Sergio Crivelli
En su rigor crítico hacia Javier Milei, medios y políticos han comenzado a echarle en cara que no cumple el rol que le habían asignado, el de un talibán del libre mercado, algo en lo que tienen razón, porque Milei comenzó a adaptarse rápidamente a la lógica del poder. Prueba acabada de ese giro fue el éxito en la aprobación de sus dos proyectos de cabecera en la Cámara de Diputados.
A pesar de las dudas previas, el presidente logró un éxito clave en Diputados, porque demostró que está en minoría, pero no aislado políticamente. La interna peronista empieza a moverse.
El lunes exhibió resultados fiscales que no se conseguían desde 2008. El martes la oposición armó una marcha masiva en su contra. El “bueno” se jugará en el Congreso de donde aún no sacó una ley
En las últimas 48 horas, dos imágenes resumieron acabadamente el estado actual de la lucha política. El lunes, el presidente de la Nación, flanqueado por cuatro funcionarios clave, exhibió al mismo tiempo su poder y su soledad. Anunció resultados fiscales que ningún gobierno alcanzó en las últimas décadas para combatir una inflación devastadora. Lo hizo sin el habitual público aplaudidor que sus predecesores amontonaban en la Casa Rosada en ocasiones parecidas: sindicalistas, empresarios y militantes disciplinados a fuerza de prebendas, subsidios o cargos públicos.
La Corte falló a favor del gobierno, el amenazante Hugo Moyano cedió, las prepagas entregaron a Belocopitt. La llamada “pax cambiaria”, aunque sea pasajera, cambió el escenario político
El sábado en la quinta de San Vicente se reactivó la interna peronista con declaraciones del ministro bonaerense Andrés Larroque denunciando a quienes en su criterio “conspiran” contra el gobernador Axel Kicillof desde dentro del peronismo.
La inflación sigue bajando, las reservas del BCRA, creciendo y el presidente, monopolizando la iniciativa. Todo esto en medio de una drástica reducción del gasto público con alto costo social
En diciembre, cuando asumió la presidencia en medio de un desastre económico terminal, nadie hubiera imaginado que apenas tres meses después Javier Milei se encontraría en situación de desafiar a la oposición y asegurar, por ejemplo, que la figura sobre la que giró la política argentina durante los últimos 20 años, Cristina Kirchner, pertenece a un capítulo ya cerrado de la historia.
Políticos y expertos en opinión pública admiten con tanta renuencia como sorpresa un hecho contrario a lo que prescriben todos los manuales de su oficio: a pesar del duro ajuste económico que aplica desde hace más de tres meses, el gobierno de Javier Milei mantiene la aprobación de por lo menos la mitad de la población.
El gobierno sorteó el riesgo de corrida cambiaria, pero ahora enfrenta nuevos desafíos: una baja más rápida de la inflación y un rebote de la actividad que empiece a sentirse en la calle
La polémica en torno a si las víctimas de la represión ilegal del terrorismo fueron o no 30 mil vuelve una y otra vez convertida en otro ejemplo de la eterna repetición de lo mismo en que se ha convertido la historia argentina de los últimos 80 años. Una historia circular e irresuelta, responsable de una decadencia tan abrumadora como difícil de explicar y en la que el discurso populista poco a poco se ha convertido en el relato dominante, en un instrumento para proteger su ideología de las amenazas de la realidad.
Hace dos meses el peligro era la hiperinflación, ahora la discusión es sobre cómo y cuándo será la reactivación. Los mercados sorprenden. Empezó el ballet con los gobernadores.
Con su discurso de apertura de las sesiones ordinarias el presidente Javier Milei empezó una nueva etapa de gestión. La primera tuvo dos hechos centrales. El más importante fue el ajuste de shock diseñado por el ministro de Economía, Luis Caputo, para evitar la híper que consiguió un equilibrio fiscal tan rápido como precario. El otro, fue el fracaso legislativo del proyecto de reformas llamado “Bases” para dar consistencia legal al saneamiento de las cuentas públicas.
El dos meses el presidente Javier Milei consiguió dos objetivos inesperados: emprolijar las cuentas fiscales y exponer cómo funciona la “política” nativa. Ambas cosas están conectadas.
El presidente no frena el ajuste. Sabe que es su única salida y que cualquier consenso con los que deben ser ajustados sería su fin. Los gobernadores se miran en el espejo y ven a Torres.
Tras la derrota que los gobernadores y los “dialoguistas” le infligieron en Diputados, el presidente redobló la apuesta. Su reacción cambió el escenario: reaparecieron CFK y los radicales K
Bastó con que el flamante presidente quisiera meter mano a los fondos fiduciarios que son cajas políticas para que la Ley Ómnibus fuera hundida en el Congreso. Bastó que interviniera el manejo de la asistencia social a través de comedores populares que el gobierno anterior cedió a las organizaciones piqueteras, para que estallaran las protestas sobre el “hambre” del pueblo y centenares de militantes se movilizaran.
