Domingo, 13 Junio 2021 10:43

El laberinto de la oposición en su odisea para volver al poder - Por Matías Moreno

La última conversación entre Mauricio Macri y Ernesto Sanz fue muy tensa. Corría agosto pasado y la Argentina estaba atrapada en la cuarentena por el coronavirus. Desde Francia, el expresidente le recriminó al exjefe de la UCR haber sugerido en una entrevista que él ya no podría liderar a la oposición en el futuro. “¿Me estás vetando?”, lo indagó el mentor de Pro. No volvieron a hablar.

 

El vínculo entre Macri y Elisa Carrió también está quebrado. Aunque retomaron el diálogo este año luego de varios meses de distanciamiento, ya ninguno oculta sus resquemores. “Me extorsionaba”, le confesó el expresidente a un allegado. “Yo lo sostuve hasta el final”, se jacta Lilita desde Exaltación de la Cruz. Sanz y Carrió, quienes nunca tuvieron feeling, no intercambian una palabra hace años, pero coinciden en un punto: no volverían a apoyar un proyecto presidencial de Macri en 2023.

 

El desapego entre los “padres fundadores” de Cambiemos evidencia las secuelas que le dejó la aventura en el poder a la principal coalición opositora. Desde la derrota de Macri en 2019, la alianza carece de un liderazgo claro y lidia con un doble desafío interno: necesita preservar la unidad y reconfigurar su perfil para tener chances de regresar a la Casa Rosada. Para eso, coinciden sus referentes, la fuerza precisa articular un relato de proyecto de país.

Las pujas entre las distintas facciones por la ausencia de un conductor indiscutido quedan a la vista con mayor nitidez por la proximidad de un mojón clave: el cierre de listas para las elecciones legislativas.

¿Halcones o Palomas? 

Desde el ocaso de la gestión de Cambiemos, dos grandes líneas internas conviven en la fuerza en permanente tensión: los “halcones”, que tienen a Macri y Patricia Bullrich como principales exponentes; y “los moderados”, que lideran Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal, con Elisa Carrió como aliada. En ese ecosistema opositor hay varios subgrupos, que orbitan cerca de Macri o Larreta. Están las distintas tribus del radicalismo, referenciadas en Martín Lousteau, Alfredo Cornejo, Gerardo Morales o Mario Negri, y la pata peronista de la coalición, con los duetos Emilio Monzó-Rogelio Frigerio y Miguel Ángel Pichetto-Joaquín de la Torre. Como en 2015, a todos ellos los amalgama el rechazo a Cristina Kirchner.

La mesa nacional de la coalición incorporó un hábito durante el último año para minimizar los ruidos internos: se reúne por Zoom los lunes, cada quince días, con la titular de Pro como moderadora.

La pelea por la estrategia electoral llegó la semana pasada a su pico de máxima tensión, con cruces y acusaciones en el corazón de Pro. Para aplacar los conflictos, las autoridades de la fuerza se vieron las caras el martes en el Galpón de los Milagros, en Palermo, y resolvieron que habilitarán internas en aquellos distritos donde no haya candidatos de consenso. Durante el concilio hubo un buen clima, pese a los últimos cortocircuitos. De hecho, se escucharon chicanas sobre la ausencia de Macri. “Ya son las 19, debe estar mirando Netflix”, lanzó un dirigente y desató una ola de risas.

                                                               

 

El juego de Larreta 

El Pro atraviesa una etapa inédita. Por primera vez desde su fundación, el partido no tiene a Macri como único líder y no concentra sus esfuerzos en apuntalar su proyecto presidencial. La salida del poder del “dueño” de Pro activó las aspiraciones de sus principales herederos: Larreta y Vidal.

Mientras gestiona en pandemia, Larreta se alista para llegar a la Casa Rosada con “clases” de historia económica y justicia. Cada vez exprime más su agenda diaria para hacerle lugar a la “rosca”. Hasta cita a aliados a las 6 para hablar de política mientras corren por Palermo. Como un maratonista, dosifica esfuerzos y administra conflictos internos. Su meta es suceder a Fernández, pero en el trayecto busca evangelizar a sus aliados: “Con el 41% no alcanza. Hay que llegar al 60% para gobernar”.

Sin abandonar su manual, Larreta comenzó durante los últimos días a jugar más fuerte en la interna de Pro. Evita chocar de frente con Macri -se necesitan mutuamente- e intenta cerrar un acuerdo con Bullrich en la Capital, pero ya no descarta ir a una interna con los “halcones”. En la cúpula de Pro sospechan que Larreta decidió, aconsejado por el consultor político Guillermo Seita, no postergar más la disputa con Macri por el liderazgo. Cerca del alcalde lo niegan y relativizan las tensiones: “Horacio no quiere ser el líder de la oposición”.

