Joaquín Morales Solá

Ninguna elección se agota en el domingo electoral. Siempre hay secuelas dentro del partido (o el gobierno) que ganó y en la política de sus alrededores. También obliga a los opositores furiosos, el peronismo kirchnerista en este caso, a replantearse la estrategia que habían elegido. Sobre estos últimos, hay un aviso que dar: veremos más pronto que tarde la unidad entre Cristina Kirchner, Axel Kicillof y Sergio Massa en la provincia de Buenos Aires. Ya la señora de Kirchner anticipó que “no rifará la unidad” cuando vio que hasta su otrora detestado adversario Mauricio Macri había perdido en el distrito donde fundó su partido, Pro, y se lanzó a la carrera política que lo llevó a la presidencia de la Nación.

El electorado porteño es el más informado y exigente del país, pero también es el que suele adelantar el ánimo de la sociedad nacional; decidir no ir a votar constituye solo un síntoma de algo más grave: el fastidio social que terminó con Milei en el poder no desapareció 

Los argentinos los prefieren estrafalarios. Gran parte de sus presidentes en los últimos 40 años de democracia fue encarnada por personas (Menem, los Kirchner, Alberto Fernández, Milei ahora) que no coincidieron -ni coincide- con el modelo clásico de un jefe de Estado. La política se balanceó en estos años entre la frivolidad y la ambición hegemónica, entre la deshonestidad para administrar los recursos públicos y la propensión a agredir al otro. La normalidad resulta ya una anomalía en el país.

Al igual que Cristina Kirchner en 2011, Milei optó por odiar antes que por hacer una buena política; Macri nunca imaginó que lo destratara de esa manera 

Tarde o temprano, el Presidente deberá responder por su falta de respeto a las buenas formas de la política, porque estas son las formas de la democracia 

El lunes, los argentinos amanecerán sin cepo para la compra de dólares. Entonces se verá si el síndrome de abstinencia de la moneda norteamericana (el bien más preciado de todo argentino que se precie de tal) es más grande que la confianza en el gobierno de Javier Milei o si, en cambio, sucederá al revés y el precio del dólar se mantendrá en los niveles del viernes, como prevén varios economistas. Cuando el Presidente venía de remar contra la desventura y la fragilidad (creación de una comisión legislativa investigadora del escándalo de la criptomoneda $LIBRA y una inflación que pegó un significativo brinco), el Fondo Monetario lo rescató de la peligrosa marisma en la que chapoteaba.

El peronismo es una criatura con idéntica capacidad para pelearse y para pelear; le infligió a Javier Milei la segunda derrota en el Congreso en menos de una semana 

Con algunas excepciones, el Senado demostró que forma parte de la decadencia política argentina. No por lo que decidió, que es su derecho, sino por los disparates que se escucharon de boca de algunos senadores. Ese tiempo crepuscular en el Congreso no pudo evitar, con todo, que el gobierno de Javier Milei recibiera la más importante derrota política desde que accedió al poder. La desventura siempre tiene compañía: las políticas de Donald Trump enloquecieron la economía y las finanzas internacionales. Las malas consecuencias para el país son predecibles.

El Presidente decidió hacer un viaje no previsto para visitar a Donald Trump en su residencia privada; ni siquiera estará en el país cuando el Senado se reúna para resolver la suerte de Lijo y García-Mansilla 

Jorge Macri será recordado por haber convertido una elección local en la batalla preliminar del gran combate electoral de este año, que serán las elecciones legislativas de octubre. Si bien se esperaba una elección simbólicamente importante en la Capital porque en octubre se elegirán senadores nacionales, además de los diputados nacionales, el adelantamiento de los comicios locales para el 18 de mayo (se elegirá solo a los miembros de la Legislatura de la Capital) anticipó dramáticamente las expectativas electorales. “Las elecciones locales serán el pronóstico de octubre”, dice un reconocido encuestador, aunque esa aseveración puede ser relativa.

El sistema acusatorio le quitará poder a Lijo y a sus colegas de Comodoro Py, y se lo transferirá a los fiscales federales, que deberán poner la cara y el pecho ante la opinión pública 

Los barrabravas no bailan solos. La serenidad del último miércoles en las cercanías del Congreso se debió a que los verdaderos instigadores de la violencia pasada habían sido expuestos por Patricia Bullrich. Fueron varios intendentes peronistas del áspero conurbano bonaerense los que movilizaron en la sombra a los autores del salvajismo. “Los barrabravas, los delincuentes y hasta empleados municipales fueron financiados por el PJ de la provincia para destruir todo lo que tuvieron a mano”, avanzó un alto funcionario oficial. La violencia de aquel miércoles de hace diez días fue “una decisión política del PJ”, abundó. Conspiración puede haber (¿no la hubo, acaso, contra Fernando de la Rúa?), pero esos caudillejos detestan que sus conjuras conozcan la luz pública.

