Miércoles, 18 Agosto 2021 08:23

La Marcha de las Piedras, un golpe político imposible de contestar para un gobierno en shock - Por Fernando Gutiérrez

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La demostración masiva honrará a los muertos de la pandemia, pero sobre todo será una denuncia al doble discurso político y a actitudes crueles del Estado

 

Ya se daba por descontado que el último feriado antes de las PASO habría una nueva movilización de repudio al Gobierno, aunque después de la masiva demostración realizada el 9 de julio, con foco en la protesta del campo, quedaba la duda sobre si se podría producir el típico efecto de agotamiento de la protesta y pérdida de convocatoria.

 

Sin embargo, los recientes sucesos hacen prever que la "Marcha de las Piedras" convocada desde las redes para el lunes 16 -el día feriado, en recuerdo del general San Martín- se tratará de una de las mayores demostraciones opositoras.

Esta marcha se había organizado para que fuera una demostración simbólica del dolor de los ciudadanos que perdieron seres queridos durante la pandemia.

Así, cada piedra que se depositará en la Plaza de Mayo -así como en las plazas mayores de las ciudades del interior- representaría a una de esas personas que fallecieron víctimas del Covid. Y que, en su gran mayoría, lo hicieron en soledad, sin que sus familiares pudieran despedirlos ni en la fase de internación ni después de muertos, dado que la estricta cuarentena impedía los velatorios, los funerales y las misas de recordación de difuntos.

El carácter no partidario de esta demostración, y sobre todo el hecho de que por primera vez se pudiera escenificar un homenaje colectivo a los más de 100.000 muertos hacía presumir una movilización masiva.

Y si un empuje final faltaba para ello, la difusión de la ya célebre foto de cumpleaños de Fabiola Yáñez cumplió sobradamente con ese rol: volvió a poner en el centro del debate la gestión de la política sanitaria, justo cuando en filas oficialistas había cierto alivio por el avance en la campaña vacunatoria.

Una protesta difícil de contestar 

Los hashtags #16A, #MarchaDeLasPiedras y #VoluntariosMarchaDeLasPiedras ya son trending topic en las redes, donde se difunde también un logo en forma de corazón formado por pequeñas piedras.

En los últimos días, los familiares fueron subiendo a las redes fotos de la piedra que van a depositar, con el nombre de la persona fallecida y a veces con dibujos.

Muchos de los asistentes se ofrecieron a depositar piedras con los nombres de los fallecidos por parte de quienes no puedan concurrir, lo cual reforzó el sentido de duelo colectivo que se le quiere imprimir al acto.

Desde el punto de vista del Gobierno, es una de las peores situaciones imaginables en una campaña electoral. Se enfrenta a una demostración masiva, que tiene un trasfondo profundamente opositor, pero no está centrada en la agenda política sino en el dolor de la pérdida y en el cuestionamiento ético a quienes transgredieron en privado las normas que defendieron en público.

Esa es la gran diferencia entre la marcha de las piedras y otros "banderazos" que tuvieron motivaciones más debatibles, como la reforma del sistema judicial, la estatización de Vicentin, el cierre de comercios o el tope a la exportación de carne.

Esa diferencia es lo que más preocupa al Gobierno, porque esta vez no habrá un claro actor político o gremial como protagonista de la convocatoria con el cual se pueda confrontar. Por ejemplo, ante la protesta agropecuaria del 9 de julio, se contestó con una proclama que reivindicaba la importancia de la presencia estatal como orientador de la economía y redistribución de la riqueza. En otras palabras, el Gobierno pudo elaborar una estrategia de respuesta, al calificar a la protesta como un acto de la Mesa de Enlace agropecuaria cuyo único interés es la negativa a pagar retenciones a la exportación.

Ahora, en cambio, una crítica a quienes concurran a la "Marcha de las Piedras" puede tener un efecto boomerang, porque se corre el riesgo de que sea interpretada como una señal de insensibilidad.

El Gobierno, golpeado en su discurso 

Ni siquiera en otras ocasiones en las que el motivo de las protestas estuvo ligado a la pandemia se había generado esta situación. Porque hasta ahora el oficialismo siempre había encontrado una forma de responder.

Cuando el año pasado la crítica era por el rigor de las normas de aislamiento se respondía que los manifestantes eran "terraplanistas" que irresponsablemente negaban la gravedad de la pandemia. Incluso, hace exactamente un año, se llegó a calificar a una de estas manifestaciones como "la marcha de los contagios", por el riesgo de transmisión del virus en una situación de aglomeración.

