Domingo, 25 Octubre 2020 12:30

Mario Negri: “Nosotros sabemos lo que es que te empujen en vez de agarrarte del brazo, no estamos para empujar al Gobierno"

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El jefe del interbloque de la oposición en Diputados dice que el Ejecutivo nacional perdió el rumbo: “Sacó pasaje a la luna”. Pero pide garantizar la gobernabilidad. La posición en torno al presupuesto 2021 que se discute esta semana. Las candidaturas en Juntos por el Cambio

La entrevista con Mario Negri, jefe del interbloque de Juntos por el Cambio en Diputados, se realizó el viernes al mediodía, un rato antes de que el Gobierno consiguiera dictamen del proyecto de Presupuesto 2021, de cara a la sesión de la semana próxima en la que buscará darle media sanción, aún sin el acompañamiento opositor.

- ¿Cómo están las negociaciones, van a abstenerse?

- Este lunes vamos a tener reunión de los presidentes de los bloques. Nos sorprendimos el jueves porque trajeron 40 artículos nuevos. En términos macro, el presupuesto tiene dos variables que lo deslucen y lo alejan mucho de la realidad, desde que lo presentaron hace 30 días: tipo de cambio e inflación. Prevé un tipo de cambio de $102, el que lo encuentre que toque bocina. Y después una inflación del 29%. Esas dos variables deslegitiman mucho el resto de las variables. Está muy despintado el presupuesto, hay mucha discrecionalidad y mucha promesa hacia adelante. Después hay una planilla de la felicidad, donde aparecen obras y después nunca se concretan.

- Había en estas horas cierto malestar porque los pedidos de los gobernadores de la oposición y del jefe de Gobierno porteño no habían tenido respuesta en este presupuesto.

- No, en las reuniones que se organizaron, y que yo participé organizando, con algunos funcionarios y el presidente de la Cámara, lo que buscaban eran temas centrales que tienen que ver con un presupuesto acorde a la realidad, que saliera de la discrecionalidad y que el federalismo se planteara de otra manera. Todas son promesas a consultar, independientemente de los temas particulares. El Gobierno está en una situación de extrema debilidad, que le interese poco dar una señal de consenso político mayoritario y solamente conformarse con decir que tienen los votos me parece que no es lo mismo. Nosotros hemos mostrado toda la voluntad, pero para bailar el tango hacen falta dos.

- ¿La discusión interna se da entre la abstención y votar en contra? ¿Cambia algo? 

-Nunca las cosas son indistintas. Lo ideal hubiese sido, en la situación que está la Argentina, dar una señal todos juntos, pero para eso hace falta un gesto y un rasgo de sinceramiento en el propio presupuesto, que sea transparente y previsible.

- ¿Cree que están siendo responsables como oposición en este momento tan crítico de la Argentina?

-Yo pienso que sí. No lo puedo calificar por demás, pero más que responsables. El Gobierno se llevó a fin de año las nueve emergencias. Después se llevó en un DNU las facultades discrecionales de mover el 100% las partidas del presupuesto, en nombre de la lucha del COVID. Cuando comenzó la pandemia nosotros nos pusimos todos a disposición de facilitar el tratamiento de las leyes. Te diría más: han despachado DNU por valores fiscales descomunales en los primeros tiempos de pandemia. También es cierto que el Gobierno armó una agenda que se fue cargando de tensión política e institucional con temas que estaban muy alejados del miedo, de la desesperación y la ansiedad de la pandemia. Se cargó de facultades el Poder Ejecutivo, se llenó de poder casi con gula, el Poder Judicial ha estado casi cerrado seis meses, funcionando a medias, y el Poder Legislativo con las características que ustedes han visto. Están preparando los camiones y los ómnibus para hacer turismo y nosotros tenemos que sesionar remotamente. Ya no existen argumentos: el 30 de noviembre vencen las ordinarias y se cae el telón. Están viendo cómo circulan por todo el país para descansar a fin de año y nosotros sin poder movernos. El secreto que hemos tenido nosotros, que el oficialismo no lo imaginaba, por los antecedentes, es que pensó que después de la derrota electoral la coalición...

- Se rompía...