El drástico ajuste fiscal impidió el colapso monetario, pero provocó un conflicto por fondos con las provincias que hundieron la ley “Bases” en Diputados y quieren hundir el DNU en el Senado.
En menos de dos meses el gobierno de Javier Milei y su plan de reformas han provocado una reacción instantánea de los poderes “de facto”. Votado en noviembre pasado por el 56% del padrón, el flamante Presidente tiene frentes abiertos con todas las corporaciones: los sindicatos, la dirigencia política, la Iglesia, la mayoría de los medios (en especial los armados por el kirchnerismo a fuerza de pauta), la CGT, los piqueteros y los gobernadores, entre otros.
El test de gobernabilidad le dio parcialmente bien. Tuvo una señal positiva con la aprobación en general de la ley “Bases pero con recortes. Una votación en particular bajo presión
El plan de ajuste para evitar la hiperinflación ingresó en una etapa crítica. Los capítulos previos a esta instancia parecieron durar una eternidad, pero fueron breves.
Ante el rechazo al ajuste de los diputados de la UCR, el PRO y otros bloques “colaboracionistas” el presidente resolvió retirar del Congreso el paquete fiscal. El ajuste se hará por inflación.
El paro de hoy decretado por la CGT ratifica por enésima vez el pecado de origen del sindicalismo peronista; su disfunción como organización de defensa de los trabajadores y su real naturaleza de ariete político cuando los candidatos peronistas son derrotados en las urnas. Desde Frondizi a la fecha usó paros y movilizaciones para hostigar a los gobiernos de distintos signos políticos mientras los trabajadores se empobrecían irreversiblemente.
El presidente impulsa una transformación radical en medio de una grave crisis monetaria. Para que las expectativas mejoren tiene que afianzar la gobernabilidad y que el Congreso lo acompañe.
El tiroteo que causó cinco muertos en una tosquera de González Catán, La Matanza, es tratado como un hecho policial, pero su trama es política.
El kirchnerismo se retiró del poder con un récord mundial de inflación (211%) lo que obliga a Javier Milei a un feroz ajuste, pero debilita a la vez cualquier intento de restauración “K”
Javier Milei parece haber alcanzado inusualmente rápido los límites de sus posibilidades. Libra dos batallas, una en los mercados, y otra contra las estructuras de poder, y en ambas enfrenta obstáculos cada vez más condicionantes. En ambas también cualquier negociación es ilusoria. Las medidas para enfrentar la crisis heredada no mejoran por ser negociadas. Simplemente aciertan o no.
A la oposición combativa de la CGT se sumó la de la Justicia que comenzó a fallar en contra del DNU 70 y la del peronismo no “K” en el Senado. Tan incierto es el panorama que resucitó Massa.
La llegada de Javier Milei al poder abrió una brecha mayor a la habitual entre la discusión de los políticos y la realidad del ciudadano común. El debate sobre la constitucionalidad del DNU 70 o el megaproyecto de ley enviado al Congreso son poco más que ruido mediático, algo a lo que se dedican la oposición y el periodismo, pero que resulta irrelevante para amplios sectores sociales arrasados por la pérdida de ingresos vía inflación. Ni de la oposición ni de los medios surge una sola idea practicable para conjurar la actual crisis.
Un debate institucional de baja calidad ha dejado en segundo plano la estrategia política del nuevo gobierno que se apoya tres pilares: la percepción de la crisis como oportunidad, el decisionismo como instrumento y la polarización como táctica.
Más allá de la fuerte devaluación, las primeras medidas del nuevo gobierno tienen un impacto moderado en el déficit fiscal. No alcanzan para arreglar el desastre heredado la eliminación de subsecretarías, autos oficiales, aviones o canapés. Por eso el Congreso deberá decidir sobre medidas de fondo como la restitución del impuesto a las ganancias o la actualización de las jubilaciones.
El ministro de Economía, Luis Caputo, lanzó al cierre de los mercados las primeras medidas de emergencia para evitar la hiperinflación. Se trató de una tanda de decisiones que habían generado enormes expectativas, pero no serán las únicas medidas. En los próximos días el Poder Ejecutivo enviará al Congreso una serie de proyectos para reformas de fondo del Estado que requieren leyes.
La asunción de Javier características extraordinarias. En el plano institucional concurrió a jurar al Congreso, pero el discurso con el que inauguró su gestión lo pronunció afuera del Palacio para la multitud de votantes rasos reunidos a cielo abierto.
El Javier Milei de segunda generación que nació el 19 del mes pasado ha puesto al tope de sus prioridades el problema de la deuda en llamas que le deja el kirchnerismo: la denominada “bola de Leliqs”. Pero su principal problema no es financiero, sino político: cómo manejar las expectativas en su primer año de gestión.
