Sergio Berensztein
La provincia se caracteriza no sólo por ser la segunda con mayor peso electoral del país, después de Buenos Aires, sino por su relación distante del gobierno nacional.
En un contexto de crisis fiscal generalizada y luego de una década de estanflación, los casos de Santa Fe, Mendoza y Chubut nos permiten entender la diversidad de cuestiones que componen las agendas provinciales.
Las voces divergentes dentro de su propio espacio político y factores externos ponen a prueba el pragmatismo y la flexibilidad del Presidente para gobernar
Persisten muchas incógnitas respecto del rumbo que tomará la economía. En términos políticos, el interrogante más clásico es el grado de autonomía del nuevo presidente en relación con su vicepresidenta, Cristina Fernández.
Macri lo había prometido, pero hizo lo contrario. Alberto Fernández lo insinuó, aunque habla de "tierra arrasada".
Cumplido ya el primer mes de gestión y a modo de balance, podemos marcar que el presidente debió manejarse pendularmente entre la moderación, el pragmatismo y la intransigencia militante.
La crisis económica y la necesidad de combatir la inflación son reconocidas tanto por votantes del oficialismo como de la oposición. Para ambos sectores, educación, salud, cultura y jubilados figuran entre las prioridades a solucionar.
La Argentina está a punto de tener un Consejo Económico y Social a nivel nacional, en el que diversos sectores pueden ser escuchados en busca de consensos

