Rogelio Alaniz

Rogelio Alaniz3La política argentina se encuentra en un delicado equilibrio, donde ninguna figura logra imponerse con claridad. Entre intrigas y alianzas el futuro es más que incierto y disputado, con Javier Milei como protagonista destacado en el escenario electoral actual. ¿Logrará consolidar su liderazgo? La respuesta sigue abierta. 

Rogelio Alaniz3Figura controvertida si las hay, el nombrado expone las tensiones emergentes en el gobierno de Javier Milei. Y su caso abre un debate sobre la ética en la política actual. 

Rogelio Alaniz3Facundo Moyano disfruta de una vida de lujos gracias a la fortuna familiar, mientras su padre, el líder sindical Hugo Moyano, sigue siendo una figura influyente en el país.  

Rogelio Alaniz3El presidente Javier Milei desafía la tradición política argentina con su estilo polémico y desinhibido, mientras sus críticos y defensores se enfrentan en un debate sin tregua sobre su impacto en el país. 

Rogelio Alaniz3En un país de impredecibles cambios, la habilidad de los hermanos Milei para adaptarse a la opinión pública se convierte en un activo político invaluable.

 

Rogelio Alaniz3La renuncia de Bullrich no solo expone las tensiones internas en el PRO, desnudando los dilemas morales que enfrentan sus dirigentes entre realismo y principios. A su vez, dicha decisión, causada por la protección del partido a un funcionario cuestionado, ha puesto a la entidad partidaria en una encrucijada moral y política sin precedentes.

 

La campaña electoral nos facilita a los argentinos disfrutar de un curso acelerado de geografía urbana en el corazón de lo que se conoce como Conurbano bonaerense. En la ocasión, recordamos la existencia del partido de Moreno, la localidad de Trujui y el Club Villa Ángela, levantado no muy lejos de la ruta Nº 23 en un escenario de calles de tierra devenida en lodazales por las recientes lluvias, además de baldíos, zanjones, pantanos y todas las bellezas silvestres que distinguen esas regiones gobernadas por el Peronismo desde tiempos inmemoriales.

Diez días transcurrieron desde que nos anoticiamos que existía un señor llamado Diego Spagnuolo, cuyos tonos de voz pudimos apreciar a través de un audio. Desde ese momento nos empezamos a interiorizar acerca de un señor que llegó a las filas de La Libertad Avanza de la mano de José Luis Espert, un señor que lo representó jurídicamente a Javier Milei más de una vez y un señor que era uno de los asistentes más frecuentes a la residencia de Olivos y a la Casa Rosada.

Las provincias de la "región central” del país podrían convertirse en una referencia política del centrismo democrático y republicano.

En correspondencia al hábito de expresar la política con metáforas salidas del fútbol, podría decirse que en las recientes contiendas parlamentarias en la Cámara de Senadores de la Nación, la oposición le ganó al gobierno siete a cero, es decir por goleada. Las cifras son elocuentes. Siete proyectos de leyes fueron aprobados en una sentada.

YPF, la empresa fundada en 1922 durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen, contó como director con un militar e ingeniero considerado un símbolo de eficiencia, lucidez y patriotismo: Enrique Mosconi. Durante años YPF fue evaluada como una de las empresas petroleras más importantes del mundo y su gravitación llegó a ser tal que para más de un historiador el golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930 "tuvo olor a petróleo".

Los kirchneristas se dieron el gusto de salir a la calle para honrar a Cristina Fernández, exigir su libertad y denunciar la conjura de intereses de las grandes corporaciones muy interesados en proscribirla. Las cifras confiables suman en la marcha alrededor de 150.000 personas, un muy buen nivel de convocatoria aunque muy lejos del vaticinio de un millón de manifestantes en las calles de todo el país. Políticamente la movilización está más cerca del fracaso que del éxito.

La inequívoca sensación de que se hizo justicia. Ni alegre ni triste, pero sí satisfecho. Hubo un "Nunca más" a los militares; hoy somos testigos de un "Nunca más" a los corruptos. A veces, muy de vez en cuando, los poderosos, o las poderosas en este caso, pagan. Supongo que resulta inútil explicarle a Cristina Fernández y a su círculo áulico que no está condenada por sus ideas, o por su militancia política, o por su aguerrido compromiso nacional y popular, o por el riesgo que su presencia podría ocasionarle al capitalismo, sino por ladrona y corrupta.

