista en el castigado género, Patricia es cumplidora. 

El PRO lanzó un comunicado titulado “Este no es el cambio”. Traducción mediante, popular: estoy harto con la espera. La vicepresidenta colocó en la picota a Santiago Caputo como el monje negro de la Casa Rosada. 

Una nube política se avecina esta semana sobre el Gobierno en medio de la seducción morbosa que provoca la impudicia institucional de Alberto Fernández, su mujer Fabiola y el harem de queridas. Por no hablar del negocio de los Seguros. Se mantiene caliente el folletín turco de la pareja, función día y noche, esta semana empiezan a declarar testigos involuntarios y otros, en cambio, sujetos apasionados por los medios: aún quedan por revelar documentales de la dama herida y nuevos testimonios del elenco femenino auditado prolijamente por el expresidente en su mandato, un incurable romántico.

La vicepresidenta no es feliz con el trato que le brindan desde la Casa Rosada, detecta los flechazos que recibe. Y Macri despachó varios elogios sobre ella en su objetivo del 2027. 

Se agrega esta noche un capítulo más al exitoso folletín de la pareja Alberto Fernández-Fabiola Yáñez: ella, gratuitamente se supone o, aceitada por un contrato para mejorar el rating y la magra dieta que a su compañero le corresponde brindarle, expondrá las miserias y golpizas que padeció durante cuatro años y que ya trascendieron a la opinión pública.

Al principio, Fabiola se niega a denunciar esas pruebas y, luego de una reflexión, se decide a contratar un abogado e ir a Tribunales. Alberto, quien se dice derruido, hoy sostiene que se trata de una cuestión de plata. 

Fue Ricardo Balbín quien introdujo la palabra como un torpedo en el gobierno de María Estela de Perón. Denunció entonces un anticipo del posterior golpe militar del 76 al “entorno” de la administración peronista. Una forma sutil del “chino” radical para evitar nombres y apellidos que rodeaban a la mandataria y todo el mundo conocía.

¿Victoria Villarruel acompañará la propuesta del Presidente a favor de que el juez Ariel Lijo se convierta en ministro de la Corte Suprema? Y los operadores financieros con interrogantes a pesar de los avisos y promesas del dúo Luis Caputo y Santiago Bausili.

Inevitable: cualquier jefe de Estado, cuando visita París, se encomienda a Napoleón. Mucho más aquellos tocados por la historia o que, sienten, la historia los ha tocado a ellos. Javier Milei encaja en ese perfil y se agrega para anudar esos criterios una definición crítica de los ingleses sobre la personalidad del corso: “No se puede entender a un hombre tan inmenso y tan maleducado al mismo tiempo”. Comentario repetido que lo acompañó toda su vida al emperador, inclusive hasta su muerte envenenado por la envidia y la pócima de sus vencedores.

"Tres combates tres" en el espectáculo de peleas. Los carteles y el animador anuncian: un semifondo entre Jorge Macri y Horacio Rodríguez Larreta, otro entre Santiago Caputo y Mauricio Macri y, la estelar, el match de Javier Milei contra Victoria Villarruel. Todo por un mismo precio.

Si Javier Milei observa la multitud de mensajes que le llovieron ayer por del Día del Amigo, inevitablemente recordará otros años de cierto vacío o desierto en la mensajería virtual. Unas pocas palomas mensajeras, si uno es generoso, cuando vivía en el Abasto, luego mejorando relaciones en Olivos y, por último, en su casa de Benavídez, en un barrio cerrado. Le cambió la vida el acceso a la política como economista, enfrentar más que otros al kirchnerismo y sus ramas populistas.

Santiago Bausili y Luis Caputo, los compositores de la sinfonía Fase Número 2 del equipo económico para bajar al dólar del trampolín. Asegura Economía que en invierno no crecerá el verde. Un "veranito" de paz y tranquilidad, pero un ciclo en el que nadie trae un billete al país.

Más fácil encontrar agua en el desierto que una cita de Javier Milei sobre un pensador de izquierda. Salvo insultos. En su lista de preferidos abundan los Rothbard, Von Misses, Hayek, Friedman, liberales, ácratas o libertarios y, como es creciente su enumeración, en cada discurso anota uno nuevo. El ultimo: León Walras, un matemático francés de hace 150 años.

Le sobran los aniversarios al peronismo, pueden celebrar tres o cuatro por semana: siempre hay algo para recordar en 80 años de existencia. Una costumbre vinculada al ejercicio militante, señal de vida también. Tanta oferta de efemérides explica la rala presencia en el aniversario de la muerte de Juan Perón, algo de hartazgo quizás en la Catedral esta semana con un recuerdo que no convoca siquiera a los veteranos sin ocupación que aprovechan la jornada para irse de la casa.

Y los tres inmortales, ante ese presunto declive oficialista, evalúan salir del cajón mortuorio para las elecciones del año próximo para el caso de que la Administración Milei tropiece de tumbo en tumbo y culmine en una crisis terminal. 

Diagnóstico erróneo: pasaron doscientos días de Javier Milei y, en lugar de padecer regueros de protesta y batallas sociales o explosiones callejeras, como imaginaban observadores de variada índole, la estabilidad del Gobierno ni se conmovió con esos anunciados acontecimientos. Aún con su ineptitud para enfrentar o consolar sindicatos, organizaciones de pobres que no son pobres, jubilados que se iban a suicidar en masa, indigentes o desocupados en estado revolucionario.

Sin límites la devoción de Javier Milei por Carlos Menem. Hasta se le ocurrió la misma pretensión de ganar el Premio Nobel como estaba en los sueños del riojano, quien al principio de su administración dispuso de una oficina ad hoc en la Casa Rosada para que Carlos Spadone se ocupara del lobby internacional que demandara ese premio. Se perdió ese recuerdo en la memoria de los argentinos: hubo que destapar el arcón de los disparates de aquellos primeros tiempos con inflación descontrolada para rescatar la iniciativa. No anduvo entonces el temerario propósito a pesar de que Menem siempre fue un hombre pacífico y por lo tanto podía merecer la cocarda mejor que Henry Kissinger o Barack Obama, u otros inevitables violentos del Medio Oriente: Arafat y Beguin. 

Si toca una semana en la que Javier Milei no viaje al exterior, tal vez el 9 de Julio se empape el país de celeste y blanco para firmar un consenso político. Más pretencioso su contenido que efectivo, aunque esos actos sirven para hilvanar relaciones entre los actores. El Presidente convoca, no todos habrán de asistir: cada cual tiene su himno interesado para cantar.

Las evidencias: como titular del bloque de senadores de la Unión Cívica Radical, no logró que los once colegas de su partido lo acompañaran en la última votación por la Ley Bases. Ni uno. No pudo convencer a nadie. Insólito. 

El país a las brasas: por un extremo, abundan quienes promueven la necesidad de un plebiscito para galvanizar a Javier Milei y, en la otra punta, con sigilo se arman las sociedades secretas para impulsar una “Gran Duhalde” que arrase la actual administración y elija a un sucesor en el Congreso. Opciones nefastas quizás, delirantes, pero constitucionales: parte de la impaciente costumbre argentina ante el reloj, una insatisfacción constante e histórica. Al margen de las mezquindades y egolatrías que envuelven a los protagonistas. 

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