Domingo, 27 Junio 2021 13:07

Larreta, Macri, Bullrich, Manes y Vidal: pactos, traiciones y chats que arden - Por Santiago Fioriti

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Las charlas reservadas entre el alcalde y el ex presidente. La estrategia de la UCR y las maniobras de Carrió. Especulaciones y la mira en Cristina y el Congreso.

“Si querés ser presidente vas a tener que competir ahora en la provincia de Buenos Aires y, si ganás, tendrás muchas más chances”, le aconsejó Mauricio Macri a Facundo Manes. El neurólogo estaba recostado sobre un sillón de cuero negro, de espaldas a dos cuadros con fotos de movilizaciones de los últimos días de Cambiemos en el poder. Cuando alzaba la vista se encontraba con los ojos de Nelson Mandela, un retrato hiperrealista que el ex presidente trasladó del despacho presidencial a su oficina de Olivos. Manes había llegado hasta allí para blanquear sus aspiraciones electorales, pero por algún motivo prefirió no revelar del todo sus intenciones.

A los pocos días, en ese mismo sillón en el que había estado Manes, un dirigente radical le contó a Macri que el neurocirujano había deslizado en un asado que solo sería candidato si la UCR lo proclamaba y si no lo obligaban a ir a internas. El primer deseo está consumado. El segundo, difícilmente ocurra. Macri le explicó a su interlocutor: “Si piensa que va a aterrizar en un plato volador directo en la Casa Rosada se equivoca. Eso no existe. Va a tener que meter los pies en el barro”.

Horacio Rodríguez Larreta se terminó de enterar de los detalles del inminente lanzamiento de Manes en Tabac, el café de la avenida Libertador que usa de búnker. Lo pusieron al tanto dos radicales de peso, Alfredo Cornejo y Mario Negri. Se vio con ambos el mismo día, pero a distinta hora. Se sentó con ellos en la vereda. Los vecinos, cada tanto, los interrumpían con algún comentario, en general elogioso. “A Horacio le gusta ir a pescar a la pescadería”, dice uno de los referentes de la oposición que en las últimas semanas pareciera empezar a verle defectos al alcalde.

Nada de vida o muerte, pero el malestar hacia su figura crece en algunos sectores y es foco de alteración en la jefatura porteña. Es una novedad que lo cuestionen sus propios aliados. La raíz de ese cambio tiene un nombre: María Eugenia Vidal. Sus largas cavilaciones sobre qué le conviene hacer en la contienda legislativa viene despertando fastidio en ciertos actores, ira en otros y recurrentes dosis de sarcasmo. En honor al personaje de La Odisea, un macrista aficionado a los libros ha reemplazado el nombre de María Eugenia por el de Penélope.

Muchos le reprochan a Larreta que no haya podido convencerla de quedarse en la Provincia, donde es la dirigente de la oposición que mejor mide en las encuestas. También le achacan haber demorado juntos la decisión, a pesar de las internas que se disparaban en Juntos por el Cambio. “Pensó que iba a poder controlar el fuego y se le fue de las manos”, dice un ex ministro. Los radicales pegaron una cabriola. Antes se enojaban, ahora celebran: “Horacio nos regaló a Facundo”.

Larreta y Vidal creen que los que están metiendo palos en la rueda son Macri y sus discípulos, y que no han hecho nada para controlar el ímpetu de Patricia Bullrich. La ex gobernadora se lo ha dicho a su antiguo jefe. Quizá lo haya repetido ayer en la hermética conversación que mantuvieron a solas. Ella considera que le están haciendo daño a Horacio, el candidato mejor perfilado para 2023, al no dejarle elegir con libertad quién lidera la nómina en su distrito.

Los macristas responden que la actitud de Vidal forma parte de un capricho y aseguran que el verdadero objetivo del Larreta es adelantar la pulseada de 2023 y sacar a Macri para siempre de la cancha. Matar al padre para liberarse de las ataduras, en términos psicoanalíticos.

“A mí no me van a matar”, les avisó Patricia Bullrich a sus colaboradores, cuando se enteró de los rumores de que ella estaba pensando en bajar su candidatura. Los rumores estaban sustentados en que la van a dejar sola. En parte, es cierto: Macri no hará campaña por ella. Por eso Bullrich pegó el faltazo a la reunión del miércoles. Si la interna porteña es inevitable, Macri se declarará prescindente. Larreta, en cambio, pactó con Vidal hacer campaña full time.

