Roberto García

Al Presidente no le va la vida el próximo 14 de noviembre. A la Vice, sí. Al menos, quizás exponga su libertad. Una nueva derrota después de las últimas primarias provoca manifiesta zozobra en el Gobierno. Pero no es lo mismo que Alberto se hunda en el fango de la política a que Cristina naufrague en el bravío mar de tribunales.

Más que sacar una bandera blanca, trató de imponer y no negociar. Venía cargada Cristina del domingo, por el pésimo resultado electoral y una vibrante reunión con Alberto, a quien le atribuyó la responsabilidad del fracaso.

Cordiales saludos. Tras los resultados, serán parte del show, aunque con participación secundaria.

Mínimo entusiasmo registra la convocatoria electoral del domingo. Apenas curiosidad por el resultado luego del funesto período del Covid-19 que acompañó gran parte de la Administración de los Fernández.

Sonrisas. Massa propone un pacto para garantizar la gobernabilidad y que dé garantías al Fondo Monetario para cerrar el acuerdo.

Vidal, quien fuera una grata novedad para concursar y ganar en la provincia de Buenos Aires en el pasado, ahora se desangeló en apariencia, la bondadosa Heidi encontró otros apelativos menos simpáticos.

Justo cuando Alberto Fernández atraviesa su peor momento e inclusive se habla de dificultades para completar el ciclo constitucional, a una buena parte de sus ministros se le ocurre predicar por la reelección con un mandato de ocho años y de otros ocho para un sucesor eventual, Axel Kicillof. Casi un espectáculo grotesco esparcir esa mancha.

Cristina levantó la figura de Cecilia Todesca como el faro de Alejandría: suficiente mención para convertirla en eventual sucesora de Martin Guzmán.

Creyó Alberto Fernández encontrar una redención cuando dijo, ceñudo y compungido, que el escándalo de Olivos fue un “error” en lugar de un delito.

Hay un operativo para designar a Ricardo Lorenzetti como titular de la Corte Suprema. Por una vía peculiar, la de Diputados, injerencia impropia de un poder sobre otro.

Cristina fue la primera en advertir la naturaleza del escándalo: hace más de una semana, en una visita a su Instituto Patria, confesó el placer que la inundaba regresar al lugar que “más quería, después de un año y medio de encierro”.

Si resulta veraz el rumoreo, Cristina y su hijo Máximo tuvieron una disputa. "No, mamá, no. Yo soy La Cámpora", habría respondido Máximo a la pretensión materna de modificar el nombre de la agrupación.

Reclamo. La marcha de ayer fue parte una ofensiva de los movimientos para “marcarle la cancha” al nuevo ministro Zabaleta.

De repente aparecieron los manuales, cada bando difunde el suyo para auxiliar o encuadrar a candidatos y votantes. Más propios que ajenos y con la misma argucia: mejor proteger la casa que conquistar una colina.

La permanencia del jefe de Gabinete es un aporte mínimo a la resistencia albertista frente al rotundo giro político que determinó Cristina Kirchner.

Alberto Fernández presume ante la tribuna dos medallas olímpicas: no entregar a Cafiero y colocar a Tolosa Paz en la lista. Así impidió que los Kirchner sacudieran por ahora el árbol del cuestionado equipo ministerial.

Tan convencional como siempre el cierre de listas. Mismos canjes, mismas compraventas. Salvo que los tiempos no son convencionales.

El presidente piensa, como su colega en Capital, que Delta es apenas la cuarta letra del alfabeto griego: van al revés del mundo, seguramente por las elecciones venideras.

Liberado de prejuicios, el Gobierno se colma de vacunas. Creen en la Casa Rosada que el despliegue y los anuncios cambiarán el ánimo electoral. Justo ocurre cuando se ingresa al aciago “Club de las 100 mil”, la cifra de víctimas del Covid. Otro récord argentino.

No todo huele bien en Dinamarca. Enojo del dúo Kirchner con un Alberto que "factura" e intenta "cobrar", mientras el presidente de Diputados diseña un "megaministerio".

La cúpula arde: Alberto Fernández le replica a Cristina, Máximo Kirchner se le rebela al Presidente y el ministro de Economía, Martín Guzmán, no le atiende el teléfono al gobernador Axel Kicillof. Lo que era sordo, oculto, ahora se expone.

Con su decisión, el ingeniero se olvidó del séquito o hinchada que lo imaginaba vivo para un desquite político futuro frente al kirchnerismo.