Para un país normal, para una sociedad con ciudadanos con sentido común, para una nación con principios jurídicos razonables, Cristina Kirchner debería estar presa desde el momento mismo en que fue condenada en segunda instancia. Y para el caso me importa poco si la prisión es domiciliaria, con tobillera o en alguna cárcel de presos comunes.

Los hermanos Javier y Karina Milei tienen razones consistentes para festejar, porque su fuerza política fue la más votada, además de darse el gusto de duplicar en cantidad de votos a los primos Mauricio y Jorge Macri, y de yapa ganarle al peronismo (nada novedoso en Capital Federal), pero como en estos comicios las encuestas lo daban ganador, los tres puntos de ventaja poseen un dulce sabor.

En la ciudad de Buenos Aires este domingo votan alrededor de 2.500.000 porteños, para elegir treinta legisladores sobre una base de sesenta. Es decir, se renueva la mitad de una legislatura a la que los porteños viejos se niegan a otorgarle ese título, porque siguen considerando que los elegidos con suerte y viento a favor llegan a la condición de concejales.

A Pepe Mujica lo conocí porque integré como periodista una comitiva que lo acompañó durante una semana en una gira electoral. Lo vi por primera vez en un pueblito cerca de Canelones. El saco le quedaba grande; la camisa, chica; la raya del pantalón hacía rato que se había perdido en el tiempo; los zapatos reclamaban betún como el sediento reclama agua. Una colega argentina me dijo: "Ese hombre con esa ropa y esa pinta no puede pretender la presidencia de Uruguay". No sé qué le contesté, pero lo cierto es que un año después ese " croto" fue electo presidente y, como nota a pié de página, registro que mi colega a los dos días de escucharlo estaba fascinada con el personaje. Cosas que pasan.

Los tres meses y ocho días del año 2025 no han sido auspiciosos para el gobierno de Javier Milei. Desde sus palabras en Davos, cuando declaró la condición de pedófilos de los homosexuales hasta la reciente decisión de la cámara de Diputados de constituir una comisión investigadora que deberá probar las responsabilidades del presidente y sus colaboradores inmediatos en el denominado "criptogate".

Que nadie se sorprenda por el título. La consigna no tiene copyright, pero en todos los casos lo que está fuera de discusión es que en las jornadas parlamentarias de esta semana la "libertad" es la protagonista central. Y no es para menos.

Cuando a los santafesinos nos tocó padecer una de las inundaciones más devastadoras de una historia lugareña en la que las inundaciones abundaron, lo primero que se dijo, (apenas nos sacudimos del barro y de los escombros) a la hora de establecer responsabilidades y pensar soluciones, que la tragedia ocurrió porque la obra pública era deficiente; o algo, pero deficiente.

Javier y Karina Milei, La Libertad Avanza en el poder. ¿Una formidable maquinaria de picar carne?

Dejemos por un instante las novedades de Washington y las bravatas de Javier Milei en Davos y regresemos a la Argentina, donde su actual presidente está realizando la gestión más importante de la historia nacional y, seguramente, del mundo.

Se habla de un tratado de paz entre Israel y Hamas. Equivocado. Apenas una tregua o un cese del fuego entre un Estado nacional y una organización terrorista, una diferencia que es mucho más que un detalle. Por lo pronto, ya se ha iniciado un intercambio de prisioneros. Hamas devolverá con cuentagotas civiles secuestrados, mientras que Israel se compromete a devolver terroristas condenados por las leyes, otra diferencia que pone los pelos de punta a más de un ministro del gobierno de Netanyahu.

El presidente Javier Milei viaja a Estados Unidos para presenciar la ceremonia de asunción de Donald Trump. No solo a "presenciar" viaja el mandatario argentino. Llega a Estados Unidos el sábado y a partir de allí se sucederá una maratón de ceremonias con entregas de premios. Acerca de los premios no se conocen muy bien los motivos, pero los títulos parecen escritos para honor y gloria de Milei: "Titán", "Campeón", "Héroe". Narciso satisfecho.

 La complejidad de la puja política, y una crisis que incluye intereses económicos provinciales y regionales.

Javier Milei es presidente de la nación por sus singulares y controvertidas virtudes personales, pero convengamos que sus opositores hicieron todo lo posible para facilitarle el camino y transformar sus vicios en virtudes.

Presidente Javier Milei, líder libertario. Sus adversarios no vacilan en calificarlo de "loco" y no eran pocos los que hace un año decían y hasta aseguraban que no llegaba a Semana Santa. Pero acá estamos.

