Empezó la Cancillería sacando a la Argentina del Grupo de Lima, el grupo de países democráticos que presiona para que en Venezuela dejen de violarse derechos humanos constatados por la ONU a través de Michele Bachelet y haya elecciones libres. El argumento es que eso es una injerencia en los asuntos internos de otro país. Menos mal que el kirchnerismo no existía cuando James Carter envió a su secretaria de Derechos Humanos Patricia Derian para investigar los crímenes de la dictadura: lo hubiera considerado una injerencia. Patético.
Siguió Cristina Fernández, usando la conmemoración del 24 de marzo para repetir su relato delirante en la que acusa de cómplice de la dictadura a cualquiera que no le bese los pies. Ayer, en su soliloquio, afirmó: “Necesitaron de la desaparición y tortura para imponer un modelo económico. A los que estatizaron sus deudas y apoyaron a la dictadura no les pasó nada. Terminaron más ricos y nos dejaron ese regalo. Entre ellos, la familia de ya sabemos quién”, dijo en relación obvia a Mauricio Macri. 16 años tenía Macri en 1976. Néstor tenía 26 y empezaba a ejecutar deudas para hacerse millonario en Santa Cruz.
Terminó la jornada Estela de Carlotto. Primero, la abanderada de los derechos humanos dijo que a Macri hay que meterlo preso “cuanto antes” porque, según ella, “ya se ha demostrado que es un delincuente”. Macri no tiene fueros y ni siquiera ha sido citado a una indagatoria hasta ahora, pero Carlotto ordena que vaya a la cárcel. Es muy parecido a lo que pensaba Camps. Es espeluznante que lo diga la líder de quienes tuvieron hijos y nietos a los que se torturó y encarceló sin debido proceso.
Pero Carlotto, no paró ahí. Defendió a Cristina porque, dijo, es víctima del lawfare, o sea de persecución judicial. Según Carlotto, el lawfare, ese invento K, es también un golpe de Estado. O sea que Cristina es equiparable a una víctima de la dictadura.
Y eso sí ya supera los niveles del delirio. Cristina, aún con 10 causas por corrupción en su contra y con pedidos de prisión preventiva, fue elegida vicepresidenta de la Nación. Es difícil imaginar un caso más contundente de respeto de garantías constitucionales y derechos políticos que el de Cristina. Y por eso mismo es difícil imaginar algo más patético que a Carlotto insinuando que eso es parecido que estar encapuchado en La Perla. Debería darles vergüenza, por respeto a sus propios hijos y nietos torturados. Pero ya no la tienen. A la vergüenza, digo.
Adrián Simioni


El kirchnerismo aprovechó el 24 para terminar de apropiarse y banalizar los derechos humanos. El raro caso de la señora que, mientras la "persiguen", es elegida vice.
