Domingo, 08 Agosto 2021 07:25

Intrigas en la Quinta de Olivos: la guerra de números con Horacio Rodríguez Larreta y los nuevos indignados - Por Santiago Fioriti

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Las encuestas que maneja el Presidente. Qué le promete el alcalde al Círculo Rojo. Las visitas a la Quinta, conjeturas y malestar frente a una elección que mantiene en vilo a Cristina.

Alberto Fernández tiene encuestas que ubican al Frente de Todos con una ventaja holgada en la provincia de Buenos Aires. Ocho puntos de distancia en la menos favorable, diez en la más auspiciosa. Cuando se difunden sondeos más equilibrados, en la Residencia de Olivos ironizan: “Lo mismo decían cuando competimos con Macri”. Es probable que aquella diferencia se achique, y en su equipo lo admiten, pero no los altera. En la cima del Gobierno afirman que en un contexto de derrumbe de la economía y tras un año y medio de pandemia basta con ganar. Por un voto se gana, se festeja y de paso se le envía un mensaje envenenado a Cristina, que viene perdiendo las elecciones de medio término desde hace doce años. Eso dice y eso sueña el círculo áulico albertista.

En La Cámpora no comparten el excesivo optimismo. Quienes hunden sus zapatos en el barro profundo ven una elección reñida y compleja. Observan que aun los sectores más fieles a su electorado -los que reconocen el esfuerzo y suponen que con otro gobierno estarían peor- transmiten su decepción por el rumbo de la gestión. Los camporistas se han vuelto demasiado moderados. Cristina, lo mismo.

Axel Kicillof se alinea en ese grupo. El gobernador piensa que no hay argumentos para que los votantes giren de nuevo hacia la oposición, aunque reconoce que la franja de electores no fanática que votó al kirchnerismo para decirle adiós a Mauricio Macri no ha obtenido resultados concretos. A ese público apuesta la primera tanda de spots, que Kicillof debatió esta semana varias veces por teléfono con Cristina y en persona con Fernández. “Estamos saliendo”, es el mensaje publicitario. Una delicada manera de evitar una frase que pudo ser más efectiva, pero que traería malos recuerdos: “Lo peor ya pasó”.

Está en marcha un juego subrepticio con Horacio Rodríguez Larreta, el verdadero protagonista detrás de la candidatura de Diego Santilli, sobre el resultado de las primarias. ¿Qué es para unos y para otros una buena elección? El alcalde viene sosteniendo ante distintos actores del Círculo Rojo que la oposición vencerá en el principal distrito del país, donde se ponen en juego 35 bancas para diputados, de las 127 que se renuevan en el país.

La pelea es crucial. Con una buena performance a nivel nacional, el oficialismo podría lograr el quórum de 129 en la Cámara baja, como tuvo en sus mejores años, cuando manejaba ambas cámaras y la oposición denunciaba que el Congreso funcionaba como una escribanía.

El establishment sigue paso a paso los movimientos de Larreta, quien, frente a otro tipo de plateas, amortigua las expectativas y dice que el Conurbano sigue siendo el bastión de Cristina. Que alcanzaría con perder por menos de siete puntos para hacer una buena elección y con menos de tres para que fuera excelente. Así como el albertismo recuerda las derrotas de Cristina en 2009, 2013 y 2017, el jefe de Gobierno suele rememorar que María Eugenia Vidal perdió por catorce puntos hace menos de dos años. Cada uno se agarra de lo que tiene a mano. Control de daños pensando en cómo queda el tablero rumbo a 2023.

La oposición tuvo semanas intensas por los cruces entre el PRO y la UCR, luego de que Facundo Manes -en sus primeras irrupciones mediáticas- se preguntó si la campaña de Santilli iba a ser financiada con dineros públicos. La campaña y ciertas maniobras que su staff de asesores juzga como campaña sucia. Tras el primer cimbronazo, que relegó incluso las internas por los cierres de listas en el Frente de Todos, hace días que se respira cierta calma. Nunca se sabe hasta cuándo. El pacto de convivencia que querían sellar por escrito se frustró y dejó a sus promotores en una posición incómoda, por no decir pueril.

Larreta, de todos modos, consiguió su objetivo de apaciguar las aguas. No le resultó sencillo. Jugó varias partidas en simultáneo para que la tensión no llegara a niveles sin retorno. Para quienes creen que la prensa exagera: hubo amenazas en privado muy subidas de tono, que rastrearon sobre zonas oscuras de algunos dirigentes clave del espacio. Pudo ser un escándalo mayúsculo.