Fueron postales de una sociedad anómica, sin ley ni orden. Nadie estuvo en su lugar. Nadie hizo las cosas como deben hacerse. Una protesta de jubilados fue siempre una protesta pacífica. ¿Quién vio a un jubilado tirar piedras o incendiar autos? Pero en la tarde del miércoles último, ingrato y sorpresivo, se les unieron a los jubilados una mezcla de barrabravas y de otros delincuentes, según una denuncia pública del gobierno de la Capital.

Existen todavía instancias que no aceptan la opción de Milei entre la guerra o la sumisión, aun cuando muchos elijan la obsecuencia 

El problema real de Milei tras el escándalo de la criptomoneda está en las revelaciones que pueda hacer la justicia norteamericana, más rápida y eficaz que la argentina 

Prefirió inaugurar su campaña electoral para los comicios de octubre próximo en lugar de abrir las sesiones ordinarias del Congreso. El presidente Javier Milei gastó gran parte de su oración de la víspera en una hagiografía hiperbólica de su gestión y en prometer que cambiará la composición del Congreso. Muchas de las cosas que dijo son ciertas, pero casi todos los anuncios ya los había hecho. Agresivo por momentos, y parafraseando a Churchill sin nombrar a Churchill, solo sobrevoló, sin embargo, la extraordinaria crisis institucional que desató hace pocos días cuando nombró por decreto a dos jueces de la Corte Suprema. 

Con tres miembros y divididos en una pelea interna, el máximo tribunal estará obligado a consensuar sus fallos 

Un dirigente de Pro con acceso a la Casa de Gobierno le advirtió al entorno presidencial que el riesgo de ir separados es un probable triunfo de la exvice en la provincia de Buenos Aires 

El Presidente redobló sus planteos en el Foro de Davos con un discurso extremo para la “batalla cultural”; a veces terco, pero sabe dónde están sus intereses políticos 

¿Cómo podría la expresidenta apoyar a un candidato del Gobierno a juez de la Corte Suprema cuando esos mismos gobernantes envían al Congreso una ley para expulsarla a ella de la competencia política? 

Las coaliciones necesitan de un clima propicio previo y precisan, también, de negociaciones para elaborar un programa común. Javier Milei y Mauricio Macri están muy lejos de cumplir con esas condiciones básicas de un acuerdo electoral. Sin embargo, los dos han dicho públicamente que quieren estar unidos en la competencia electoral de dentro de nueve meses.

Los últimos días se parecieron a un curioso paseo por la paradoja. El lunes, el cuestionado nuevo director de la Dirección General Impositiva (DGI), Andrés Vázquez, con más pasado en el kirchnerismo que presente en el mileísmo, hizo circular la versión de que el gobierno de Mauricio Macri había protegido en la entonces AFIP a unas 50 personas y empresas intensamente vinculadas a los Kirchner. Fue una ofensa a la historia porque calumniaban directamente a Alberto Abad, quien fue el primer director de la principal agencia recaudadora del Estado argentino (ahora se llama ARCA).

La última espina en la relación de los libertarios con Pro es una prueba posible de lo que el oficialismo ignora de la historia reciente o del desprecio que dedica a la veracidad de los hechos y a las personas

¿Será Cristina Kirchner candidata a diputada nacional por la provincia de Buenos Aires en las elecciones del próximo octubre? A su lado, aseguran que ella deberá cumplir ese rol para ratificar su liderazgo en el distrito electoral que se convirtió en el suyo. En verdad, su distrito no es Santa Cruz, donde tiene domicilio formal, pero donde quieren muy poco a los Kirchner; su distrito real es la provincia de Buenos Aires, donde ella nació y reside el conglomerado humano más grande y pobre del país (el conurbano) que sigue creyendo mayoritariamente en la expresidenta. El populismo es posible donde prevalecen la necesidad y, muchas veces, el hambre.

No importa qué porcentaje de votos podría tener hoy el partido de Mauricio Macri. Tampoco importa averiguar si un protagonismo propio de la vicepresidenta Victoria Villarruel, en las elecciones legislativas del año próximo podría herir políticamente al gobierno de Javier Milei. Hay solo una pregunta pertinente: ¿para qué pelearse con los que están cerca o, mejor aún, para qué buscar enemigos donde no los hay?  

