Mónica Gutiérrez

 

Su carta es despiadada, feroz. Carente de toda corrección lingüística y conceptual convierte a Alberto Fernández, a ojos de todos, en una suerte de “Frankenstein” que tomó vida propia y sale a contradecir el prístino catecismo del oficialismo K

 

No es cierto que esta elección no cambia nada. Los que vayan por el poder en noviembre están obligados a tomar nota de lo que digan las urnas

 

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