Con el avance sobre uno de los poderes independientes de la república, el régimen chavista comenzaba así a mostrar su cara autoritaria. Un modelo de gobierno que, hoy en manos de Nicolas Maduro, se ha convertido en una dictadura que viola sistemáticamente los derechos humanos y es repudiada por todas las democracias del mundo.
Los populismos se caracterizan por su permanente intento de controlar la suma del poder público, avasallando la independencia de poderes, algunos con más éxito que otros. En los países federales, como Argentina, se pueden encontrar esos engendros autoritarios, esas pequeñas “venezuelas”, en las formas de administrar el poder que tienen algunos gobernadores en sus provincias, como si éstas fuesen feudos autoritarios.
Es Formosa, de la mano de Gildo Insfrán, uno de los máximos exponentes de ese modelo de poder político. Pero el problema toma otra magnitud cuando el presidente Alberto Fernández señala a Formosa como el modelo a seguir. En mayo pasado, en una visita a esa provincia, Fernández señaló junto a Gildo Insfrán, a quien identificó como su “amigo”, que “estos son los modelos que hay que seguir” al responder sobre la política que analizaba el Gobierno nacional para la reactivación económica pospandemia. Y ayer, en un acto oficial, tuvo gestos cordiales, intencionalmente visibles, hacia el cuestionado mandatario formoseño.
Formosa es un verdadero drama que afecta a cientos de miles de formoseños, que carecen de garantías y derechos constitucionales, que merecen una salida, por la que hoy están luchando en las calles de esa provincia. Sin embargo, el modelo formoseño, parece hoy encontrarse en gateras, dispuesto a salir a disputar una carrera a favor del autoritarismo en el orden nacional. Es sencillo: si es señalada como ejemplo, será porque es una invitación a seguirlo.
La necesidad de controlar la justicia, que moviliza y motiva al gobierno nacional, por los intereses que preocupan a la actual vicepresidenta basados en el avance de las causas que tiene en tribunales, hacen que esa carrera se esté corriendo a una velocidad inusitada que no se visualiza en otras áreas de gobierno más necesitadas, como el manejo de la pandemia o la misma situación económica. El gobierno no despega su andamiaje de gestión y no atiende con la misma decisión otras insuficiencias, que la población reclama, con misma la voluntad que muestra tener para intentar controlar la justicia.
El mejor ejemplo es que tanto el presidente, como su gabinete, no fueron capaces de garantizarnos un plan de vacunación masivo y transparente. El Vacunagate mostró una de las peores caras que suelen tener los modelos de gobierno populistas y autoritarios: en medio de tanta carencia, en este caso de vacunas, unos pocos comenzaron a arrogarse privilegios simplemente por la pertenencia al poder político dominante. Situaciones así, en la dictadura de Nicolás Maduro, suceden a menudo con el acceso a la comida o a insumos básicos e imprescindibles. Allí la militancia chavista se jacta ostentando esas prerrogativas tanto como hacen aquí los jóvenes camporistas al saludar con los dedos en V cuando se vacunan privilegiadamente.
El “ejemplo formoseño” también genera polémica y disputa en la oposición. Allí saben que tienen por delante un año electoral y que deben comenzar a aceitar definiciones. Situaciones como la vacunación vip generan discordia: o son “errores” o son “delitos”. Dentro de Juntos por el Cambio existe ese debate entre los más moderados y los opositores más firmes.
El expresidente Mauricio Macri suele enrolarse en el grupo de los más duros y su prédica gana espacios entre los dirigentes. Lo que no implica que lo elijan líder de esta etapa, algo que Macri también descarta, pero sí que su discurso de endurecimiento opositor vaya imponiéndose. Basta ver la construcción cotidiana de liderazgo que impone la figura de Patricia Bullrich, una de sus espadas. En el otro sector, el de los moderados, creen que agrietar más la sociedad no es un camino viable, ni siquiera electoralmente.
Pero Formosa es otra cosa, y une a todo el arco opositor. Ayer quedó demostrado cuando Horacio Rodríguez Larreta no asistió al Acto por el Día Internacional de la Mujer en Casa de Gobierno, para no compartirlo con Insfrán. Antes, repudió enérgicamente los hechos recientes.
Mientras la dirigencia opositora debate internamente sobre cómo abordar la grieta, el oficialismo continúa afirmándose en busca de metas que se necesitan una a la otra para ser posibles: el avance sobre la justicia y el apoyo presidencial a las formas de gobierno de Insfrán.
En este escenario, comienza a circular la idea de que quizás nos estemos equivocando cuando señalamos a Formosa como un modelo político del pasado, antiguo y fuera de época, cuando en realidad, la conflictiva provincia norteña posiblemente nos esté mostrando el futuro.
Ese lugar al que quieren llevar al país.
Daniel Santa Cruz


Protestas en los alrededores de la casa de Gobierno provincial, que derivaron en enfrentamientos entre manifestantes y policías, que respondieron con gases y balas de goma