Más tarde, cuando las protestas estuvieron centradas en la campaña vacunatoria y la polémica por el contrato de Pfizer, también hubo margen para responder, ya fuera con desmentidas a situaciones de corrupción -lo cual incluyó, por caso, la demanda de Alberto Fernández a Patricia Bullrich- o con ironías sobre cierta actitud "tilinga" de quienes preferían una vacuna estadounidense a una rusa.

Pero esta vez la situación es diferente. Y no sólo porque resulta imposible debatir con alguien que está expresando el dolor por haber perdido a un ser querido, sino también porque en esta marcha se está poniendo sobre el tapete el caso de personas que sufrieron represión policial al haber cometido transgresiones a la cuarentena.

Es por eso que, entre las imágenes de convocatoria, aparecen las fotos de Facundo Astudillo Castro, el joven desaparecido tras haber sido detenido por la policía bonaerense mientras se trasladaba desde Bahía Blanca a Mayor Buratovich. También la de Magalí Morales, que salió a hacer las compras, fue detenida en la provincia de San Luis por presunta violación a la cuarentena y apareció ahorcada en una comisaría. O la de Luis Espinoza, detenido en Tucumán por violar la cuarentena y muerto a golpes por policías que luego intentaron desaparecer el cuerpo.

También se recordaron casos emblemáticos como el de Solange Musse, la joven que murió de cáncer en Córdoba y que no pudo despedirse de su padre, a quien le negaron el ingreso a la provincia, en el marco de las restricciones de circulación. O el de Abigail Jiménez, la niña que venía de hacerse un tratamiento de cáncer en Tucumán y a quien la policía le negó el ingreso en automóvil a su provincia natal de Santiago del Estero, lo cual derivó en la recordada imagen de su padre trasladándola en brazos hasta la frontera interprovincial.

Todos estos casos, que ya son dramáticos de por sí, adquirieron una significación política y amplificaron la indignación de la opinión pública al ser confrontados con la situación de las reuniones sociales en Olivos.

En un principio, el Gobierno logró atenuar el impacto, con la explicación de que todos los ingresos a Olivos habían sido por motivos estrictamente laborales. Y, además, la estrategia comunicacional kirchnerista había logrado cierto éxito en correr el eje de la discusión hacia un debate por presuntas declaraciones misóginas de los diputados Fernando Iglesias y Waldo Wolf.

Pero la foto del cumpleaños de Fabiola Yáñez volvió a poner el debate en su foco original, apenas cuatro días antes de la Marcha de las Piedras. El shock que esto generó en el Gobierno quedó en evidencia por el silencio inicial y, más tarde, por el reconocimiento del jefe de gabinete, Santiago Cafiero, de que se había cometido "un error".

Lo cierto es que en filas oficialistas hay resignación en el sentido de que el affaire de la foto y la Marcha de las Piedras serán un duro golpe que absorber en la campaña electoral.

Para colmo, uno de los puntos previstos de la protesta es la residencia presidencial de Olivos, precisamente el escenario de la controversial reunión de cumpleaños de Fabiola Yáñez.

Un mensaje de advertencia a la "oposición light"

Pero puede haber más consecuencias políticas en esta movilización. Porque el hecho de que el discurso del Gobierno esté recibiendo un golpe en su línea de flotación no implica necesariamente que la oposición pueda sacar un rédito automático.

De hecho, entre los participantes a la marcha se puede percibir un reclamo de una postura más firme por parte de los candidatos y dirigentes políticos que han adoptado una línea de "oposición light" y están haciendo una campaña electoral poco agresiva.

Algunos ya tomaron nota de ello, como quedó en evidencia por el aviso de que habrá denuncias penales contra el presidente Alberto Fernández por haber violado el DNU que él mismo había firmado y aplicaba con rigor.

El radical Mario Negri, la titular del Pro Patricia Bullrich y el diputado Fernando Iglesias han sido los primeros en expresar el repudio en términos duros y en tratar de llevar el escándalo de la reunión en Olivos al terreno judicial.

Mientras tanto, el Gobierno intentó atenuar el golpe al recordar que también dirigentes de la oposición habían transgredido la cuarentena. Así, por ejemplo, Aníbal Fernández se dedicó a recordar que María Eugenia Vidal había dado positivo el test después de una reunión política con Horacio Rodríguez Larreta, Martín Lousteau y Emilio Monzó. O que Elisa Carrió había organizado una fiesta de cumpleaños con 70 invitados y mariachis.

Como ya es tradicional en estos casos, se trata de una táctica que, en primera instancia, está dirigida a contener a la "tropa propia", shockeada por la sucesión de golpes y que se ve necesitada de argumentos para continuar la guerra de relatos en las redes. Pero difícilmente esos mensajes aplacarán la voluntad de manifestar el dolor a quienes han sufrido pérdidas personales y sienten que el sistema político puede llegar a tener visos de crueldad.

Fernando Gutiérrez

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