Los años de lejanía y su propia experiencia le dieron otra perspectiva del país y la sociedad. Alguna vez dijo él mismo que volvía "descarnado".
A poco de su regreso, se instaló en su nueva residencia de la calle Gaspar Campos en Vicente López y puso en marcha los mecanismos para reunirse con el resto de la dirigencia política democrática reunida en torno al agrupamiento multipartidario denominado "La Hora del Pueblo", organismo constituido dos años antes el 11 de noviembre de 1970 que, integrada también por el propio peronismo, reclamaba por una salida política electoral al gobierno de facto de las FFAA instaurado desde 1966.
Era una nueva situación. El peronismo reconocía explícitamente la legitimidad de otras fuerzas políticas y estas a su vez, opositoras, se sentaban a la misma mesa y exigían la normalización de la situación legal del movimiento liderado por el exiliado. Juntos reclamaban a las FFAA en ejercicio del poder por la pronta reinstitucionalización del país por medio de elecciones libres y sin condicionamientos.
CONTACTOS CON LA OPOSICION
Durante los años anteriores al regreso no fueron pocos los contactos de Perón con otros dirigentes políticos otrora opositores a su política, que se fueron haciendo más frecuentes.
A su retorno procuró darles una continuidad y una visibilidad que no pusieran en duda su auténtico sentimiento y convicción en pos de una verdadera unidad nacional. Por ello buscó insistentemente encontrarse con el ya legendario dirigente radical Ricardo Balbín, que había estado preso bajo su primer gobierno y se había convertido en un emblema del anti peronismo. La relación había comenzado en forma epistolar.
El propio Balbín estaba interesado en avanzar en esos contactos en forma directa y prescindir de la intermediación de terceros (Jorge Daniel Paladino, Facundo Suárez) que hasta entonces era el método para evitar desencuentros o desaires. Así, apenas 48 horas después de iniciada la estadía de Perón en la Argentina este procuró un encuentro de La Hora del Pueblo que se iniciaría en su residencia y finalizaría con una cena en el cercano Restaurante Nino. Pero a Balbín le llegó la invitación de Perón de entrevistarse a solas una hora antes de la llegada del resto a la residencia. Era el primer gesto.
Es conocida la anécdota y la circunstancia por la cual a Balbín se le complicó la llegada al domicilio del expresidente por problemas de tránsito y debió entrar desde la finca lindera a la propiedad de Perón que lo obligó (a él y a sus acompañantes, incluido Héctor J. Cámpora delegado de Perón que se convertiría en el candidato en las futuras elecciones de 1973 y que lo acompañaba ya que había dicho "para mi sería un honor llevar al doctor Balbín", según el testimonio de Enrique Vanoli, secretario del Comité Nacional de la UCR y testigo presencial del nuevo acercamiento entre los líderes) a saltar la tapia para poder ingresar.
Fue ese el primer momento en la vida de estos dos ya veteranos dirigentes políticos que se habían combatido y desconfiado por décadas se encontraban cara a cara, más allá de cualquier especulación electoralista.
Ha dicho el mismo Vanoli que Perón le dijo "Doctor Balbín, usted y yo nos tenemos que poner de acuerdo porque somos el 80% del país". Las fotos del periodismo denotan la cordialidad del clima en que se desenvolvió ese encuentro.
Mi amigo personal Jorge Tellería que fuera colaborador y secretario de Ricardo Balbín me ha obsequiado la fotografía que se tomó aquel día con el general Perón y que es testimonio del positivo clima de entendimiento que rodeaba al entorno cercano al líder radical con respecto al expresidente que regresaba del exilio y buscaba el diálogo y la comprensión con sus adversarios.
Aquel no sería el último sino el primero de muchos momentos en que Perón demostró su sincera vocación por escuchar a Balbín y tomar su consejo sobre diversos aspectos de la realidad nacional. Bien podría la dirigencia política argentina del convulsionado presente inspirarse en aquel gesto y su simbólico significado, convirtiendo el 19 de noviembre como el Día de la Unidad Nacional o Día de la Concordia Nacional.
Se ha especulado con la fallida posibilidad de la fórmula Perón-Balbín lo que era desde muchos ángulos imposible de concretar (aspectos legales y reglamentarios propios de la vida de los partidos políticos) aunque denotaba un verdadero clima de respeto y entendimiento.
Cuando regresó definitivamente al país al año siguiente, ya instalado el gobierno constitucional de Cámpora pero en un clima mucho más convulsionado y de recrudecimiento de la violencia, Perón quiso devolver a Balbín la gentileza de su visita a Gaspar Campos, que el radical declinó que fuera en su domicilio particular en La Plata y se resolvió llevar a cabo en el despacho del presidente del bloque de diputados nacionales de la UCR en el Palacio del Congreso, donde volvieron a verse a solas los líderes el 24 de junio de 1973, por espacio de una hora y media aunque el detalle de aquella conversación se conoce sólo parcialmente por la transmisión que de ella hicieron sus protagonistas a distintos colaboradores.
El resto de la historia es conocida, el final del ciclo Cámpora, las nuevas elecciones, el triunfo de Perón y su tercera presidencia de pocos meses hasta su muerte, el inolvidable discurso de despedida que dio Balbín ante el féretro y el drama que sobrevino. En ese ínterin varias veces volvieron a dialogar aquellos que se habían enfrentado y combatido.
Por eso, quizá el activo mayor que ambos llegaron a su país y a su pueblo para el futuro, aunque aún faltaba atravesar el período más oscuro de la historia nacional con sus secuelas de violencia y muerte, fue el de dejar asentada una reconciliación que antes aparecía imposible entre actores políticos que se habían visto como enemigos, luego como adversarios electorales y finalmente como compatriotas que pensaban diferente sobre algunos aspectos pero compartían fundamentales denominadores comunes que permitieron la reconstrucción del tejido social y la refundación democrática de 1983.
* Presidente del Instituto Nacional Yrigoyeneano.