-Naturalmente podía entrar en una crisis. Yo siempre dije que si a los 90 días nos manteníamos unidos y no teníamos bajas es porque estábamos superando la etapa del duelo. Es la primera vez que una coalición de partidos distintos que pierde el gobierno en su primera experiencia se mantiene férreamente unida. Y en eso tiene que ver con dos condiciones: tener la inteligencia de administrar las diferencias, que no es sencillo. Las diferencias cuando sos gobierno el poder disciplina, pero cuando sos oposición es más difícil. El otro secreto es que el Gobierno cambió la agenda y ha metido niveles de tensión política, institucional y social y unos choques de tal magnitud que ha soldado a la oposición fuertemente.

- O sea que, si bien el cambio de agenda del Gobierno agrietó más, le sirvió a Juntos por el Cambio para unirse. Les hicieron un favor...

-No es un elemento determinante, lejos de eso. Pero está claro que si vos armas una agenda que no tiene que ver con el tipo que se quedó sin trabajo, con el que no tiene expectativas para mañana, con una falta de una salida de la cuarentena, la no construcción de un diálogo, pedirle diálogo y no dartelo y la respuesta es reforma judicial, sacar el procurador, meterle juicio político, desplazar los jueces, Vicentin. Bueno, creo que primero estamos en dos planetas distintos. Nosotros estamos en Argentina... 

- ¿Y el Gobierno?

-El Gobierno yo creo que sacó pasaje a la Luna. Y en realidad tendría que sacar un pasaje mucho más cercano, a 100 kilómetros, para tener un sentido de la realidad. Ha sacado pasaje para volar al modelo de gobierno que tuvieron cuando la soja estaba a $600 o con el que terminó Cristina, que terminó muy mal. Y eso es imposible, a esa Argentina no se vuelve. Ha sacado de la realidad al Gobierno. Se terminaron las filminas de los viernes, no hay más filminas de los viernes. Hubo un pecado muy argentino.

- ¿Cuál?

-De creer que el mundo tiene que viajar a aprender de vos, y el mundo cada vez nos atropella más. Y la incertidumbre económica, hemos visto estas últimas 48 horas. Han existido muchas crisis similares donde la desconfianza se adueña del escenario y la economía y es el peor que le puede pasar a un gobierno, porque pierde credibilidad, y se refleja en los mercados y la brecha cambiaria. El tamaño de esta brecha le está pegando una piña, no al presidente del Banco Central y al ministro, si no que a toda la Argentina.

- ¿Lo ve debilitado al Presidente? Eduardo Duhalde exageró y dijo que lo veía “grogui”.

-Los calificativos, más, menos, pero sí los hechos. Él tuvo un empoderamiento social al comienzo que estaba construido inclusive con la confianza de los que votamos en contra...

- De hecho, dijo que era el comandante en jefe, cuando empezó la pandemia.

-Si, dije que era el comandante frente a la anarquía para combatir un virus que desafiaba la ciencia, la economía y al mundo. Pero la verdad es que ese empoderamiento social, con el tiempo lo fueron convirtiendo en un empoderamiento político. Pensaban que le daba una legitimidad que los podía hacer prescindir de cualquier consulta. Por eso, cuando les pedimos diálogo, cuando les pedimos que llamen, que escuchen, que abran los oídos, porque la economía había caído en todo el mundo, pero nosotros íbamos a caer al cuarto subsuelo, por nuestros antecedentes y nuestra vulnerabilidad, nos dijeron que ellos sabían cómo salir para la pospandemia. Nunca quisieron un diálogo político. La verdad es que si vos manejás el auto con los ojos vendados lo que tenés es choque asegurado. Hay debilidad, el día que el gobierno tomó la agenda privada de Cristina Fernández, de su situación con la Justicia, la gente percibió que esa agenda judicial de Cristina se convertía en una agenda de gobierno. Pero la vicepresidenta ni siquiera habla de la pandemia. 

- Ustedes desde la oposición vienen insistiendo en esa agenda, pero desde el kirchnerismo duro dicen que es la agenda del Presidente...

-Bueno, quizá cuando el Presidente asume esa agenda encuentra parte de su debilidad y de sus contradicciones, porque están muy lejos de lo que decía antes. En una de esas se están despejando las dudas y Alberto es Cristina.

- ¿Habla estas cosas con Máximo Kirchner?