La única intención era matar un rumor. Un mensaje urgente de la Corte Suprema de Justicia aterrizó el mismo lunes en el despacho del ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona. La decisión de los jueces supremos que reglamentó la designación de conjueces de ese decisivo tribunal no estaba dirigida contra el Gobierno, sino contra la versión que indicaba que el funcionamiento de la Corte era inviable con solo tres miembros. Esa fue la aclaración que recibió Cúneo Libarona.

La persecución (o la posibilidad de cometerla) es una tentación en la que caen casi todos los que acceden al poder; los casos de Vázquez y González confirman que la impunidad sigue beneficiando a la “casta”, intacta e intocable 

La presencia de Javier Milei en el poder tiene muchas explicaciones, pero la más sólida es la que señala que una mayoría social detestaba la sola idea de volver al pasado 

El Presidente pudo con la inflación y con el déficit, en efecto, pero es impotente para dominar su propio temperamento, duro y hostil 

Cuando el senador Edgardo Kueider decidió cruzar la Triple Frontera con Brasil y Paraguay llevando en el auto a su secretaria y 200.000 dólares, que nunca declaró, dejó desnudos e impotentes a todos los legisladores nacionales. Justo pocas horas después el gobierno nacional difundía, sin mayores precisiones, que enviará a las sesiones extraordinarias del Congreso un proyecto para cambiar la interpretación de los fueros parlamentarios.

La política puede entender de estrategias electorales, pero la sociedad está muy lejos de esas permutas entre políticos aparentemente tan distintos 

La aritmética judicial, que no es nunca una ciencia exacta, le indica a Cristina Kirchner que con un poco más de presión al Gobierno podría conseguir una teórica mayoría en la Corte Suprema de Justicia. Si lograra cambiar el nombre del prestigioso académico Manuel García-Mansilla, propuesto ya por Javier Milei, por el de la fanática cristinista María de los Ángeles Sacnun, una exsenadora santafesina que perdió la banca en 2021 podría sumar a esta los nombres de Ricardo Lorenzetti y eventualmente el de Ariel Lijo. Tres contra dos en el tribunal más decisivo del país, que está integrado por cinco jueces. Habrá que ver después qué harán Lorenzetti y Lijo, si este llegara a una de las poltronas más empinadas de la Justicia. 

La firma de la senadora Corpacci, leal a Cristina Kirchner, confirma la negociación entre Milei y la expresidenta por la candidatura del juez federal a la Corte 

Javier Milei activó premeditadamente la crisis institucional más importante que puede suceder en una república: el enfrentamiento directo entre el Presidente y su vicepresidente (vicepresidenta, en este caso). Aunque el mileísmo lo niegue con unánime insistencia, lo cierto es que el jefe del Estado está obsesionado con algunas encuestas que muestran a Victoria Villarruel con iguales o mejores índices de popularidad que el propio Milei. ¿Celos porque seduce a la opinión pública? Sí.

El Presidente fue diferente en el G20, como se lo proponía, pero sin romper; en San Miguel, el eterno péndulo de la política argentina se movió otra vez, de la violencia woke de Cristina a la violencia de la derecha mileísta 

Por fin se supo que Cristina Kirchner se propuso llevarlo al peronismo a la cárcel. ¿Cómo se explicaría, si no, el arrebato de la expresidenta para liderar el Partido Justicialista, con el que nunca se identificó, poco antes de ser condenada a prisión? Una vieja anécdota cuenta que cuando el entonces senador Antonio Cafiero le pidió a ella, también senadora en aquella época, su firma para levantar una estatua en homenaje a Perón, Cristina Kirchner le respondió: “Jamás firmaré nada para honrar a ese viejo traidor”. 

Aturdida por la aplastante victoria de Donald Trump, la cresta mileísta (¿también Javier Milei?) deduce que ese triunfo en el otro extremo de América perpetuará en el poder al actual presidente argentino. Han leído muy poco de historia y carecen de experiencia. En primer lugar, Trump, bueno o malo, será el líder de la primera potencia del mundo y aplicará políticas para su país que beneficiarán o perjudicarán al resto de los países. O podrían beneficiar a algunos y perjudicar a otros.

La confusión se apoderó de la política. ¿Qué hacer con Javier Milei cuando es el presidente que más apostó por una economía normal en un país históricamente anormal? ¿Qué hacer cuando, al mismo tiempo, es el jefe del Estado que, junto con Cristina Kirchner, menos respetó las instituciones de la Constitución y más atacó la libertad de prensa, a los medios periodísticos y a los periodistas? Solo agravia a la prensa independiente; nunca habla de los medios con clara afinidad kirchnerista, como C5N o Radio 10, entre varios más.