Cuestión de abecedario, de ubicación, litigio por una letra. O por dos, distanciadas en la nómina. Unos se inclinan por la griega, los otros por la latina. Clara referencia a la “i” o a la “y”, con reglas ortográficas diferentes. Se pronuncian igual, pero no son lo mismo. Mucho menos en política y, ahora en particular, en tierra bonaerense: Jorge Macri y el radical Facundo Manes han rescatado la griega, Horacio Rodríguez Larreta y Diego Santilli se quedaron con la helénica o romana. Y esa distinción le ha provocado al alcalde porteño la pérdida imprevista de los últimos rastros de cabellera, un sacudón al liderazgo opositor que pretende y, de rebote, hasta una convulsión en el santuario que lo cobija: la Capital.

Alberto Fernández no desea ceder a Santiago Cafiero, buscado para protagonizar la lista de diputados en la provincia de Buenos Aires. Pero la necesidad abruma, genera inclusive versiones a escasos meses de las elecciones.

Metáfora del subdesarrollo político. Foto de Mauricio Macri cerrando un descascarado portón de hierro, hace 72 horas. Se iba de un revulsivo encuentro del PRO en un galpón: secretismo interior, ambiciones desatadas y una escenografía decadente. Otra foto, en los próximos días, mostrará al mismo personaje en un elegante salón de Madrid, cuidado y bien provisto, acompañado por dos famosos ex mandatarios de España: José María Aznar y Felipe González.

El ex jefe de Gabinete almorzó con Alberto: consejos a Fabiola. ¿Se suma? El "Flaco" se lanza el domingo: los detalles y la vergüenza del Presidente.

El favorito de Cristina, y desafecto de Alberto, es una posibilidad para la lista de diputados del PJ.

La vicepresidenta quiere volver a levantar tribuna en Tribunales, en plena campaña. Por el momento, a la Corte Suprema le hizo un gran favor.

Oficialistas y opositores se fueron de gira a Estados Unidos. Alberto Fernández, cada vez más disparatado.

 

Cristina aún no halló alguien que le garantice la victoria en los comicios legislativos en su santuario bonaerense.

La denuncia del Presidente contra Bullrich vuelve a dar protagonismo a la jueza Servini de Cubría.

Se viene otra embestida cristinista sobre el ministro, bajo la consigna de “primero la salud, después la deuda”.

Nadie sabe lo que dura la palabra del Presidente, ni si Cristina le permitirá cumplir lo que promete. Casi un golpe “blando” si uno se remite al siglo pasado, a las caracterizaciones de la época con las que suele enajenarse el kirchnerismo.

En menos de dos años, Alberto F. ha quedado reducido a ser apenas un presidente de transición.

Lejos de los focos, Randazzo teje su red para las elecciones bonaerenses, ¿con un guiño de Alberto?

Faltan certezas en torno a la Sputnik “nacional y popular”. Los entuertos judiciales sobre las clases.

Sin haber perdido una elección, el Presidente luce como esos políticos que ya no pueden ser reelectos.

Guzmán resiste las presiones de Cristina, cada vez más enfrentada a Alberto Fernández.

No se acallan las internas entre el Presidente y la vice. Trabas a Máximo. La ambulancia de Randazzo.

Lo sacudió a Alberto Fernández dos veces: con el FMI y con Biden por Venezuela.

Cruce áspero entre Alberto F y Cristina por la demorada designación de Soria en Justicia. 

El hijo de la vice debe negociar con los jefes comunales para controlar el PJ de Buenos Aires.

Habrá alianza hasta las elecciones, aunque el Presidente tenga cada vez menos poder.

Como ha hecho siempre ante cada crisis, CFK no habló de Báez ni del Vacuna VIP.

Sus fanáticos dicen defender a CFK de jueces, fiscales, Cámaras y Corte, pero sus causas siguen complicadas.

El presidente se "descuelga" de la vicepresidenta y ya no piensa en impulsar cambios en el Gabinete.

CFK hizo propio el triunfo de la vacuna, pero la economía y la interna peronista no lucen bien.

Desilusionada, casi arrepentida, Cristina espera en silencio que Alberto cumpla lo que ofreció.

Lilita debería aprender de Cristina en la última elección y dejar de pensar en términos sectarios.

La vice recibió promesas de cambio de parte de Alberto Fernández. Ahora quiere que las cumpla.

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