El posicionamiento que logró Bullrich preocupa al larretismo. Por eso, en Uspallata celebran como un gol cada traspié de la exministra. Está claro que el alcalde prefiere que Vidal o Fernán Quirós lideren su lista. En cambio, Bullrich desperfilaría el estilo moderado que pretende imprimirle a su modelo presidencial. Además, la exministra se convirtió en una amenaza. “Patricia es ‘peroncha’. Si te gana la interna, va por vos. Es tu iceberg”, le advierten soldados macristas al alcalde.

A principios de mes, Larreta y Vidal sacudieron el tablero opositor. A orillas del río en Tigre, el alcalde y la exgobernadora prometieron ante los referentes de La Territorial, nutrida por alfiles de ambos, que no habrá una ruptura entre ellos por la candidatura presidencial. “Nos vamos a encerrar en un cuarto y hasta que no decidamos no vamos a salir. Nuestra vocación más grande es que ganemos en 2023”, avisó Vidal. A su turno, Larreta arengó a su tropa y pidió “no tenerles miedo” a las internas. “Con María Eugenia no somos socios, somos lo mismo”, avisó. En Vicente López, terruño de Jorge Macri, mascullaron bronca: “¿Larreta viene a la provincia y no les avisa a los intendentes?”. Ya se preparan para la guerra.

La irrupción de Bullrich 

Ungida por Macri como titular de Pro, Bullrich apuesta a un discurso combativo para consolidar al núcleo duro y evitar fugas a los liberales. Con el aval del expresidente, quiere encabezar la lista en la casa matriz de Pro y amenaza con forzar una interna. “Larreta no es el dueño de la lapicera”, repite. No la entusiasma volver al Congreso, pero sabe que arrasar en las legislativas porteñas la pondría en el lote de presidenciables, o la posicionaría para heredar el sillón de Larreta. Por eso, se fastidia cuando se menciona que Vidal podría volver a la Capital. “Yo no la manejo”, le jura el alcalde en privado. En la última cumbre, Larreta le dijo que Vidal la superaba por 15 puntos. “Los liderazgos no se construyen con encuestas”, le respondió Bullrich. Una interna de Pro podría dañar los acuerdos locales que Larreta selló con la UCR y la CC, entre otros.

El factor Vidal

En una tirante charla en su quinta familiar de Los Abrojos, Macri le sugirió a Vidal que compitiera en la provincia. Ese mensaje altera a la exmandataria, quien ya sabe que no volverá a pelear por la gobernación. Sus últimos gestos fueron leídos por sus fieles como señales de despedida. Por ejemplo, cuando retiró de su avatar en Twitter la frase “orgullosamente bonaerense”. Semanas atrás, tomó un café con Bullrich, quien ya no oculta su impaciencia. “Hace un año que dice ‘no sé, no sé’. ¡Basta! Hay que avanzar porque la provincia está desvestida”, exclama en privado.

Pese a la presión, Vidal volvió a postergar su decisión para principios de julio, cuando regrese de Estados Unidos. Ella también proyecta su carrera con la mira en 2023. Los rumores de un inminente desembarco de laderos suyos, como Cristian Ritondo o Gustavo Ferrari, en el Gabinete de Larreta hacen sospechar a los “halcones” que el alcalde quiere posicionarla como su eventual sucesora. Suspicacias.

Ante las dudas de Vidal, Larreta activó su plan B para la madre de todas las batallas: Santilli. Esa maniobra genera fuertes cruces con Jorge Macri, aspirante al trono de Kicillof, quien amenaza con enfrentar al “Colo” en las PASO. “Vos jugá”, le transmitió el expresidente a su primo. Jorge Macri y Larreta no volvieron hablar después de una cena en la casa del alcalde junto a Julio Garro, Néstor Grindetti y Diego Valenzuela, en la que uno de los presentes recordó la primera escena de Rambo. “¿Acá quién disparó primero?”, le recriminó a Larreta. “Lo del ‘Colo’ es una propuesta”, intentó calmar los ánimos el alcalde. Santilli quiere ser gobernador en 2023, por eso representa una amenaza. En esa velada le bajaron un mensaje al alcalde: “Horacio, no te encajan las piezas. Estás en un problema”.