La sublevación sindical, parcial, se da justo cuando Milei empieza a recibir las mejores informaciones sobre la reacción de los mercados; y mientras Cristina trajina, como nunca antes, para lograr algo en el peronismo 

Solo Javier Milei cosecha después de la devastadora implosión del sistema de partidos políticos. Una Cristina Kirchner con la oreja mojada por el más intranscendente de los gobernadores peronistas, el riojano Ricardo Quintela, y por una criatura política suya, Axel Kicillof, es el mejor ejemplo del derrumbe final de lo que existía. Un radicalismo fragmentado en tres partes (los mileístas fanáticos, los antimileístas fanáticos y los que hacen equilibrio entre el elogio y la crítica al Presidente) es la prueba de que un partido que vivió 133 años podría no existir para festejar los 134.

El antiestatismo del Presidente se reduce a los enunciados; en los hechos, está usando el desmesurado poder estatal para tratar de ahogar a los medios periodísticos 

Tan inexplicable como reivindicar a Isabel Perón es que la dirigencia política se haya entusiasmado con las elecciones legislativas que sucederán dentro de un año. La experiencia no enseña nada. Hace justo un año, en el balotaje del 19 de noviembre de 2023, Javier Milei se imponía como presidente de la Nación. Hasta dos meses antes, la política presentía que el eventual futuro jefe del Estado sería Patricia Bullrich o Sergio Massa. Bullrich es ahora una disciplinada subordinada de Milei, y Massa pierde el tiempo participando en marchas estudiantiles. El poder, en síntesis, está en manos de quien la política no imaginaba en la Casa de Gobierno. 

El expresidente recibió un llamado del mandatario tras la votación por el veto a la ley del financiamiento universitario en el Congreso; el fundador de Pro apuntó a errores de implementación y comunicación en el Gobierno 

Hace justo un mes, el 21 de agosto, el juez federal Ariel Lijo fue interpelado por la Comisión de Acuerdos del Senado en su condición de candidato a miembro de la Corte Suprema de Justicia propuesto por el gobierno de Javier Milei. El dictamen de esa Comisión es fundamental para que el plenario de la Cámara alta pueda tratar el pliego de Lijo, cuya aprobación necesita del voto afirmativo de los dos tercios de los senadores presentes. Treinta días después, solo existen cuatro firmas favorables a Lijo en esa Comisión cuando se necesitan nueve para contar con la mayoría de sus miembros.

Al jefe del Estado le gustan dos cosas: respetar la coherencia cuando se trata de las cuentas públicas y revolver en las discordias intestinas de los otros partidos 

En 1994, los constituyentes reformistas le incorporaron a la Constitución los decretos de necesidad y urgencia, pero no para ampliarle los márgenes de poder al Presidente, sino para reducírselos. De hecho, mucho antes de la reforma, en 1991, Carlos Menem hizo una profunda desregulación de la economía argentina por un decreto de necesidad y urgencia. Antes de Menem, Raúl Alfonsín creó una nueva moneda nacional, el austral, por un simple decreto. En ese caso, no llevó la denominación explícita de necesidad y urgencia, pero lo era si se leen bien sus argumentos.

Un rumor frecuente señala que Javier Milei detesta tanto la política que decidió hacerse cargo solo de la economía, mientras depositó en su asesor Santiago Caputo el diseño y la implementación de la política oficial. Sin embargo, es su jefe de Gabinete, Guillermo Francos, quien se responsabiliza de las misiones más ingratas de la política, como la muchas veces ardua tarea de reunir los votos necesarios en el Congreso para que se aprueben las leyes que le importan al Presidente. Francos cuenta con un austero equipo de colaboradores personales, mientras Caputo el joven va cubriendo la administración con muchos amigos, conocidos y benefactores.

Javier Milei pasó de las agresiones a los periodistas a restringir una importante conquista de la sociedad argentina; no hay remedio: el secretismo y la oscuridad informativa del kirchnerismo son contagiosos 

Va y viene en su siempre difícil y vacilante relación con Mauricio Macri; toma distancia de la vicepresidenta Victoria Villarruel, su vieja aliada desde que los dos no eran nadie; permite que sus senadores expulsen del bloque al más notorio de sus senadores, el formoseño Francisco Paoltroni; empoderó a un asesor, Santiago Caputo, que en realidad está vinculado al Estado por un contrato de locación de servicios que le permite no tener ninguna responsabilidad administrativa ni jurídica por sus decisiones.

Se están copiando las formas y el perfume de lo que sucedió en los años kirchneristas: persecución e intervención de los sumideros de la política, llamados servicios de inteligencia 

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