La obsesión larretista no solo pasa por la Ciudad. En una sola jugada pretenden imponer dirigentes a un lado y al otro de la General Paz. “No me parece mal una interna con Manes”, les dijo Larreta a Cornejo y a Negri, después de ratificar que su delfín será Diego Santilli. La misma idea se repitió en charlas y chats con Gerardo Morales y Martín Lousteau. Ninguno de los cuatro radicales supo descifrar si Larreta promueve la interna en tierra bonaerense por convencimiento o porque la jugada le salió mal y ahora tiene que rever su plan.

El alcalde también habló con Carrió. La relación no está mal, pero no es idílica como meses atrás. Negri le pidió que la cuidara. Que no le prometan cosas que no van a cumplir. Carrió se había ofrecido para liderar la boleta. Ahora Santilli se ilusiona con sumarla a las recorridas. Tampoco descarta tentarla con el puesto dos de la boleta si Margarita Stolbizer -con quien Lilita se lleva mal- terminara siendo la compañera de Manes, como quiere el médico. Santilli se guarda esa carta. Corteja a menudo a su socia. Ella lo llama con frecuencia. Hace poco lo hizo para que le solucionara un problema doméstico.

“No jodamos más, tomemos conciencia de lo que está pasando y acordemos”, les viene diciendo Negri a radicales y macristas. El diputado tiene una teoría sobre lo que estará en juego en las urnas: “El oficialismo está a siete bancas de quedarse con la República”. Se refiere al quórum en Diputados. El bloque K cuenta con 119 bancas. Para el quórum propio, en verdad, le faltan diez legisladores, pero Negri dice que “tres diputados se consiguen siempre”. El razonamiento, casi un discurso de campaña fue apropiado por otros referentes del espacio. A un paso de Venezuela, les falta decir. Paciencia. Lo dirán en la campaña.

Del discurso proselitista también charlaron Macri y Carrió, ahora que ya no se hablan a través de Hernán Lombardi, Fernando de Andreis y Maximiliano Ferraro. Charlaron dos veces por teléfono en los últimos días. La primera llamada fue fría, pero terminó entre risas cuando ambos descubrieron que visitaban al mismo quiropráctico, en San Isidro. “Uh, ese habla más que vos”, le dijo Macri, y la conversación se distendió.

La segunda llamada fue el jueves, poco antes del mediodía. Un rato antes, Larreta se había ido de la casa del ex presidente, tras una charla en la que se pretendió difundir un camino hacia la paz, aunque en verdad hubo picos de tensión y poco entendimiento. Los dos hablaron de la presión que están recibiendo del Círculo Rojo para que prime un acuerdo. “El 99,9% no entiende lo que estamos haciendo”, dijo uno de los dirigentes que abordó a fondo la charla con uno de los protagonistas.

¿Le habrá pedido Macri un nuevo intento para retener a Vidal en la Provincia? No. Simplemente, le puso presión. A su estilo: “Vos sos el jefe del distrito. Es tu responsabilidad lo que pase”. Larreta se ampara en que Vidal es su amiga y en que respetará lo que ella decida. El acoso hacia Larreta contempla frases tales como “te avisamos que esto iba a pasar” si se estiraba en el tiempo la indefinición de Vidal. Lousteau fue uno de ellos. El economista se toma una pequeña venganza: se pasea con Manes, a quien viene pidiéndole un salto a la política desde 2013, y hará campaña en contra de Santilli.

En Provincia hay un tercer protagonista, enojado (“estamos al límite de hacer un papelón”, dijo) y dispuesto a jugar. Jorge Macri, el intendente de Vicente López. Se contactó con todo el espacio y avisó que se presentará en las PASO. Hay quienes desconfían. Piensan que lo hace para negociar. Dato: puesto a elegir, está mucho más cerca de Manes que de Santilli.

¿Y el resto de los alcaldes bonaerenses? De los 135, la oposición cuenta con 32 de la UCR y 29 del PRO, pero los mandatarios del PRO gobiernan distritos más grandes. Cuatro millones de habitantes contra un millón del radicalismo. Se libra una batalla de amores y traiciones en ese mundo. Una más.

Mientras, Cristina espera. Con una crisis devastadora a cuestas, es cierto. Pero con la lapicera en la mano y sin que nadie le discuta una palabra.

Santiago Fioriti

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