Con idas y vueltas, marchas y contramarchas el presidente electo intenta enfrentar la crisis, armar el gabinete y organizar un oficialismo parlamentario todo al mismo tiempo y en 20 días.
El domingo 19 la sociedad habló a través de las urnas y su mensaje sacudió al poder político con un reclamo de cambio. Pero no volverá a pronunciarse hasta dentro de dos años, por lo que la transformación quedó en manos de los derrotados el domingo 19 y que en teoría deberían llevar la peor parte en el ajuste fiscal. En pocas palabras se tienen que ajustar a sí mismos los principales responsables del desajuste. Algo parecido a la cuadratura del círculo.
El triunfo de Milei mostró el profundo divorcio entre dirigencia y sociedad. Un presidente con un insólitamente bajo poder institucional y una clamorosa derrota cultural del kirchnerismo.
Javier Milei acaba de saltar la valla de las elecciones, pero ahora se le presenta una más alta: la de la crisis. Consiguió lo primero, aunque muy pocos lo creían capaz. Confundidos por su grado académico, lo consideraban un economista, pero demostró habilidades políticas que nadie había previsto: llegó a la Casa Rosada en solo dos elecciones, sin un partido político que pueda llamarse tal y con todos los factores de poder en contra. Derrotó además a la más poderosa maquinaria electoral/clientelística del país: el peronismo.
El modelo populista agoniza por la quiebra del Estado, pero los candidatos no garantizan una salida a la crisis. Milei, por falta de gobernabilidad, y Massa, porque es un producto del sistema
El debate entre los candidatos a presidente confirmó una vez más su ineficacia en relación con lo que se cree que es su objetivo principal: que los votantes reciban información a partir de la cual decidir racionalmente en el cuarto oscuro.
El ciclo kirchnerista entra en su etapa final con la economía en crisis y la política en default. Lo segundo es más peligroso que lo primero, porque las deudas se pueden refinanciar, el déficit, revertir, las reservas monetarias, aumentar, pero emprolijar la catastrófica herencia política e institucional que dejan la vicepresidenta y sus seguidores es una tarea que parece haber desbordado a Sergio Massa.
El candidato oficialista emparcha un modelo económico muerto, pero tiene una gran ventaja: compite con un político improvisado que recibió a última hora ayuda de un profesional como Macri.
Cuarenta años después del triunfo de Raúl Alfonsín la democracia con la cual se educa se come y se cura muestra una performance decepcionante. Pobreza en niveles inéditos, economía al borde una vez más de la hiperinflación y el gobierno de turno dando muestras grotescas de ineptitud. Falta de combustibles, de insumos médicos, de alimentos en los supermercados, entre otras penurias tan innecesarias como injustificables
El triunfo de Massa reagrupó al antikirchnerismo. Hay radicales que juegan abiertamente para el peronista y otros que se hacen los distraídos. Con dos candidatos no puede haber tres posiciones.
El triunfo de Sergio Massa en las presidenciales fue la segunda sorpresa electoral del año. La primera había sido el de Javier Milei en las PASO, pero hay diferencias decisivas entre uno y otro.
La despolarización que mostraron las PASO volvió incierto el resultado de las generales. Desde entonces la crisis económica se agudizó, sin embargo las encuestas ponen a Massa en el balotaje.
La incertidumbre general y la desorientación de los principales candidatos a presidente han producido errores insólitos de campaña. Para ganar votos Sergio Massa destrozó la moneda llevándola al umbral de la híper, Javier Milei hizo otro tanto con el futuro económico, anticipando que va a incendiar el peso para imponer la dolarización y Patricia Bullrich se asoció con el perdedor Horacio Rodríguez Larreta para conservar algún el voto pacato de la UCR, que duda ante las perspectivas de mano dura y ajuste monumental. Tres balazos en los pies.
Durante el debate por la designación de la ex jueza Ana María Figueroa en la Cámara de Casación Penal el Senado fue escenario de una discusión a los gritos que exhibió con toda crudeza el nivel inédito de su deterioro institucional.
El candidato oficialista siguió repartiendo fondos sin otro financiamiento que la emisión. Quiere instalar que ingresará al balotaje, pero generó desconfianza y una corrida cambiaria
Desde las PASO hubo tres elecciones provinciales –Santa Fe, Chaco y Mendoza- con resultados homogéneos que pueden ser vistos como una tendencia. En las tres ganó Juntos por el Cambio dando vuelta cuadros adversos, en las tres el “mileismo” tuvo fuertes retrocesos demostrando que los votos de su candidato a presidente no son transferibles a sus representantes y en las tres el peronismo tuvo malas performances. Históricamente malas.