-Tengo diálogo de presidente de bloque, en Labor Parlamentaria. No tengo ningún prejuicio personal, todo lo contrario. Yo discuto ideas.

- ¿Hace mucho no habla con el Presidente?

-Hace mucho. Me supo llamar al principio, parte de la conversación fue lo que comenté. Yo no lo conocía, ni siquiera personalmente, a pesar de los años en que estoy en política. Yo creía que había que convocar a un diálogo político, institucional de los partidos. Tengo la impresión de que han caído en la tentación de ponerle una estaca a la grieta.

- ¿Cómo es eso?

-La estaca es para que no se cierre. Yo a veces escucho al jefe de Gabinete o a alguno, después de las marchas, como descalifican. Las marchas que les tocan el timbre al Gobierno y son en paz, que prácticamente dicen que salen a vender el virus, que son todos oligarcas, y cuando hicieron el desfile de camiones con (Hugo) Moyano, que no era para elegir la reina del virus, decían que ese era el pueblo. Eso es un riesgo altísimo. Esta pandemia en los comienzos del 2003, 2004, con la soja a U$S600 estarían haciendo populismo con plata. No se imaginaban un populismo sin capacidad de repartir. Antes de la elección era mandinga el que pronunciaba la palabra “Fondo”, y ahora prácticamente le piden bailar el minué. Y eso marca la debilidad que tiene el país.

- Recién decía que el Gobierno le puso una estaca a la grieta, y cómo califica a las marchas opositoras, pero también es cierto que hay muchos dirigentes de Juntos por el Cambio que colaboran asiduamente a fomentar la grieta.

-Yo no soy partidario de los extremos, creo que los extremos contienen núcleos duros, pero con los extremos no construís gobiernos previsibles por mucho tiempo, porque se mantiene esa división. Nosotros también cometimos errores y no pudimos resolver determinados problemas. No puede ser que un país que no pueda resolver el problema de su déficit pierda la elección. ¿Por qué está acostumbrado a vivir con emisión monetaria nada más? Nosotros no pudimos resolver todos los problemas, pero necesitamos un acuerdo político a largo plazo, como pasa en Europa, como ha pasado en Alemania. Si no, no vamos a salir. Hay que romper ese círculo vicioso en el que corregir los desajustes estructurales te hace irte del gobierno.

- Pasaron 10 meses desde que Cambiemos se fue del gobierno, ¿no cree que a veces les falta un poco de autocrítica?

-Sin hacerse el harakiri siempre hay que hacer un repaso de lo que se hizo bien, de los errores que no hay que volver a repetir, no tropezar con la misma piedra, tener conciencia de que la Argentina necesita una mayoría social muy grande, muy amplia, para afrontar un crecimiento de desarrollo, de crecimiento sustentable, que tenga una política exportadora que genere confianza y seguridad jurídica, sin tenerle miedo a las inversiones. Creo que Cambiemos no estará pensando en que hay que construir una alternativa sobre la base del 2015. El mundo cambió, aumentaron los problemas, y la sociedad también ganó la calle, lo cual es un mensaje en general para la política, no es solo para el gobierno.

- ¿Pero la oposición está de acuerdo en hacer, valga la redundancia, un acuerdo con el Gobierno? Pareciera que cuando hay algún tipo de acercamiento los extremos de ambos lados...

-Los últimos pronunciamientos institucionales de Juntos por el Cambio fueron mandar cartas al Presidente con propuestas de diálogo. Privilegia otro tipo de vínculos que no sé si obedece a problemas internos de la coalición. La Argentina necesita un acuerdo que de señales al mundo por 10 años por delante. El Gobierno despejó el horizonte de los bonistas externos, y sin embargo aumenta la desconfianza. Entonces hay un problema en la política del Gobierno. Lo veo en mucha soledad, lo veo desorganizado, tiene la idea de cambiar de opinión a la mañana, a la tarde, a la noche. Eso alimenta la desconfianza en un país que además ya de por sí la gente no cree en su moneda. Todos sabemos que Alberto Fernández es el presidente desde que Cristina lo eligió como candidato, lo que no sabemos es hacia dónde quiere ir. Estamos en altamar y estamos amagando con el barco si volvemos, si seguir para adelante, pero no sabemos a qué puerto vamos. El Gobierno tengo la impresión de que cree que somos el diablo: no quieren que lo ayudemos, no se dejan ayudar.