Sabía que su salud era mala y presumo que la muerte de Rafael, su marido, contribuyó a ese deterioro. Espero, deseo, que la muerte haya llegado, (y con ella me permito citar a Borges) “...callada como sueles venir en la saeta.”. Lo cierto es que este martes 17 de diciembre la primera noticia que recibí a primera hora de la mañana fue su muerte. Beatriz no era creyente, pero alguna vez admitió la existencia del misterio, del misterio de la vida y de la muerte.

El señor Edgardo Kueider acaba de ser expulsado de la Cámara de Senadores. La votación fue abrumadora en su contra. Dicho de manera llana, todos sus pares, por buenas y malas razones, se curaron en salud con el senador entrerriano. El hombre fue sorprendido con las manos en la masa, in fraganti como se suele decir, y por lo tanto es indefendible.

Milei: calificar su gestión de nazifascista es un error, una desmesura verbal o una torpeza: ni el concepto de Estado ni el contexto histórico habilitan valerse de esas palabras

La recuperación de la democracia, en 1983, incluyó una serie de logros culturales impugnados en la actualidad. Después de los derramamientos de sangre de los años setenta, se asumió que una democracia digna de ser vivida debía desplazar la figura del enemigo por la del adversario. No era un detalle menor. La convivencia social deseable no se forja con las leyes de la guerra sino con las leyes de la democracia.

Donald Trump es el nuevo presidente de Estados Unidos y lo será, Dios mediante, por los próximos cuatro años. Le ganó a Kamala Harris en buena ley, como en su momento le ganó a Hillary Clinton. En los dos casos sus rivales reconocieron la derrota, gentileza que Trump se dio el gusto de no ejercer cuando fue derrotado por Joe Biden. Y no sólo no aceptó ser vencido, sino que alentó un golpe de Estado movilizando a sus hordas que asaltaron el Capitolio y transformaron durante unas horas a los Estados Unidos en lo más parecido a una republiqueta bananera.

Allá por los años treinta, un viejo y mañoso político conservador decía que para gobernar bien es necesario pagar los sueldos todos los meses y controlar la calle. Cumplido esos requisitos, todo lo demás se reducía a saber decidir y a otorgarle a cada hombre el precio que se merecía. Después, claro está, hace falta un poco de suerte: una lluvia oportuna o que en algún lugar del mundo nuestra producción eleve sus cotizaciones. Cínico o no, el principio hubiera merecido la discreta aprobación de Nicolás Maquiavelo y del viejo Vizcacha.

No debería sorprendernos que Isabel Martínez y Victoria Villarruel se reúnan, sonrían para las cámaras y se digan cosas tiernas. Después de todo, se trata de dos vicepresidentes que de hecho o de derecho se reconocen peronistas y como tales se tratan, impulso afectivo afirmado en este caso porque la reunión se celebró el 17 de octubre, el Día de la Lealtad, como les gusta decir a los peronistas siempre aferrados a consignas ruidosas, retóricas y con la ambigüedad necesaria para que cada uno haga con ellas lo que le parece conveniente.

A Horacio Rodríguez Larreta lo insultaron, lo escupieron y no faltó quienes intentaron asestarle una patada o un puñetazo. Le dijeron "rata", "hijo de puta", "basura", adjetivos que pareciera que en los tiempos que corren han adquirido una inusitada actualidad al punto que los extremos de la derecha a los extremos de la izquierda compiten para usarlos. Por supuesto, nadie se hizo cargo de la agresión, porque una de las condiciones que se exige para participar en esos jolgorios es el anonimato; el anonimato de la multitud, de la patota, de "la canalla".

La universidad pública me recuerda a aquellos viejos árboles plantados a la vera del camino o en algún punto de la llanura. Puede que algunas de sus ramas estén secas, puede que en el tronco se hayan adheridos hongos y parásitos, puede que algún ave de pico encorvado haya hecho su nido, pero nada de ello impide que sus raíces estén bien hundidas en la tierra, que su tronco sea sólido, que sus hojas sean verdes y sus flores desparramen perfume por el aire.

Ser liberal implica aceptar que la vida es sagrada, que toda persona vale, que nadie puede ser discriminado, que pensar diferente es deseable y necesario

Cada vez somos más los que nos preguntamos por qué la sociedad, y en particular las clases medias y los pobres, aceptan los rigores de este gobierno cuando en otras circunstancias por mucho menos escandalizaban las calles con sus protestas. Hay respuestas tentativas a ese interrogante porque en política siempre hay respuestas por más insatisfactorias que sean. Se dice que Javier Milei heredó una catástrofe y que está intentando remontarla.