Macri, agazapado

Desde que volvió al llano, Macri se siente un “garante de la unidad”. Su obsesión “es frenar a Cristina” y evitar que el kirchnerismo consiga el quorum propio en Diputados. Pretende ampliar el espacio, pero fija límites para evitar que se filtre un tufillo massista. De hecho, ya patentó un latiguillo: “Somos el cambio o no somos nada”.

Si bien ensayó una autocrítica en Primer Tiempo, el libro que publicó en marzo de este año, pretende reivindicar su gestión y muestra una versión más descarnada. Avisó que no será candidato en 2021, pero está muy activo en la discusión por las listas. Sus allegados repiten que no se puso al frente de “los halcones”. “Ni a Mauricio ni a Horacio les conviene adelantar la discusión por 2023”, avisan.

En la fuerza están los que sospechan que Bullrich “es la carta de Macri para quitarle centralidad a Horacio”. La exministra ironiza: “Macri se ríe cuando dicen que él me maneja. No soy tan sumisa”.

El desafío de la UCR

El radicalismo vive su propia introspección. Luego superar las tensas internas partidarias, una gimnasia habitual para los radicales, la UCR se propuso disputarle el liderazgo de la coalición a Pro. Sin embargo, no logra unificar posturas ni generar candidatos fuertes, sobre todo en la provincia, para plantarse ante el macrismo.

Cornejo, Morales y Negri, un equilibrista en el universo radical, aspiran a competir por la presidencia. En la intimidad, el neurólogo Facundo Manes, a quien sus correligionarios intentan convencer para que compita en las legislativas, se suma a la carrera por la Casa Rosada. “Facundo, antes hay que atravesar el río Jordán”, le advierte un cacique radical.

Lousteau, un outsider para la vieja guardia radicalismo, expande su fuerza, Evolución, por el interior del país. El senador, que se enfrenta a Morales y Negri, anhela heredar la Ciudad, aunque no descarta ir por la presidencia si se frustra el proyecto de Larreta. Aboga por un “radicalismo más fuerte” para evitar que el macrismo “se quede con todo” en 2023. Picante, dice que sus pares están “cómodos” con cargos menores.

La vuelta de Carrió

“¿Vos no eras halcón?”, le dijo Macri a Carrió en una de sus últimas charlas. Con el avance de la pandemia y la crisis, Lilita volvió a la primera línea de batalla con el disfraz de “paloma”. Su retiro de la arena política duró un suspiro. Pese a que permaneció recluida en su chacra, Carrió no perdió poder de fuego. Distanciada de Macri y aliada al tándem Larreta-Vidal, reclama “unidad” para atravesar la peste. “Patricia tiene que parar”, avisa. Es que a ella le preocupa, sobre todo, que regrese el grito “que se vayan todos”.

Lilita apuntala a Larreta porque percibe que es el mejor posicionado para 2023, pero no se casa con el alcalde. Tienen diferencias a la hora de discutir alianzas. “Yo soy amplia y él es amplísimo”, sintetiza. Monzó y Frigerio son un límite para ella.

La pata “peronista”

Monzó es una de las incógnitas del tablero opositor. Con el sostén de Larreta, el exarmador de Macri pretende competir bajo el paraguas de la coalición en la provincia. Pero su figura es resistida por Carrió y Jorge Macri.

Tras la derrota de 2019, emergió Peronismo Republicano, una fuerza autónoma que lideran Miguel Ángel Pichetto y Joaquín de la Torre. Mientras que Pichetto -quien se fastidia con el discurso “edulcorado” de los moderados- quiere convertir la fuerza en un socio pleno de la alianza, los armadores de De la Torre no descartan competir por afuera de la coalición y acordar con Florencio Randazzo, armador de la “tercera vía”. Por ahora, De la Torre trabaja en tándem con Jorge Macri para frenar el pase de Santilli.

Carrió se ofrece como prenda de unidad para evitar la interna de Pro, pero pone condiciones: ella encabeza la lista. Esa jugada táctica irrita al larretismo. “¡Extraño la campaña! Estar en el auto y recorrer el país”, les dice a los suyos.

En modo zen, la líder de la CC fue anfitriona en su casa de Capilla del Señor del último almuerzo de las “palomas”, pero también recibió a Bullrich y a Jorge Macri. El intendente de Vicente López, con quien estuvo enfrentada en el pasado, le llevó una torta casera, que había preparado su madre. “Lilita, la pruebo yo primero, así no pensás que está envenenada”, bromeó el primo del expresidente.

Matías Moreno
Twitter: @matimore

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