- En estos días Mauricio Macri dijo que en el 2023 Juntos por el Cambio iba a volver al poder, ¿cómo se presentan de nuevo como alternativa habiendo sido un gobierno que no pudo reelegir y que electoralmente fracasó en 2019?

-Si el fracaso es perder, ponele fracaso...

- Por eso, con expectativas que no se cumplieron, con indicadores sociales y económicos...

-¡Pedile la receta al peronismo! Te contestaría así con ironía. Han gobernado 27 años la Argentina, pasaron por (Carlos) Menem, que vendió por U$S30.000 millones el país. Pasaron por la primera etapa de Néstor, volvió Cristina de vicepresidenta, volvió con 30 causas en la Justicia... A mí lo que más me duele es que perdimos con el pasado inmediato, no con el futuro. No se pueden ofrecer pasajes a la Luna, van a tener que ofrecer más cerca, para que la gente crea que va a poder llegar. Juntos por el Cambio tiene que plantearse un programa. En el 2017 a lo mejor se cometió un error, se pensó, como en el fútbol, equipo que gana, equipo que no se toca. Tendríamos que haber dado un salto cualitativo, lo dije en Olivos, teníamos que hacerle un service a Cambiemos, habíamos hecho la mitad de los kilómetros.

- ¿Y qué le contestaron cuando pidió hacer el service?

-No digo que no gustó, pueden haber pensado que fue un ejemplo muy didáctico mío. Ahora hay que buscar ampliar la base de la sustentación social.

- En esa línea hace dos domingos Martín Lousteau nos dijo que la agenda pública está trabada por el encono de dos dirigentes, refiriéndose a Cristina Kirchner y a Mauricio Macri, y le agrego lo de Emilio Monzó, que pidió jubilar a Cristina y a Macri, ¿qué opina?

-No hablo sobre las personas porque si hablo bien de uno se enojan cien. Los problemas de la Argentina son mucho más profundos que la disputa política o la confrontación entre dos personas con un momento de liderazgo gobernando el país. Coincido en que está trabada la Argentina, pero no está trabada por dos dirigentes, tiene otra dimensión. No distraigo mi tiempo en una reunión de dirigentes para ver quién es el referente. Los liderazgos no los reparten los dirigentes. El secreto de Juntos por el Cambio en esta transición, de los liderazgos de alguien que ejercía la Presidencia y que obviamente sigue viviendo, y tiene derecho a hablar y expresarse, está en tener la inteligencia que estamos en una transición de liderazgos colectivos. Tenemos que buscar comunes denominadores en orden a nuestra primera prioridad, que es mantener una coalición, ahora sí hacer un service en serio, ofrecer un programa y ampliar la base de sustentación social ofreciendo generosamente un acuerdo muy amplio que tenga que ver con el mundo que se nos viene encima.

- ¿Cree que ahora sí en el caso de Macri, que volvió a hablar en estas semanas, tiene conciencia de que hay que hacerle un service a Juntos por el Cambio?

-Yo siempre parto de la buena fe. Hace mucho que aprendí a dar vuelta la mecánica. Hay razones en la Argentina para que cuando conversás con alguien y se compromete en algo primero pensés por dónde te va a joder. Y no si va a cumplir. No confundo ingenuidad con responsabilidad, pero he tratado de hacerlo.

- ¿Le pasó con Alberto Fernández? ¿Creía en su buena fe?

-Yo no especulé. Tengo enormes diferencias. Pero creo que Alberto ha hecho la videoteca más completa de la oposición más extrema a los últimos años del gobierno de Cristina. Creo que si alguien la junta y la pone a consideración de la gente puede pensar que ha sido un primo y que no ha sido él, y sin embargo el poder los volvió a juntar. Pero una vez que la gente los votó les di la chance, y sigo pensando que puede cambiar, uno siempre piensa que vamos a mejorar. No vamos a hacer la del cangrejo. Pero ahora hay más riesgo de chocar mirando hacia adelante que mirando hacia atrás como el cangrejo. Si no cambiamos nos vamos a pegar un piñón. Hay que evitarlo. Una cosa son los errores evitables y que vos los convertís en evitables. Nosotros tuvimos muchos, la pelota iba afuera y la metíamos adentro con la mano. Otra cosa son experiencias equivocadas, demostradas, evitables y que las queres convertir en eficaces, que es lo que le pasa a este gobierno.

