Agustín Monteverde

Décadas de confiscaciones y desvalorización de nuestra moneda -algo que a buena parte de nuestro empresariado le agrada, como evidencian los reclamos por “atraso cambiario”- hicieron del dólar el refugio por excelencia de los ahorros argentinos. Su transabilidad universal y abundante liquidez lo convirtieron en indicador anticipado de futuros saltos del resto de los precios de la economía. Este doble carácter -medio de atesoramiento y unidad de cuenta adelantada- mantuvo a salvo a los argentinos de las continuas exacciones de los gobiernos. En un contexto de quebranto estatal crónico, la emisión monetaria fue un mecanismo de financiamiento sistemático, por vía del impuesto inflacionario. 

La Argentina requiere una completa reconstrucción, desde sus cimientos, de las instituciones que la llevaron a ser uno de los países más prósperos del mundo. 

El discurso del pobrismo sigue tan vigente como siempre en la boca del establishment, principal beneficiario del clientelismo planerista

Cuando el pánico amaine y se recupere la razón, el estallido inflacionario y la devaluación serán monumentales, en directa relación al desborde del gasto estatal.

 

Top