Julio Moreno

El problema perentorio que debe resolver este gobierno es el de la crisis macroeconómica, cuyos síntomas son el déficit, el endeudamiento, el estancamiento y la inflación. Sin embargo, lejos de sentar las bases para poner en marcha el desarrollo productivo, el presidente y el equipo económico se empeñan en un sálvese quien pueda para las elecciones. Por eso se limita a poner parches con políticas de corto plazo que no garantizan éxito. 

El círculo vicioso de la economía con una inflación mensual que oscila entre 6% y 7%, lo que implica un nuevo aumento de la tasa de interés, incremento de las devaluaciones diarias del dólar, sumando las paritarias con aumentos de tres cifras, hace que se retroalimente la escalada de precios; por este rumbo estamos atados a un permanente volver a empezar en este miniplan que podemos llamar: tallar y dar de nuevo para llegar a las elecciones. 

Desde el fin de semana, el equipo económico encabezado por Sergio Massa inició su viaje a los Estados Unidos cuyo principal objetivo será reunirse con la número uno, Kristalina Giorgieva, y el staff del Fondo Monetario Internacional donde esperan mensajes claros de cómo encarar el déficit fiscal, bajar la inflación y los plazos para realizar el ajuste cambiario solicitado por varios analistas y empresarios, entre los temas más urgentes. 

Sergio Massa llegó hace algo más de dos semanas al gabinete de Alberto Fernández como "superministro". En realidad, la última carta que le queda a un fragmentado y conflictivo oficialismo. 

El acuerdo del Gobierno argentino con el Fondo Monetario Internacional no es opcional; es imprescindible refinanciar la deuda externa en dólares para evitar caer en default. Un país crónicamente deficitario como la Argentina no tiene margen para ilusionarse con acuerdos mágicos con China y con Rusia, con los que parece estar encandilado el presidente Alberto Fernández. 

La inflación es actualmente la mayor preocupación de los argentinos; le siguen la salud, la seguridad, la corrupción y la educación, entre los más importantes y por si esto fuera poco, nuestro país se ubica entre los cinco países con peor desempeño económico en los últimos 40 años. En 2019 tuvimos la tercera mayor tasa de inflación del mundo (54%) después de Zimbabue y Venezuela. Triste récord.

Las materias primas han vuelto a aumentar de precio. Nuestro país es uno de los beneficiarios y es interesante analizar este nuevo ciclo.

Disminución de subsidios y aumentos de tarifas, un dilema difícil de solucionar en un año electoral.

Este fin de año habrá muchas novedades nacionales en materia económica. La atención está puesta en la Cámara de Senadores, que trató el impuesto a la riqueza y la sostenibilidad de la deuda externa.

Quiero referirme a las recientes medidas anunciadas por el ministro de Economía de la Nación, la mayoría busca un estímulo para que los exportadores - especialmente los productores agropecuarios- aceleren sus liquidaciones y lograr que entren dólares al país que tanta falta nos hacen.

Son muchas las opiniones referentes a que si fue buena o mala la renegociación de la deuda en dólares de nuestro país; lo cierto es que aumentaron los plazos y mejoraron las condiciones para poder pagar estos títulos cuando Argentina comience un proceso de reactivación y crecimiento de nuestra economía.

 

La idea de esta nota es reflexionar sobre esta crisis que estamos viviendo, las probables medidas que deberán instrumentarse y algunas comparaciones con lo que fue la crisis del 2002 que a pesar de que los años llevan los mismos números (2002- 2020) las problemáticas son distintas, recordando con nostalgia el posterior crecimiento de la economía a tasas chinas en nuestro país.

 

Hemos cumplido más de cien días de cuarentena y los recientes cambios, hacia atrás, en las fases siguen ocasionando aumentos en la recesión en la actividad económica.

 

Quiero compartir con ustedes la realidad que hoy tenemos en Argentina y que ayude a programar un plan de desarrollo pospandemia, haciéndome eco del consejo de los chinos sobre que "una crisis puede ser una oportunidad" siempre y cuando cumplamos ciertos requisitos indispensables, como que funcionen las instituciones para crear certidumbre, nos integremos al mundo, tengamos competitividad económica y logremos cohesión social.

 

La crisis generada por la pandemia y la cuarentena provocan dos problemas: el primero es el empleo y en segundo lugar la inflación, dos temas que merecen un análisis actual ya que en varias provincias se liberaron casi el 90% de las actividades, y en la pospandemia, cuando pase este flagelo, serán los temas gravísimos que van a estallar.

 

El problema de la economía argentina, desde hace cuarenta años (y en caída libre) es la incapacidad de generar ingreso, ahorro e inversión. Y esa es la clave de todos los males. Y ayer nos enteramos de que la recaudación alcanzó una caída histórica: en abril subió apenas 11,6% en términos nominales, con una inflación anualizada del 48%.

 

Seguimos en cuarentena y seguimos pensando que la salud está primero, pero sin la economía no podemos hacer nada, ni siquiera abastecernos de insumos, razón por la cual el planteo debe ser que la salud y la economía van de la mano.

 

La deuda sigue siendo el gran tema argentino, en las pancartas. El análisis económico revela que detrás de ese fenómeno de superficie hay otros subterráneos (o tapados por la hojarasca) como el desacople entre los ingresos y los egresos; es decir, el déficit. Este problema estructural, que ya se extiende por décadas, nos indica la existencia de un país en bancarrota frente al que nadie pudo aportar un acierto.

 

Durante la reciente visita del presidente Alberto Fernández a Francia, al exponer en una conferencia magistral que ofreció ante estudiantes del Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences Po), afirmó que la deuda "es insostenible e imposible de pagar en estos términos" y por eso el Gobierno argentino está iniciando un proceso de conversación y discusión ya que Argentina necesita reordenar esa deuda en acuerdo con el FMI y los acreedores, motivo de esta gira para conseguir apoyo de varios países europeos.

 

El cambio de gobierno nacional marca un punto de inflexión, porque con setenta años consecutivos de caída del producto y perseverancia de la inflación solo cabía esperar una catástrofe social con el 25% de la población fuera del sistema.

 

La ley de "Solidaridad social y reactivación productiva", también llamada de emergencia económica, financiera, fiscal, administrativa sanitaria, y se la conoce también como ley ómnibus, llamada así por la rapidez que aprobaron las cámaras de Diputados y Senadores en el inicio de la gestión de Alberto Fernández, que sirvió para consolidar su gobierno con el triunfo legislativo obtenido, además del gran poder que tendrá por la enorme cantidad de funciones delegadas, lo que de alguna manera despeja -o profundiza- el interrogante de algunos sectores que cuestionan quien gobierna en el país.

 

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