- ¿Un ejemplo?

-Es un gobierno que cree que puede vivir de la emisión, que cree que ideologizando las relaciones internacionales te vas a mover en el mundo de una manera tal que te vas a integrar. El Gobierno tiene un pecado de origen, que el kirchnerismo lo multiplicó y lo superó. El kirchnerismo no es el peronismo ni Perón. Perón inventó la tercera posición. El kirchnerismo inventó la idea de que podes vivir solo como quieras, y que todo el mundo te va a buscar igual.

- ¿El candidato del 2023 debería ser Horacio Rodríguez Larreta? Alfredo Cornejo dijo que podía haber un candidato radical.

-Un partido político que no imagine que va a tener un candidato a presidente, que no tiene como objetivo conducir los destinos de un país, no es un partido político, es una ONG.

- ¿Y quién es el candidato de la UCR?

-Llegará su tiempo, pero seguramente todos van a tener candidatos a presidente, y eso es muy bueno para la coalición. Hoy, con el dólar a $200, con un millón y medio de pobres, que alguien lea que estamos discutiendo el candidato a presidente, lo más probable es que llamen a un médico con una ambulancia del SAME y digan “llévenlo” a un cuarto aislado. En el radicalismo puede haber más de un candidato, y eso le va a hacer un favor a la coalición, y Horacio (Rodríguez Larreta) es un dirigente que además tiene probada gestión de gobierno, los gobernadores nuestros también. Yo no quiero dar nombres, ni propios ni ajenos. Si nos ponemos a discutir candidaturas ahora, creo que el Gobierno saca platea y regala entradas para que nos vean.

- ¿Le preocupa la gobernabilidad? Recién habló de barco a la deriva...

-Cuando dije barco a la deriva... El Presidente no puede ir, una cosa es hacer sky acuático con dos sky y otra cosa es gobernar con un pie en cada canoa. Es probable que te caigas al agua.

- Dice que están cerca de caerse al agua...

-Digo que el mar está muy tormentoso, yo tomaría más precauciones. La gobernabilidad... este gobierno tiene 9 meses, y se empiezan a verbalizar cosas que en ningún gobierno ocurren a los nueve meses: gobernabilidad, debilidad, valor de la palabra, falta de rumbo, pérdida de empoderamiento social, gobierno bifronte. A nueve meses.

- ¿No se justifica por la pandemia?

-Es imposible imaginar que solo la pandemia es la base de la justificación de todo eso. Es más, es contradictorio. No debería hablarse de eso si el Gobierno considera que ha sido un éxito lo que ha hecho con la pandemia. Eso está encendiendo luces del semáforo amarillas que laten con intensidad. Cuando uno habla de gobernabilidad significa lograr despejar del vocabulario social todo eso que se percibe como que pueda ocurrir. No solo ahuyenta las inversiones, ahuyenta el ahorro, la confianza, la gente no produce, empieza a hablar de como irse. El mal clima, la pérdida de confianza, hace que uno ponga el ojo en la gobernabilidad. Lo tiene que poner el gobierno primero, y también la oposición. Cuando hablamos de gobernabilidad, hablamos de un compromiso de todos. Nosotros estamos para ayudar, no estamos para obstruir. Nosotros sabemos, y el radicalismo particularmente sabe lo que es que te empujen en vez de agarrarte el brazo para que no te caigas.

- O sea que ustedes no van a empujar al Presidente.

-No, en absoluto. Que pongas claro que el radicalismo sabe, en su historia y en los pocos momentos que gobernó, aunque ahora hablen de Alfonsín, y le hagan monumento al muerto porque los muertos no hablan, nosotros sí sabemos lo que es que te empujen y no te tomen del brazo para que no te caigas. Nosotros no estamos para empujar, estamos para agarrarlo del brazo, aunque sea a los gritos, porque si alguien se cae, se cae un país. No puede ocurrir eso. No existe en nuestra mente.

Federico Mayol
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