El jefe de Gobierno habló tres días seguidos con Elisa Carrió (sábado, domingo y lunes) para convencerla de “no agrandar más a Manes”, como contó uno de los hombres que trabaja en la campaña de Santilli. Carrió dio vuelta la página y se fue a la Costa en plan festivo (se compró un sombrero multicolor para estar “bien ridícula”) con la idea de ayudar a posicionar al ex vicejefe porteño en Pinamar y Mar del Plata.

La presunta paz terminó de sellarse en un encuentro a solas entre Larreta y Gerardo Morales, el más exaltado de los radicales, el que defendió con mayor tenacidad a Manes y el crítico principal de la estrategia del alcalde. La charla transcurrió el miércoles por la tarde en el centro porteño. El jujeño le recriminó su voracidad de colocar candidatos a uno y a otro lado de la General Paz y de creer que la interna del PRO es la interna de Juntos por el Cambio. Los radicales ya masticaron demasiado vidrio con Mauricio Macri. No quieren una experiencia similar.

Larreta le dijo que tomaba el reclamo y le propuso hablar con más frecuencia. Es una pelea que recién comienza. Los dos están obsesionados con la próxima presidencial. Morales corre de atrás. Larreta se ilusiona con un doble triunfo en la Ciudad y la Provincia para quitarse de encima a quienes le hacen sombra. No solo a los radicales. También a Mauricio Macri, que se fue a Europa anticipando que los manejos de su socio iban a derivar en una crisis interna.

Las batallas dialécticas mermaron en la oposición en el mismo momento en que escalaba la polémica por los encuentros sociales en Olivos, ocurridos el año pasado, en la época de mayores restricciones para circular y con la mayoría de los comercios imposibilitados de abrir.

Para desgracia del primer mandatario, el affaire hizo pie en el mundo de la farándula. Esto equivale a la popularización de cuestiones que solo parecían reservadas para el público politizado. En los primeros días, el Gobierno había intentado encapsular el tema en una cuestión sexista y hasta de misoginia. Los diputados Fernando Iglesias y Waldo Wolff, con sus tuits, fueron funcionales. El kirchnerismo pidió sanciones. Pero la cuestión no se agotaba allí.

Las planillas con la presencia de amigos de Alberto y de su pareja, Fabiola Yáñez, hasta altas horas de la madrugada en la Quinta presidencial en tiempos en el que los ciudadanos de a pie no podían ni siquiera despedir a sus familiares muertos por coronavirus se volvió un búmeran, con consecuencias todavía impredecibles. Lo mismo que la presencia de estilistas, de preparadores físicos o del adiestrador del perro Dylan, entre otros asistentes para el cuidado de la imagen y el estado emocional de la pareja presidencial, mientras en la Argentina cerraban peluquerías y gimnasios y en algunas provincias, como Formosa, se detenían a ciudadanos por caminar por la calle.

Un grupo de periodistas, actores e influencers inauguró una nueva corriente de indignados e instaló de modo definitivo la polémica con frases altisonantes que describían experiencias traumáticas en sus familias. Las contrarrestaban con los encuentros en Olivos. Las imágenes se repetían en la TV y en los portales y acumulaban audiencias.

El Presidente no tuvo más remedio que quebrar su silencio. Por supuesto, explicó lo que pudo. Y lo que pudo fue muy poco. Hay situaciones que difícilmente logre ahuyentar. Cuestiones muy sensibles para una sociedad agobiada.

Por ejemplo: qué hacían once personas en el cumpleaños de Fabiola, el 14 de julio de 2020, entre las 21.30 y la 1.47 de la madrugada, cuando por esos días Alberto decía que las citas sociales eran la principal fuente de contagio y que le habían dado el poder para que la gente “lo entendiera por las buenas o por las malas”.

O a qué se debieron las misteriosas visitas del empresario Chien Chia Hong, el novio de Sofía Pacchi -la asistente de Fabiola, que entonces no era ni siquiera empleada-, al que dijo desconocer. Hong entró varias veces a Olivos. La visita más llamativa fue el 2 de abril del año pasado, previo a adjudicarse, al menos, media docena de contratos con el Estado. Aquel día ingresó a las 22 y se despidió a las 2.58. En la calle no andaba un alma. Los argentinos dormían.

Santiago Fioriti

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