Si nos dejamos llevar por los episodios de nuestra cotidiana vida política, corremos el riesgo de hundirnos en la desesperanza. En tiempo presente todo parece conjugarse en contra. Y pensar que hubo un tiempo en que las identidades políticas parecían más precisas: se era de derecha o de izquierda; conservador o progresista; liberal o estatista.

La señora Fabiola Yáñez decidió denunciar a su señor esposo por golpes y algunas otras galanterías por el estilo. Era hora. Cuando trascendieron vía WhatsApp las muestras de cariño que el entonces presidente de la nación le daba a la primera dama, ella se limitó a decir que no iba a denunciar a su amantísimo esposo. Presté atención al detalle. No dijo lo que diría cualquier esposa que convive con un marido que no practica box con ella: ¡Son mentiras! ¡Mi marido me ama y solo me brinda caricias! Nada de eso. Lo que dijo es que, POR AHORA, no lo iba a denunciar.

Da la impresión de que el Pro está sometido a opciones muy difíciles. Si se acerca demasiado a La Libertad Avanza corre el riesgo de quedarse sin dirigentes; si se aleja demasiado, corre el riesgo de quedarse sin votos. Hay diferencias entre el Pro y La Libertad Avanza, pero son muy sutiles, a veces invisibles. Es verdad que los modales de Mauricio son más civilizados que los de Javier, pero no sé si al electorado esos modales del anarcolibertario le fastidian mucho.

Las diatribas, los insultos y los desequilibrios del presidente Javier Milei no son una anécdota, un dato pintoresco o un detalle menor. Si la democracia nos importa, lo que está ocurriendo es peligroso.

Con dieciséis años de condena, el dirigente y ex gobernador peronista Jorge José Alperovich se suma a la saga de corruptos, criminales y abusadores sexuales que ilustraron la historia política negra de nuestro país. Alperovich pertenece al linaje de los violadores y asesinos de Soledad Morales, de los responsables por la muerte horrible de las dos mujeres asesinadas en un zoológico por órdenes de los cabecillas del peronismo santiagueño, de los depravados que ultimaron a Cecilia Strzyzowski, también asesinada en un episodio oscuro y sórdido en el que están comprometidas las redes del poder peronista chaqueño.

No dejan de asombrarme las recurrentes diatribas de Milei contra la política, cuando cada una de sus decisiones es inevitablemente política, pero sobre todo porque gracias a la detestable política él es presidente de la nación y los honores que se jacta de recibir en el país y en el mundo los debe a esa actividad. Milei es político porque el sistema que le otorga poder es político y porque nada de lo que hace y promete hacer podría ser posible si no fuera un político rodeado de políticos con los que acuerda, negocia y debate como prescribe la política.

Si Javier Milei pudiera prescindir por un rato de las satisfacciones que prodigan a su ego algunas voces calificadas de algunas ciudades del planeta, advertiría que lo que acaba de ocurrir esta semana puede ser un severo llamado de atención a su persona, pero en particular a su gobierno.

Sugeriría a los lectores que después de cinco meses en el poder se decidan a tomar al presidente Javier Milei en serio y dejen de atribuirle virtudes o dones, secretos o públicos, que, a juzgar por los hechos, solo pertenecen a nuestros deseos, fantasías o miedos. Convoco no solo a tomarlo en serio, sino a creerle, no sé si al pie de la letra, pero sí en sus trazos más gruesos, en aquellos donde expresa sus verdades más elaboradas, aquellas en las que cree porque así se las dicta su corazón y su cabeza.

No conozco ningún país civilizado donde una burocracia sindical le declare dos huelgas generales en menos de cinco meses a un gobierno elegido democráticamente. De derecha o de izquierda. Estas novedades existen en la Argentina gracias a una estructura sindical que en sus rasgos generales continúa rigiéndose con los principios dictados por Benito Mussolini hace más de un siglo.

Las diatribas de Milei son ofensas; palabras como “basuras”, “ratas”, “idiotas”, “ensobrados”, algunas de las más habituales, abundan en su vocabulario hasta constituir algo así como la letanía de un relato dominante

En política lo que importa es la capacidad de un gobierno para aprender de sus propios errores. Por lo pronto, importa que el Presidente acuse recibo de que hay límites que no es prudente desafiar.

El conflicto entre el presidente Javier Milei y la universidad pública no debiera sorprender a nadie, realmente, "estaba cantado". Forma parte de la lógica con la que siempre se manejó el líder libertario y sus convicciones más arraigadas.

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